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La Catedral Vieja de Salamanca

Viernes, 09 de septiembre de 2016

 

 UNA BREVE INTRODUCCIÓN

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Al igual que Salamanca, son varias las ciudades españolas, como Burgo de Osma, Ciudad Rodrigo, Palencia, Santo Domingo de la Calzada, Zaragoza, Zamora, en las que en sus Catedrales conviven de modo natural, en mayor o menor proporción, los estilos románico y gótico, complementándose ambos sin problemas entre ellos, incluso con otros estilos posteriores.

No es única tampoco la ciudad de Salamanca en ese “lujo” de tener dos edificios catedralicios, ya que esto también ocurre en Lérida, Vitoria y Zaragoza, donde coexisten dos catedrales sitas en puntos distintos de la ciudad, más o menos próximos entre sí.

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Fig. 1   La Catedral Vieja

Pero sólo es en Plasencia, donde cómo en Salamanca, dos edificios se unen sin solución de continuidad, cruzando la barrera temporal del románico al gótico sin darnos cuenta, simplemente al traspasar una puerta abierta en un muro.

Previamente a comenzar con el análisis de su historia debemos recordar que, en general, utilizamos incorrectamente la expresión Catedral Vieja y Catedral Nueva, como si fueran dos las catedrales existentes, cuando es una y única la Sede Salmantina, aunque, eso sí, formada por dos recintos catedralicios que conviven conjuntamente.

Desde antiguo, en los documentos aparecen las expresiones Iglesia Vieja e Iglesia Nueva, las cuales con el claustro y otras varias dependencias dan ser al conjunto de la Catedral de Salamanca. 

Sí es único el caso de Salamanca, cuando tomamos cuenta de su configuración estructural, donde dos de los muros de ambos edificios han quedado reducidos a uno solo, formando una verdadera espina dorsal que rigidiza el definitivo conjunto, de modo que el muro Sur de la Iglesia Nueva ha fagocitado al muro Norte de la Iglesia Vieja, como así se nos presenta desde el siglo XVI, proporcionando una singularidad que deja atónitos a los visitantes que, no terminando de entender dónde empieza y dónde acaba la magna obra de la ”Salmantia fortis” piensan, eso sí, que hayan llegado realmente a completar su visita, cuando quizás solamente acaban de comenzarla.

El paso entre ambas iglesias se realizaba hasta 1953 por una puerta existente en la Capilla de San Bartolomé de la Iglesia Nueva que daba paso a una escalera que ocupaba lo que quedaba del desaparecido brazo norte del transepto, la cual fue descrita y dibujada por G.E. Street en su visita de 1865 a la Catedral. Sería  sustituida esta escalera ese año de 1953 por la actual, que se alcanza por la puerta abierta en la Capilla de San Lorenzo de la Iglesia Nueva. (Fig. 2)

Se sorprendería el famoso arquitecto gótico-victoriano londinense, viendo que la obra de la Iglesia Nueva no había afectado prácticamente al edificio de  la Iglesia Vieja, ya que esta había supuesto únicamente el derribo del muro norte de esta última. En la mayoría de los casos de sustituciones de edificios, ello suponía el derribo prácticamente completo, incluida su desaparición, como recientemente tuvimos ocasión de comprobar en nuestro paso por la Catedral de Astorga.

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Fig. 2   La nave norte. Al fondo escalera de acceso y entrada a la Capilla de San Martín.  

No es posible evaluar la enorme magnitud de este verdadero monumento, ni siquiera suponerla, antes de realizar no una, sino varias visitas. Personalmente, hasta la visita que realizaría el año 2013, dirigida por el Arquitecto Conservador de la Catedral, D. Valentín Berriochoa, en la que nos fue introduciendo por innumerables recovecos de los dos edificios, algunos de ellos fuera de cualquier programa de una visita normal, no tuve una idea clara de la envergadura de lo que realmente representa el conjunto catedralicio salmantino.

Valga decir aquí como remate, que la Catedral Nueva de Salamanca es la segunda mayor catedral de España en dimensiones, y que su campanario, Torre de Campanas actual, ocupa también el segundo puesto de entre los de las catedrales españolas, con sus 110 metros de altura y que, aun no siendo el objeto de este trabajo, sí conviene advertir que bien lograron sus autores los objetivos establecidos por los reales promotores, los Reyes Católicos, de construir esta gran catedral en el siglo XVI basados en la razones por las que, según se dice, la Catedral Vieja debía ser sustituida por otra nueva en razón al gran aumento demográfico de la ciudad, derivado principalmente de la fuerte atracción producida por la Universidad.

Pero, ¿Cuáles fueron las razones para construir la nueva Catedral?

Entre los documentos principales correspondientes a la construcción de la Iglesia Nueva, está la carta que los RR. CC. dirigieron al Papa Inocencio VIII por conducto del Cardenal de Angers, fechada el 17 de febrero de 1491, solicitando al pontífice que concediese gracia para la construcción de un templo en la ciudad de Salamanca en consideración a su Universidad y la dignidad de su culto.

De esta carta se deduce que se habría pensado primeramente en ampliar la Iglesia Vieja pero, “según la forma y edificio que la dicha iglesia tiene no se puede acrecentar sin que todo se deshaga”.

Las razones que esgrimieron lo canónigos para justificar la necesidad de levantar una nueva sede, se resume en estas breves palabras describiendo a la Catedral Vieja: “…por ser pequeña, tosca y algo húmeda”, lo que a la vista de lo que nos ha llegado de la Iglesia Vieja, no podemos considerar más que exagerado, o incluso falso.

Fueron los Reyes Católicos los grandes promotores de esta nueva Catedral y, pese a haber surgido el proyecto en 1491 como una reconstrucción de la Catedral Vieja, realmente le debió caber a Fernando la máxima responsabilidad en la decisión de acometer la construcción de un nuevo edificio, puesto que Isabel falleció en 1504, mientras la catedral se comenzaría a construir en 1513.

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Fig. 3   Vista de Salamanca hacia el norte desde la Torre de Campanas.

Para finalizar esta introducción, debemos señalar que, aunque no lo parezca, sí hay románico en la Iglesia Nueva. Solamente una, pequeña pero formidable talla que, según parece, perteneció al Cid Campeador. Se trata del Cristo de las Batallas, y visitarle en su altar resulta más que imprescindible. Más tarde volveremos sobre este punto para conocer algunos detalles importantes de su pequeña historia, porque pequeño es el crucifijo, aunque magnífico en sí mismo, y de un espléndido románico.

Como en el reciente caso de la Catedral de Astorga, aunque aquí con más motivos, si consideramos que nuestro objetivo es el arte románico, nuestro interés se deberá centrar exclusivamente en la Iglesia Vieja, si bien ésta dispone como podremos encontrar en nuestra visita, de bastantes elementos de estilo Gótico, algunos ciertamente importantes, los cuales  a lo largo de los nueve siglos transcurridos hasta ahora, han resultado absolutamente integrados en este magnífico conjunto de la Iglesia Vieja.

Para completar el recorrido, no debéis dejar pasar la ocasión de vuestra estancia en Salamanca para disfrutar de las visitas a las Torres de la Catedral, (Fig. 3), con la exhibición Ieronimus, lo que os permitirá disfrutar de ángulos de enfoque completamente nuevos de las mismas y, muy especialmente, del Cimborrio de la Torre del Gallo. Impresionantes especialmente durante la visita nocturna.

En cualquier caso, si no tuvierais tiempo suficiente para ello, podéis entrar en la web: www.ieronimus.es que está conectada y perfectamente accesible, como he podido comprobar estos días.

Normalmente, la visita a la Iglesia Vieja tiene que comenzar por la Nueva, porque por ella se entra normalmente, atravesando el muro común en la Capilla de San Lorenzo, del que hablábamos antes, excepto en momentos de celebración de conciertos o actos litúrgicos ocasionalmente en algunos días señalados, como esponsales, cuando la Puerta del Perdón en la fachada Oeste, a los pies de la nave, está abierta, ya que los salmantinos quieren mantener la tradición y casarse frente a ella, y con su bendición.

Me estoy refiriendo concretamente a la magnífica imagen de la Virgen de la Vega, la Santa Patrona de Salamanca, que sienta sus reales en el Altar Mayor de la Iglesia Vieja, y de la cual hablaremos más tarde.

En definitiva, y como se podrá comprobar a lo largo de la visita, la mezcla de estilos no existe en este conjunto. Esto es, finalmente, un todo integral, y las dos “Catedrales” son solamente una. Aunque haga falta hacer muchas visitas a este gran monumento para llegar a entenderlo.

 

UN POCO DE HISTORIA                          

 

Entremos pues de lleno en la Historia de la Catedral Vieja de Salamanca, conocida  oficialmente como la Santa Iglesia Catedral de Santa María de la Sede, no sin antes dejar aquí constancia de que uno de los protagonistas de esta localización de la catedral sería Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid Campeador, del cual quedaron aquí para el futuro dos importantes recuerdos, como descubriremos en las siguientes líneas.

El territorio salmantino en la Reconquista fue tardíamente repoblado. Su repoblación fue obra de la corte leonesa y repoblador destacado del solar salmantino fue el conde Raimundo de Borgoña, a los comienzos del siglo XII, lástima que fallecería el año de 1107, sin poder llegar a ser rey consorte. Ya en este mismo siglo, algunos prelados franceses ocuparían la sede de Salamanca.

Como suele ocurrir con casi todas las catedrales románicas, sus orígenes permanecen en una espesa niebla en la que normalmente resulta muy difícil, incluso a veces imposible, penetrar. Y la de Salamanca no iba a ser menos.

La primera noticia documentada que se tiene acerca de la existencia de la diócesis de Salamanca es del año 589, cuando su Obispo, Eleuterio, está presente en el III Concilio de Toledo.

En el año 666 Salamanca parece que era sufragánea de Mérida, y quizá por esa razón, su Obispo Justo asiste al Concilio celebrado en Mérida.

No se tiene noticias de edificios catedralicios anteriores, si exceptuamos las referencias que se hacen a San Juan el Blanco, como más adelante podremos ver, o al monasterio de Santa María de la Vega, con el que algunos investigadores confunden la primitiva iglesia catedral, llamada también de Santa María. Situadas no muy distantes una de otra y ambas en la misma zona de los arrabales salmantinos de la época.

Desplazados los musulmanes y tras la Reconquista, por encargo de su suegro Alfonso VI, la ciudad fue repoblada por Raimundo de Borgoña quién, en 1102, nombró obispo encargado de restaurar la diócesis a Jerónimo de Perigueux, quien previamente había acompañado al Cid en sus campañas, y que había sido obispo de Valencia, desde su conquista por el Cid hasta que la ciudad volvió a caer en manos de los musulmanes. Durante su episcopado salmantino se hicieron los primeros planes para construir una catedral, cuyas obras no empezarían hasta muchos años después.

También parece que, como en muchas de las diócesis de la época, Jerónimo creó una Escuela Catedralicia la cual pasados unos años y unida a la de Palencia, ésta creada por el rey de Castilla Alfonso VIII y el obispo de Palencia Tello Téllez, sería más tarde el germen del Estudio General, primero, por impulso del rey de León Alfonso IX, y de la Universidad de Salamanca, después.

Desde la institución del Estudio General (1218) y más tarde la Universidad (1253), gran parte de las rentas del obispado estaban dedicadas al mantenimiento de ésta, por lo que fue una diócesis "pobre" a la que no querían ir obispos ambiciosos, así que muchos de los prelados que aceptaban tenían inquietudes intelectuales y fueron profesores (e incluso rectores) de la Universidad, como el propio obispo Jerónimo, al que sus mentores reconocían como “magister et pontífice”.

A muchos les habrá resultado curioso, a otros chocante, leer que uno de los responsables, bien que indirecto, de que la Catedral de Salamanca esté donde está, haya sido el mismísimo Cid Campeador, no, no me he confundido.

Pero bueno, si el Cid murió en Valencia el año 1099, dirán algunos, ¿qué tiene que ver con la Catedral de Salamanca? Pues tiene, sí señor, y mucho.

