
Esta vez es en la ciudad de León y la ruta de los monasterios la que concita la atención de nuestra FSR.
Con una excelente participación que ha superado las 80 personas, comenzamos un periplo centrado en el arte y la historia del Reino de León, partiendo de su origen como traslado de la sede de ovetense del Reino de Asturias a su nuevo emplazamiento estratégico por parte del rey Garcia I, más cerca de la nueva frontera del Duero que consolidó Alfonso III su padre.
En todo momento estuvimos excelentemente guiados por la sabiduría de Javier Castiñeiras y el entusiasmo de Diego Pisabarros. La organización resultó impecable, como siempre.
Y hablando del Reino de León y en relación con el papel de la mujer en el trono en esa época, nuestro FSR comenzó el viernes con una visita a la exposición “Reina Ella. Urraca I de León [1109-1126]“, cuyos comisarios, Gerardo Boto y José Alberto Moran Moráis son habituales colaboradores de AdR. La exposición pone el valor de una reina que supo manejarse con inteligencia en un entorno patriarcal y ya viuda tuvo que mantener a raya a su exmarido Alfonso I de Aragón y a su hijo Alfonso VII, inducido contra su madre por el obispo compostelano Gelmírez, así como una nobleza que nunca admitió con lealtad su ascensión al trono al morir su hermanastro Sancho, heredo y muerto en batalla.

Este relato histórico reforzado con animaciones y documentación gráfica se refuerza con piezas artísticas de primer nivel que nos sitúan en el contexto. A destacar la colección de monedas de época en la que la Reina aparece como ‘Emperadora’ de Hispania por primera vez antes que este título fuese utilizado de modo habitual por su hijo Alfonso.
El Museo de León es un lugar de imprescindible visita también por su colección permanente. Concebida como un conjunto de piezas arqueológicas, artísticas y etnográficas, desde el musteriense a la edad actual, pretende ser una crónica visual del reino de León y su territorio. En su tercera planta, este antiguo gran almacen de Payarés ofrece una de las vistas más impresionantes del conjunto monumental de la ciudad.
El sábado 6 amaneció con un buen clima, incluso un poco fresco para la época, así que comenzamos la andadura de los dos buses hacia Villarmún.

A través de las doctas explicaciones de Javier supimos que esta iglesia rural de apariencia humilde, esconde interesantes claves que permiten reflexionar sobre la red de intercambio cultural monástico en la edad media. Esta iglesia, fundada a comienzos del X y con dos fases constructivas del XI-XII y XII-XIII, llama la atención por ser un ejemplo interesante de la transición del antiguo estilo mozárabe con una cabecera cuadrada y un ábside en herradura al románico pleno, como demuestran los capiteles del arco de triunfo o sus interesantes canecillos.

Además llama la atención su planta trapeziodal. Esto nos recuerda la diferencia entre los cánones y la ejecución práctica de los mismos y que las nuevas tendencias tardan muchas veces generaciones en consolidarse. No basta solo que un papa o un rey las imponga a través de concilios. La influencia de los monasterios de Escalada y Eslonza es evidente. Una vez finalizada la visita pusimos rumbo a Eslonza.

Este monasterio fue un importante lugar de referencia para la región. Ya estaba en pie cuando García I hace una donación. La destrucción por Almanzor y la posterior rehabilitación por la infanta Urraca que lo convierte en un señorío feudal. Su sobrina Sancha, esposa de Alfonso VII lo adscribe a Cluny.
En el XVI, dado el estado de ruina del monasterio se procede a una restauración completa, a la que corresponden las ruinas que visitamos. El estado de ruina tiene que ver con la invasión napoleónica y gestión de la desamortización.
Hoy se ha realizado una importante labor de restauración y de puesta en valor del patrimonio arqueológico preparándolo para uso turístico. Así mismo se efectúan campañas de excavación habitualmente apoyados por su actual propietario el Ayuntamiento.
Aún pueden identificarse cada una de las partes que componían el monasterio: iglesia, claustro, refectorio, cocina, nevera, almacén, fuente de agua canalizada etc.
Esta rehabilitación consiguió en el año 2023 el premio Europa Nostra (Premios Europeos de Patrimonio) en la categoría de Conservación y adaptación a nuevos usos.

