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Crónica de la XXV JdRL de Cantabria y Asturias en Salamanca, el 29 y 30 de junio de 2019

Miércoles, 07 de agosto de 2019

 

Eran alrededor de las 10,30 de la mañana del sábado 29 de junio cuando los amigos del románico y acompañantes fueron llegando a la plaza de Corrillo para participar en las actividades de la XXV J. d.R.L. de Cantabria y Asturias en la ciudad del Tormes. El coordinador, Javier Pelaz, fue presentándonos y los saludos y reencuentros con viejos conocidos facilitó la cordialidad y camaradería que fue acrecentándose desde aquel momento.  También introdujo  al Doctor D. José Luis Hernando Garrido que iba a ejercer de guía durante ese fin de semana.

Estábamos delante de la puerta norte de la iglesia de San Martín y José Luis comenzó situándonos en el ambiente de esta ciudad en el siglo XI, diciendo que estaba localizada en la Extremadura de los reinos cristianos al sur del río Duero, formada por las tierras de las actuales provincias de Soria, Segovia, Ávila y Salamanca. Eran unas extensiones escasamente pobladas y en constante alerta. La situación cambió con la conquista de Toledo por Alfonso VI en 1085 cuando los límites se trasladaron al río Tajo y finalmente en 1102, el rey encargó a su yerno, Raimundo de Borgoña, con el obispo de Ávila y Salamanca, Jerónimo de Perigord, la organización y repoblación de esta zona que ya no era fronteriza. Acudieron toresanos, portugueses, castellanos, francos…  que se establecieron en corrales, o barrios, rodeando las nuevas parroquias protegidos por una cerca.

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Concretamente esta iglesia de San Martín de Tours fue construida en 1103 por el conde Martín Fernández en el barrio de los toresanos. Es el mayor edificio románico de la ciudad después de la catedral. Consta de dos accesos en la actualidad y nosotros entramos por la portada renacentista de la puerta sur que esconde la deteriorada románica. Dentro nos encontramos con una iglesia de planta basilical, tres ábsides de planta semicircular y bóveda de horno, carente de crucero, las tres naves separadas por pilastras robustas compuestas de columnas adosadas sobre pedestales cilíndricos. Se nos informó que las naves laterales estaban cubiertas por unas bóvedas denominadas umbelíferas con las nerviaciones cruzadas como las varillas de un paraguas y los plementos formando anillos concéntricos perfectos. Similares se verían en las bóvedas de la catedral vieja.  Cruzamos la portada occidental románica oculta por la capilla barroca de la virgen de las Angustias y una vez dentro, el guía con sus explicaciones nos permitió admirar lo que queda de ella. Está compuesta por seis arquivoltas decoradas, las cuatro primeras y la última, con diversos motivos vegetales muy trabajados:  flores cuadripétalas, palmetas perladas, carnosas hojas de acanto y herraduras polilobuladas apoyadas en reducidas columnillas. La quinta, la más interesante, presenta diversos temas figurados: una cabeza de león con las fauces abiertas, busto femenino con toca, busto masculino, personajes sedentes, aves con alas extendidas, guerreros y once escenas que forman parte de un mensario con gran desorden en la distribución de las labres de los meses. Todavía conserva restos de policromía. Salimos del templo por la románica puerta norte que bajo un gran arcosolio apuntado adornado con bolas, se encuentra una talla en la que San Martín corta su capa para entregársela a un mendigo. La portada presenta cuatro arquivoltas las más externas con decoración vegetal, una de ellas presenta unos arquillos ultrapasados que recuerdan a los de la catedral de Zamora. Se apean en tres pares de columnas con excelentes capiteles de decoración vegetal excepto uno con dragones de cuellos entrelazados en un lado y con arpías enfrentadas tocadas con caperuzas en el otro.

Nos sumergimos en el bullicio de la plaza Mayor salmantina que cruzamos para enfilar hacia la puerta de Zamora tratando de evitar las diversas tentaciones que ofrecían los diversos establecimientos en una calurosa mañana de junio al paso de los AdR en su camino a la iglesia de San Marcos.