Unos escritos dicen que cuando Rodrigo partió al exilio, le acompañó, probablemente un monje cluniacense recién llegado del Perigord en Francia, donde debía ser nacido parece que sobre el año 1060, Jerónimo de Perigueux, que así se llamaba el citado el que, como de tonto no debía de tener un pelo, pasando los años llegó, ya como capellán y confesor del Cid Campeador, a ser obispo de Valencia.

Otros cuentan que El Cid solicitó a Bernardo, antiguo abad de Sahagún, que le enviase algún sacerdote virtuoso y sabio, capaz de levantar el decaído nivel espiritual de Valencia y en 1097, recibía con los brazos abiertos a D. Jerónimo de Perigueux.

Sin duda Jerónimo eligió la corte del Campeador por espíritu de cruzado, o por ser el más belicoso de los seis jóvenes y doctos clérigos cluniacenses que el abad Bernardo trajo del Sur de Francia, los cuales fueron todos obispos, incluso dos de ellos Santos.

En 1098 el clero y el pueblo de Valencia aclamaban a Jerónimo como Obispo de la catedral de Santa María, erigida en la Mezquita Mayor, que dos años antes había sido cristianizada.

El profesor francés Claude Lacombe, que ha investigado profundamente sobre los orígenes del obispo Jerónimo, llega a suponer que éste debió de ser miembro de una importante familia noble de aquella zona de Aquitania y que, por alguna causa no conocida, partió de sus tierras llegando a la corte del rey Alfonso VI donde hizo una gran amistad con El Cid.

Muerto este último el 10 de julio de 1099, tres años después, la población cristiana huye de Valencia, probablemente hacia Toledo, mientras Jimena, el obispo Jerónimo y el cadáver embalsamado de Rodrigo, regresan a sus raíces en Burgos, volviendo a alojarse en el Monasterio de San Pedro de Cardeña, del que años atrás habían partido, donde enterrarán los restos del Cid, como quince años después, sería también inhumada  Dª Jimena. El sepulcro de ambos en el centro del crucero de la Catedral de Burgos que hoy contemplamos, es ya parte de otra historia.10965_5.jpg

 

Fig. 4   La posible urna del obispo Jerónimo

El obispo Jerónimo se incorporó nuevamente a la corte de Alfonso VI en Toledo, guardando muy bien todos los documentos que demostraban las donaciones realizadas en su beneficio por D. Rodrigo y Dª Jimena, así como el que será más tarde famoso “Cristo de las Batallas”. Un bellísimo crucifijo tallado en madera y policromado en el siglo XI, que había acompañado al Cid en todo su periplo y el cuál, la tradición salmantina reconoce indefectiblemente, como posesión del obispo Jerónimo.

Como perfectamente lo describe Daniel Sánchez Sánchez en su interesante obra sobre la Catedral salmantina, este crucificado “tiene la majestad de las imágenes bizantinas, y sus ojos inspiran la confianza de su misericordia

Como una demostración más de que este conjunto catedralicio es un “todo” en sí mismo, notemos que este Cristo de las Batallas, románico, del siglo XI, está colocado en nuestros días en su propia Capilla, justo en la capilla central de la girola, tras el Altar Mayor de la Iglesia Nueva de Salamanca, ¡No de la Vieja!, donde ya estuvo anteriormente, y en el centro de un retablo que fue diseñado el siglo XIX por Joaquín de Churriguera, muy cerca de la urna en la que están recogidos los restos del obispo Jerónimo, el cual había pedido ser enterrado en el Monasterio de San Pedro de Cardeña, junto a su amado Cid.

Conocidos los orígenes del obispo Jerónimo de Perigueuex, expliquemos que esta introducción tiene como misión principal la de justificar que el obispo, regresado de Valencia será, precisamente, el primer promotor de la construcción de la Catedral Vieja de Salamanca, si bien su fallecimiento en 1120 no le permitiría conocer los inicios de la construcción que, aproximadamente, tendría lugar unos treinta años más tarde. Se dice que esta fue su urna sepulcral original, (Fig. 3)

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Fig. 5   La  localización de la Catedral.

Alfonso VI y Raimundo de Borgoña, conociendo la excepcional competencia del obispo Jerónimo, sin sede episcopal a su cargo desde la pérdida de Valencia, proponen al arzobispo de Toledo Bernard, que le nombre obispo de una nueva sede. Este le introduce en la sede salmantina, de nueva creación y vacante desde mediados del siglo X, asignándole además la administración episcopal de las diócesis de Zamora y Ávila.     

Raimundo de Borgoña y su esposa Urraca, le otorgan el 22 de junio de 1102 todos los derechos sobre todas las iglesias de Salamanca y Zamora, no mencionan Ávila, entre las cuales, la de San Juan el Blanco, anterior sede episcopal salmantina, a fin de procurar la repoblación de Salamanca, con la concesión de un poder jurisdiccional que le permitiría ejercer con dignidad la autoridad episcopal, tal como ésta se considera. Para ayudar a la restauración de la iglesia de Santa María y a la repoblación de la villa de Salamanca, el conde Raimundo de Borgoña y la reina Urraca, su esposa, dotan ricamente el obispado del obispo Jerónimo.

Según la tradición, la sede episcopal original habría sido la iglesia de San Juan el Blanco, que habría estado situada en la orilla derecha del río Tormes, en el sector mozárabe, extramuros y no lejos del colegio de Santa María de la Vega y del convento de los Premonstratenses. (Fig. 5)

Esta donación debió en efecto permitir la repoblación del barrio circundante a las ruinas de la iglesia de Santa María y, según los medios financieros disponibles, esta iglesia es la que debía preceder a la “Catedral Vieja”, aunque hay investigadores que opinan que esta restauración debió de ser más bien una reparación que simplemente permitiera el restablecimiento del culto, o la construcción de un edificio muy modesto, que tendría por misión desparecer con la construcción de la “Catedral Vieja”  

La iglesia finalmente, se construiría sobre la parte más elevada de un promontorio situado al sur de la ciudad, cerca del río Tormes, intramuros de la primera muralla reconstruida por Alfonso VI tras la reconquista. (Ver el plano de la Salamanca medieval adjunto, Fig. 5)

 

EL EDIFICIO

 

Ya conocedores de las razones principales de esta localización espacio-temporal, pasemos a la consideración del edifico catedralicio y sus más importantes detalles constructivos. (Fig. 6)

La definición de la fecha de cuándo se comienza a construir ésta catedral es punto menos que imposible, básicamente por no existir documentos que permitan conocerlo fehacientemente, y aunque parece que debió de ser sobre la mitad del siglo XII, se habla de fechas de alrededor de 1120, 1150, incluso el año 1171, y otras que bien pudieran resultar ciertas, falsas, e incluso completamente absurdas.

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Fig. 6   La Catedral Vieja. Alzado y secciones O – E y N – S  

Si bien algunos historiadores consideran que hubo hasta seis etapas sucesivas en la construcción, el Arquitecto Conservador de la Catedral, Valentín Berriochoa, manejando datos más concretos, considera en su estudio sobre la Catedral de Salamanca, que los trabajos se pueden agrupar en tres campañas:

1150 – 1175    Inicio de los trabajos en 1150, en el reinado de Alfonso VII y con el obispo Berenguer. Trazas y replanteo general. Arranques de los muros del perímetro y cierre de los ábsides de la cabecera y capillas.

1185 – 1210    Abierta la iglesia al culto en la cabecera, provisionalmente, se trasladan los trabajos al claustro retornando a la iglesia en 1185. Se cubren las naves del transepto y los tramos 4º y 5º de los pies. Los muros estaban previstos para cubrir las naves laterales con bóvedas de arista y la central con bóveda de cañón. Aparecen en Salamanca nuevos maestros con modelos de bóveda de crucería que se adaptan a la métrica y construcción inicial con las modificaciones precisas sobre los muros y la construcción de los pilares cruciformes de las naves.

1210 – 1230    Se termina la cubrición de los tramos 1º, 2º y 3º de las naves de los pies. Se levanta el Cimborrio, la Torre del Gallo, que cubre el crucero.

Aunque se desconocen los nombres de los que pudieron ser sus autores, la relación no exhaustiva de los maestros que dirigieron la obra según en los documentos conservados en el Archivo Catedralicio se menciona, y como sostienen Julio González y Daniel Sánchez Sánchez en sus obras sobre La Catedral Vieja de Salamanca y se registra en la página web oficial del Cabildo, fueron los siguientes: Florín de Pituenga, Casandro Romano, Alvar García, Pedro de la Obra, Juan el Pedrero, Sancho Pedro, Juan Franco, Petrus Petri,  y Gundisalvus Taiador, este último en 1164.

Pocas referencias existen realmente de su construcción, aunque sí parece cierto que la realización principal debió  llevar unos 75 / 80 años, hasta poder considerar la obra como finalizada.

Parece haber teorías que consideran que las actuales puertas del Perdón, en la fachada Oeste, y la de Acre, en el Patio Chico, pertenecieron al edifico original precedente de la Catedral, aunque realmente parece que se quedan en eso, meras teorías.

Resulta indudable que, fuese cual fuese la fecha de comienzo de los trabajos, a mediados del siglo XII las obras estaban en plena actividad, por lo que el Rey podía ayudarlas concediendo una recompensa a los obreros dando el conocido “Privilegio de Exención” de tributación a los 25 obreros que trabajaban en las obras de la iglesia de Santa María, como hizo Alfonso VII en 1152, y lo que confirmarían tanto Fernando II de León en 1183 como el hijo de este, Alfonso IX de León en 1199, no solamente a estos obreros durante el tiempo que permaneciesen trabajando allí, si no que este privilegio se extendería igualmente a los que les pudieran sustituir por cualquier eventualidad a lo largo del tiempo que durasen los trabajos de la Catedral.

Manuel Gómez Moreno dedujo de los documentos encontrados en el Archivo Catedralicio, que se podrían considerar básicamente cuatro maestros principales en estos trabajos:

  • Maestro de la Planta
  • Maestro de la Torre del Gallo
  • Maestro del Claustro (Pedro)
  • Maestro Juan

Al primero se deberían toda la planta y los ábsides. Parece que en 1160 se estaría labrando la parte alta del crucero y comenzando a aparecer los problemas de la cubierta. En ese momento debió de entrar a participar un nuevo maestro para acometer la cubrición de las naves, ya que se debieron de introducir importantes modificaciones puesto que la nave no debía estar preparada para ser cerrada con bóveda de cañón, como podemos verla.

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Fig. 7   Vista de la Torre del Gallo y el tejado almenado.

El Cimborrio, más conocido después como Torre del Gallo, del cual hablaremos más adelante, es sin duda la parte más importante de toda la obra. Como consecuencia del testamento del noble eclesiástico D. Vela en 1163, apurado por una enfermedad, y cual si fuese el “alma mater” de la institución, aparece mencionado en él un tal Pedro Petriz, (Pedro Pérez), al que según el citado testamento: “…para la obra del “ciborio” deberían dar en abundancia hasta que lo terminase, y además siete maravedís…”, En él disponía además vender su cuba de vino, todos sus carneros y treinta puercos, para destinar su importe a la obra del “ciborio”, según dijese Pedro Pérez, a quien debería dar en abundancia hasta que lo terminase y además siete maravedís, indicando que debería emplearse todo lo demás en la obra de Santa María.

Por lo tanto, parece que el Maestro de la importante Torre del Gallo ya tiene nombre, Pedro Pérez, que debía ser hombre de cierta autoridad que cobraba un salario, y la fecha de 1163/1164 parece mostrar coincidencia con los años en que el famoso cimborrio debió de construirse.

El historiador francés Charles du Fresne, señor du Cange, (1610 – 1688), más conocido por Du Cange, llama ciborio a: un baldaquino, altar movible y pequeño, píxide, arca que se custodia en la Eucarestía, púlpito y por fin, ‘una cúpula sostenida por cuatro columnas y que termina en forma de ciborio’. Acepción esta última que encajaría perfectamente en nuestro caso con relación a la Torre del Gallo.