Posteriormente en el mismo pueblo de Santa Olaja de Eslonza tomamos un refrigerio en ‘La Tená’ que nos dio fuerzas para ir al plato fuerte de la mañana.
Es uno de los monumentos más importantes del arte mozárabe leonés. Se encuentra cerca de León, en el municipio de Gradefes, junto al río Esla. Su origen está ligado a un grupo de monjes procedentes de Al-Ándalus que, durante la repoblación cristiana del valle del Duero, construyeron una nueva iglesia consagrada por el obispo Genadio de Astorga el 12 de diciembre del año 913.

A lo largo de los siglos el conjunto experimentó diversas transformaciones, especialmente durante los siglos XI y XII, cuando se añadieron una torre y una capilla románica.
La iglesia presenta planta basilical con tres naves y tres ábsides orientados hacia el este. Los ábsides tienen forma de herradura en el interior y testero recto al exterior, siguiendo tradiciones visigodas y asturianas.
Uno de sus elementos más característicos es el amplio pórtico meridional, compuesto por doce arcos de herradura apoyados sobre columnas con capiteles. Este pórtico fue construido en dos fases posteriores a la iglesia original y constituye una de las imágenes más reconocibles del monumento.
La cubierta original seguía el modelo de las basílicas del reino asturiano, con tejado a dos aguas en la nave central y cubiertas más bajas en las laterales. Destacan también los aleros sostenidos por grandes modillones de rollos.

La iglesia disponía originalmente de diecisiete ventanas que proporcionaban abundante iluminación al interior. Entre ellas sobresalen varias celosías de piedra tallada de gran calidad artística.
La construcción combina mampostería sencilla en la mayor parte de los muros con sillares cuidadosamente trabajados en las esquinas, el pórtico y la cabecera. Los muros son relativamente delgados, lo que indica que desde el principio se descartó cubrir las naves con bóvedas de piedra.
El interior se divide en tres grandes espacios:
· Zona basilical, formada por tres naves separadas por arcos de herradura sostenidos por columnas de mármol reutilizadas.
· Crucero o transepto, que crea una clara separación entre el espacio destinado a los fieles y el reservado al clero.
· Cabecera, compuesta por tres ábsides de planta interior de herradura.
Especial importancia tiene el iconostasio, una estructura formada por tres arcos de herradura que separa visualmente la nave central del crucero y constituye uno de los elementos más originales del edificio.

San Miguel de Escalada es una síntesis excepcional de diversas tradiciones culturales como la herencia visigoda, influencias asturianas y portaciones procedentes de Al-Ándalus como las cubiertas abovedadas de los ábsides y del transepto que muestran técnicas constructivas de origen andalusí que no existían en la arquitectura asturiana.

La riqueza decorativa convierte al templo en una obra maestra del arte mozárabe. Se conservan unos 25 metros de frisos decorativos con motivos vegetales, animales y geométricos. Aparecen pájaros, palmeras, leones y tallos ondulantes, mezclando tradiciones visigodas e islámicas.
Destacamos los canceles, que separaban diferentes espacios litúrgicos. Ocho de ellos han llegado hasta nuestros días y muestran una decoración geométrica, vegetal y animal de gran calidad.

Los capiteles constituyen uno de los conjuntos escultóricos más destacados. Algunos proceden de edificios anteriores y recuerdan a los de Santa María del Naranco y otros fueron realizados específicamente para la iglesia en estilo mozárabe.
Los del pórtico presentan gran semejanza con los de Santiago de Peñalba y otros templos del mismo periodo.

