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REFLEXIONES ROMÁNICAS VII. En las raíces de Europa

Autor: Jaime Cobreros. Agosto de 2005

Europa parece hoy incapaz de ofrecer respuestas de altura a cuestiones fundamentales. Así, a la huída de la realidad del hombre actual, a la disolución de la razón aristotélica a la que estamos asistiendo o al desenraizamiento de nuestras señas de identidad, tan manifiesto en nuestro país. Europa, la vieja dama, está desfondada. Por primera vez en su ya larga historia permanece muda ante cambios de una importancia como quizás no se habían dado hasta hoy. Es una prueba más de que un ciclo histórico se ha cerrado ante nosotros y que transitamos ya por otro nuevo.

Acompañado de mi familia he vuelto a los orígenes, allí donde Europa fue tomando forma y terminó de cuajar en lo que se conoce como Occidente, civilización occidental, Cristiandad. En un mes de julio magnífico hemos trepado a 40º C. a la Acrópolis ateniense, recorrido el Areópago cercano, paseado por el Ágora griega... En Roma, a parecida temperatura, hemos visitado los Foros y descansado en el fresco del interior de las basílicas.

Hace dos milenios y medio en el Ágora ateniense se concretaron las ideas de libertad, democracia y razón filosófica. En el Areópago, cinco siglos más tarde, el neoplatonismo razonó la formulación de un cristianismo universal. En el Foro romano se escribió el derecho con el que se civilizó el mundo conocido y desde Roma una nueva religión iluminó a los hombres con su inédito mensaje de igualdad, fraternidad y redención. Atenas, Roma y el cristianismo con sus ideas de democracia, razón filosófica, derecho, igualdad y fraternidad, conformaron Europa. Esta Europa que hoy permanece callada porque ya nada tiene que decir o no sabe cómo decirlo.

Una primera reflexión de urgencia, tras este retorno a las fuentes, sería que éstas están secas y, lo que es más grave, que los que las visitan no parecen echar de menos el correr del agua. Sin embargo, en el terreno de las reflexiones románicas, que es lo que aquí se trata, Roma y Atenas ofrecen confirmaciones y sugerencias siempre interesantes.

La iglesia de Santa María en Trastevere se alza en lo alto de la colina romana así llamada. Se trata de una magnífica basílica levantada a mediados del siglo IV en el lugar en el que se encontraba en el siglo III la semiclandestina domus ecclesiae del Papa Calixto I. Es importante saber que la basílica experimentó en el siglo XII una importantísima ampliación con columnas y mármoles procedentes de las Termas de Caracalla. Ampliación contemporánea por tanto del románico.

Con el Edicto de Milán (313), promulgado por Constantino, por el que era tolerado oficialmente el cristianismo, los cristianos se encuentran carentes de construcciones específicas en las que celebrar sus

os, realizados hasta entonces en casas privadas o en las catacumbas. Las basílicas romanas extendidas por todo el Imperio, incluida su parte oriental con Constantinopla como capital, eran construcciones civiles polivalentes preparadas para el comercio, la administración, la justicia, etc. Consistían fundamentalmente en una larga nave central flanqueada por dos laterales de menor altura separadas por arquerías de medio punto sobre columnas. La nave central era rematada en uno de sus extremos por un podio en el que tenía su sitial un juez.

La avalancha de cristianos salidos a la luz tras el edicto hace necesario el uso cultual de algunas basílicas constantinianas, civiles hasta entonces. Con el paso del tiempo las basílicas consagradas y las de nueva erección van incorporando variantes según las necesidades litúrgicas. Es así como en un proceso natural se pasa de la basílica constantiniana a la basílica propiamente cristiana que conserva de aquélla la disposición de naves a lo largo de un eje y la techumbre de carpintería, a excepción del remate del ábside en uno de los extremos de la nave central y cubieto de bóveda pétrea. Aunque existan al mismo tiempo edificios sagrados de plano centrado (los martyria), el tipo basilical es el que se impone en toda la Cristiandad al tomar como modelo a San Pedro del Vaticano.

Por otro lado, en el Ágora ateniense se yergue la iglesita de los Santos Apóstoles rodeada de ruinas grecorromanas. Es una construcción del más puro estilo bizantino levantada a finales del siglo X o comienzos del siglo XI en piedra y ladrillo. Su tipología es opuesta a la basilical. Planta en cruz griega de breves brazos coronados en su encuentro por gran cúpula alzada sobre tambor que apea sobre pechinas que parten de los cuatro arcos formeros. El brazo occidental, en el que se dispone la entrada, va precedido de un corto nártex. Ágii Apostol, levantada poco tiempo antes de que el románico comenzara a tomar formas definitivas en la cristiandad latina, puede pasar muy bien por el prototipo de lo que conocemos como arquitectura bizantina..

