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EXPOSICIÓN "EL CIELO PINTADO. EL BALDAQUÍN DE TOST" EN EL MUSEO EPISCOPAL DE VIC

Manuel Castiñeiras, octubre 2008

El baldaquín de Sant Martí de Tost (Alt Urgell) es una obra excepcional del románico catalán que se conserva en dos museos diferentes. Mientras que el Museu Episcopal de Vic posee la viga delantera y la crestería desde el año 1917, desde 1932 la tabla-plafón procedente de la colección Plandiura pertenece al Museu Nacional d'Art de Catalunya (Barcelona).

El baldaquín de Tost, una obra excepcional

El baldaquín es uno de los elementos más representativos del mobiliario litúrgico medieval. Se trata de un tipo de cobertura del altar que puede presentar diversas formas y que tiene un valor protector, simbólico y honorífico. Existen dos tipologías principales. La primera, la más común en la Europa medieval, es la que denominamos baldaquín-templete, la segunda tipología, muy característica de Cataluña pero prácticamente desconocida en Europa, es la conocida como baldaquín-plafón.

Las dos piezas del baladaquín de Tost tal y como se presentan en la exposición
Fotografía cedida por el Museu Episcopal de Vic

Una de las peculiaridades del baldaquín de Tost es la de haber conservado prácticamente todos los elementos constitutivos de un baldaquín-plafón (viga delantera, tabla central y crestería). La crestería actual pertenece a un momento posterior respecto al resto de los elementos. Esta afirmación está basada no sólo en un hecho estilístico, sino también en las diferentes técnicas empleadas de analítica de materiales constitutivos de la obra.

El baldaquín primitivo se adaptaba perfectamente, a las medidas del arco triunfal de la iglesia consagrada el año 1040. Probablemente fue realizado en el primer tercio del siglo XIII, hacia el año 1220, ya que denota el impacto del llamado estilo 1200, de fuerte componente anglonormando en Cataluña (Liber Feudorum Maior), Aragón (Sixena) y Castilla (Arlanza). Esta adhesión a las corrientes internacionales se canalizaría a través de un taller local, situado probablemente en la Seu d'Urgell y en su obispado, que produciría también las tablas de Orós o el baldaquín de Tavèrnoles. No hay que descartar que la actividad del taller estuviera relacionada con una política de nueva decoración de los altares por parte del obispado de Urgell, como respuesta a las destrucciones y profanaciones sistemáticas del mobiliario litúrgico que se habían producido en esta zona entre 1195 y 1196 por parte del vizconde de Castellbò, los condes de Foix y los adeptos cátaros.

Ignoramos, sin embargo, por qué se produjo en poco tiempo, a mediados del siglo XIII, la sustitución de la crestería románica por una nueva. En ésta se representa la escena de la Santa Cena, siguiendo un modelo iconográfico muy parecido al de los frescos de la capilla de Santa Caterina de la Seu d'Urgell (MEV 9001) y en un estilo muy bizantinizante, cercano al llamado primer Maestro de Sant Pau de Casserres (Berguedà). Esta insistencia en el tema eucarístico parece conectar todavía con las luchas contra los albigenses emprendidas por el obispo d'Urgell, Ponç de Vilamur (1230-1257).

Detalle del montaje de la exposición
Fotografía cedida por el Museu Episcopal de Vic

"Ego sum lux mundi": el cielo pintado de Tost

Desde siempre el baldaquín fue un atributo de poder que simbolizaba la bóveda celeste. Su función sobre el altar cristiano tiene su origen en la Roma paleocristiana, donde encontramos tanto precedentes para la viga ornamentada (fastigium), en la donada por Constantino a la basílica de San Juan de Letrán, como para el propio baldaquín o ciborium, en el primitivo San Pedro del Vaticano. En el caso de Tost, si la viga ornamentada se puede relacionar con la decoración de los techos de madera pintados de las iglesias catalanas ("lignis dedolatis mirifice", dice la consagración de Cuixà de 953) o los iconostasios bizantinos -con los cuales se marcaba el espacio más sagrado de la iglesia-, la tabla-plafón parece reflejar los programas de las bóvedas de los baldaquinos occidentales altomedievales.

La decoración de los dos elementos en Tost, viga y tabla-plafón, sirve para dar una imagen de la tierra y el cielo en clave alegórica y escatológica. La viga presenta a ambos lados una decoración pintada en medallones que muestra el mundo, con la lucha entre el bien y el mal, siguiendo el simbolismo moralizante de los Bestiarios ingleses: el guerrero contra el oso diabólico, el falso Centauro amenazando el Toro de Cristo, la seductora Sirena con la deforme Grylla, y el arquero que dispara contra la virtuosa y vigilante Grulla. En el centro, en relieve de yeso antiguamente dorado, se repite el motivo apocalíptico del León de Judá, es decir, el Cristo victorioso sobre el pecado y la muerte (Ap. 5, 5).

Finalmente, la tabla-plafón, situada sobre el altar donde se celebraba la Eucaristía, se decora con la promesa de vida eterna, con la representación de la Segunda Venida de Cristo, acompañado de los símbolos de los Evangelistas (el Ángel de Mateo, el León de Marcos, el Águila de Juan y el Toro de Lucas) y mostrando el camino de las tinieblas al cielo: "Yo soy la luz del mundo" (Ego sum lux mundi) (J. 8, 12). A pesar de que se hizo posteriormente, el coronamiento de una crestería decorada con la Santa Cena redundaría en el significado salvífico del sacramento de la Eucaristía.

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