
Ya un poco antes de las nueve y media, hora a la que nos había convocado la coordinadora de CYL, Carmen Pérez, empiezan a aparecer, por los cercanías de la entrada al monasterio premonstratense de Santa María la Real de Aguilar de Campoo, los puntuales AdR que procedentes de distintos lugares y distintas coordinaciones, y armados con sus móviles, cámaras potentísimas o tabletas, están dispuestos a inmortalizar cualquier cosa de interés que nos ofreciera ese calurosísimo día de Julio que no tendrá nada que envidiar a los que nos sucederán hasta el final del verano y más allá.
Aun así, la tranquila y acogedora villa de Aguilar de Campoo sabe premiarnos con un alivio térmico mañanero que nos da fuerzas para continuar la jornada.
Sin más, y tras cortos y efusivos abrazos y besos entre los organizadores y los organizados, emprendemos el viaje en microbús hacia la primera iglesia señalada en el programa: San Lorenzo de Zorita del Páramo.
Nuestra guía, Cristina PárboleMartín,[1] comienza la explicación mientras atravesamos el pórtico renacentista que ha reproducido planteamientos románicos, indicándonos que la planta está formada por una sola nave y crucero. De la puerta nos destaca las figuras de cronología tardo-románica similares a las de Villasirga.

Cómoda y agradablemente instalados en el interior, Cristina nos explica que se aprecian dos fases en la construcción de la obra románica, primero la cabecera y posteriormente crucero y nave.
Y en los comentarios relativos a los capiteles del arco triunfal y otros del interior, además de la aparición de los arcos polilobulados, aparece la figura del maestro Juan de Piasca que no nos dejará a lo largo de todo el recorrido, ocupando un asiento en el microbús de los dos que habían dejado libres dos AdR de Madrid que estaban resolviendo una avería mecánica.
Capiteles con arpías con pañuelos y grifos que decoran la portada de occidente son explicados detallada y minuciosamente por Cristina.
Acompañados del maestro de Piasca nos dirigimos a la segunda iglesia: San Andrés de Revilla de Collazos, a la que llegamos cercanas las 11 de la mañana. Nos damos de cara con esa magnífica portada con el arco de entrada decorado en zigzag y seis sencillas arquivoltas que descansan en sendos pares de columnas con capiteles vegetales (salvo dos con arpías y grifos amenazadores), de piedra roja, más otra arquivolta a modo de chambrana con similar decoración a las otras seis, pero sobre piedra más negra; a Kike ya le conocemos todos, por tanto, no le describo.

Ya en el interior son destacables los restos románicos de la cabecera: ábside, presbiterio y arco triunfal. Cristina nos enseña el capitel de los centauros donde ese aprendiz del taller de Piasca que emigró por estos pagos nos ha dejado su impronta. Además, en el arco triunfal, en el lado del Evangelio (creo), “La Ascensión de Alejandro” que Cristina nos explica con todo lujo de detalles, tanto la leyenda como los objetivos que querían conseguir los promotores de la obra con esta representación. En el lado de la Epístola, “La tregua de Dios”.

Aunque el maestro quiere quedarse allí, Cristina y Carmen le aconsejan que nos siga acompañando, con lo que continuamos el viaje a la tercera iglesia: Santa Eugenia de Dehesa de Romanos. El microbús nos deja a la entrada con lo que tras una ligera cuesta nos hallamos frente a la puerta con herrajes de la iglesia. Allí recuperamos a los dos AdR de Madrid que habían tenido una avería en su coche y no se pudieron incorporar en Aguilar. Una vez fotografiados los herrajes, Cristina nos explica la portada con las arquivoltas decoradas con taqueado, medias cañas con bolas, etc. Los capiteles con motivos vegetales y figurados y el remate de canecillos. Pasando al interior, en un capitel aparece, en sus tres caras visibles, Sansón en distintas posiciones: en la cara frontal el clásico desquijaramiento. El capitel de enfrente presenta grifos afrontados.