Es un templo de planta circular, construido cerca de la muralla utilizando grandes sillares reutilizados, en un barrio de castellanos. En este templo celebraban sus reuniones los clérigos salmantinos Hay que acceder al interior para ver que consta de tres ábsides de planta semicircular, con bóveda de horno y apuntada en el presbiterio con sus tres naves separadas por gruesas columnas que sostienen siete arcos apuntados para soportar la techumbre de madera. También presenta unas pinturas del siglo XIII de aspecto gótico. En una de ellas, San Cristóbal, el gigantón que lleva al niño sobre sus hombros y le ayuda a cruzar un río sujetando una palmera como cayado y un gran artilugio circular en su brazo izquierdo, también transporta a tres personas en su cinturón. Se comenta que este santo gozó de gran devoción en la Edad Media entre peregrinos, viajeros, arrieros, comerciantes cuya protección invocaban. También se dice que fue muy cuestionado en el Concilio de Trento al ver en él al Hércules de la antigüedad o a Caronte que ayudaba a cruzar la laguna de Estigia a las almas de los difuntos. Vista la posterior proliferación de parroquias dedicadas a esa advocación, parece que el santo sigue gozando de reconocimiento. Además, estaban representadas escenas de la vida de la Virgen.

Desandamos el camino hacia la Plaza Mayor callejeando, sorteando o esquivando los muchos ofrecimientos de menús variados y baratos que proponían los camareros de las múltiples terrazas preparadas a la hora de la comida en la zona sombría de las calles de paso a la plaza de la Universidad.

Allí multitud de turistas se afanaban buscando la rana y a pesar de las indicaciones al respecto de sus respectivas guías no dejaban de preguntar ruidosamente dónde estaba la rana. Tampoco faltaba la señora vociferando las bondades de sus muchos recuerdos, artilugios y cachivaches a la venta.

Nosotros nos refugiamos en el patio cercano donde en la quietud, belleza y sombra de sus arcos, el componente del grupo, Tomás Lozano, comenzó deleitándonos con unas menciones a la vida y vicisitudes de Fray Luis de León, maestro de maestros, un adelantado a su tiempo que tuvo que pagar con la cárcel la expresión de sus ideas innovadoras para volver sin rencor a su cátedra como un gran ejemplo a sus contemporáneos. Para finalizar su gran iniciativa recitando unos versos del Maestro Agustino que cobraron vida en los labios de nuestro amigo. Los presentes le agradecimos su gesto con un buen aplauso.

A continuación, buscamos un lugar a la sombra en la plaza y José Luis nos dijo que la fachada de la Universidad es un canto a la grandeza de la monarquía de la época en las personas de los Reyes Católicos, cuyos retratos están presentes en sendos medallones, sus logros, grandezas adornados por la riqueza de las filigranas de la decoración plasmada en piedra por la habilidad del escultor milagrosamente transformado en platero de la roca. Nos dijo que tal ductilidad del material se debía a las cualidades de la piedra de Villamayor, de las canteras cercanas, blanda y moldeable al ser extraída que se volvía dura al estar expuesta al aire por el paso del tiempo.  También nos hizo observar la particularidad de las construcciones salmantinas en los zócalos, porque debido a la cualidad osmótica de esta roca, que absorbe la humedad en sentido ascendente, disponen de una base de bloques de granito sobre la que se coloca una fina capa de pizarra para soportar los sillares de esta piedra que adquiere tonos dorados con el tiempo y rojizos a la salida o la puesta del sol.

Después de tanto ajetreo, el grupo se dispersó en busca de algún brebaje para refrescar el gaznate acompañado de las muchas y variadas tapas que ofrece el lugar antes de la comida.

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A la hora convenida nos fuimos acercando a la Residencia Fonseca donde nos encontramos que los que habían superado con nota sus respectivos másteres estaban inmortalizando el momento con sus familiares y amigos en el incomparable marco de las escaleras y el claustro.  Nosotros pasamos al comedor y nos aposentamos en las mesas redondas que nos habían asignado para degustar unas deliciosas viandas regadas con unos riquísimos vinos. La conversación, camaradería y buen humor fluyeron como es habitual entre los asistentes a estos eventos.