De hecho, la palabra Cimborrio, según la RAE, deriva del latín ciborium, y éste a su vez del griego  κιβώριον kibrion, ‘fruto del nenúfar’, ‘copa de forma semejante a la de este fruto’

Dándole los siguientes significados en español:

1. m. Arq. Cuerpo cilíndrico que sirve de base a la cúpula y descansa inmediatamente sobre los arcos torales.

2. m. Arq. cúpula (‖ bóveda).

Según Julio González, este mismo Pedro Pérez del Cimborrio, bien pudiera ser también el maestro del Claustro.

Volveremos nuevamente sobre el Cimborrio para hablar arquitectónicamente de este importante conjunto de la Catedral Vieja.

El Maestro Juan, podría haber sido del que en 1225/1228 tenemos el nombre de un tal Johannes Franco, maestre de la obra. Y a esa fecha deben de corresponder  posiblemente las bóvedas de la iglesia, las torres y la sala capitular.

Los planos que nos han llegado al día de hoy, son obviamente inseparables de los de la Iglesia Nueva, por lo que hay que poner mucha atención en analizar separadamente ambos edificios, ya que, por ejemplo, existen detalles abundantes de la Iglesia Vieja que están soportados en el “muro común” que separa ambas catedrales. Detalle este que nos influirá en cualquier consideración que pretendamos realizar del edificio.

De la última época de las obras de la Iglesia Vieja, (1225 – 1228), fueron la parte posterior de las bóvedas de la iglesia, las torres y la sala capitular.

Desde esa fecha hasta 1289, no vuelven a figurar registros de obras, hasta que el Papa concedió indulgencias a los que contribuyesen a una reforma que los canónigos trataban de hacer en la iglesia, la que muy probablemente alcanzaba el rosetón de Mediodía.

Pasemos ahora al estudio arquitectónico y artístico.

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Fig. 8   La nave central y al fondo la Puerta del Perdón.

La Nave ¿Románica?

La nave de la Iglesia Vieja, presenta planta de cruz latina con tres naves, una central cuya anchura es de 33 pies castellanos, y dos laterales más estrechas, siendo la anchura de cada una de 20 pies castellanos. (1 Pie castellano = 0,2786 m)

La cubierta, cerrada con cinco bóvedas de arista con arcos fajones y cruceros, está soportada desde el transepto hasta los pies de la nave por diez pilares exentos, alineados cinco a cinco longitudinalmente, espaciados entre ellos 23,50 pies castellanos, lo que produce una división de las tres naves en cinco tramos casi cuadrados, de 20 x 23,50 pies en las dos naves laterales, y rectangulares, 33 x 23,50 pies, en la nave central. (Fig. 8)

El proyecto de cerramiento original debió de ser modificado al cambiar el tipo de cubierta inicial con bóveda de arista a crucería. De sección cruciforme, los pilares tienen columnas adosadas cada noventa grados, y columnillas adosadas en el interior de los codillos permitiendo el apoyo de los nervios cruceros y, muy probablemente, ese cambio de bóveda fue la razón que obligó a que los pilares tuvieran esa sección cruciforme.10965_10.jpg

 

Fig. 9  Ménsulas superiores de los pilares.

Terminan estos pilares en unas ménsulas, (Fig. 9), que no capiteles, en las que apoyan los arcos fajones y cruceros, artísticamente decoradas, con formas vegetales las cuatro más próximas a los pies de la iglesia, y las seis restantes con figuras humanas, algunas fantasmagóricas, otras de animales imaginarios, y algunos monstruos y formas grotescas.

 

Al igual que en los muros Norte y Sur, en el muro Oeste, a los pies de la nave, se reproducen medios pilares adosados a los muros realmente, al modo de los pilares completos.

Disponen los pilares además, de unas ménsulas intermedias, (Fig. 8), en las que apoyan los arcos formeros y cruceros de las bóvedas de las naves laterales, en razón de que éstas tienen menor altura que la nave central.10965_11.jpg

 

Fig. 10   Ménsulas intermedias de los pilares.

Por ese motivo, los muros que sobresalen a las cubiertas de las naves laterales, hasta alcanzar la altura total del pilar, presentan entre cada uno de los arcos formeros, y sobre ellos, ventanas con arcos de medio punto sobre columnillas, que permiten así incrementar la iluminación natural de la nave central, y por ello de la iglesia.

Las bóvedas de las naves laterales se construyeron avanzando del crucero hacia los pies y se utilizaron bóvedas del tipo aquitano.

De las bóvedas de la nave central, y las contiguas del crucero. La primera que se cerraría sería probablemente la del tramo central de la nave mayor, empleándose el tipo aquitano-español, con plementería en sección cupular, pero con un deficiente trazado de los nervios cruceros y un desarrollo en elipses, por tratarse de estructuras de planta rectangular.

Quiero recoger aquí el criterio expresado por el profesor José Miguel Merino de Cáceres, que en la página 131 del libro “La Catedral de Salamanca. Nueve siglos de Historia y Arte, expone: “Ninguna de las bóvedas a las que hemos pasado revista podemos considerarla como góticas, como tantas veces han sido calificadas, si entendemos por gótico el arte surgido en Saint Denis…”

Es esta una muy importante opinión de un estudioso de la obra de esta Catedral, ya que en muchos de los tratados y documentos publicados sobre la Catedral Vieja de Salamanca, lo primero que podemos leer es que las cubiertas son góticas, probablemente por sus bóvedas de crucería y sus arcos apuntados, que para nada son de origen gótico.

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Fig. 11   Brazo sur del transepto

Y de ahí, mis interrogaciones en el título inicial de este apartado.

La Cabecera

Comenzando por el Crucero, diremos que éste se construyó utilizando bóveda de cañón ligeramente apuntada, comenzando  primero por los hastiales y los arcos fajones, en prolongación de los muros laterales del cuerpo de las naves.

Las bóvedas extremas, según Valentín Berriochoa, parece que podrían haber sido cerradas entre 1185 y 1195. De ellas solamente se conserva la del brazo sur o de la Epístola, ya que la del Norte desapareció como consecuencia de la construcción de la Iglesia Nueva, aunque suponemos que por simetría serían ambas iguales. (Fig.11)

Se trata de un bóveda aquitana, de planta prácticamente cuadrada, (30 x 28,67 pies), es decir, una bóveda con despiece en hiladas concéntricas, sobre arcos cruceros con curvatura prácticamente de medio punto, con un mínimo apuntamiento, sin arcos formeros, y apoyando en ménsulas adosadas a la línea de imposta de los muros perimetrales y en el arco fajón que divide la nave.

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Fig. 12   El capitel de la lucha de los caballeros

Hay además varias esculturas decorativas, entre ellas quizás de las más significativas sean el capitel de la lucha de los caballeros, (Fig. 12) y la figura de San Miguel venciendo al dragón. (Fig. 13) y el muy próximo a esta

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Fig. 13   San Miguel y el dragón

Tanto para la iglesia de esta Catedral Vieja, como para la Catedral de Zamora y la Colegiata de Toro, debió de servir como modelo constructivo la iglesia abulense de San Vicente utilizando, al estilo de Borgoña, un sistema estructural con las tres naves más un transepto transversal y tres ábsides embocados con tramos rectos, abiertos a ese crucero, similar a lo realizado por el maestro Fruchel en la basílica de Ávila.

De esta forma, la cabecera es tripartita y está formada por un conjunto formado por un ábside central y dos absidiolos semicirculares en planta, que es la parte más antigua del edificio. Están los tres cubiertos con bóveda de horno, mientras que los tramos rectos de los que están precedidos, lo están por bóvedas de cañón apuntado.

El absidiolo situado en el lado del Evangelio, como consecuencia de la invasión del muro que cierra la Iglesia Nueva, prácticamente está desaparecido, mientras que el absidiolo de la Epístola se conserva íntegramente, formando una capilla cerrada con puertas con arquerías de medio punto apoyadas en columnas con magníficos capiteles. 

Como parte más antigua, corresponde a la etapa de la segunda mitad del siglo XII, y debió ser edificada por tanto durante la primera campaña de su construcción.

En esta amplia zona se abren tres puertas que comunican el transepto con el exterior, y existen además seis sepulcros, todos ellos datados entre los siglos XIII y XIV, empotrados en sus muros como capillas:

  • En el muro este, la Puerta de Acre, que permite la salida directa al Patio Chico y los sepulcros del Arcediano Don Diego López y Doña Elena. Esta puerta fue la primera que tuvo la iglesia y daba al mercado llamado del Azogue Viejo. Justo en su umbral montaban sus escribanías los notarios medievales y aquí se formaban en aquel tiempo la mayoría de los documentos de la ciudad.

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Fig. 14   Los arcosolios del muro este.

  • En el muro sur, la puerta que comunica el transepto con el claustro, están los dos sepulcros del Deán Don Alfonso Vidal y el Deán Don Diego Fernández.

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Fig. 15   Los arcosolios del muro sur.

  • En el muro oeste, se encuentra la puerta que da acceso a la Sacristía y al Archivo de la Catedral, y hay otros arcosolios, aunque parece que no están utilizados.

Además, en la Capilla Mayor están, en la pared norte, en la embocadura del ábside central, los sepulcros de los Obispos Don Sancho de Castilla y Don Gonzalo Pérez de Vivero, y al fondo, en el lado de la Epístola, el del Arcediano Don Fernando Alfonso.  

Faltaría por indicar que en la capilla existente en el absidiolo del lado de la Epístola, Capilla de San Nicolás, está el sepulcro del Obispo Don Pedro.

 

El Crucero y la Torre del Gallo

 

En el centro del crucero, en el propio cruce con la nave central y sobre ésta, se encuentra el cimborrio, claraboya que proporciona la mayor iluminación natural al espacio eclesial. Es el símbolo distintivo por antonomasia de la Catedral Vieja.

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Fig. 16   La Torre del Gallo. Bóveda interior

Tomemos las palabras de Valentín Berriochoa, el arquitecto conservador del conjunto catedralicio, quien en su tesis doctoral nos describe con doctas palabras este bellísimo, interesante y ya famoso elemento, que pertenece a lo que se reconoce como los cimborrios del Duero, entre los que se engloban, cronológicamente, los de la Catedral de Zamora, éste de Salamanca, y el de la Colegiata de Toro y, aunque según algunos, indirectamente, también se podría incluir la conocida como Torre del Melón de la Catedral de Plasencia. Todos ellos pertenecientes a un estilo románico de raíces indiscutiblemente bizantinas con influencias de la arquitectura musulmana., que podría tener su origen más directo quizás, en la iglesia de Notre Dame de Poitiers, (Fig. 17).

Dice Valentín Berriochoa:

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Fig. 17   Notre Dame-la-Grande de Poitiers

La bóveda que cubre el crucero, de planta cuadrada, es un elemento excepcional en la iglesia de la Catedral Vieja. Se trata de una bóveda semiesférica interiormente, aunque apuntada al exterior. La dicha bóveda se levanta sobre un tambor circular de doble cuerpo de ventanas, apoyando sobre pechinas en los arcos apuntados y arcos caveros del crucero. (Fig. 16)

El tambor circular está formado por dos cuerpos separados por una imposta, y dotados de columnillas adosadas entre las que se abren las ventanas de iluminación, coronadas con arcos de medio punto en la primera banda y polilobulados en la segunda.

De las columnillas arrancan dieciséis nervios semicirculares que se cruzan en el centro para formar la clave de la bóveda, entre los que descansan plementos gallonados. Esta bóveda interior está amparada al exterior por una segunda de hiladas horizontales de aproximación sucesiva, labrada exteriormente con escamas contrapeadas, (Fig. 18), y crochets en las aristas.

Corona el conjunto un cono de piedra sobre el que campea el gallo de chapa de hierro, símbolo que representa a la iglesia vigilante.

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Fig. 18   La Torre del Gallo.  

Los fuertes empujes de la bóveda nervada interior están contrarrestados con las cargas verticales sin empujes de la bóveda exterior, así como por el peso de las lucarnas y las torrecillas que coronan el conjunto”.