A finales del siglo XI se añadieron una torre y una capilla anexa.
La torre, de planta cuadrada, tenía originalmente tres pisos y servía como elemento defensivo y simbólico del monasterio.
La capilla, conocida como capilla de San Fructuoso o Panteón de los
Abades, fue utilizada como lugar de enterramiento de varios priores. Sus características constructivas son plenamente románicas.
Del monasterio proceden varias esculturas medievales conservadas actualmente en el Museo de León, entre ellas dos imágenes de la Virgen con el Niño y una talla de Santa Catalina. Una de las Vírgenes, del siglo XII, es una de las representaciones marianas más antiguas de la provincia.
Las excavaciones arqueológicas recientes han descubierto restos de edificaciones monásticas al norte de la iglesia. Todo indica que formaban parte del monasterio original del siglo X.
Además, los investigadores consideran posible que existiera un importante scriptorium donde se copiaban manuscritos. Incluso se ha sugerido que allí pudo realizarse uno de los más famosos códices mozárabes, un Beato que hoy se conserva en la Morgan Library & Museum.
Después de las magníficas explicaciones de Javier Castiñeiras, pasamos a comer en para una inmersión intensa en el románico de los monasterios del Esla
Como es habitual, realizamos los sorteos de tres libros sobre la exposición de Urraca I y los detalles a los magníficos y sabios guías de la jornada con una comida sabrosa y abundante.

Después de la comida la visita uno de los monasterios cistercienses femeninos más importantes de España resulta gratificante. Diego y Javier con la autoridad de su conocimiento nos dieron las explicaciones pertinentes. Se encuentra en la localidad de Gradefes, a orillas del río Esla y a unos 30 kilómetros de León. Fue fundado en 1168 por la noble leonesa Teresa Pérez, viuda de García Pérez, señor de las villas de Rueda y Cea.

El monasterio se levantó sobre unas tierras que habían sido donadas en 1151 por el rey Alfonso VII al matrimonio fundador. Las primeras monjas llegaron desde el monasterio navarro de Monasterio de Santa María de la Caridad de Tulebras, considerado el primer monasterio femenino del Císter en España.
En 1189 la comunidad pasó a depender del Monasterio de Santa María la Real de Las Huelgas. Durante los siglos XII y XIII vivió una etapa de gran prosperidad económica y religiosa, llegando incluso a ejercer jurisdicción civil y criminal sobre varios pueblos de la comarca. Además, fundó dos monasterios filiales: Santa Coloma de las Monjas (1181) y Otero de las Dueñas (1245).

Pese a sufrir momentos difíciles, especialmente durante la Desamortización y algunos periodos de abandono temporal, el monasterio ha mantenido vida religiosa prácticamente hasta la actualidad.

La iglesia se construyó en tres grandes etapas:
· Primera fase (siglo XII): Comenzó en 1177, fecha que aparece recogida en una inscripción fundacional. En este periodo se edificaron la cabecera, el crucero y la girola siguiendo las formas del románico tardío y de la arquitectura cisterciense.
· Segunda fase (siglo XIV): Se completaron las bóvedas de la girola y el primer tramo del cuerpo de la iglesia.
· Tercera fase (siglo XVII): Se ampliaron la nave central y la nave de la Epístola, además de construirse el coro.
La parte más destacada del monasterio es su extraordinaria cabecera. Está formada por una capilla mayor semicircular, un tramo recto presbiteral y una girola o deambulatorio de siete tramos con tres absidiolos o pequeñas capillas radiales.

La presencia de esta girola es excepcional en un monasterio femenino cisterciense. Este tipo de solución arquitectónica era frecuente en grandes monasterios masculinos, pero muy rara en los femeninos. De hecho, Gradefes constituye uno de los ejemplos más singulares de toda Europa.
Exteriormente destaca la armonía entre la monumentalidad románica y la austeridad cisterciense.
Los absidiolos están articulados mediante contrafuertes y ventanas de medio punto que proporcionan abundante luz al interior. La decoración es relativamente sencilla, aunque sobresalen los capiteles historiados con escenas como la Huida a Egipto, las representaciones
de la Psicostasis o pesaje de las almas y más de sesenta canecillos decorados con figuras humanas, animales, motivos geométricos y escenas de lucha.
Esta riqueza ornamental resulta llamativa en una construcción cisterciense, orden que normalmente evitaba los excesos decorativos.
El interior destaca por su gran luminosidad, especialmente en la cabecera y la girola.

