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Crónica de la Jornada de Románico Local de las coordinaciones de Madrid - Castilla-La Mancha

Jueves, 26 de diciembre de 2019

 

JdRL POR EL ROMÁNICO CIVIL DE SEGOVIA

30 DE NOVIEMBRE DE 2019

EL ROMÁNICO DEL SIGLO XXI. ¿O XXII?  

A este humilde cronista, avezado en viajes por el tiempo, no deja de sorprenderle lo que encuentra en dichos viajes. ¿El pasado? Románico. ¿El presente? Románico. Y Antonio Ruiz… Y audioguías. ¿El futuro? Románico. Y sorpresas. Y audioguías.

Un viaje por el románico civil de la preciosa ciudad de Segovia nos reunió en la puerta del Alcázar de Segovia a amigos del Románico de Castilla León y de Madrid. A nuestro lado había una persona que preguntaba por Tomás Aranda, nuestro coordinador. Su aspecto humilde ocultaba quién era y cómo iba a transformar nuestro viaje en una aventura apasionante: se trataba de José Antonio Ruiz Hernando, conservador del Alcázar, vocal del Patronato del Alcázar de Segovia y cronista oficial de la ciudad de Segovia. Se conoce cada piedra del Alcázar y la historia que hay detrás de cada una de ellas. Comenzaba el viaje.

Ya antes de entrar en el Alcázar, con la contemplación de la inmensa mole del castillo (“castro”, como se llamó en un primer momento al modo romano) nos explicó muchas cosas interesantes: la presencia de varias etapas en su construcción; las torres románicas de los lados; la reforma definitiva de Felipe II en el XVI (que en este monumento introdujo la moda de usar pizarra en los tejados); el esgrafiado, y su historia,  como elemento decorativo presente en el Alcázar y en toda la ciudad; el foso y los distintos momentos de su desarrollo (todavía hay dudas sobre determinados aspectos: ¿llevaría agua en su momento?)… En definitiva, cómo la hoy sede del Archivo Histórico Militar de España se basó en una estructura románica y fue creciendo a lo largo de las distintas reformas que sufrió.

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Le resultó muy curiosa a este cronista la observación de que dentro de una ciudad cuyo nombre de origen celtíbero significa, al parecer, “colina o fortaleza de la victoria”, el Alcázar es el punto más bajo de la ciudad antigua. En palabras de Antonio, Segovia ha estado siempre relacionada con la guerra, al encontrarse en un lugar estratégicamente muy importante. Pero, al mismo tiempo, el culto Alfonso X el Sabio pasó allí mucho tiempo; incluso se cree que allí pudo redactar alguna de sus obras sobre Astronomía.

Ya dentro del Alcázar nos explicó cada zona, cada tramo, el producto de cada evolución. Nos metió por rincones vedados a las visitas habituales. Nos mostró restos del hollín de antiguos incendios; nos explicó cada resto románico que se conserva (rejas, ventanas…), bromeando continuamente y calificándonos poco menos de “odiadores” de todo lo que no era Románico (cada vez se notaba que se sentía más a gusto y desenvuelto y sus explicaciones eran más divertidas); nos hizo subir por escaleras estrechas y sin luz, por las que hay que ser muy conde y muy medieval para subir sin caerte; vimos las “salidas de emergencia” por las que los moradores del Alcázar podían salir en caso de extrema necesidad; nos enseñó dependencias antiguas, modernas; nos mostró elementos de todas las épocas por las que pasó el Alcázar… Un lujo de viaje con un lujo de guía, que nos invitaba a seguir con nuestro viaje.

Pero antes de entrar en la segunda parte quiero hablar de un nuevo “amigo” que nos acompañó en el viaje y que nos acerca al futuro: las audioguías. Es un sistema comodísimo por el cual el guía no tiene que desgañitarse para que todos le oigamos, sino que podemos escucharle, siempre que estemos en un radio cercano, por unos auriculares que se escuchan estupendamente. Cómodo para el guía, cómodo para los viajeros. Nueva muestra, digna de encomio, de que en AdR se apuesta por la modernización de sus actividades.