Mucho más se puede escribir sobre este elemento, a todas luces magnífico distintivo de la Catedral Vieja salmantina y de la propia ciudad en sí misma, pero no tenemos espacio aquí para ello, por lo que os recomiendo acceder al libro “La Catedral de Salamanca, Nueve siglos de historia y arte”, en el que, en sus páginas 131 a 137, el profesor  de la escuela Superior de Arquitectura de Madrid, ya emérito, José Miguel Merino de Cáceres, hace una exhaustiva y perfecta descripción de esta Torre del Gallo, conjuntamente con una amplia y magnífica documentación fotográfica.

En una de las numerosas visitas realizadas a la Catedral por G. Street, apuntó el siguiente comentario referido al Cimborrio, recogido de las anotaciones del profesor Merino de Cáceres: “(…) en el vemos una estructura rara vez utilizada, tratada con éxito excepcional y con la originalidad más completa de cuanto yo conozco. Cierto es que las iglesias francesas con cúpulas, como las de Saint Front de Périgeux y sus congéneres Notre Dame de Port (Clermont), y Notre Dame (Le Puy) presentan dicho elemento, pero en todas ellas arrancan las cúpulas inmediatamente sobre el cuerpo de los arcos torales y las pechinas que la soportan. De lo cual resulta su principal defecto: La escasez de luz, así es que cuantas yo recuerdo me parecieron lóbregas y con algo salvaje y repulsivo en su aspecto. En este particular fue donde el arquitecto de la Catedral de Salamanca demostró su soberana maestría, (…) El aspecto de su obra resulta admirable, tanto al exterior como al interior (…)”

Esta magnífica Torre del Gallo tiene al exterior ciertos elementos distintivos, de los cuales no podemos pasar por alto unos de los más importantes e identificativos, como son las cuatro torretas cantonales. Si bien en el cimborrio de Zamora estas pertenecen a una etapa posterior de la construcción, en Salamanca forman parte de un conjunto único estructurado perfectamente desde la idea original del maestro.

Torretas parecidas existen en las iglesias francesas de Saint Jean de Montierneuf, en Poitiers, y en Notre Dame-le-Grande de Poitiers, (Fig. 17) y Saint Hilaire de Melle, ambas situadas en el Poitou, en pleno Camino de Santiago, pero sólo aquí en Salamanca consiguen el efecto estético arquitectónico que seguramente buscaba el Maestro cuando diseño la Torre y que, como veremos a continuación, supuso, siete siglos más tarde el equivalente a una piedra Rosetta para el gran arquitecto H. H. Richardson.  

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Fig. 19   San Salvador en Chora. Dos de las bóvedas del Nartex.
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Fig. 20   San Salvador en Chora. La bóveda de la Virgen y el Niño, en el Nartex.

No quiero abandonar el tema sin hacer mención al considerado por Gómez Moreno como uno de los más importantes y anteriores precursores bizantinos de esta bóveda, como es la del Monasterio de San Salvador de Chora en Estambul, (Fig. 19 y 20), dedicada a la Virgen María y el Niño Jesús que, construida en la época de Justiniano, entre 527 y 565, y probablemente reparada entre 711 y 843, también presenta un hexadecágono, (división en dieciséis espacios), al igual que la bóveda de la Torre del Gallo. Obviamente más regulares estos espacios que los de la Capilla Claustral de Talavera, bastante más  irregulares como tendremos ocasión de comprobar al visitar el Claustro.

 

El origen de un Neo-estilo

 

A mediados del siglo XIX, surge la batalla del Eclecticismo, porque una batalla resultó la aplicación de tantas y variadas teorías artísticas, entre ellas las de Viollet le Duc y sus famosas teorías de la restauración, que produjeron una enorme influencia en la arquitectura de la época.

En Europa, grandes ejemplos como la gran y discutida restauración, incluso actualmente, de la ciudad medieval de Carcassonne de Viollet-le-Duc, (1844-1866), o la Basílica del Sacré Coeur de París, (1873-1914), entre muchos otros, pusieron de moda la idea de proyectar nuevos edificios, principalmente religiosos, aplicando ideas básicamente del arte bizantino, del románico y del gótico principalmente.

Esta corriente se trasladaría a Estados Unidos y Canadá, donde en las escuelas de arquitectura, se comenzaron a aplicar estos aires renovadores y, los que serían grandes arquitectos en los siguientes años, tomarían las ideas de recuperación artística con gran éxito en algunos casos, y verdaderos pastiches en otros que, afortunadamente, poco a poco han ido desapareciendo.

El principal promotor de esta idea, de tal modo que llegó incluso a crear un estilo propio, que paso a ser conocido como “Richardsonian Romanesque”, o Románico Richardsoniano, fue el norteamericano Henry Hobson Richardson, (1838-1896), quien tras sus viajes a Europa, realizaría dos de sus primeros proyectos más singulares, el edificio del Tribunal y Prisión del Condado de Allegheny en Pittsburgh, y la iglesia de la Trinidad de Boston, (Trinity Church), ambos en la década de 1870. Para el primero tomaría en Zaragoza en 1882 la idea de una portada típica aragonesa con arco de medio punto de amplio radio y dovelas, y para el segundo, la Torre del Gallo de nuestra Catedral Vieja de Salamanca.

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Fig. 21   La Torre del Gallo y la Torre de la Trinity Church en Boston.

En el viaje que realizaría el año 1882, visitaría varios países Europeos, y entre ellos incluyó España donde, entrando desde Perpignan, visitó ciudades españolas como Girona, Barcelona, Zaragoza, Madrid, Toledo, Ávila, Salamanca y Zamora y Toro.

Según describe su secretario, después de haber quedado impresionado visitando la Catedral de Ávila, pasaron a Salamanca, de cuya visita a la Catedral Vieja dice lo siguiente: “Of course the cathedral at Salamanca (the old one) was a great interest to us, and we passed a great deal of time there. Mr. Richardson had never seen even a good photograph of it1 “ Y añade al pie de la página, como comentario1 : “It was the tower of the old cathedral of Salamanca that had given Richardson his idea for that Trinity Church in Boston” 

Se puede comprobar en la fotografía de la Fig.21 la gran similitud entre la Torre del Gallo y la de la Trinity Church de Boston, pero creo que es lógico apuntar aquí que, tras su visita a Salamanca, Richardson visitó también Zamora, y lógicamente su catedral, de la cual dejan escrito el siguiente comentario: “There was much to interest in this town (Zamora), and in the catedral we especially remarked the curious treatment of the tower over the crossing of nave and transepts

De Zamora pasó a Toro, donde también visitaría la Colegiata, a la que califica erróneamente como “Catedral”, haciendo el siguiente comentario: “The cathedral is extremely interesting and well placed, and all of these northern towns gave Mr. Richardson the greatest delight

A la vista de lo anterior, personalmente no me queda ninguna duda de que, si bien la gran influencia derivaría de la Torre del Gallo salmantina, la primera que visitó y la que más tiempo pudo observar, parecería lógico pensar que la torre de la Trinity Church de Boston pudo ser el resultado final de una “fusión tripartita” que englobaría los tres más importantes ejemplos de los cimborrios del Duero y que, a lo largo de la actividad profesional de H. H. Richardson, aplicaría este canon de belleza, del que tan orgullosos estamos todos los amantes del románico leonés pues Reino e León eran estas tierras cuando se construyó la Catedral Vieja.

Existen otras dos torres en la Trinity Church, también construidas siguiendo las formas de Salamanca. Pero estas no serían obra de Richardson, que ya había fallecido antes de ser terminadas definitivamente, sino de uno de sus ayudantes, Shepley, que rescató el modelo de la Torre del Gallo, mediante la incorporación de unos torreones rematados por cubiertas cónicas, al igual que ocurre en el modelo salmantino.

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Fig. 22   Ejemplos del Gótico lineal. De arriba abajo e izda. a dcha: 1 y 2 San Miguel de Foces, 3 Castillo Alcañiz, 4 Catedral Vieja Salamanca, sepulcro del Dean Diego Fernández .  

No quisiera perder la oportunidad de terminar este apunte sobre el Neo-románico trasatlántico, sin mencionar aquí a uno de los grande seguidores de Richardson. El canadiense Edward James Lennox, (Toronto 1854-1933), que siguiendo los pasos de Richardson, nos dejaría, entre otros, en su ciudad natal de Toronto, dos grandes ejemplos de estilo Románico Richarsonianiano, cuales son la magnífica, e intrigante Casa Loma, (1909-1913), y  el extraordinario edificio del Ayuntamiento Viejo torontoniano (1917)

 

Las pinturas murales

 

Deberemos comenzar este apartado diciendo que, dejando al margen el Claustro en sí mismo y las capillas claustrales, abundando en la iglesia la escultura románica con unos magníficos ejemplares, no parece haber pinturas románicas en la Iglesia Vieja de Salamanca.

Comenzando por las de la capilla de San Martín, (Fig. 23 y 24), todas las pinturas catalogadas son de estilo gótico, generalmente de los siglos XIII / XIV, si bien no queda la menor duda de que alguna de las encontradas en muros o capillas, podrían ser consideradas quizás como tardo-románicas. Aunque no parece que las de los sepulcros más importantes lo sean, primeramente, por las fechas de su ejecución y segundo por sus rasgos góticos casi indiscutibles.

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Fig. 23   Capilla de San Martín.  Exterior en la nave de la iglesia. San Martín reparte su capa.

Es el caso del sepulcro del Deán de Salamanca, Diego Fernández (c. 1303), donde el estilo del crucificado, un bajo relieve policromado, es sin lugar a dudas el mismo que encontramos en las pinturas góticas del Castillo de Alcañiz, y en las de la Iglesia de San Miguel de Foces. (Fig. 22)

Encontraremos también en la capilla de San Bartolomé, ya en el Claustro, un bajorrelieve en mármol, en el sepulcro del obispo Diego de Anaya fallecido en 1437, en el que el crucificado recuerda las formas de las pinturas góticas anteriormente mencionadas. 

 

La capilla de San Martín, o del aceite

 

La primera capilla que encontramos a los pies de la nave, siguiendo el orden de la visita, es la Capilla de San Martín, también conocida por la capilla el aceite, porque aquí era donde se guardaba el aceite para alimentar las lámparas con las que se iluminaba la catedral. (Fig. 23 y 24)

Esta capilla se encuentra prácticamente en la parte baja de la Torre de Campanas, por lo que se demuestra que la torre románica norte original había quedado “enfundada” en la torre de campanas del XVI y su especial refuerzo del XVIII.

Al descender por la escalera que permite salvar el desnivel existente entre la nave de la Iglesia Nueva a la Vieja, encontramos frente a nosotros un fresco de grandes dimensiones en la pared de los pies de la nave, en el que se representa la escena de San Martín cortando la capa para compartirla con el mendigo. Bajo este fresco, se encuentra la estrecha puerta que permite el acceso a la Capilla de San Martín. (Fig. 23)

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Fig. 24   Capilla de San Martín. Interior.

Ésta, aunque reúne unas pinturas magníficas, tiene unas formas absolutamente irregulares, pues se configuró aprovechando los huecos de la parte baja de la Torre de Campanas, y fue la que se utilizó para situar el sepulcro del obispo Rodrigo Díaz, fallecido en 1340, que está adosado al muro Norte de ese espacio, más propio de un almacén, como originalmente era su uso, que de una capilla sepulcral.

Hay que reconocer sin embargo, que tanto las pinturas que se ejecutaron sobre sus muros Norte y Este, especialmente las últimas, restauradas en 1950, son de las mejores que se conservan en la Catedral de Salamanca, así como las que decoran el sepulcro obispal. Lástima de la escasa iluminación del espacio, que no permite apreciar correctamente las belleza de estos frescos.

 

Las pinturas de la nave del Evangelio.

