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CRUZ PINTADA DE LA IGLESIA DEL SANTO SEPULCRO DE PISA
Museo Nazionale di San Matteo (Pisa), segunda mitad del siglo XII

Autor: Manuel A. Castiñeiras González

Se trata de una de las piezas estrella de la exposición. Además de su formato monumental, de casi tres metros de alto por aproximadamente dos y medio de ancho, la obra es uno de los testimonios más preciosos de la pintura sobre tabla de la Europa románica, una técnica excepcional que floreció durante los siglos XII y XIII especialmente en Cataluña y en Toscana, y a la que la exposición le dedicará uno de sus espacios más privilegiados.

Cruz pintada de la iglesia del Santo Sepulcro de Pisa conservada en el Museo Nazionale di San Matteo
Fotografía cedida por el Museu Nacional d'Art de Catalunya

En Toscana se conservan un notable número de este tipo de cruces, que se colocaban en el interior de los templos, cerca del altar. En concreto, en el reverso de esta cruz hay una capa de preparación pictórica, de color claro, que confirma que este tipo de cruces estaban en una posición en la que se podían ver por ambas caras. Seguramente se colocaban encima de la puerta del iconostasio o muro de separación entre la zona del presbiterio -reservada al clero- y el resto de las naves, donde se colocaban los fieles.

Está formada por distintas tablas de madera de álamo unidas mediante pernos de la misma madera, y con travesaños posteriores fijados con clavos. Para pintarla se utilizó una técnica muy sofisticada consistente en una primera base de preparación en yeso, a la que más tarde se le añade pan de oro, con incisiones, así como distintas capas de colores al temple que adquirían el efecto de la pintura traslúcida que se describe en los tratados técnicos del siglo XII.

El conjunto está presidido por la figura de Cristo vivo en la cruz, al que se representa con los ojos abiertos, triunfando sobre la muerte. Esta tipología de Cristo Triunfante, representado hasta la saciedad en toda Italia Central durante los siglos XII y XIII, inspiraría una de las visiones de San Francisco de Asís, concretamente la del Cristo de la iglesia de San Damián, que se dirigió al santo para decirle: "Francisco, vete, repara mi casa, que, como ves, se viene del todo al suelo".

Alrededor del crucificado se disponen en distintas tablas hasta diez escenas con episodios pascuales y postpascuales. En los extremos del travesaño de la cruz se encuentran, a la izquierda la Última Cena, y a la derecha el Lavatorio de pies. Por su parte, junto a la figura de Cristo se sitúa, en el panel de la izquierda, el Prendimiento, las Marías en el sepulcro y la Aparición y Cena de Jesús con los discípulos; mientras que en el de la derecha, la Crucifixión, con Estefatón con la esponja y Longino con la lanza, luego el episodio de los Peregrinos de Emaús, y todavía, debajo, una nueva Aparición de Cristo a los discípulos. Por último, a los pies de la Cruz observamos una imagen del Pentecostés, mientras que una bella imagen de la Ascensión ocupa, en lo más alto, el remate de la estructura; le falta sin embargo la parte superior, en donde aparecería la figura de Cristo encumbrándose a los Cielos.

Se fecha en la segunda mitad del siglo XII, y se considera una de las máximas expresiones de la boyante cultura pictórica pisana, en la que se aúnan las influencias de la miniatura umbro-romana con fórmulas del arte bizantino. A. Caleca y Mariagiulia Burresi han propuesto su parangón con los frescos de la iglesia de la abadía de la S.S. Trinità di Saccargia (Sassari), en la isla de Cerdeña, entonces bajo el dominio de la todopoderosa República de Pisa.

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