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La polémica construcción de Frómista: reflexiones acerca de una magnífica oportunidad perdida

Viernes, 12 de septiembre de 2014

 

Hace ya mucho tiempo, cuando era un muchacho de diecisiete años, una mañana decidí ir más allá de los monigotes caricaturescos con los que me solía entretener dibujando y hacer algo más serio, algo que emulara a los magníficos dibujos de mi padre. El motivo que elegí fue una vista de la cabecera de la iglesia de San Martín de Frómista que aparecía en un folleto turístico. En alguna ocasión me he preguntado la razón por la que elegí precisamente esa fotografía. No cabe duda de que uno de los motivos está relacionado con una temprana atracción hacia el Románico. Pero, lo que explica que eligiera esa y no otra imagen, es el impacto que en mi provocaron sus proporcionados y equilibrados volúmenes y formas.

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Razones como esta, a la que se puede añadir su interesante escultura y la cuidada concepción arquitectónica de sus estructuras, están detrás de que buena parte de los sesenta mil visitantes que recibe anualmente la localidad de Frómista tengan como motivación fundamental la visita a la iglesia de San Martín de Tours.

Aunque es un edificio que entre 1895 a 1901 fue objeto de una controvertida, y quizás excesiva, restauración, la opinión de los especialistas no es unánime, pues, frente a los que critican esta intervención, hay otros que piensan que el arquitecto responsable de la obra, Manuel Aníbal Álvarez, se limitó a resaltar las cualidades implícitas en el monumento originario.

Pues bien, como parece que los últimos veranos han sido propicios para la aparición de noticias polémicas relacionadas con el patrimonio (claustro de Palamós, Ecce Homo de Borja, etc.), este estío que da ya a su fin no ha querido ser menos y nos ha proporcionado la noticia de una controvertida construcción en las proximidades del citado templo palentino.

Parece ser que la familia propietaria de la vivienda que ocupaba ya el solar en cuestión decidió tirar dicha edificación y construir en el mismo emplazamiento dos residencias unifamiliares. Por las noticias que tenemos pidieron los permisos y licencias necesarios para la ejecución de tal obra. Los dos primeros proyectos que presentaron fueron rechazados por los técnicos de Patrimonio de la Junta de Castilla y León, quienes propusieron, y así se plasmó en el tercer y definitivo proyecto, que la fachada diera a la iglesia, en lugar del patio trasero, como ocurría en la construcción preexistente.

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A pesar de que en las redes sociales se ha hablado de corrupción y amigismo, nada de eso parece haber detrás de esta iniciativa inmobiliaria. Más bien al contrario, la buena voluntad de los propietarios y la intención de respetar la normativa han caracterizado la forma de proceder de quienes han intervenido en este asunto.

Sin embargo, a pesar de ello, la consecuencia es que un edificio tan emblemático queda literalmente asediado, constreñido por su flanco noroeste por esta nueva edificación, la cual, a resultas de la propuesta de los técnicos de Patrimonio, ocupa un mayor volumen en las proximidades del templo y, por tanto, dificulta su visión desde este lado.

Como hemos puesto de manifiesto en el comunicado emitido por Amigos del Románico, hasta la fecha la actuación de la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Junta de Castilla y León, al menos en relación al patrimonio románico, puede calificarse de ejemplar. Ello no quiere decir que, como todo buen escribano, no esté libre de echar un borrón. Y es que como un borrón consideramos la propuesta de edificar sobre el antiguo patio de la anterior construcción, pues en nuestra opinión ello lleva a incumplir lo establecido en el artículo 9 de la Ley 5/1999 de Urbanismo de Castilla y León en la cual se destaca la importancia de evitar construcciones que degraden la armonía del paisaje o impidan la contemplación de los bienes protegidos. En esta misma línea, el artículo 41.2 Ley 12/2002, de 11 de julio, de Patrimonio Cultural de Castilla y León establece que no podrá realizarse ninguna construcción "que pueda alterar el volumen, la tipología, la morfología o el cromatismo de los inmuebles a los que hace referencia este artículo o perturbe su contemplación".

A pesar de que muy posiblemente en el espíritu de los que redactaron la Ley de Costas estaba impedir la realización en el litoral de edificaciones que lo degradaran, el monstruoso hotel edificado en la playa de El Algarrobito (Almería) fue declarado obra legal por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. Cuando casos tan escandalosos y evidentes pasan por “legales” se pone de manifiesto la ambigüedad de las leyes y la ausencia de sentido común en la interpretación de las mismas. Algo de esto puede pasar en el caso de Frómista.

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En varias declaraciones, responsables de Patrimonio de la Junta de Castilla y León han manifestado que esta obra “dignifica” al monumento junto al que se alza. ¿Pero tan equivocados están los muchos peregrinos y aficionados al románico que expresan su horror ante la obra que ven realizarse junto a San Martín? ¿Es que acaso no saben ver que se está “dignificando”?

La elevación de estas viviendas bien podría ser legal, pero en este caso se impondría la necesidad de una revisión de la legislación para detectar donde está el agujero por el que se ha colado semejante proyecto. Lo que no es de modo alguno es una obra que dignifica a San Martín.

En la entrevista mantenida por uno de los miembros de la Junta de AdR con el Alcalde de Frómista  –a quien agradecemos la amabilidad de recibirnos–, se puso de manifiesto la causa que podría estar detrás de que no se hayan intentado buscar alternativas a este proyecto. El Alcalde nos comentó que la iglesia de San Martín no era lo más importante del pueblo, sino que lo que hacía que la gente visitara su localidad era el Camino de Santiago. Este buen señor no es consciente de que si en Frómista no se alzara la iglesia de San Martín, muchos de los sesenta mil visitantes anuales sencillamente pasarían de largo por su localidad. Cuando no se valora una cosa, difícilmente puede existir la sensibilidad para protegerla. Y es este el problema, la ausencia de sensibilidad.

Si el consistorio de esta localidad palentina hubiera tenido un mínimo de sensibilidad hacia su patrimonio románico se habría podido plantear, por ejemplo, la posibilidad de proponer a los propietarios que solicitaban la licencia una permuta de terrenos, de tal forma que el solar sobre el que se planteaba construir pasara a ser propiedad del Ayuntamiento para liberarlo de construcciones y así, y esta vez de verdad, dignificar el entorno de tan valioso monumento.

Las leyes en muchas ocasiones tienen agujeros, son ambiguas o marcan unos mínimos de protección. Es la sensibilidad, el sentido común y la voluntad real de conservar el patrimonio, natural o cultural, lo que realmente puede ayudar a conservarlo y evitar que casos “legales” como El Algarrobico o Frómista acaben degradándolo. El argumento que dan las autoridades de que se trata de una actuación "legal" no evita que la obra a la que se ha dado licencia pueda ser considerada como un lamentable atentado al patrimonio y como una magnífica oportunidad perdida para mejorar el estado de este. La gestión del patrimonio requiere no solo la mera y escrupulosa aplicación de las leyes, sino, sobre todo, altas dosis de sensibilidad, sentido común, inteligencia e imaginación. El objetivo en la gestión del patrimonio no debe ser "hacer las cosas legales", sino "hacer lo mejor para el patrimonio", y ello implica, en ocasiones como esta, ir más allá de lo legalmente establecido. 

 

Por Juan Antonio Olañeta Molina

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