 

Exceptuando las ya comentadas de la Capilla de San Martín, las pinturas que decoran el muro de la nave del Evangelio de esta Catedral Vieja  a modo de viñetas, son pinturas al fresco que, con carácter absolutamente pedagógico y divulgativo, rodean la capilla situada en el mismo muro norte de la Iglesia Vieja, que está situado frente al inter-espacio de las columnas 3ª y 4ª de la alineación del Evangelio.(Fig. 25)

Estas pinturas están sobre una capilla desde la cual se accedía a una cripta que había en la Iglesia Nueva, y que fue terminada el año 1524. Allí se pintaron dieciocho cuadros en los que se representan los milagros que se consideran debidos al “Cristo de las Batallas”, del que ya hemos hablado anteriormente.

En la base de esta capilla, que fue presidida por el retablo del “Cristo de las Batallas”, está el sepulcro del Capellán de su Majestad, Diego de Vera.

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Fig. 25   Los milagros del Cristo de las Batallas. Muro norte de la nave del Evangelio.

Frente a la capilla,  está colgada en la cuarta columna de la alineación de la Epístola, la curiosa “piedra de seis arrobas y ocho libras” descrita en el milagro correspondiente la cual, como demostración fehaciente del caso, allí se ha conservado.  Según se narra, este milagro le acaeció a un ensamblador que trabajaba en la obra de la Catedral, llamado Andrés de Paz, al cual le cayó esta piedra sobre la cabeza cuando estaba trabajando en al altar del Cristo, pese a lo cual salió ileso.

 

La pinturas del brazo sur del transepto

 

Los ejemplares pictóricos más importantes son los que se sitúan el brazo sur del transepto, y rodean los sepulcros policromados allí existentes. Una, la de menor superficie, decora el lado este de este brazo del transepto, otra lo hace en  el muro sur, mientras una tercera cubre parcialmente el muro oeste. Estas dos últimas, compuestas de varias representaciones cada una de ellas, como pasamos a continuación a exponer:

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Fig. 26   Brazo sur del transepto: Pintura del muro este.

Este gran conjunto de pinturas, en opinión del profesor de la USAL, Antonio Casaseca en su obra “Las Catedrales de Salamanca”, conforma una unidad considerada en conjunto con otras de varias iglesias románicas de Salamanca que permite estudiar la evolución de la pintura mural gótica, desde el protogótico del siglo XIII, siguiendo por el gótico lineal del siglo XIV, hasta la cima de la pintura gótica florentina del siglo XV, que es el conjunto del retablo de la Historia de Cristo y el fresco del Juicio Final los cuales decoran la Capilla Mayor de esta Catedral Vieja.

El conjunto de pinturas ejecutado en el brazo sur del crucero, engloba un variado número de imágenes con diferentes representaciones y significados, sin relación entre ellas, aunque sí, probablemente, con los seis sepulcros existentes en los tres muros, si bien surgen graves problemas en las interpretaciones de su lectura, derivadas éstas de los más que probables cambios ocurridos en los sepulcros a lo largo de los siglos transcurridos.

Lo que parece no presentar dudas son los temas representados y los estilos con los que fueron realizados. Estas escenas, ejecutadas en forma de viñetas, fueron descubiertas en 1997 en una de las últimas campañas de restauración realizadas por la Junta de Castilla y León en esta Catedral. Cuando fueron además debidamente restauradas.

Hagamos un breve recorrido por las principales de estas pinturas murales:

En el muro este, bajo la línea de imposta, y sobre el segundo sepulcro, de Dª Elena, fallecida en 1272, está la representación de “Cristo en la mandorla, mostrando sus llagas, y rodeado por el Tetramorfos”. Está considerada como la más antigua del conjunto. (Fig. 26)

En el muro sur, pasada la Puerta de Acre, sobre el primer sepulcro, que es el correspondiente a Alonso Vidal, e Igualmente bajo la línea de imposta, se representa el Juicio Final. Está considerado como probablemente coetáneo del anterior, aunque algo más tardío, posiblemente de 1288.

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Fig. 27   Brazo sur del transepto: Pinturas del muro sur.

Siempre bajo la imposta y sobre el segundo sepulcro de ese muro, que parece corresponder a Diego Fernández fallecido en una fecha no determinada entre 1286 y 1303, se ha representado una inscripción que queda rodeada por una cenefa formada por escudos de armas.

Sobre la puerta de salida al Claustro, a las figuras representadas les acompañan algunas inscripciones con referencias a los traslados de algunos sepulcros, por lo que su estudio detallado parece presentar un gran interés en el futuro.

En ese muro sur, pero ahora sobre la línea de imposta, entre dos ventanas con arquería de medio  punto apeando sobre columnas, la de la derecha tabicada, y bajo el gran rosetón, hay una representación de una Virgen de la Misericordia, (Fig. 27), que protege bajo su manto al, según inscripciones, Arcediano de Alba, Pedro Martínez. Aparece, por primera vez en estos frescos, una inscripción que puede reflejar la autoría de esta obra: “Mateo lo fizo”

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Fig. 28   Brazo sur del transepto: Pinturas del muro oeste.

Y, para terminar, ya sobre el muro oeste, sobre la puerta de acceso a la Sacristía, se distingue, entre otras, una representación de la Incredulidad de Santo Tomás, colocadas las figuras del apóstol y Jesucristo bajo tres arcos encastillados protectores, incluyendo la escena del “Noli me tangere”, (Fig. 28).

Próxima a esta, existe una representación de San Cristóbal, así como la escena de “La Ascensión de Cristo y sus apariciones”

Siento tener que recortar, pero lamentablemente, ya me he extendido bastante más de lo que pretendía. Pasemos a otros importantes elementos, que todavía nos queda mucho recorrido por analizar.

El retablo de los Hermanos Delli y el Juicio Final de Nicolás Florentino.

Está claro que nuestro objetivo principal es la obra románica y este retablo no lo es, ya que estamos ante una de las obras magnas de la pintura gótica del siglo XV, pero pasar ante él sin hacer mención a su importancia artística y comentar brevemente su historia, aunque sin entrar en mínimos detalles, sería cometer una falta muy grave, a lo cual no estoy dispuesto en ningún modo. (Fig. 29)

Perdonadme, y pasemos por tanto a una breve descripción del retablo de la Vida de Cristo y el fresco, del “cascarón” del Juicio Final.   

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Fig. 29   El retablo de los Hermanos Delli. La Historia de Cristo.

No tiene ningún sentido pensar que la Iglesia Vieja de la Catedral de Salamanca estuviera sin un retablo en su Capilla Mayor, una vez iniciado en ella el culto hacia 1160,  hasta el siglo XV, cuando en esos momentos se contrata la ejecución del deslumbrante retablo que podemos admirar hoy.

Si a los pies de la iglesia aparecen formidables los frescos de la Capilla de San Martín, ¿cómo pensar que no se preocupasen de decorar el ábside principal?

Según los documentos localizados y estudiados por Manuel Gómez Moreno, éste estima que anteriormente debió de existir un retablo parecido al de San Miguel in Excelsis, (San Miguel de Aralar), en Navarra. (Fig. 30)

Para decir que la Catedral de Salamanca tuvo un retablo anterior al de los Hermanos Delli, se basa Gómez Moreno en que hay dos donaciones en los años 1150 y 1161 destinadas, la primera a “hacer una imagen de Santa María de oro y plata” y la segunda “para que hagan una tabla de plata y oro para el altar de Santa María

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Fig. 30   Retablo de San Miguel in Excelsis. Aralar.

Como dice Daniel Sánchez Sánchez en su obra sobre la catedral salmantina, p. 67: “Como se desprende fácilmente, en 1161, ya tenemos imagen y retablo en la generosa intención de estos donantes

El Retablo Mayor de la Catedral Vieja es uno de los más importantes ejemplos españoles de la pintura gótica del siglo XV. Y, desde hace unos años, su datación y autoría quedó aclarada por lo que, aunque sin completa seguridad podemos decir que su comienzo debió de ser hacia 1440, y que en el año 1445 este magnífico retablo ya estaba terminado, puesto que ese mismo año fue cuando se firmó el contrato para comenzar la realización del fresco de la cabecera superior del retablo, el “cascarón” del Juicio Final, cuya ejecución llevaría desde ese año a 1447.

Fueron los autores del retablo los hermanos florentinos, Dello, Sansón y Nicolao Delli, este último conocido como Nicolás Florentino, Sin embargo, todos los investigadores coinciden en señalar con relación a la pintura de las tablas del retablo que, además de dos estilos y técnicas pictóricas diferenciadas, se aprecia otra más, que muy probablemente debería corresponder a un maestro local, aún no identificado.

A Dello Delli correspondió el diseño generalde la obra y la pintura de las quince primera tablas, pero en 1443 se vio obligado a regresar a la corte de Juan II de Castilla que le había nombrado “caballero” y “maior fabrice magister”. Se incorporarían por esos motivos sus hermanos a Salamanca, llegando probablemente allí en 1442/1443. A Sansón Delli le corresponderían las tablas de la vida pública y de la pasión, mientras que a Nicolás le corresponderían posiblemente las últimas tablas del retablo.

Lógicamente, no se pueden dear de considerar además las múltiples huellas de participación de otros maestros, tanto italianos como locales, así como de varios subalternos de los correspondientes talleres.

Se realizó en los años 1998 y 1999 una campaña de restauración del retablo, incluyendo la limpieza de sus tablas lo que permitió a los restauradores tomar fotografías y analizar las pinturas para poder llegar a encontrar algunas inscripciones, de las que Antonio Casaseca, en su libro “Las Catedrales de Salamanca”, dice lo siguiente: “En una de ellas se lee con bastante precisión: Nicholas Fecit; en la otra, sita en una cenefa de una túnica, parece leerse (P) IN (T) HO (D) SAN PISONE, confirmando así la presencia de los hermanos Dello Delli en la ciudad de Salamanca, algo que por otra parte aparece confirmado documentalmente”

Esta última inscripción da lugar a valorar la posible participación de otro pintor italiano, un tal “Pisone” quien quizás, tomase también  parte activa en la realización de esta magna obra.

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Fig. 31   El Juicio Final. El “Cascarón” de Nicolas Florentino.

El retablo se compone en total de cincuenta y tres tablas, distribuidas en cinco filas divididas en once calles, pero las dos faltantes, lo son en función de que la calle central ofrece un espacio común en las dos calles inferiores, espacio que aun dispuesto posiblemente para una escultura de la Virgen con el Niño, quizás perdida, es

el lugar que hoy ocupa la imagen de Nuestra señora de la Vega, Santa Patrona de Salamanca, tras un largo periplo de traslados desde el siglo XIII.

La narración de lo expresado en las pinturas de las tablas corresponde a la completa vida de Cristo, narrada siguiendo los pasajes del Nuevo Testamento, y se puede leer de abajo a arriba y de izquierda a derecha.

Las tablas de este retablo ocultan la arquitectura del ábside, ajustándose la armadura de tal modo al muro que se consigue un efecto óptico como si hubiera sido pintado sobre él, al igual que el fresco del Juicio Final superior. La separación entre estos dos elementos, gracias a una sencilla y muy discreta crestería, que no se aprecia realmente, parece no existir y ser por tanto un único conjunto.

Nicolas Delli era el más avanzado de todos los hermanos, y muy contentos debieron quedar Cabildo y Obispo, ya que le encargaron de forma prácticamente inmediata la realización de la pintura mural del Juicio Final, que daría terminación al retablo.  Cobraría por ello, a plazos según la costumbre, la cantidad de 75.000 maravedís y, comenzando en 1445, su ejecución le llevaría hasta 1447.

El “Cascarón”, como se conoce al fresco del Juicio Final, (Fig. 31), se reservó para este objeto, junto con otros murales, que no han llegado a nuestros días. La escena del Juicio Final se representa con la figura de Cristo, que como un Cristo-Juez, emite rayos dorados que se extienden por toda la superficie pictórica. Situado en el centro de la imagen en la parte superior, ha sustituido su mandorla de majestad por un coro de ángeles, y está rodeado por las figuras arrodilladas de la Virgen y San Juan.