Las bóvedas nervadas, las claves decoradas y los arcos apuntados muestran claramente esta evolución arquitectónica.
La decoración responde a los ideales de sobriedad defendidos por el Císter y por San Bernardo de Claraval predominando motivos vegetales, decoración geométrica, capiteles sencillos y elementos simbólicos cristianos.
Cuando se interrumpieron las obras de la iglesia en el siglo XIII, los trabajos continuaron en el claustro.

Del claustro medieval sólo se conserva íntegramente el ala oriental, donde se encuentra la magnífica sala capitular, una de las dependencias más importantes de cualquier monasterio de grandes dimensiones con una monumental entrada formada por siete arcos, columnas decoradas con motivos en zigzag y restos de sarcófagos medievales.

Era el lugar donde las monjas celebraban sus reuniones y tomaban las decisiones más importantes de la comunidad.
En la girola se conservan dos sepulcros con estatuas yacentes fechadas a finales del siglo XIII, tradicionalmente identificadas como las tumbas de los fundadores García Pérez y Teresa Pérez.
Aunque fueron enterrados inicialmente en Sahagún, sus restos y monumentos funerarios fueron trasladados posteriormente a Gradefes.

Como colofón de la jornada, visitamos uno de los principales monasterios cistercienses de la provincia de León. Se encuentra cerca de la confluencia de los ríos Cea y Porma, en un entorno agrícola próximo a León.

Fue fundado en 1167 por los condes Pedro Ponce de Minerva y Estefanía Rodríguez, quienes cedieron los terrenos a unos monjes procedentes del monasterio de Monasterio de Santa Espina. Gracias al apoyo de sus fundadores y a su ubicación en una ruta vinculada al Camino de Santiago, el monasterio alcanzó una gran importancia dentro de la Orden del Císter.

En 1487 se incorporó a la Congregación de Castilla, impulsada para restaurar la disciplina monástica. Durante el siglo XVII se reconstruyeron varias dependencias dañadas por incendios, pero la desamortización de 1835 provocó su abandono y la desaparición de gran parte del conjunto monástico.

La organización del monasterio seguía el modelo clásico cisterciense: un gran claustro central alrededor del cual se distribuían la iglesia, la sala capitular, la sacristía, el refectorio, la cocina, los dormitorios y las dependencias de los monjes conversos. Actualmente sólo se conservan la iglesia y parte del ala oriental del claustro con algunas dependencias anexas.
La iglesia es el elemento mejor conservado del conjunto y constituye un magnífico ejemplo de transición entre el románico y el gótico. Presenta planta de cruz latina con tres naves cubiertas por bóvedas de crucería y un crucero bien marcado.

Su parte más sobresaliente es la cabecera, formada por tres ábsides semicirculares de gran elegancia arquitectónica. Los ábsides están reforzados mediante columnas adosadas y se iluminan a través de profundos ventanales abocinados que crean un notable efecto estético tanto en el exterior como en el interior. A diferencia de Gradefes, están dispuestos en línea.
La construcción se desarrolló en dos fases, una primera etapa, entre finales del siglo XII y comienzos del XIII, correspondiente a la cabecera, el crucero y el primer tramo de las naves, con un estilo tardorrománico influido por el primer gótico y una segunda fase, a finales del siglo XV, en la que se prolongaron las naves siguiendo ya formas plenamente góticas.

De las antiguas dependencias conventuales apenas se conservan algunos restos del siglo XIII en el ala oriental del claustro entre ellas la antigua entrada a la sala capitular, restos de la sacristía, la sala de los monjes, organizada en dos naves cubiertas originalmente con bóvedas de crucería y diversos elementos funerarios y arquitectónicos integrados en los muros conservados.
La decoración escultórica responde a los ideales de sobriedad propios del Císter. Predominan los motivos geométricos y vegetales, aunque también aparecen algunas representaciones figurativas. Así la puerta del cementerio está decorada con arquivoltas con zigzags, flores, palmetas y entrelazos, la portada occidental tardogótica, decorada con abundantes motivos vegetales y un singular relieve que representa un Calvario acompañado por la Virgen con el Niño y San Bernardo o los capiteles románicos de la cabecera, decorados con hojas, motivos geométricos, animales, ángeles y escenas de lucha.

