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Exposición Picasso-Romànic en el MNAC

Lunes, 06 de febrero de 2017

 

Picasso-Románico es una conjunción que de primeras provoca sorpresa en el público en general. Más bien escepticismo. Como el románico es anterior a Picasso el planteamiento suele ser: ¿pudo algo tan antiguo, tan primitivo, influir en el genio Picasso? Parece forzado. Quizás fue una influencia marginal...

De entrada digamos que la exposición no pretende tanto explorar la posible influencia del arte románico sobre Picasso como establecer contrastes y buscar afinidades, lo cual resulta muy sugerente. Las 40 obras de Picasso cedidas por el Musée national Picasso-Paris, datadas entre el  1902 y el 1952, nos remiten a una historia de amor, la de Picasso con el románico y la del románico con Picasso. El escenario de esta historia es la sala de la colección permanente de románico, convenientemente modificada para acomodar las piezas de Picasso en cuatro apartados.

Camino de ida...

Picasso visita en 1934 el entonces Museu d’Art de Catalunya, hoy MNAC. El catálogo del museo todavía no había sido publicado, y de hecho el museo estaba a punto de inaugurarse. Acompañado por su amigo Joan Vidal Ventosa y por el director del museo, Joaquim Folch i Torres, su objetivo era conocer la sala que se dedicaría a exponer las obras del artista que eran propiedad del Ayuntamiento de Barcelona, entre las cuales destacaba el fabuloso conjunto de 22 piezas compradas unos años antes al coleccionista Lluís Plandiura. Este proyecto de sala, que hubiera sido una de las primeras dedicadas al artista en un museo, no se llegó a realizar. Picasso aprovechó para visitar detenidamente la colección de arte románico y, según el relato de esta visita que conocemos bien a través de las crónicas periodísticas, se deshizo en elogios, manifestando que el museo era único en el mundo e imprescindible para conocer el origen del arte occidental, así como una lección para los artistas modernos.

Era un momento de influencia del Primitivismo sobre la Modernidad, como reivindicación de lo auténtico, de la esencia del arte. Hasta entonces el románico se había considerado un arte bárbaro, pero los modernos pasan a valorarlo por el contraste con el arte del siglo XIX, demasiado academicista y artificioso. Los pintores modernos reivindican el románico como expresión artística, deja de ser arqueología.

Picasso tiene 52 años en el momento de esta visita, pero la primera obra que refleja su interés por el románico es muy anterior, un óleo del claustro de Sant Pau del Camp de 1896. Es algo más tarde, en 1906, cuando conoce, o más bien se revela ante él, la Marededeú de Gósol, en el Prepirineo catalán. Estamos en plena época rosa, cuando crea obras con reflejos del Primitivismo. Como podemos ver en el primer apartado de la exposición, la evolución hacia la vanguardia se hace mediante la “mascarización” de las caras, un aspecto en el cual el románico sin duda ayuda. Se simplifican también las formas del cuerpo humano, se convierte a las personas en naturalezas muertas, y viceversa. Las “máscaras” de los sayones de san Esteban, en la lapidación de Sant Joan de Boí, quedan en segundo plano. Picasso gana el primer round. Y remata el efecto con algunas de sus obras de cerámica, técnica en la cual Picasso resulta imbatible.

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Lo que más sorprende en esta exposición es la cantidad de documentos sobre arte románico atesorados por Picasso a lo largo de su vida, como acredita el segundo apartado. Conservaba una gran cantidad de libros y centenares de postales. Ésta es la primera vez que una parte se enseña al público. Maravilla ver como cualquier amigo que le apreciara decidía enviarle una postal con un motivo románico, fuera la portada de Ripoll o el frontal de Cardet. Cualquiera haría feliz a Picasso. Lo dicho, una historia de amor.

El tercer apartado es el de la crucifixión, en el ámbito de Sant Climent de Taüll, justo lugar pues nos consta que Picasso conocía perfectamente este fresco, con precisión casi fotográfica. Se explotan aquí las afinidades iconográficas entre diversos cuadros de Picasso y el conjunto del Descendimiento de Santa Maria de Taüll, desplazado de su emplazamiento habitual en el museo. Quizás sea por el juego de sombras provocada por la iluminación, pero entre tanta violencia acaba imponiéndose la rotunda humanidad de las tallas románicas. Empate.

Y pasamos finalmente al cuarto apartado: cráneos y muerte. Es el Picasso icónico, el más reconocible, asociado a la deformación de las formas. El periodo que va de 1940 a 1945 es el periodo de mayor trabajo sobre la muerte, no hace falta exponer los motivos. Obras que transmiten violencia, en su totalidad y en sus detalles, como esos verdes que nos recuerdan los colores de los soldados nazis. Cuadros que parecen transmitirnos la idea de que todo pasa, que no queda nada al final. Y así conmovidos nos damos cuenta cómo nos mira de reojo la Marededéu de Gósol, la misma que Picasso vio un día en su iglesia original, y que está actualmente custodiada en el MNAC. ¿No será porque el arte sagrado, al entrar en un museo, muere un poco? Pero tras los plásticos cuadros de calaveras, extraordinarios, de expresividad metálica, nos encontramos de frente con la calavera de Sorpe, la de Adán, a los pies de la cruz de Cristo. Y vemos que el mensaje no puede ser más contradictorio: aquí no acaba nada, aquí comienza todo. Este diálogo, esta discusión, entre Picasso y el románico, acaba en tablas, como pasa con los buenos enamorados.

... y vuelta.

Pero una historia de amor es recíproca, y como exponen los propios comisarios de la exposición Juan José Lahuerta por parte del Museu Nacional d’Art de Catalunya y Emilia Philippot por parte del Musée national Picasso-Paris, no se trata tanto de mostrar la influencia del románico sobre Picasso como la de Picasso sobre el románico. Explica Eduard Vallès, conservador de arte moderno del MNAC, que mucha gente que visita la muestra por el reclamo de Picasso ha “descubierto” la colección de románico. Al fin y al cabo el románico, potente, acaba abrumando a su visitante. Picasso estaría encantado.

Este mismo Picasso que defendió la revalorización del arte románico no sólo a través de su filosofía artística, sino también en la práctica de la historia del arte, como miembro de la comisión organizadora de la Exposición de Arte Catalán (París, 1937, tres años después de su visita al museo en Barcelona), que resultó la mayor operación de difusión de arte catalán medieval, pues bien, este Picasso sigue hoy en día influyendo sobre el románico. Los amantes del románico nos rendimos agradecidos.

Xavier Lorenzo Figueras

 

 

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