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REFLEXIONES ROMÁNICAS II - Características imprescindibles del arte románico.

Autor: Jaime Cobreros. Febrero 2005

Recientemente en el foro de esta misma web un Amigo preguntaba por las características constructivas que debiera reunir un templo para que pudiera ser considerado como románico. La pregunta resulta particularmente pertinente en momentos como los actuales en los que el estilo románico atrae la atención de un número de europeos cada día en aumento. Momentos, por otra parte, en los que los contornos de los conceptos se difuminan por el pensamiento blando que impera en Occidente.

El criterio de temporalidad poco vale. No todo lo que se levantó entre la segunda mitad del siglo XI y las primeras décadas del XIII es románico, como resulta evidente por coexistir en algunas de aquellas décadas distintos estilos arquitectónicos (véase Reflexiones románica I). Habrá que centrarse, pues, en las características que aparezcan como constantes constructivas en lo que habitualmente se considera románico y que antes del mismo no se dan en su conjunto.

La primera característica que llama la atención es la unidad conceptual del templo románico. Tanto su sección como la planta del mismo están basadas en el arco de medio punto apeado sobre columnas y que delimitan uno y otras un área semicircular y otra cuadrada o rectangular, ambas unidas. El desplazamiento de esta sección sobre tal planta origina un alzado compuesto de un semitambor cubierto por un casquete semiesférico (ábside) y de una nave cuadrada o rectangular cubierta por bóveda de medio cañón. Es decir, tanto la sección, como la planta y el alzado de las construcciones sagradas románicas están basadas en el arco de medio punto unido a un rectángulo (o cuadrado). Las tres dimensiones del espacio son resueltas en el románico por una estructura conceptual única. Unidad que jamás se había dado ni se volverá a dar a lo largo de la historia del arte occidental.

Pero tal extraordinaria coherencia es de más calado de lo que pudiera parecer desde el punto de vista arquitectónico, ya que la unidad conceptual románica no es solamente un planteamiento intelectual de hombres del siglo XI. Responde también a una coherencia de orden metafísico exigida por el principio de analogía de que "lo que está aquí abajo es como lo que está allí arriba". El arco de medio punto y el cuadrado (o rectángulo) no fueron elegidos caprichosamente pensando sólo en el juego arquitectónico que pudieran dar, sino que lo fueron por que ambos - semicírculo y cuadrado - simbolizan lo celestial (la bóveda celeste, lo alto) y lo terrenal (4 lados, 4 direcciones cardinales, 4 estaciones, 4 elementos..., lo bajo). Manifestación sensible surgida de un punto no manifestado, invisible, como es el centro del semicírculo (Dios) sin el que ninguna creación hubiera sido posible.

Por ello que toda obra sagrada románica no sólo esté en armonía con el espacio terrestre (orientación, disposición, etc.), sino también con el universo. De ahí que el románico se corresponda con el "orden natural de las cosas". Orden dispuesto por el Creador de lo celeste y lo terrestre, de todo lo manifestado. Por eso el arte románico trasciende los sentidos para apelar a la inteligencia profunda de los hombres. Como consecuencia de esta participación en el orden natural de las cosas, el arte románico simboliza plásticamente tal orden y de ahí la atracción y el misterio que hoy todavía sigue originando.

La extraordinaria coherencia intelectual que se impusieron a sí mismos los hombres que a mediados del siglo XI concibieron el arte románico en su totalidad, no es más que la consecuencia de la excelencia con la que decidieron tratar todo lo relacionado con la Divinidad, desde lo intelectivo que se adentraba en el misterio de Dios, a la construcción en la que habitaría el mismo Dios entre los hombres (templos), incluyendo la liturgia que había de cantar su gloria. Excelencia total deseada y promocionada por la Orden de Cluny, inspiradora del arte románico.

La excelencia en la concepción intelectual del románico debía corresponderse con una excelencia operativa de los gremios que levantaran los templos y de los materiales que se utilizarían a tal fin. La piedra, arrancada de la Creación misma, manipulable por el hombre y perdurable por los siglos, se convierte así en el material idóneo.

El románico será el primer modo arquitectónico en utilizarla en la totalidad de las edificaciones de una manera natural y continuada. Pero no la piedra en el mampuesto, ni cortada, sino la piedra pulida, trabajado cada sillar hasta la perfección para el ajustado y su posterior aparejado. Los constructores románicos se sabían intermediarios entre Dios y los hombres al llevar la Creación hasta su último grado de realización. La dimensión trascendente del trabajo de las fraternidades de constructores está clara en las palabras de San Bernardo (s. XII) cuando en uno de sus sermones compara los sillares, que unidos forman una iglesia, con cada uno de los cristianos que juntos forman la Iglesia.

Pero la piedra guarda en sus entrañas la imagen de la Divinidad que la creó y el hombre - el compañero constructor armado de cincel y mazo - debe ponerla al descubierto para el resto de los hombres. El origen primero y último de cada talla románica, de cada una de las esculturas que nos interrogan desde portadas, capiteles y canecillos, no es otro que el sugerir con formas sensibles los arquetipos divinos presentes en la Creación y transmitidos al hombre en el Paraíso. El templo románico se convierte así no sólo en símbolo por sí mismo, sino además en soporte de símbolos que hablan a los hombres de las verdades primeras y de Dios mismo. Con esto, la coherencia conceptual de partida es llevada hasta los límites metafísicos.

De cuanto antecede se desprenden las tres características imprescindibles que debe reunir una construcción sagrada para que pueda ser considerada como arte románico.

- Utilización en sección, planta y alzado de la estructura de arco de medio punto
independientemente de la complejidad que se dé a la misma.
- Utilización de la piedra de sillería en la totalidad de la construcción.
- Utilización de la piedra tallada para plasmar un simbolismo universal con formas propias.

Es evidente que añadidos, amputaciones y transformaciones posteriores pueden hacer difícil evidenciar estas tres características en determinadas construcciones románicas.

Quienes crean que todo esto son especulaciones gratuitas, no han comprendido nada del arte románico. Ni del calado teológico ni de la excelencia espiritual, intelectual y operativa de quienes lo concibieron y lo pusieron en pie. El románico sigue ahí, tras nueve siglos, desafiándolos.

Todos los artículos de este autor:

REFLEXIONES ROMÁNICAS I. ¿Evolucionismo, diacronismo, sincronismo?

REFLEXIONES ROMÁNICAS II. Características imprescindibles del arte románico

REFLEXIONES ROMÁNICAS III. Beato Mozárabe en el siglo XXI

REFLEXIONES ROMÁNICAS IV. Eunucos felices y saltarines

REFLEXIONES ROMÁNICAS V. Los capiteles en flor del Camino de Santiago

REFLEXIONES ROMÁNICAS VI. Para cuándo la España románica?

REFLEXIONES ROMÁNICAS VII. En las raíces de Europa

REFLEXIONES ROMÁNICAS VIII. Del orden natural de las cosas como base de todo arte sagrado

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