Con las fuerzas repuestas nos acercamos caminando a la puerta de entrada de la catedral, las escaleras de acceso nos permitieron tomar un descanso antes de entrar en el templo. Dentro, lo primero que impresiona es la solidez y altura de las columnas, además de las filigranas de las nerviaciones de las bóvedas. Pasamos a la catedral vieja y nos encontramos con los invitados a una boda, vestidos para tal ocasión, que se acercaban a ocupar sus localidades. El profesor nos comentó que estábamos en la antigua catedral construida en la segunda mitad del siglo XII en estilo románico. Tenía tres naves con sus respectivos ábsides, pero la nave norte y el transepto correspondiente habían sido mutilados, cortados por la mitad, con la construcción de la nueva ya gótica. Nos mostró sus bóvedas, las nerviaciones del cimborrio, la imagen románica de la Virgen de la Vega que preside la catedral, las pinturas del altar mayor y del transepto… hasta que el sacerdote oficiante de la boda con la llegada de los novios nos invitó a salir. Algunas no pudieron resistir la tentación de quedarse un poquito más. Los demás pasamos al claustro.

                La puerta de acceso presenta una gran portada con arco de medio punto soportado por dos columnas con fuste en zigzag, los capiteles muestran temas animalísticos y desnudos humanos enredados entre el follaje, los cimacios presentan roleos vegetales. Sobre la puerta hay una imposta con los mismos roleos sobre canecillos de cabezas humanas, aves afrontadas y palmetas. A ambos lados del arco hay dos clípeos perforados con decoración vegetal, de aves y el de la izquierda oculta parcialmente la cara de un personaje sonriente de cuya boca salen unos tallos.

 El claustro fue destruido por el terremoto de Lisboa y fue reconstruido en un estilo propio del momento, siglo XVIII. La antigua sala capitular tiene una cúpula con nervios paralelos, tallados en toda su longitud con diversos motivos, que se entrecruzan para formar una estrella sin tocar la clave.  Los arranques de las nerviaciones parten de unas columnitas que se apoyan en cabezas humanas. Me recordaba a la navarra de Torres del Río.

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Los capiteles del corredor del claustro que quedan presentan luchas de animales, jugadores de alquerque… Hay uno en el que dos personajes juegan a las damas en un tablero sobre las rodillas de uno de los jugadores.

Finalizada la ceremonia nupcial pasamos a la catedral y el profesor continuó con las explicaciones de la decoración escultórica de capiteles, arranques de bóvedas, ciclo de Sansón, lucha de caballeros. Programa escultórico…

Ofrecieron la opción de subir a las torres de la catedral y el grupo se dividió. Unos continuaron con las explicaciones del profesor y otros subieron al campanario para descubrir desde tan privilegiada atalaya la ciudad y su entorno. Estos edificios vinieron a constituir una pequeña ciudad para los moradores de sus dependencias: el carcelero que vigilaba a los delincuentes que se refugiaban en el espacio sagrado y así eludir a la justicia civil; el alcalde, máximo responsable de las dependencias; el campanero con el dominio del más del centenar de toques; el relojero ya que Salamanca presumía de tener uno de los primeros relojes mecánicos de España. Las diversas salas constituyen un pequeño museo de documentos, utensilios, planos referentes al lugar que nos encontramos.

                Supone un pequeño esfuerzo subir las interminables escaleras, muchas de caracol, pero las vistas y sensaciones experimentadas desde tan privilegiados lugares lo recompensan. Tener al alcance de la mano la torre del Gallo, sus nervios de cresta de gallo, su escamado, sus torrecillas (parece sacado de los dibujos de las iglesias de los códices); contemplar los ábsides románicos desde las alturas; Ver desde la balaustrada la Catedral Nueva el artesonado y decoración de sus bóvedas, sus capillas, la luz, la altura y solidez de sus columnas…  Si las vistas de la ciudad desde la torre mocha son impresionantes, qué decir de las que se observan desde la sala de las campanas, su punto más alto. Una visión única del conjunto de la catedral, de Salamanca histórica, la ciudad nueva y la inmensidad de su gran llanura. Iniciamos el descenso, previa espera al verde del pequeño semáforo que regulaba el paso por el último tramo de la estrecha escalera de caracol.

A continuación, nos dirigimos a la iglesia de Santo Tomás Cantuariense. Estaba prevista su visita para el día siguiente, pero el problema de agenda del párroco para aquel día nos permitió que la viéramos esa misma tarde. Las mesitas de la terraza del bar anexo a la plaza de la iglesia nos permitió tomarnos un descanso, a la vez que disfrutábamos de unas bebidas muy fresquitas, mientras llegaba el encargado de abrir.

