
III Jornada de Románico en los Museos: MNAC, Barcelona «Sant Pere de Rodes y el Maestro de Cabestany: la construcción de un mito» 16 de mayo de 2026
Por tercer año consecutivo, y tras haber visitado los museos diocesanos de Barcelona y Solsona, convocamos nuestra “Jornada de Románico en los museos” en el Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC). Esta vez nos citamos en una época del año poco habitual —dado que suelen celebrarse en otoño—, pero por un motivo más que justificado: la exposición temporal “Sant Pere de Rodes i el Mestre de Cabestany”. Y es que, desde “El romànic i la Mediterrània” en 2008, el MNAC no albergaba una muestra de gran formato dedicada al arte románico. Sin duda, una cita ineludible para todos nuestros socios y amigos. Además, tuvimos el privilegio de contar con la compañía del comisario de la exposición, Manuel Castiñeiras, catedrático de Historia del Arte Medieval en la Universitat Autònoma de Barcelona.
Al inicio del recorrido, Manuel nos contextualizó los grandes desafíos de este proyecto y su enfoque innovador. La muestra logra reflejar a la perfección las peripecias del monasterio de Sant Pere de Rodes, su paulatina ruina y el trágico desmontaje de su portada monumental de mármol, atribuida al célebre Maestro de Cabestany. Precisamente, la incorporación a las colecciones del MNAC de varios fragmentos aparecidos recientemente —como el titulum crucis y algunas pequeñas cabezas— sirvió de detonante para que el museo congregara en torno a ellos una excelente representación de piezas conservadas en diversas instituciones, contextualizando de forma magistral el universo de Cabestany.

La exposición arranca reivindicando las ruinas de Sant Pere de Rodes, un hito del románico catalán tanto por su excepcional ubicación en el Cap de Creus como por su incalculable valor patrimonial. A través de él se comprenden muy bien la evolución de la propia historiografía románica y los procesos de construcción, destrucción, reivindicación, reconstrucción y conservación del patrimonio.
A continuación, la siguiente sección repasa las primeras iniciativas de puesta en valor de estas ruinas y cómo se preservaron algunas piezas dándoles nuevos usos (desde elementos arquitectónicos en viviendas de la zona e hitos kilométricos, hasta cruces decorativas en cementerios e incluso mesas en tanatorios). También se rinde homenaje a los pioneros que atesoraron restos e impulsaron la conciencia sobre su valor —como Joan Subias, Carles Fages de Climent o Jaume Barrachina—, exponiendo una nutrida representación de sus dibujos, artículos y monografías.
Uno de los platos fuertes de la muestra es la hipótesis de reconstrucción de la portada del Maestro de Cabestany a partir de los vestigios conservados. Diversos especialistas han planteado propuestas sobre cómo debía de lucir esta auténtica obra maestra del siglo XII; entre ellos, el propio Jaume Barrachina, Laura Bartolomé y el mismo Manuel Castiñeiras. La exposición reúne un buen número de fragmentos —algunos de hallazgo muy reciente— presentados con una cuidada escenografía. Así, el fragmento cobra la dimensión de una "nueva reliquia", testimonio de un conjunto fascinante que hoy alcanza un valor simbólico, patrimonial e histórico incalculable.

Continuamos nuestro periplo por la exposición disfrutando de una museografía innovadora en la que dialogan piezas de primer orden —como la cabeza y el cuerpo de San Pedro— enmarcadas por una gran proyección envolvente que evoca el majestuoso e imponente paisaje del Cap de Creus.

Las secciones finales se centran en establecer paralelismos entre la escultura del Maestro de Cabestany y los sarcófagos romanos. Su estilo, caracterizado por un acusado clasicismo combinado con un plástico expresionismo, busca simular la antigüedad de las piezas en lo que Manuel define brillantemente como un «falso antiguo». Su lenguaje narrativo bebe también de la escultura tardoantigua. La muestra concluye con la obra de la que tomó nombre el autor: el relieve de Cabestany, a partir del cual Josep Maria Gudiol bautizó a este emblemático y misterioso personaje. Nada se sabe a ciencia cierta sobre el Maestro de Cabestany: ni si fue un único artista o un taller, ni su origen, ni su verdadero nombre. Sin embargo, sí sabemos que viajó intensamente, pues su huella se extiende desde Navarra hasta la Toscana. En su estilo influyeron la plástica pisana y la escultura tolosana, dotando a sus creaciones de una personalidad tan marcada que le ha valido el sobrenombre de «el Picasso del siglo XII».
Tras completar la visita a esta magnífica exposición, nos dirigimos a comer al restaurante Àbsis del propio MNAC. Un establecimiento con cierto empaque —y un precio a la altura—, pero que compensa gratamente por sus espectaculares vistas sobre Barcelona.
Por la tarde, Manuel nos ofreció una lección magistral sobre algunos de los conjuntos más señeros de la colección permanente del MNAC, la cual constituye —no conviene olvidarlo— la mejor colección de pintura mural románica del mundo. En tan incomparable marco llevamos a cabo el habitual y ya tradicional sorteo de libros entre los asistentes.

Y así, maravillados con tantas joyas artísticas y bien saciada nuestra sed de románico, nos despedimos hasta la próxima salida del verano.
Òscar Negredo Carrillo - socio nº 1661