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Artículo de opinión sobre la muralla de Madrid. Tercera y última parte.

Miércoles, 20 de agosto de 2014

 

Se llamaba de Guadalajara por ser la salida al camino que llevaba a la ciudad alcarreña. Originalmente era un ingreso sencillo y directo, flanqueado por dos torres, del estilo de Puerta Cerrada y, seguramente, Puerta de Moros. A comienzos del siglo XIII se transformo considerablemente tomando el estilo de la Puerta de Bisagra Vieja de Toledo, con una potencia de desarrollo hacia el interior de la ciudad y en verticalidad, con planta baja o paso, buharda para controlar el rastrillo y cuerpo superior (foto 1).

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La línea del ingreso se transforma en una de doble codo, conocida también como de bayoneta. Como he referido, la puerta mudó su aspecto reformándose en estilo mudéjar mediante cajones de tapial, algo que ocurriría en otras zonas de la cerca, especialmente en su tramo final. La puerta era un castillo en sí, con una torre de flanqueo adicional, prismática, que sobresalía por encima de las demás. Cuando Antonio Sillero fue contratado para calcular los costes del derribo de esta torre, tomó para ello sus medidas: a los 20 metros de alzado hay que añadir que halló “más, que en largo tiene diez y ocho varas y media, que son cinco tapias y media (15,12 m); tiene de grueso de lo que se ha de derribar por alto dos varas, que son seis pies (1,68 m) de manera que se viene disminuyendo; que se cuenta uno con otro, que son tres pies de grueso (0,85 m) que sería esta pared quinze tapias y media”.

 

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Esta magnífica, hermosa e intimidadora puerta (foto 2), que sin duda sería una de las mejores de los recintos amurallados hispanos, fue derribada en 1538 bajo mandato de Carlos V ya que decidió hacer un ingreso mayor, de corte imperialista, y que descongestionara el acceso a la ciudad. Esta nueva puerta seguía el esquema de la Puerta de Bisagra Nueva. Lamentablemente, tuvo una vida fugaz ya que, en 1582, con motivo de las celebraciones por la victoria de la armada española frente a las costas portuguesas, se declaró un incendio en la cubierta debido a unas luces que se pusieron para engalanarla. La puerta fue pasto de las llamas y Felipe II decidió no reconstruirla, liberando a esa parte del viario de un elemento que, una vez más, comenzaba a estorbar.

Llegado a este punto, tocaré la parte más polémica de toda la cerca: el cierre septentrional. Su trazado partía de la Puerta de Guadalajara para discurrir por las calles de Mesón de Paños y Escalinata, aunque hay teorías que aseguran que la muralla pudo girar antes, por la calle del Espejo. En todo caso, los restos conservados se sitúan en las dos primeras vías, por lo que queda más o menos claro que el trazado tuvo su continuidad por ellas hacia la actual Plaza de Isabel II, antaño Caños del Peral. Sus lienzos, ataludados debido al fuerte desnivel del terreno, cambiaron el estilo edificativo, siendo de aparejo toledano con zonas de mampostería concertada.

Antes del giro septentrional, se pueden encontrar varios restos más de la cerca. El más conocido es el que se ve en el solar del número 21 de la calle Escalinata, con un estado de conservación tan lamentable como el visto de la calle Almendro. Otro fragmento que se tendría que restaurar y consolidad de inmediato. Pero, lo que el viandante sabe menos es que, en la trasera del edificio sito en el número 14 de la calle Espejo, zona del inmueble que se ve desde la calle Escalinata, hay un saliente que está levantado directamente sobre un torreón de la muralla, advirtiéndose perfectamente el cubo semicircular (foto 3).

 

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En la angulación de la calle Escalinata con la actual Plaza de Isabel II se alzó la albarrana de Alzapiernas, una potente torre que sobresalía 15 metros de la línea de muro y que ofrecía una amplitud visual de los dos flancos de la muralla, ofreciendo protección a toda la zona, muy concurrida al estar allí la fuente de los Caños del Peral y numerosas huertas, muladares y tenerías. La muralla seguía por debajo del Teatro Real, antiguo teatro de los Caños del Peral y, antes, el Juego de Pelota, apareciendo restos de la cerca en 1818, cuando se excavaron los cimientos del nuevo teatro.

