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Gelmírez en Portugal: el cáliz y la patena de San Giraldo
Lunes, 20 de septiembre de 2010

Autor: Victoriano Nodar

En el año 1102, el entonces obispo de Compostela, Diego Gelmírez (1070?-1140) realizó un viaje con un fuerte carácter político, a la ciudad de Braga. Durante esta visita se produce, de hecho, el célebre robo de las reliquias de los santos Fructuoso, Cucufate, Silvestre y Susana, conocido como el Pio Latrocinio. En Braga es recibido por el arzobispo Giraldo (1096-1108), antiguo monje de Moissac, que, en aquel momento, estaba impulsando decididamente su diócesis y la construcción de una nueva catedral.

Este personaje, decisivo para la introducción de las formas artísticas provenientes de Francia en el noroeste peninsular, es recordado como se merece en la exposición Compostela y Europa. La historia de Diego Gelmírez, a través de dos piezas de singular belleza e inestimable valor.

Estas son un cáliz y una patena custodiados durante siglos en la catedral bracarense y hoy conservados en el moderno Tesouro-Museu da Sé de Braga. El cáliz se apoya sobre una base plana de la que nace el astil decorado con arquillos de herradura y un nudo escasamente pronunciado. La copa, de forma acampanada aparece cubierta por un tallo ondulante que alberga en su interior tres águilas y un león. La patena, que ha perdido su fondo, se decora con una sencilla orla vegetal.

Braga, León y Al-Andalus

De estas piezas sabemos con seguridad que pertenecieron, o fueron mandadas hacer, por Don Mendo Gonçalves y su esposa Toda, ya que sus nombres aparecen en la inscripción de la base del cáliz. Don Mendo aparece documentado desde el año 961 y se convirtió, a la muerte de su padre, en Conde de Portugal. Muere en el año 1008 en el transcurso de una incursión normanda en la región, quedando su esposa, Toda, a cargo del condado hasta su muerte entre 1022 y 1025. El matrimonio gozaba de una posición privilegiada en el reino de León. Don Mendo era el alférez del rey Vermudo II hasta su muerte en el año 999 y apoyará la coronación del niño Alfonso V como rey, convirtiéndose en su regente. A partir de ahí, se constatan estrechas relaciones diplomáticas entre Don Mendo y Abd al-Malik, que reemplazó a su padre Al-Mansur como hajib del califa Hisham II en 1002. Abd al-Malik, incluso actuó como árbitro en la disputa entre el conde de Castilla Sancho García y Don Mendo por la tutela del joven Alfonso V y que se saldó con la victoria del segundo. La citación de estos datos históricos podría parecer banal si el título de Sayf al-Dawla (espada de la dinastía), que había sido concedido a Abd al-Malik en 1004, no apareciesen en la inscripción dedicatoria de un bote de marfil que hoy también se guarda en el Tesoro de la Catedral de Braga. Siempre se ha relacionado la llegada de esta pieza a Braga con una posible donación de don Mendo, que lo pudo haber adquirido en una de sus incursiones en territorio árabe o, como apunta Prado-Vilar, que fuese obtenido en un intercambio de regalos con motivo de algún acontecimiento político como el comentado arbitrio por la custodia de Alfonso V. Según el mismo autor, en manos cristianas, el bote y su idílica decoración habrían encontrado una nueva función y un nuevo significado, que no sería otra que el servir de lujoso contenedor para reliquias u objetos sagrados. Tras la obtención de este bote, seguramente Don Mendo debió de encargar la realización del cáliz y la patena con la intención de que pudiesen ser guardados en su interior. Eso explicaría las reducidas dimensiones de ambos, extrañas para un uso litúrgico, pero perfectas para el interior del bote.

Además hay otros elementos de carácter estilístico que apuntan hacia una relación entre las tres piezas. En la decoración del cáliz se detecta un interés por parte del artista de imitar algunas de las formas que aparecen en el bote califal, como buscando una afinidad ornamental entre su obra y la que la iba a contener. De hecho, la decoración de la copa parece una reinterpretación de los medallones superiores del bote, en los que también aparecen animales en posturas heráldicas. Además, sólo mediante una inspiración directa se entiende una representación tan laica en un vaso sagrado y detalles como las grandes hojas que muerden las aves y que también aparecen en la obra árabe. Eso sí, el autor, aunque se haya inspirado en los motivos del bote, los traspasa a su obra con un lenguaje propio de las artes figurativas cristianas de entorno al año 1000. A falta de paralelos convincentes en la orfebrería, se pueden rastrear formas similares en la miniatura del siglo X del reino de León. Así para la composición de animales situados en círculos se pueden ver en el folio tapiz de la conocida Biblia de León, concluida en el año 920 (fol. 3v). En esta misma obra se pueden rastrear otros rasgos del estilo del cáliz, como la fuerte estilización de estos animales, sus ojos en forma de gota de agua y las formas alveolares que marcan las articulaciones del león (fol. 209v). Sin embargo, en el cáliz se percibe una discreta tendencia hacia el naturalismo que hace que lo podamos poner en relación con la Biblia de León del año 960, sólo cuarenta años anterior al cáliz. Figuras como el águila, símbolo de san Juan, del frontispicio (f. 2r), se aproximan a las de la copa. Además, en nuestra obra, los círculos que enmarcan los animales se han convertido ya en un tallo vegetal que, aunque muy abstracto, tiende al naturalismo, sobre todo al rematar en grandes hojas flordelisadas, que también abundan en la decoración marginal de este códice, por ejemplo, en los remates de la “I” del inicio del libro del Génesis (fol. 14v). Todos estos paralelos apuntan a que el cáliz debió de haber sido realizado en un taller leonés deudor de la tradición figurativa hispánica.