En la parte inferior está la Resurrección de los muertos, donde se separan los condenados de los elegidos, siendo los primeros conducidos al infierno por horribles demonios, para ser fagocitados en las fauces de un enorme dragón situado en el lado derecho de la imagen. Curiosamente, entre los condenados podemos encontrar una reina coronada, un papa con su tiara, y un obispo con su mitra.

Tal fue la importancia que alcanzó esta obra en sus días que el Cabildo de la Catedral de León encargó al pintor Nicolás Francés que, según dice Manuel Gómez Moreno, viajase a Salamanca “a ver las pinturas de la historia del Juicio para pintar aquí en la iglesia”

Son varios los historiadores que consideran que existe una cierta relación entre este Juicio Final de Nicolás Florentino y el Juicio Final de Miguel Ángel, pues se dice que este Cristo-Juez es un determinado precedente del que más tarde pintará Miguel Ángel en la Capilla Sixtina.

Como ya hemos dicho anteriormente, el centro del retablo lo ocupa hoy la imagen de la Virgen de la Vega, sobre la que volveremos brevemente, un poco más adelante.

Pasemos ya al Claustro, si bien insisto una vez más, nuestro recorrido deberá ser breve pues poco Románico encontraremos en nuestra visita, pero ya dijimos al inicio que este monumento es una unidad de arte en sí mismo, y que aquí los estilos están fundidos entre ellos.

 

El Claustro y sus capillas

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Fig. 32   Puerta acceso al claustro. Capitel dcho.

La canónica del cabildo estaba situada al Sur de la iglesia, cerca de los pies de esta, dando a la calle que iba hacia la Puerta del Río, en la que el edificio que lindaba a Mediodía era una construcción notable, “illud pallatium” propiedad de seglares. Hacia el Sur, estaba la alberguería de Santa María, por lo que el “pallatium”   quedaba limitado al Norte por la canónica, al Sur por la alberguería y al Este por el “corral” de los canónigos, dando la forma de corro de casas próximas a la iglesia. En 1161, los canónigos, pensando posiblemente en la construcción del claustro, compraron por 80 maravedis el “pallatium”

Comenzó la construcción del Claustro recién vencida la primera mitad del siglo XII, y sería este reconstruido por Jerónimo García de Quiñones en 1785, como consecuencia del terremoto de Lisboa de 1755 por cuyos efectos había resultado especialmente dañado.

Después de construir el claustro, (1167 – 1180), los esfuerzos volvieron a dirigirse a la terminación de la iglesia y la sala capitular, ya que además era necesario seguir cubriendo la iglesia por la parte posterior, pues la cabecera, crucero y primeros tramos, estaban terminados y habiendo entrado ya en servicio.

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Fig. 33   Puerta acceso al claustro. Capitel izdo.

Comenzaremos por comentar que la portada que da acceso al Claustro desde el muro sur del transepto, según recoge el Profesor de la USAL, Marciano Sánchez Rodríguez, miembro emérito del Cabildo de esta Catedral en su obra “La Catedral de Salamanca. Enigmas de un Claustro”, es uno de los elementos románicos realmente originales de todo el Claustro, que no ha sufrido modificaciones desde el siglo XII, y que incluso se salvó del terremoto de Lisboa, quedando intacto.

Por la parte del transepto no presenta esta puerta ningún signo distintivo, pero al cruzar bajo su dintel queda a las espaldas del visitante una magnífica obra románica que obliga a girarse para dedicarle un tiempo a una profunda y detallada observación.

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Fig. 34   Puerta acceso al claustro. Registro izdo.  

Se trata de una portada con arcada de medio punto, soportada por dos columnas con fustes estriados en zig-zag, terminadas en unos bellos capiteles de extraordinaria y abigarrada talla en los que, elementos vegetales, animales monstruosos y efigies desnudas se mezclan dando un increíble volumen a sus cestas. (Fig. 32 y 33)

En la parte superior del arco, a ambos lados de su exterior, existen dos registros, medio cerrados con rejillas de piedra tallada simulando un encaje, que en el interior de contienen unas extrañas facies animales, amenazantes al intruso que pretende introducirse en el espacio eclesial. (Fig. 34)

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Fig. 35   Arquerías del Monasterio de la Virgen de la Vega.

Resulta conveniente para disfrutar del estudio de esta interesante portada, descender por las escaleras, o rampas, según dependa del momento, hasta el piso del pasillo claustral, desde donde, si bien a una mayor distancia, se puede disfrutar de una visión del conjunto con una mejor perspectiva del mismo.

Según se entra al Claustro, a la izquierda de la puerta citada y en el mismo muro que ésta, bajo un arco de medio punto, se encuentra la urna sepulcral, (Fig. 4), con tapa, datada a finales del siglo XII, elevada sobre tres patas, cada una de ellas a modo de dobles columnillas. Todo el conjunto, muy sencillo, de piedra blanca labrada, con escudos entre arcos, todos ellos indefinidos e iguales sobre sus laterales y frontales, que se dice pudiera ser la urna en la que estuvieron depositados los restos del primer obispo Jerónimo de Perigueux, promotor de la Catedral Vieja, antes de su traslado a la urna que le aloja, hoy en día instalada en un lateral de la Capilla del Cristo de las Batallas, en el centro de la girola de la Catedral Nueva.

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Fig. 36   Ventana geminada de la Capilla de Talavera

A partir de aquí comenzaremos, una por una, nuestra obligatoriamente rápida visita al Claustro actual, que no al románico original que, muy lamentablemente, fue retirado en la restauración de finales del siglo XVIII, sin que hoy sepamos cuál pudo ser su destino.

Como dice el profesor Marciano Sánchez Rodríguez hablando sobre el Claustro en su obra citada: “A la hora de levantar el actual se produjo tal desbarajuste que por el momento no es dable imaginar cómo debió ser. No cabe duda – si seguimos la tradición oral - de que sería magnífico, fiados de los escasos residuos llegados a nosotros (vigas mudéjares, capiteles de gran delicadeza formal y temática … y la consonancia que debió tener con el resto de la fábrica catedralicia. Pese a todo, con una buena dosis de imaginación, puede tenerse una idea parcial al menos, de la imagen del claustro. O bien aceptando la teoría, no justificada de Gómez Moreno, que habla del traslado al Monasterio de Nuestra Señora de la Vega de unas cuantas arcadas que se habrían salvado del derrumbe…”   (Fig. 35)

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Fig. 37   Bóveda ¿morisca? de la Capilla de Talavera.

En los últimos años se han generado además innumerables discusiones y polémicas por la consideración de que podría ser el Claustro original salmantino el existente en una finca particular de la localidad gerundense de Palamós, tema sobre el que han intervenido los políticos envenenándolo absolutamente, de modo que al no prosperar esas teorías, se ha considerado más recientemente imputar esos restos gerundenses al también desaparecido claustro del Monasterio de San Pedro de Arlanza en Burgos. Pero esa es otra historia, bien interesante por cierto, aunque es y tendrá que ser objeto de otros foros.

  • La primera capilla que encontramos, situada en la panda este del Claustro, construida alrededor de 1180, es la de Talavera, de San Salvador en su origen, donde se reunía el cabildo catedralicio. Tiene en el muro dos ventanas geminadas y, entre ellas, la portada de acceso. Todos los huecos con arcos de medio punto que apoyan sobre capiteles, incluso los de los dos parteluces decorados con motivos vegetales. Bajo la  segunda de las ventanas hay un sepulcro con relieve plano, en el que el personaje está revestido de ropas sacerdotales. Es el del canónigo Alonso de Vivero, del siglo XV.

Traspasando la entrada, ingresamos en una sala de planta cuadrada cuya bóveda se transforma en octogonal, mediante unas trompas protogóticas con arco, pasando a una bóveda de piedra de crucería morisca con dieciséis lados, al igual que la de la Torre del Gallo, si bien en este caso, las aristas son paralelas dos a dos y no convergen en el punto central superior, sino que, desplazadas, aunque bastante irregularmente, se cruzan formando una estrella de ocho puntas. Todas las aristas o nervios, son diferentes entre ellos, presentando formas decorativas muy originales. En la parte inferior, estos apean sobre columnas intercaladas entre los dieciséis ventanales cerrados en arcos de medio punto de los cuales, todos menos dos, son formados como saeteras, aprovechando el espesor del muro.

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Fig.38   Sepulcro del Doctor García de Medina.

Todas las columnas presentan capiteles decorados con motivos vegetales o animales, y se apoyan a su vez sobre ménsulas con representaciones de cabezas de diferentes personajes, a modo de mascarones.

Esta bóveda nos recuerda bastante más los estilos bizantino y musulmán, que en el caso del Cimborrio, a pesar de que la bóveda de esta capilla debe de ser cronológicamente más moderna que la Torre del Gallo. (Fig. 37)

Esta capilla fue comprada al Cabildo por Rodrigo Arias Maldonado, natural de Talavera, de ahí su nombre, consejero de los Reyes Católicos. Familiares suyos enterrados en esta capilla fueron los Comuneros Francisco y Pedro Maldonado, ajusticiados en 1521 y 1522. Por esa razón se guarda en esta capilla el pendón de los Comuneros.

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Fig. 39   Capilla de Sta. Bárbara.

Avanzando nuevamente por el pasillo claustral, encontraremos, pasada la segunda ventana de la Capilla de Talavera, otro sepulcro sobre el muro con relieve plano, como el descrito anteriormente, también vestido con ropas sacerdotales, pero este presenta insignias doctorales. Se trata del Doctor García de Medina, tesorero de la catedral, fallecido el año 1474. Está la lápida coronada por un arcosolio gótico dorado, con dos escudos de familia, y todo el conjunto mantiene parte de su policromía original, si bien ésta, bastante deteriorada. (Fig. 38)

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Fig. 40   Capilla de Sta. Bárbara. Bóveda.

La siguiente portada, también con arquería de medio punto apoyada sobre dos columnas con capiteles con decoración vegetal, es la que da entrada a la segunda capilla, que es la Capilla de Santa Bárbara, probablemente, la más importante del conjunto claustral por su relación con la Universidad de Salamanca, y de ésta con la Catedral. En ella se celebraban los actos de examinación y graduación de los licenciados y se proclamaba el nuevo rector de la Academia  hasta 1843 que era publicado cada año en la mañana del día 11 de noviembre, festividad de San Martín. (Fig. 39)

La capilla,  absolutamente gótica, está cubierta con una bóveda ojival sobre trompas, (Fig. 40), con plementos gallonados y adosada al muro del lado este, tiene un altar en arcosolio con tres arcos apuntados sobre columnas, presidido por una imagen de Santa Bárbara, que tiene delante, justo al centro de la capilla, el sepulcro del su fundador, el obispo Juan Lucero, llegado a Salamanca en 1339. Hay otros sepulcros en las hornacinas de los muros.   

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Fig. 41   Puerta de las Salas Capitulares (Hoy Museo)

En el muro que la separa del pasillo claustral, existe un rosetón que era por el que se introducía la comida al examinando, ya que los exámenes comenzaban a las cuatro de la tarde, y se terminaba pasada ya la media noche. El padrino del examinando se sentaba en un asiento en el lugar del Evangelio, y los catedráticos en los bancos corridos que aún existen en este espacio.

En el muro del pasillo claustral, la portada está continuada  por dos arcosolios de medio punto con sepulcros, apeados cada uno de ellos en dos columnas con capiteles decorados con motivos vegetales y animales.

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Fig. 42   Capilla de Sta. Catalina. Bóveda y claves.

La tercera portada de  acceso desde el Claustro, es de estilo prácticamente neoclásico, con un arco de medio punto que apoya sobre dos columnas de fustes estriados longitudinalmente y capiteles de orden corintio.