Un antiguo capitel mozárabe procedente del desaparecido monasterio de Monasterio de San Pedro de Eslonza, reutilizado como pila bautismal.

En el interior de la iglesia se conservan varios sepulcros medievales. Los más importantes son los de los fundadores, situados en el presbiterio y datados entre finales del siglo XIII y comienzos del XIV.


Ya el domingo visitamos uno de los conjuntos monumentales más importantes del románico europeo y un lugar fundamental para entender la evolución histórica, política, religiosa y artística del antiguo Reino de León. Su importancia no se limita a la arquitectura, sino que abarca también su función como panteón real, centro monástico, iglesia palatina y espacio de representación del poder monárquico.
La visita al Museo la realizamos con guía de la institución, el interior de la iglesia por nuestra cuenta y Diego y Javier nos explicaron la portada sur.
El conjunto se asienta en una zona estratégica del casco histórico de León, junto a la Muralla romana de León, vinculada al campamento de la Legio VII Gemina.

Este origen romano no desaparece, sino que se mantiene como base del desarrollo posterior. En el subsuelo de San Isidoro se han identificado muros de ladrillo romano, alcantarillado y estructuras hidráulicas, restos de cerámica y tejas y lápidas e inscripciones.
Esto demuestra una continuidad de ocupación del espacio desde época imperial hasta la Edad Media, con reutilización de estructuras y materiales antiguos en las construcciones posteriores.

Tras la caída del mundo romano y el periodo visigodo (del que apenas quedan restos en este enclave), el espacio comienza a reorganizarse como centro religioso en el contexto del Reino de León. La iglesia de San Juan Bautista y el monasterio de San Pelayo, sito en este lugar, se configuran como ejes centrales del poder eclesial en la ciudad.
Primero Sancho el Gordo y luego Elvira, su hermana patrocinan que durante este tiempo se establece una comunidad de monjas y clérigos en torno a las iglesias, lo que consolida el carácter religioso del lugar.
Sin embargo, las campañas de Almanzor provocan destrucciones y desplazamientos de reliquias, especialmente hacia Oviedo, lo que refleja la inestabilidad del periodo.
El verdadero punto de inflexión llega con el reinado de Fernando I de León, quien transforma completamente el conjunto derribando del antiguo templo de San Juan, construyendo de una nueva iglesia románica. Con el patrocinio de su esposa Sancha, construye el Panteón de Reyes de modo que se convierte en iglesia palatina.
La incorporación de importantes reliquias, entre ellas las de San Isidoro traídas desde Sevilla hace que la advocación del complejo torne hacia este santo de modo preferente aunque se mantiene la advocación a los anteriores.
En eso momento, San Isidoro deja de ser solo un monasterio y se convierte en un centro político de primer orden, estrechamente ligado a la monarquía leonesa.
Uno de los aspectos más singulares del conjunto es la institución del Infantado, un sistema por el cual las infantas reales reciben dominio sobre monasterios y tierras, manteniéndose generalmente en vida monástica y soltería.
Fueron importantes patrocinadoras del conjunto Urraca I de León, impulsora de ampliaciones del complejo y su enriquecimiento artístico y Sancha Raimúndez, vinculada a la vida religiosa y a la continuidad del poder monástico.
Este sistema convierte San Isidoro en un espacio donde el poder femenino tiene un papel político, económico y religioso muy relevante.

El Panteón Real es uno de los elementos más importantes del conjunto y una de las grandes joyas del románico europeo.
Situado en el antiguo nártex de la iglesia es el lugar de enterramiento de reyes, reinas e infantes leoneses. Su planta es casi cuadrada y está cubierta con bóvedas de arista y sostenida por columnas centrales
En él se conservan sepulcros de numerosos monarcas leoneses, lo que lo convierte en una auténtica “memoria dinástica” del reino.
La escultura del panteón es excepcional, con capiteles que narran escenas bíblicas y simbólicas como el sacrificio de Isaac, la resurrección de Lázaro, la curación del leproso o las luchas entre el bien y el mal (piñas vs manzanas). Estos capiteles no son decorativos únicamente, sino que transmiten mensajes teológicos y morales.