Es sumamente revelador comprobar a pie de obra cómo el cristianismo, que se formula en Atenas y se universaliza en Roma, comienza desde tiempos tempranos a concretar su arquitectura sagrada en dos tipologías distintas de templos. La basílica de tipo constantiniano que se levanta en todo el Impero romano, tanto en el latino de Occidente como en el bizantino de Oriente, experimenta en éste durante los siglos V y VI transformaciones que van a marcar definitivamente la posteridad de su arte sagrado alcanzando al día de hoy.

Santa Sofía de Constantinopla, levantada en honor de la Sabiduría divina (toda una lección teológica), marca el punto de inflexión con su grandiosa y etérea cúpula. La cúpula, pues, toma el papel protagonista en la arquitectura sagrada bizantina con Justiniano. Se sabe que el emperador mandó levantar cerca de Éfeso una gran basílica de nueve cúpulas que guardara los restos de San Juan Evangelista. En el siglo VI en el Imperio de Oriente el eje longitudinal de la basílica (Santa Sofía aún lo conserva, apenas perceptible) comienza a retrotraerse ante el protagonismo de la cúpula. Durante los siglo siguientes se terminará de configurar la tipología del templo bizantino: planta en cruz griega, nártex en el brazo occidental, altar en el oriental y gran cúpula alzada sobre tambor en el encuentro de los cuatro brazos. Es muy frecuente que en medio de la cúpula aparezca a gran tamaño un Pantocrátor en mosaicos o pintado.

El templo bizantino parece condicionar una actitud estática, contemplativa, del hombre, con los pies en la Tierra y con el Cielo abierto sobre él mostrándole a Jesucristo acogedor. Por su parte, Santa María en Trastevere y otros templos, muestran la persistencia en el cristianismo latino de la idea de recorrido como estructurador fundamental del espacio sagrado. Esto supone una concepción dinámica del cristianismo, como un camino ascético o peregrinación que en su recorrido hace atravesar progresivamente al hombre espacios de mayor densidad sagrada hasta alcanzar la meta en el ábside. Estas dos entendimientos vitales del cristianismo -estático y dinámico, de un modo muy general - han sido una de las consecuencias que han diferenciado con el paso de los siglos al catolicismo romano y a la ortodoxia bizantina. Los dos pulmones del cristianismo, como los llamara Pío VI.

El románico siguió haciendo suya esta idea básica del templo latino, y al sentirse liberado, tras el Cisma de Occidente (1054), de las seculares ligaduras con el bizantinismo, puso en pie el primer arte sagrado propio de Occidente. Para otro momento queda reflexionar sobre otras dos diferencias fundamentales entre los templos cristianos de Occidente y de Oriente. Éstas son el uso de las imágenes esculpidas y la circulación diáfana entre los distintos ámbitos sagrados en el caso de los templos católicos y las imágenes pintadas (o en mosaico) y del iconostasio en el caso de los ortodoxos.

Se ha comenzado hablando de ciclos históricos y advirtiendo que acabamos de entrar (consciente o inconscientemente) en uno nuevo. Para prever la amplitud del actual resulta fundamental saber la del que acaba de concluir. ¿Hemos asistido al fin del ciclo del positivismo, del humanismo o incluso de la razón filosófica? ¿O cabe pensar que hemos sido testigos de la consumación de un ciclo aún de mayor amplitud? Sea lo que sea, estemos ante lo que estemos, para los que nos sabemos herederos de lo que supuso la vieja Europa, el románico se presenta como referencia segura en todos los órdenes, aunque se opacifiquen hasta la oscuridad las tinieblas.

Todos los artículos de este autor:

REFLEXIONES ROMÁNICAS I. ¿Evolucionismo, diacronismo, sincronismo?

REFLEXIONES ROMÁNICAS II. Características imprescindibles del arte románico

REFLEXIONES ROMÁNICAS III. Beato Mozárabe en el siglo XXI

REFLEXIONES ROMÁNICAS IV. Eunucos felices y saltarines

REFLEXIONES ROMÁNICAS V. Los capiteles en flor del Camino de Santiago

REFLEXIONES ROMÁNICAS VI. Para cuándo la España románica?

REFLEXIONES ROMÁNICAS VII. En las raíces de Europa

REFLEXIONES ROMÁNICAS VIII. Del orden natural de las cosas como base de todo arte sagrado

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