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Y, ahora sí, entremos en la segunda parte del viaje: el paseo por las calles de Segovia más influenciadas por el Románico; concretamente, por el barrio de las Canonjías. Según define el propio Antonio Ruiz en su muy interesante tesis doctoral La arquitectura civil de estilo románico en la ciudad de Segovia, se trata de un “barrio íntegramente románico que recibe su nombre de los canónigos que, al servicio de Santa María [se refiere a la catedral de la ciudad] lo habitaron hasta la destrucción de la Catedral a consecuencia de las guerras de las comunidades en 1521”. Se trataba de un barrio en el que solo habitaban los canónigos de la catedral y sus sirvientes. Bueno, solo… En palabras aproximadas de nuestro genial guía, documentos de la época decían que no podían entrar las mujeres, excepto aquellas que por sus características físicas no podían inducir al pecado. En fin… Como cosa curiosa, lo primero que nos recibió en nuestro camino por este barrio fue la noticia de que en una de sus casas, la llamada Casa de la Imprenta, se imprimió el primer libro en España.

Se trata de una especie de ciudad dentro de la ciudad. En los siglos XII y XIII contaban con agua corriente (proveniente del acueducto), sus propios bomberos, sus propios lagares… El barrio contaba con tres puertas que se cerraban por la noche. Actualmente solo queda una, ya que las otras dos fueron destruidas, siempre en palabras de nuestro ilustre guía, “con motivo de las bodas de Felipe II para dar cabida al cortejo real que se dirigía al Alcázar”.

La estructura de las casas románicas era siempre prácticamente la misma: una portada, situada siempre en el extremo de la casa, que daba acceso a un zaguán que acababa en un patio (o “patinillo”, término que usa en su tesis y que a este cronista le parece precioso). La casa, habitualmente de dos pisos, contaba con un jardín en el que se plantaban todo tipo de productos: puerros, lechugas, algunos árboles como frutales…

Antonio conoce bien estas casas, porque entre las actividades de su vida profesional estuvo visitarlas y decidir sobre las obras que en ellas se podían hacer para renovarlas, ya que muchas de ellas se encuentran en poder de personas privadas. Nos habló de la variada tipología de las portadas, muchas de las cuales están a la vista de los paseantes, pero que continuamente están apareciendo, tras siglos de estar escondidas por obra de las distintas intervenciones que se han ido haciendo sobre ellas por sus moradores a lo largo del tiempo. Nos habló también de cómo dentro de muchas de las casas se encuentran elementos originales de la época románica. Uno no puede sino fantasear de la cantidad de belleza que tiene que haber dentro de estas casas. ¿Chismorreos? Nos encantan: nos indicó hasta una casa que habría sido del actor James Mason.

Nuestro infatigable andarín siguió camino y nosotros le seguíamos como podíamos. Continuamos por la judería, el mayor barrio judío de España (junto con el de Ávila), ya que aquí vivía el rebino mayor de las aljamas de España.

Y continuó un camino que era largo, pero que era muy grato. Vimos una zona de las murallas de la ciudad, muralla que se conserva entera (excepto dos puertas). Antonio incluso nos indicó alguna supuesta piedra de la muralla y que en realidad eran antiguas lápidas romanas. Vimos la estatua de Agapito Marazuela, ilustre folklorista que influyó de forma definitiva en el nacimiento del folklore castellano a partir de los años 70 del siglo pasado. Conocimos la importancia de Hércules (sí, el hijo de Zeus; bueno, de Júpiter) en muchos elementos decorativos de la ciudad, ya que está muy unido al origen mitológico de la ciudad. Explicándonos el llamado Alcázar Viejo y la próxima Torre de Hércules se permitió bromear sobre las decisiones de algunos arquitectos en las labores de renovación de algunas obras (¿La broma? Dichos arquitectos habían sido alumnos suyos, ya que fue durante 44 años profesor en la Facultad de Arquitectura de Segovia). Incluso pudimos pasar al que él consideraba el patio más bonito de Segovia, el de la Casa de los Rueda, de una belleza realmente espectacular. ¿Más chismorreos? En algún punto de nuestro paseo se rodó parte de La prima Angélica, película de culto de ya hace…

Cansados pero contentos por todo lo visto y aprendido, llegó la hora de la comida. Esta vez nos sentamos al calor de una mesa del restaurante La Codorniz, y sobre todo al calor de un plato de judiones de la granja bien calentitos, dado el frio que hacía fuera del local, la tierra de Segovia es así, junto con un segundo plato de cochinillo marca de garantía, que hizo las delicias de los más exigentes.

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Una vez llenado nuestros estómagos y a los postres, la organización como ya viene siendo habitual sorteo dos regalos, no sin antes entregarle a nuestro guía Antonio, un presente de agradecimiento por su labor de enseñanza, que fue mucha y variada.

Y ya, directamente, a casa. Gracias, Tomás, por permitirnos ir contigo en el coche. Gracias, Juana, por la agradable compañía durante el viaje. Y gracias, Románico, por permitirnos pasar otro precioso día para conocerte mejor.

Tudmir, el Cronista

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