 Esta portada da acceso a  una sala y a las dos siguientes, que no tienen acceso directo desde la panda del Claustro. Son estas las Salas Capitulares, hoy en día convertidas en el Museo Catedralicio. (Fig. 41)

  • Ya en la panda sur, la cuarta por orden, es la Capilla de Santa Catalina, la mayor y la más antigua de todas las capillas claustrales, fue fundada según Antonio Casaseca el año 1196 por el obispo D. Vidal, aunque éste fue obispo de Salamanca entre los años 1173 y 1194. Eduardo Carrero, en su libro “La Catedral Vieja de Salamanca. Vida capitular y arquitectura de la Edad Media” dice en cambio, en la página 52: “Desconocemos a ciencia cierta de cuándo data la fundación original de la capilla de Santa catalina, a excepción de la aludida nota de M. Villar y Macías, el cual atribuye su fundación al obispo don Vida (1173-1194) en el siglo XII, noticia de la que carecemos de constancia documental”

Originalmente, tenía las mismas dimensiones que las capillas de Talavera y Santa Bárbara, pero en el año 1392 se derrumbó y hubo de ser reedificada, poco antes de la conquista de Granada por los Reyes Católicos, en 1489, y el Cabildo decidió instalar allí la biblioteca de la catedral.

Está cubierta por una preciosa bóveda de terceletes, dividida en tres órdenes, presentando unas originales claves bellamente policromadas. (Fig. 42)

En esta capilla en 1310 se declaró inocentes por los reyes de Portugal y Castilla a los Templarios de ambos reinos, para lo que se celebró en ella un concilio a instancia de los reyes Dionís y Fernando IV, con la asistencia de los obispos de Lisboa, Zamora, Ávila, Ciudad Rodrigo, Plasencia, Mondoñedo, Astorga, Tuy y Lugo, que lo declararon de forma unánime.

Fue conocida también como Capilla del Canto, ya que se ensayaban en ella las músicas de los oficios litúrgicos, por lo que tenía una gran importancia en la vida cultural de la ciudad, juntamente con la Cátedra de Música de la Universidad.

  • La quinta capilla, situada en la misma panda Sur, es la Capilla de San Bartolomé, o de los Anaya. En 1422 el obispo de Salamanca Alfonso Cusanza y el Cabildo de la Catedral deciden conjuntamente entregar al arzobispo de Sevilla, D. Diego de Anaya y Maldonado “… la capilla nueva que es en la dicha claustra para su sepultura e de los que él ordenare en su vida e de los de su linaje…“  (Fig. 43)

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Fig. 43   Capilla de Anaya

Falleció el obispo Anaya en Sevilla a los 70 años de edad el año 1437, siendo depositados sus restos en la Catedral sevillana un corto tiempo, hasta ser trasladados a Salamanca para ser inhumado, como así tenía dispuesto en su testamento desde 1411. Había fundado en la Universidad salmantina el Colegio Mayor de San Bartolomé en 1401, el más antiguo de todos los colegios mayores de España.

La capilla tiene una cabecera poligonal y planta rectangular, y está cubierta por dos bóvedas de crucería, una de terceletes y otra absidal, con nervios policromados que arrancan de ménsulas.

Delante del altar, y ante las gradas, está el sepulcro de D. Diego. Esculpido en alabastro descansa sobre él un yacente del arzobispo, quedando cerrado en una bella verja de hierro forjado. (Fig. 44)

Hay múltiples figuras en diferentes partes del túmulo, entre ellas, junto a la cabeza que reposa sobre cuatro almohadones, un profeta y un ángel. Tres animales representando sus virtudes están colocados a sus pies: Un león, una liebre y un perro.

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Fig. 44  Capilla de Anaya. Sepulcro del obispo Anaya

Según Camón Aznar, existen en Milán algunas obras de un estilo similar, aunque García Boiza considera que el obispo, a su regreso del Concilio de Constanza, trajo con él a Salamanca a un escultor alemán o suizo, e incluso llega a afirmar que esto se puede probar documentalmente.

Existen en esta capilla otros sepulcros de familiares directs del obispo. Entre ellos, los de los dos hijos de D. Diego, Juan Gómez de Anaya y Diego de Anaya, así como los dos que están en el lado de la epístola, que son atribuidos a los de los padres del obispo.

Es general la belleza de todas las figuras existentes en las tumbas de la capilla, pero se debe resaltar especialmente la sepultura que existe al fondo, a la derecha, bajo un arcosolio con arco apuntado, que corresponde a  los esposos Gutierre de Monroy, que Manuel Gómez Moreno supone fue esculpida alrededor de 1517 por un artista italiano del renacimiento.                                                                          10965_46.jpg                                                                               

Fig. 45   Claustro de Palamós

De la panda oeste solamente se puede decir que su muro exterior linda con la Plaza del Concilio de Trento, y que en él existe la Puerta de Carros, que en tiempos permitió el acceso de éstos al patio central, hoy parcialmente ajardinado y cerrado por la eliminación de las arquerías de claustro, desde la restauración del XVIII, la cual era, en un principio, la “puerta falsa” de salida de los estudiantes “Reprobatus”, que no habían conseguido la licenciatura en su examen, aunque posteriormente pasó a ser de dominio público que los examinandos que salían por ella habían fracasado en su intento.

  • Y, para cerrar el ligeramente irregular cuadrado, la panda Norte, que con la única excepción de la portada de acceso que da el transepto, de la que ya hemos hablado al entrar a este recinto claustral, tiene un muro completamente cerrado, que linda con la zona donde se encuentran la Sacristía y los Archivos de la Catedral Vieja.

Hacia el interior del Claustro, en lo que hoy son cerrados muros, únicamente provistos de ventanas que permiten ver, de forma muy insuficiente, el jardín exterior, lucieron en su momento unas bellas arquerías, muy probablemente esculpidas en piedra de Villamayor, como el resto de las dos catedrales. Esas arquerías se desmontaron parcialmente en el siglo XVIII, como consecuencia del funesto terremoto de Lisboa. Posteriormente, a principios del siglo XX, una nueva obra de restauración llevada a cabo, supuso el completo desmontaje, y la más absoluta desaparición de aquel magnífico claustro, probablemente del siglo XIII, que no del XII.

Se ha discutido sobre si esas arquerías, en unos momentos tan discutidas, serán las que se encontraron por el profesor Gerardo Boto en una revista francesa de arte y decoración hace unos cuantos años, instaladas junto a una piscina en una finca particular de Palamós, de las que estoy seguro que todos vosotros habréis oído hablar. (Fig. 45)

No es este el lugar para retornar al tema, ni tenemos el tiempo para ello, y considero preferible terminar aquí nuestra excursión catedralicia, pero eso sí, dejando abierta la puerta a la posibilidad de que, si ese claustro gerundense es verdadero, de lo que personalmente estoy casi seguro aunque sea parcialmente, se pueda demostrar algún día que sea de esta Catedral de Salamanca, de la iglesia de San Pedro de Gumiel de Izán, como sostiene el profesor José Luis Hernando, o del Monasterio de San Pedro de Arlanza, como presenta una de las más recientes teorías, o de cualquier otro enclave románico castellano, regrese pronto a sus raíces para permitir el disfrute de los amigos del Románico en general, socios o no de AdR, en su lugar de origen.        

 

EL ARTE EXENTO DE LA CATEDRAL

 

Un pequeño anexo para dejar constancia de las tres bellísimas piezas ya mencionadas. Dos románicas, - los dos Crucifijos, de los que supongo guardará referencias completas mi amigo personal y miembro de AdR, Fernando Labaz, gran especialista en este tema - y una imagen románico-bizantina, la imagen de la Virgen de la Vega, que entre muchas otras, atesora en sus museos la Catedral de Salamanca.

Entremos un poco en algunos de sus detalles, como breve etapa final:

  • El Cristo de las Batallas

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Fig. 46   Cristo de las batallas, antes de la restauración en 2009

Es una de las piezas que atesora la Catedral que más devoción suscita entre los fieles. Se dice que es el Cristo que llevaba a las batallas el obispo promotor de esta catedral, Jerónimo de Perigueux, del que ya hablamos que había sido capellán y confesor del Cid, así como obispo de Valencia, aunque otras versiones consideran que había pertenecido al Cid y pasó a su amigo y obispo tras su fallecimiento y llegó a esta catedral el año 1102.

Este Cristo, del siglo XI, estuvo en la Catedral Vieja, en la capilla mencionada en el muro de la nave del Evangelio, hasta que el año 1744 fue trasladado a su capilla actual sita en el centro de la girola de la Catedral Nueva, en la que se preparó un retablo realizado por uno de los Churriguera, Joaquín o Alberto, en cuyo nombre los historiadores no parecen ponerse de acuerdo.

Se le atribuyen a este Cristo numerosos milagros, entre ellos el muy conocido de la piedra de seis arrobas, de los que dieciocho de ellos están representados, como ha quedado expuesto anteriormente, en el muro Norte de la nave del Evangelio de la Iglesia Vieja.

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Fig. 47   Cristo de las Batallas, después de la restauración. 2012

El crucificado, una talla en madera, policromada originalmente, tiene una altura de 76 cm y es una imagen de cuatro clavos, rígido y, siguiendo la tradición bizantina, cabeza grande, sonriente, tocado con corona real y lienzo que le cubre desde la cintura hasta las rodillas. (Fig. 47)

Desde el año 2009 al 2012, estuvo en Alcalá de Henares para ser restaurado en los Talleres Granda, eliminando repintes, añadidos y numerosos parches, y al levantar la pintura, de un color prácticamente negro debido fundamentalmente a la acción de las llamas de las velas que lo alumbraron durante siglos, al haber  quedado ésta completamente eliminada, se encontró que la talla tiene los ojos cerrados, mientras que con la pintura aparecía con ellos abiertos. (Fig. 46)

Su faz así, actualmente, luce mucho más hierática, con una sensación de tranquilidad que no tenía, y presentando una más que elegante majestad. Además, se pudo comprobar que había perdido la mano derecha y que le habían colocado un añadido, que también ha sido eliminado.

El Cabildo ha decidido conservar el original en una urna de metacrilato, situada momentáneamente en el centro del altar de la capilla que, próximamente será incorporada al Museo Catedralicio, mientras que para el culto se ha realizado una réplica, con las nuevas condiciones descubiertas, que fue bendecida el 19 de abril de 2012.

Incorporamos aquí dos fotografías de antes, Fig. 46, y después, Fig. 47, de la restauración citada.

  • Cruz Pectoral del Cid

Quizás coetánea de la imagen de la Virgen de la Vega, es un pequeño crucifijo de apenas 18 cm de longitud que la tradición relaciona con El Cid, aunque como bien ha señalado el profesor Martínez Frías, su estilo delata una cronología muy posterior, a principios del siglo XIII, por lo que esa data no soporta la adjudicación de su propiedad.

Expuesta en la Sala Museo preparada en la Torre Mocha, dentro del recorrido Ieronimus que ya hemos recomendado antes, guarda bastante similitud con la Cruz Pectoral que se conserva en el Tesoro de la Catedral de Burgos, de la que debe ser coetánea, aunque no está demasiado claro si esta última se le adjudica al Cid, aunque estando en Burgos, sería lo más lógico. (Fig. 46)

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Fig. 48   Cruz Pectoral del Cid. Museo de la Torre Mocha. Salamanca Catedral Vieja.

Según recoge el acta del Cabildo de la Catedral de Salamanca, de fecha 23 de diciembre de 1647, y recuerda el inventario de 1806, “regaló esta imagen el arzobispo de Valencia D. Martín López de Hontiveros”, que había nacido en Salamanca el 11 de abril de 1596, y se graduó en derecho en la Universidad salmantina, donde obtuvo una cátedra de cánones, de la que tomó posesión el 15 de diciembre de 1648.

Estilísticamente es un buen ejemplo de crucificado de cuatro clavos, triunfante, y tocado con una corona de cuatro merlones.

  • La imagen de Nuestra señora de la Vega, Patrona de Salamanca, y su desaparecido Monasterio.

Mi intención era hablar aquí, obligatoriamente además, de la imagen de la Virgen de la Vega que como ya hemos dicho se encuentra en la Catedral. Lamentablemente, la situación del tejado de la iglesia de la Fundación en la que se hayan instalados los arcos del antiguo Monasterio, ha obligado a su cierre temporal, y por tanto, no nos permite su visita en esta ocasión. Por ello, hemos decidido incorporar aquí algunas notas referentes al Monasterio de la Virgen de la Vega, y su pequeña historia.