De vuelta de nuevo a los medios de transporte, algo pasadas las dos de la tarde comenzamos a instalarnos a lo largo de una mesa que nos tienen preparada en el restaurante El Roble de Herrera de Pisuerga. La distribución aleatoria se realiza como es habitual, aunque con alguna prioridad a la distribución geográfica salvo dos AdR navarros que aparecen acogidos por los habitantes de los “madriles”. Cristina y Carmen en el centro como auténticas reinas entronizadas.
El ambiente de camaradería, cariño y amistad, se da por hecho y la comida transcurre por los caminos que siempre ha hecho esta asociación dejando de lado cualquier discrepancia del tipo que fuese.
Así aparecemos a las cinco de la tarde (aludiendo a García Lorca) a los pies de San Vicente de Vega del Bur. ¡Y buena cuesta nos espera, ideal para hacer la digestión! Las jovencísimas Carmen y Cristina comienzan a tirar del pelotón que va perdiendo unidades quedando a la cola este cronista y alguno más que hemos pasado alguna década de la edad de jubilación.
El reagrupamiento se realiza, las puertas de la iglesia se abren con dos enormes llaves y ya dentro y tras el retablo barroco que cubre la cabecera románica, aparecen dos gateras por las que una señora que cuida la iglesia nos ayuda a entrar para que contemplemos sendos capiteles románicos sobre columnas, alumbrados por buenos focos Sansón desquijarando al león y un caballero vencedor sosteniendo una rapaz y pisoteando a un personaje en cuclillas. Dos bajorrelieves de origen románico aparecen sobre el arco carpanel que sustenta la tribuna occidental; uno de ellos con una rueda flanqueada por dos personajes. Tiene lugar el sorteo de libros, donde algunos de los agraciados repiten.

Alrededor de las seis de la tarde, nos encontramos ante otra cuesta con un trazado similar al de las calzadas romanas que me niego a relatar y que desemboca en la iglesia de San Esteban de Montoto de Ojeda. De la primera campaña constructiva del edificio, en los años finales del siglo XII, conservamos únicamente la cabecera del templo y la espadaña; quizá también la parte inferior de los muros de la nave.

La portada, catalogada “como de románico cisterciense del primer cuarto del siglo XIII”, aparece ligeramente adelantada sobre el muro sur de la nave.
Cristina nos cuenta el estilo de dos capiteles ambos en el arco triunfal: una Epifanía en el lado del Evangelio y Daniel en el foso de los leones en el lado de la Epístola; esos leones que no habían sido vistos por los autores de la zona y que parecen como dos cachorrillos a los pies de un piadoso Daniel que junta sus manos, ¿maestro de Lebanza?
En la carretera de nuevo, a la siete aproximadamente llegamos a la sexta y última (no por última la peor) iglesia de nuestro recorrido: San Juan Bautista de Nogales de Pisuerga.
Se trata de una iglesia con linterna, pero sin crucero; la construcción románica que se conserva data de fines del siglo XII o principios del XIII y consta de ábside semicircular, presbiterio y linterna prismática y poco alzada al exterior y reforzada por una especie de cubos cilíndricos de los cuales solo se conserva uno.

Al interior una pequeña cúpula en la cual reside la originalidad de la iglesia bajo la que cuatro trompas representan los animales de los cuatro evangelistas del tetramorfos.
Cristina nos destaca, en la linterna, ménsulas, arquería y capiteles, entre los que encontramos a Daniel en el foso, Adán y Eva con el árbol de la vida, cuadrúpedos afrontados, etc.
Al exterior nos entretiene Cristina valorando la piedra rojiza de la fábrica y enseñándonos los canecillos. Se incide en uno de un, digamos, paisano encapuchado que muestra una expresión triste o resignada o lo que a cada observador le parezca.

Llegó el momento de inmortalizar con las diversas fotografías de grupo este magnífico día que algunos AdR hemos vivido.

Emprendemos el retorno a Aguilar que alcanzamos a las ocho de la tarde más o menos y, entre los abrazos y besos de despedida, Carmen hace entrega a Cristina de los regalitos de rigor. Queda en el aire la pregunta de si Cristina tiene o no el Crismón que simboliza a nuestro grupo.
Es el momento en que tiene lugar la diáspora, cada uno emprende la vuelta a sus orígenes domiciliarios, o lugar de vacaciones o a donde proceda, llevando en su recuerdo el día y a Juan de Piasca. Es el deseo de este cronista que nos volvamos a ver en breve.
Daniel Silva
[1] Licenciada en Historia y Graduada en Historia del Arte, trabaja como investigadora en la Fundación Santa María la Real, dirige desde 2012 La Huella Románica (@lahuellaromanica) que es difusora del valor del románico palentino en las redes. Lidera la campaña #PorUnRománicoAbierto para motivar la apertura de los templos.