En un punto indeterminado del frente septentrional estuvo la Puerta de Valnadú, la que quedaba más abierta al enemigo, ingreso objeto de múltiples disputas y teorías entre los historiadores y arquitectos. Los mismos que, gracias a los estudios topográficos y arqueológicos, han dado a conocer la orografía original de toda la zona que comprenden las plazas de Isabel II y de Oriente. Una extensión que, actualmente, se encuentra a un mismo nivel. Felipe II proyectó una profunda remodelación del flanco oriental del alcázar. A partir de 1561, el monarca fue comprando propiedades hasta que se hizo con gran parte del espacio que se extendía a levante de la residencia real, derribando las viviendas y negocios que allí había. Su intención era levantar dependencias auxiliares para el personal. Pero, como se he dicho, el terreno era muy abrupto, con fuertes barrancas por las que discurrían el arroyo del Arenal y sus tributarios: los arroyos de los Tintes (calle Escalinata), de la Parra y de la Cava (Plaza de Oriente). Para nivelar el terreno, levantó unos paredones entre la Puerta de Valnadú y la Huerta de la Priora, ocultando el Jardín de la Reina, y hacia el Monasterio de la Encarnación. Con la nivelación y colmatación de los barrancos, varios edificios fueron surgiendo de forma anárquica dando lugar a la denominada Casa del Tesoro. Dichas edificaciones fueron posteriormente alineadas por medio de un forro. Esta nueva dependencia añadida, por su rectilínea disposición hacia el alcázar, dio lugar a que, muchos historiadores, pensaran que se levantó sobre la cimentación de la muralla. Esta teoría se mantuvo hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX. Hoy en día, tras las reconstrucciones de la orografía original de las plazas, que se deja intuir a la perfección en la unión de la calle Escalinata con la plaza de Isabel II, prácticamente se ha desechado la idea de que la muralla discurría recta para encontrarse con el alcázar en su ángulo sureste (foto 4).

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Y no sólo las reconstrucciones orográficas. Las excavaciones arqueológicas arrojan que la Torre de los Huesos, situada pasada la Puerta de Valnadú y, aproximadamente, de forma simétrica respecto a la de Alzapiernas, era una torre dispuesta en ángulo, por lo que el paño de la muralla daba un pronunciado giro hacia el sur y, una vez más, hacia las conjeturas, porque ya no queda rastro alguno del trazado de la muralla. Aquí da comienzo al gran misterio madrileño. Es posible que nunca se aclare con exactitud si la cerca se unía al alcázar por su flanco sureste, en algún punto del albacar o Campo del Rey o, ya directamente, en la muralla musulmana. Cuando se soterró la calle Bailén, a su paso por el Palacio Real, aparecieron las dependencias de la Casa del Tesoro y otras, pero ni rastro de cimentación de la cerca que, presumiblemente, fue arrasada o quedó por debajo cuando se niveló la zona. Por eso, mientras tanto y desde aquí, animo a que se estudie más a fondo la cámara subterránea que hay en la calle Mayor, junto a la entrada a la cripta de la catedral, donde estuvo la Puerta de la Vega. Un posible espacio del siglo XII y del todo desconocido para la ciudadanía y casi para la historiografía. Ya lo dijo Mª Teresa Ruiz Alcón, en 1985. Y yo opino igual.

Bibliografía

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  • Andreu Mediero, E.; Paños Cubillo, V. "Arquitectura militar andalusí en Madrid capital: nuevas perspectivas teóricas a raíz de las intervenciones arqueológicas de la plaza de Oriente y la plaza de la Armería (1999-2010)". Anales de Historia del Arte, vol. 22 número especial (II). 2012.
  • Fernández Ugalde, A.; Serrano Herrero, E. "Las murallas de Madrid: excavaciones recientes y apuntes para su evolución". Estudios de Prehistoria y Arqueología Madrileñas núm. 10. Museo de San Isidro. Madrid, 1995-96.
  • Geas Ortigas, I.; Castellanos Oñate, J. M. Madrid musulmán, judío y cristiano. Las murallas medievales de Madrid. Ed. La Libraría, 2008
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  • Gómez Iglesias, A. El Madrid medieval. Instituto de Estudios Madrileños. Madrid, 1966
  • Malalana Urueña, A. Madrid. Génesis y evolución de la muralla del siglo XII. Ed. La Librería, 2011
  • Oñate Baztán, P.; Sanguino Vázquez, J. "Seguimiento arqueológico y musealización de los restos para la rehabilitación del inmueble ubicado en c/ Cava Baja, 12 (2004-11)". Anuario de Actuaciones Arqueológicas y Paleontológicas. Dirección General de Patrimonio. Comunidad de Madrid. 2012.

 

 

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