En la parte Sur Oriental de la Ciudad de Salamanca, sobre el río Tormes y entre el Puente de Piedra Nuevo y el Puente del Ferrocarril, está enclavada la Vega.

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Fig. 49   Arquerías de la Virgen de la Vega.

Como en toda interpretación histórica, nula o escasamente documentada, ocurre que los criterios de los investigadores se dividen, generándose diferentes grupos de opinión.

En el caso de la Virgen de la Vega, están básicamente los que dicen que este Monasterio precedió a la Catedral, y los que manteniendo que cuando aquel se levantó, la Catedral ya había elevado sus muros y se encontraba en plena vorágine constructiva. En cualquier caso, hablamos de mediados del siglo XII.

Es muy probable, según lo que se puede deducir de la documentación manejada, que ambas y ninguna de estas opiniones sean ciertas, y que los dos edificios iniciales, que no los definitivos, fuesen coincidentes en las fechas de su construcción, puesto que ya hemos dejado dicho que las fechas son supuestas y carecen de cualquier certificación documental.

Si San Isidoro de León envió a Salamanca a sus canónigos agustinos para asentarse definitivamente y constituir un Priorato independiente de la Real Colegiata leonesa en Salamanca, y construir un templo para el culto a Santa María, en la iglesia y los terrenos donados, (quizá en 1166), por Velasco Iñigo al Abad Menendo, que dirigió la abadía en la década entre 1157 y 1167, es muy probable que, en esas fechas, la construcción de la cabecera de la Catedral Vieja hubiese comenzado ya, si es que efectivamente le podemos imputar a la Torre del Gallo la fecha de 1163-1164. Por tanto, estaríamos ante dos construcciones prácticamente coetáneas, o con muy pocos años de diferencia entre su ejecución.

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Fig. 50   Imagen de la virgen de la Vega. Salamanca, Catedral Vieja. Altar Mayor.

Para ello, los agustinos, viendo que desde tiempo inmemorial se veneraba a Santa María en la vega del río Tormes, adaptando viejas edificaciones y construyendo otras, se dice que colocaron en la iglesia una imagen de Santa María, que algunos quieren reconocer como la que hoy preside el Altar Mayor de la Catedral Vieja, lo que cronológicamente resultaría imposible si, como parece, esta imagen es  originaria de Limoges, y fue realizada en el siglo XIII.

El año 1256, el obispo de Salamanca entregó a la Orden de Predicadores, los Dominicos,  la iglesia de San Esteban en su ubicación actual, ya que una riada del río Tormes derribó la iglesia de San Juan El Blanco, a la que habían adosado su convento cuando inicialmente se establecieron en Salamanca fuera de las murallas el año 1218 junto al cauce del río, pues en razón de haberse fundado la Universidad salmantina, Santo Domingo de Guzmán, el fundador de la Orden en Toulouse en 1215, había mandado que sus frailes estuvieran presentes en las ciudades universitarias. 

El Monasterio evolucionó a lo largo del tiempo, y en 1566 se edificaría la mayor parte de la actual iglesia, a sus propias expensas, y el año 1577 se levantaría el Claustro, siguiendo la traza de García de Quiñones.

Finalmente, tras las guerras de Sucesión, (1707), y de la Independencia, (1808), en 1836, con la Desamortización, todo quedaría abandonado y el edificio pasó a ser empleado como almacén. Los canónigos se marcharon, y la imagen de la Virgen de la Vega, ya sí la que hoy conocemos, pasó por el domicilio particular del último colegial de la Vega, de allí a la iglesia de San Polo,  y en 1838  al Convento de San Esteban, que también tiene su historia.

Del Convento de San Esteban, unos años después, en 1882, pasó la imagen a la capilla del Presidente de la Catedral Nueva, hasta que en 1949 pasaría de forma definitiva a presidir el Altar Mayor de la Catedral Vieja.

El edificio y los terrenos de lo que fue Monasterio de la Vega, lo ocupa hoy día la Fundación Vicente Rodríguez Fabrés, un Colegio de Enseñanzas Profesionales, y en él se conservan los restos del Claustro de la Vega, cinco arquerías, alojados en la Sacristía de la iglesia, instalados artificialmente para poder quedar expuestos a los visitantes, habiendo constancia de que en 1732 el Claustro estaba instalado todavía en su emplazamiento original.

No existe mucho publicado sobre las bellas arquerías del Claustro Románico de Santa María de la Vega, por lo que para el que quiera documentarse, aún ligeramente, recomiendo recurrir al libro “Rutas Románicas en Castilla y León/1” pp. 138 a 140, donde se explican perfectamente las características de esta arquería de cinco arcos de medio punto, y sus correspondientes capiteles, que desde las restauraciones del Claustro de la Catedral salmantina del siglo XVIII, y más posteriormente, la  de 1902, tanta confusión ha producido.   

Con relación a la imagen, (Fig. 50), decir que es ésta un ejemplar único, de probable origen Limoges, aunque se desconoce si fue fabricada allí o en Salamanca por orfebres franceses venidos expresamente para ello a finales del siglo XIII, probablemente entre 1266 y 1300. Se conoce que en 1223 trabajaron en Salamanca Guillén y Pedro de Limoges, habiendo referencias anteriores de 1163, cuando un tal Don Paian auri faber, y su hijo Guillermo, trabajaron en Salamanca.

Con una altura de 72 cm, representa a la Virgen sentada en trono sin respaldo, con una capa sobre la falda, velo y  calzada con unas sandalias puntiagudas. Sostiene una rama florida en la mano derecha, que es de ejecución posterior, mientras con la mano izquierda apoya al Niño, sentado sobre sus rodillas, que está vestido con manto y túnica, sosteniendo un libro en la mano izquierda y en actitud de bendecir con la derecha.

Está la imagen realizada sobre un alma de madera, cubierta con planchas de cobre dorado, en las que se incrustan esmaltes y piedras preciosas, éstas a modo de cabujones, y adornada con circulitos realizados a golpe de troquel. El rostro de la Virgen es de bronce fundido sin dorar, siendo sus ojos de azabache. La cabeza del Niño está formada por dos piezas de bronce unidas entre sí, y los ojos son dos cabujones de color azul. Los esmaltes recuerdan indiscutiblemente la técnica de la escuela limusina.

 

EPÍLOGO

 

Hasta aquí ha dado de sí este informe, que espero no haya terminado con vuestra paciencia. Os ruego me perdonéis por la gran extensión de este trabajo, pero sed benignos en vuestra crítica, ya que como constataréis en nuestra visita, no he tomado en consideración un buen número de partes, ni muchas obras de arte que la Catedral conserva.

Deberéis reconocer que la Catedral Vieja de Salamanca será vieja, pero grande, lo que se dice grande, si bien no dimensionalmente, sobre todo comparada con su hermana, lo es tanto artísticamente, como, en un sentido muy especial,  sentimentalmente.

Os garantizo a los que la hayáis conocido estos días, que ya no podréis borrarla nunca de vuestra memoria.

A los que ya la conocíais supongo que, como para mi, esta visita representará un regreso a casa. Como el anuncio del Almendro, pero sin necesidad de volver por Navidad. Y, como siempre, me voy una vez más, deseando regresar de nuevo.

Eso sí, cuando volváis, tened seguro que Santa María de la Sede os acogerá siempre con los brazos abiertos, y eso que, como la catedral de Murcia aunque por motivos muy distintos, está manquita, ya que como ahora sabéis le falta el brazo norte del transepto que, mira tú, se lo comió su hermana mayor el siglo XVI.

Muchas Gracias

Carlos Bouso AdR 0384

 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

 

La Catedral de Salamanca. Nueve siglos de Historia y Arte

Coordinadores científicos: Valentin Berriochoa Sánchez-Moreno y René Jesús Payo

Editorial: Promecal. Burgos 2012 – Con la colaboración de la S.I.C.B.M. de Salamanca

 

Jérome de Périgueux (1160?-1120) Chapelain du Cid

Autor: Claude Lacombe

Editorial: Claude Lacombe et Éditions FANLAC. Périgueux. 1999

 

La Catedral Vieja de Salamanca. Enigmas de un Claustro

Autor: Marciano Sánchez Rodríguez

Editorial: Ilustrísimo Cabildo de la Catedral de Salamanca. Salamanca. 2010

 

Las Catedrales de Salamanca

Autor: Antonio Casaseca Casaseca

Editorial: Ediles. León. 2006

 

La Catedral Vieja de Salamanca. Vida capitular y arquitectura de la Edad Media

Autor: Eduardo Carrero Santamaría

Editorial: Nausícaä. Murcia. 2005

 

Rutas Románicas en Castilla y León/1

Autor: Luis María de Lojendio, OSB y Abundio Rodríguez, OSB

Guías Encuentro

Editorial: Ediciones Encuentro, S. A. Madrid. 1995

 

La Catedral Vieja de Salamanca

Autor: Daniel Sánchez y Sánchez

Editorial: Ilustrísimo Cabildo de la Catedral de Salamanca. Salamanca. 1991

 

La Catedral de Salamanca, su arquitectura

Autor: Valentín Berriochoa Sánchez-Moreno. Resumen de su Tesis doctoral

Autoedición: Impreso por Gráficas Varona. Salamanca. 2005

 

La Catedral Vieja de Salamanca y el probable autor de la Torre del Gallo

Autor: Julio González González

Extracto del “Archivo Español del Arte, núm. 55”. Madrid 1943

 

Living Architecture. A Biography of H. H. Richardson

Autor: James F. O’Gorman

Simon $& Schuster Editions. New York. 1997

 

Catedrales. Las Biografías desconocidas de los grandes templos españoles

Autor: Miguel Sobrino

Editorial: La Esfera de los Libros, S.L. Madrid. 2009

 

El Románico. Ciudades, Catedrales y Monasterios

Autor: Xavier Barral Altet

Editorial: Benedikt Taschen Verlag GmbH. KOLN. 1999

 

Salamanca de la mano. Nueva guía artística y monumental de la ciudad

Autor: Enrique Esperabé de Arteaga

Editorial: Ediciones Españolas, S. A. Madrid. 1941

 

Santa Sofía y la iglesia de San Salvador en Chora.

Autor: Ali Kiliçkaya (Archeologo)

Editorial: Silk Road Touristic Publications. Instanbul. Turkey. 2011

 

REFERENCIAS de las FOTOGRAFÍAS

TODAS LAS FOTOGRAFÍAS HAN SIDO REALIZADAS POR EL AUTOR, excepto las siguientes, que han sido descargadas de Internet:

 

-   Fig. 1   DIBUJO DE LA CATEDRAL VIEJA

Caminandoporsalamanca.blogspot.com.es/2013_12_01_archive.html

 

-   Fig. 5   MAPA LOCALIZACIÓN DE LA CATEDRAL

www.salamancapasoapaso.blogspot.com

 

-   Fig. 6  PLANOS de la CATEDRAL VIEJA             

Sta. María la Real

 

-  Fig. 17 NOTRE DAME-LA-GRANDE                    

eu.wikipedia,org

 

-  Fig. 21 TRINITY CHURCH                          

www.earthinpictures

 

- Fig. 30 RETABLO DE SAN MIGUEL IN EXCELSIS

 Andrés Ortega. Amigos del Románico

 

- Fig. 35 ARQUERÍAS DE LA VIRGEN DE LA VEGA                        

 Santa María la Real 3000/280

 

- Fig. 45 CLAUSTRO DE PALAMÓS                          

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- Fig. 46 CRISTO DE LAS BATALLAS

 http://www.jdiezarnal.com/public/salamancacristo01.jpg

 

- Fig. 48 CRUZ PECTORAL DEL CID              

 cristoromanicocatedralicio.jpg (arteguias)

 

-  Fig. 49 ARQUERÍAS DE LA VIRGEN DE LA VEGA

 Internet Img. 451942

 

- Fig. 50 IMAGEN DE LA VIRGEN DE LA VEGA   

 jesusario.blogspot.com.es/2013

 

 

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