Las pinturas murales del Panteón, realizadas al temple entre finales del siglo XI y mediados del XII, constituyen uno de los conjuntos pictóricos más importantes del románico europeo.
Su programa iconográfico es muy completo y didáctico e incluye episodios cristológicos vinculados a Jesús referidos a su Infancia, Pasión, Resurrección y Glorificación.
El conjunto se completa con representaciones del Apocalipsis y un espléndido calendario agrícola medieval (mensario).
Estas pinturas cumplían una función clara: enseñar la doctrina cristiana a través de imágenes, en una época en la que la mayoría de la población no sabía leer.
El conjunto arquitectónico se completa con la sala del trono del XI, con pinturas del siglo XV, una biblioteca con libros antiguos, códices e incunables y un museo que incluye el Cáliz de la infanta Doña Urraca, producido en Palestina en el siglo I y llegado a la capital leonesa a través de un tortuoso viaje por Al-Ándalus desde el Egipto fatimita así como tejidos de época (el Pendón de Baeza, mortaja de Infante)
Es interesante la escalera renacentista y la sala del refectorio, actualmente usada como sala de conferencias. En la antigua cocina, se expone una veleta con gallo, procedente de un botín de guerra cuyo origen se remonta a la Persia sasánida.

La iglesia actual es el resultado de varias fases constructivas entre los siglos XI y XII.
Tiene planta de cruz latina, tres naves longitudinales, un crucero destacado. Su cabecera tiene tres ábsides semicirculares.
El templo está cubierto por bóvedas de cañón en nave central y bóvedas de arista en naves laterales
Es interesante resaltar los arcos formeros lobulados que evocan la influencia musulmana.

El edificio sufrió problemas estructurales debido a la gran altura proyectada, lo que obligó a reforzar muros y añadir contrafuertes.
En cuanto a las portadas la Puerta del Capítulo tiene escenas morales y simbólicas del bien y el mal
Javier y Diego nos explicaron en detalle la portada sur, con las puertas del Cordero y del Perdón como eje del discurso.

La puerta del Cordero es la más antigua y de modo manifiesto evoca las estelas sepulcros tardorromanos que eran accesibles a los artesanos que realizaban las esculturas de las iglesias. Representa el sacrificio de Isaac con un Abraham a punto de matar a su hijo y detenido por la mano de Dios, hincando la espada de arriba abajo, al modo de un legionario romano. El resto de la escena es secuencial representando al propio Isaac calzándose, su madre Sara, su hermanastro Ismael con mu madre Agar, un criado en un asno
En la enjuta derecha, sobre la cabeza de toro, un adolescente sentado, San Pelayo; mientras en la izquierda, también sobre la cabeza de toro, aparece San Isidoro también sentado y con báculo. Son figuras de mármol y extraña ver tras San Isidoro a un verdugo que quizás quiera representar el que cortó la cabeza a San Pelayo. Por encima de la estatua de San Isidoro, el rey David con seis músicos portando instrumentos musicales, al otro lado, dos mujeres que también portan un laúd y un pandero. La composición se remata al nivel del dintel con un zodiaco.

La puerta del Perdón, de los peregrinos, cuyo tímpano está dividido verticalmente en tres escenas: en el centro la bajada de Cristo de la Cruz, María besa su mano derecha, Juan se abraza al Maestro y un discípulo desclava el brazo izquierdo, por encima del larguero de la cruz dos ángeles turiferarios; a la izquierda las tres Marías ante el sepulcro que está abriendo un ángel; al lado derecho Cristo asciende al cielo llevado por dos ángeles, las letras grabadas en una arquivolta anuncian el suceso. Los apóstoles Pedro y Pablo custodian la entrada.

De esta manera pusimos fin al FSR de León a las 13:00 horas del domingo como estaba planificado.
VICTOR GONZÁLEZ MARROQUIN