Se podría concretar su datación entre el año 1004, en el que pudo haber sido adquirido el bote de marfil que lo contendría, y antes del 1008, en el que muere Don Mendo Gonçalves. Su gran influencia en la corte leonesa le haría fácil el acceso a los talleres de orfebrería del momento donde encargar una obra a juego con el precioso bote que acababa de adquirir. Su uso litúrgico me parece incuestionable ya que la patena encaja perfectamente en el cáliz por lo que éste pudo haber sido utilizado para la reserva del Sacramento, utilizando el bote árabe como píxide para contenerlos. Una vez realizado el cáliz y la patena, estos pudieron haber sido donados junto con el bote a la iglesia de Braga, la principal, del condado que él mismo y su mujer gobernaban. Da Costa, por su parte, supone que el cáliz con su patena continuaron en manos de la familia hasta que el 27 de julio de 1103 en que Toda Eitaz dono todos los bienes que tenía en la feligresía de Nogueira a la sede de Braga. La donación sólo menciona bienes raíces, pero sería natural que hubiese también muebles, entre los que podría estar dicho cáliz. De hecho, la Vita Sancti Geraldi recoge un pasaje en el que una matrona, de noble linaje, llamada también Toda, fue obligada a casarse con un noble local que quería hacerse con su extenso patrimonio. Ella consigue huir y es acogida en Braga por el arzobispo Giraldo (1096-1108). En agradecimiento le donó al obispo todo su patrimonio en el lugar “ao que chaman Nogueiró”. Pero además, el relato añade: “Concedeu-lhe, além disso, outras oferendas para serem oferecidas no altar da Beata Virgem Maria, encomendando-se-lhe perpètuamente a sua caridade e a sua oraçao”. Parece que la Toda de los documentos históricos es la misma que la que se menciona en la Vita, y que en esta donación hubo también algún tipo de bienes muebles ofrecidos al altar de la Catedral, entre los que se podían encontrar el bote árabe, el cáliz y la patena, que pertenecían a su familia desde generaciones atrás. De confirmarse este dato, tendríamos una relación directa entre estos objetos y el arzobispo Giraldo, lo que habría dado lugar a que fuesen considerados reliquias tras su muerte y conversión en santo patrono de Braga.

El “tesoro de San Giraldo”

La fama de santidad de Giraldo fue inaugurada por el aludido texto de la Vita Sancti Geraldi realizado por Bernardo, arcediano de la catedral y discípulo suyo. Lo interesante de este culto local, desde un punto de vista artístico, es la posibilidad de que haya generado un “tesoro”, es decir, una colección de objetos preciosos que habían pertenecido al santo o que estaban directamente ligados con él. No sería este el único caso de un tesoro litúrgico que se crea como fruto de la promoción del culto a un santo. Son de sobra conocidos los casos de San Rosendo de Celanova o de San Ramón de Roda de Isábena de los cuales conservamos sendos ajuares formados por objetos contemporáneos al personaje y por otros que se fueron añadiendo con posterioridad a sus canonizaciones o traslaciones de sus reliquias. Eran objetos suntuarios que se mostraban a los fieles en las festividades señaladas como autenticas reliquias del santo o que incluso eran utilizados con fines taumatúrgicos. La posibilidad de que este “Tesoro de San Giraldo” haya podido existir se desprende de una atenta lectura de dos inventarios del tesoro de la Sede Primacial de Braga de los años 1589 y 1645. Entre ambos se pueden rastrear hasta nueve objetos que se relacionan directamente con el santo y que, además, son citados en el apartado de “Reliquias y Relicarios” por lo que todavía en época moderna eran considerados como tales: “três comtas emcastoadas em prata, as quaes forao do bemavemturado Sao Giraldo”, que pueden ser algún tipo de piedras preciosas que se habían engastado en relicarios de plata y que se llevaban, según se desprende del inventario, a las casas de los enfermos para sanarlos; “Hum calix pequeno de prata com sua patena rotta, o qual foi do bemavemturado Sao Giraldo”, sin duda el cáliz que nos ocupa y su patena que ya en 1589 estaba rota; “hua caixa ao modo de bucetta feitta de prata, em que se goarda este calix, que se fez doutro que se achou no moimento”, que debe de ser una caja relicario para guardar el cáliz y la patena; “Outro calix de prata com sua patena, [...] que se deu ao bem avemturado Sao Giraldo”; “Outro cofre pequeño, dourado, de páo, em que está a vestimenta do bemavemturado Sam Geraldo, de cetim amarelho, a qual tem sabastros de borcatel amtigo lavrado”; “Hum elo de ferro da cadea do bemaventurado Sam Geraldo, emcastoado em prata”; “Hua crus de prata roliçaa, que se diz tem reliquias dentro, que hé do bemaventurado Sam Geraldo”.

A falta de un estudio en profundidad del actual tesoro de la Catedral de Braga, de todas las piezas descritas en estos inventarios sólo podemos reconocer con seguridad dos de ellas y que son el cáliz y la patena que nos ocupan. La tradición liga ambos objetos con el santo bracarense y su culto, seguramente por la admiración que debió suscitar en Braga su riqueza y su antigüedad y que los hizo merecedores de convertirse en reliquias sagradas de su santo más venerado: San Giraldo.

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