Ayer nos llegaba la triste noticia del “imprevisto” derrumbe parcial del ábside central de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Muriel de Zapardiel. El hecho ocurrió en torno a las ocho de la mañana del lunes 12 de enero de 2026. Según las fuentes consultadas, los técnicos de Patrimonio del Obispado de Valladolid realizaron una revisión del templo el pasado verano. En ella, al parecer, no detectaron ningún indicio de que la estabilidad e integridad del inmueble corriera peligro. En estos momentos, se desconocen las causas que han podido provocar el triste acontecimiento, que ha acabado con gran parte del ábside románico-mudéjar desparramado por el suelo de la plaza Mayor de la localidad.

Los especialistas que han estudiado a fondo el edificio consideran que, el ábside caído y el del lado del evangelio, eran los dos únicos elementos medievales originales que pervivían en la iglesia tras las reformas acometidas a lo largo de los siglos XVI y XVIII. Una obra ejecutada en la primera mitad del siglo XIII, probablemente concluida en torno al año 1258, tal y como se deduce de una inscripción conservada en la zona central de la nave. Arquitectónicamente presentaba la característica morfología mudéjar que se puede ver en otras iglesias de poblaciones cercanas como Olmedo, Arévalo o Madrigal de las Altas Torres.
Sobre un basamento de sillarejo, se levantaba el muro en ladrillo con la típica decoración a base de arcos ciegos en la parte inferior, arcos ciegos y tres ventanas en la intermedia y formas rectangulares en la parte superior, marcando un ritmo decorativo de gran interés distribuido en tres pisos. Allá por el siglo XIX el ilustre ilustrado Pascual Madoz dijo del edificio que era “uno de las mejores del país”, en 1983 fue catalogado como Monumento Nacional obteniendo la protección como Bien de Interés Cultural y hoy, desgraciadamente, hemos de lamentar este triste suceso, acaecido casi ochocientos años después de su construcción.

Como escribíamos en una de las entradas anteriores, hay que empezar a ser conscientes de que una iglesia no son solo piedras (viejas), algo que puede resultar bonito, interesante y atractivo de ver (o todo lo contrario). Son memoria, son identidad, son legado (recibido y por recibir), son sentimiento, son vida, son pueblo y, como tal, forman parte de algo especial que va más allá de lo meramente físico y natural. Además, son generadoras de recuerdos y, para muchos, fue el lugar que marcó el ritmo de sus vidas, siendo el eje central de los principales acontecimientos de su existencia.
Ahora, este fatídico suceso quedará grabado en la retina de los murielenses y formará parte de la memoria colectiva de este pequeño pueblo. Hecho que, sin duda, marcará a las presentes y futuras generaciones que ya no volverán a conocer la iglesia tal y como la vieron sus antepasados.
Emilio Jesús Díaz García
Créditos Fotográficos:
Imagen de Portada, Imagen 1: Junta CyL y Arzobispado Vía PuebloenPueblo.
Imagen 2: José Manuel Tomé Vía Románico España.