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Esta iglesia fue construida en el barrio repoblado por portogaleses y bregancianos en 1175 en conmemoración del martirio de santo Tomás Becket por los hermanos ingleses Ricardo y Randulfo, Maestros de la Escuela Catedralicia. Fue la primera dedicada a esta advocación en el mundo cristiano.  Tiene planta de cruz latina con tres ábsides en la cabecera y a continuación el transepto y la nave. Al exterior llama la atención los ventanales ciegos de la cabecera. El del muro norte tiene un círculo con radios curvos y el opuesto del sur, un mascarón muy erosionado. Algunos canecillos de las cornisas son interesantes. El interior uno de los capiteles presenta la lucha de caballeros en el arco triunfal. La bóveda del crucero tiene nervios cruzados muy adornados que se apoyan en ménsulas decoradas con máscaras en las pechinas.

Comenzó la dispersión después de esta visita. El que escribe se dirigió a la próxima “Cueva de Salamanca”, una caverna en los muros de la muralla a la que accedía descendiendo una escalera desde el nivel de la calle superior. Es la cripta de la antigua iglesia de San Cebrián, románica del siglo XII. En este lugar, según la leyenda, estaba ubicada la escuela de ciencias ocultas, la puerta de acceso al mundo subterráneo. Cuenta la leyenda que en este espacio Satanás, bajo la apariencia de sacristán, impartía unas doctrinas de ciencias ocultas, astrología y magia a siete alumnos durante siete años, tras los cuales, uno de ellos debía quedar en la cueva a su servicio. Hoy, una puerta en la calle adyacente nos deja al nivel de la cueva. También pude contemplar los últimos rayos de sol tiñendo de colores rojizos las alturas de los edificios cercanos desde la torre anexa del Marqués de Villena.

En mi deambular por las callejas di con una taberna “i Pan, i Vino” en la que degusté una copa de vino MOMENTUM procedente de una variedad de uvas autóctonas denominadas “RUFETE” (la primera vez que oía ese nombre referido a una variedad de frutos de la vid) que se trata de recuperar en su lugar de producción, la sierra de la Peña de Francia, y que me supo a gloria.

La mañana del domingo se presentaba tan calurosa como la del día anterior. Para las diez y cuarto nos reunimos un pequeño grupo con el coordinador y el guía en la plaza del Corrillo para dirigirnos a la iglesia de San Juan de Barbalos donde sentados en las mesas de la placita anexa o inspeccionando los alrededores nos esperaban el resto de los componentes del grupo que habían accedido por otros caminos. Mientras llegaba el párroco, el profesor José Luis Hernando nos informó que fue fundada en la segunda mitad del siglo XII como parroquia del barrio de castellanos, por los caballeros Hospitalarios. Fue convento y también acogió a mujeres disciplinadas que se emparedaban y eran alimentadas por el pueblo.   Presenta una inscripción en el exterior que dice que San Vicente Ferrer predicó en este templo.  En el interior presenta una planta de nave única y ábside semicircular. Una inscripción sobre la puerta norte recuerda la fecha de la consagración por el obispo, Gonzalo Fernández,  acompañado del comendador del Hospital, Juan Ovéquiz, en 1201.En esta iglesia está el Cristo de la Zarza, románico del XII. Saliendo por la puerta norte se accede a un patio que antaño fue el claustro, hoy desaparecido y diseminados sus restos en diversas manos.   

Fuera de programa y para completar la mañana, nos acercamos a la iglesia de San Cristóbal. Se halla en un cerro repoblado por gentes procedentes de Toro en el extremo más oriental de la ciudad. Fue fundada por los Caballeros de la Orden del Hospital de Jerusalén en la primera mitad del siglo XII. Construido el ábside central sobre una roza de granito con algunas tumbas antropomorfas a su alrededor. Sufrió modificaciones en el correr de los tiempos: el ábside central tiene una gran ventana cuadrada. Su estructura se vino abajo en el siglo XVI y se construyó una torre de esa época   en el cimborrio.  Lo más llamativo de este templo desde el exterior es la gran variedad de canecillos, cabezas humanas, animales, …en diverso estado de conservación   que fuimos observando y fotografiando como si fueran los primeros en ser descubiertos.

Terminada la visita y mientras nos desplazábamos a la plaza Mayor, comenzaron las despedidas de quienes no podían asistir a la comida por motivo de viajes o asuntos personales.  Del resto unos quedaron en el lugar para degustar un aperitivo y otros se desplazaron a sus respectivos hoteles a realizar las últimas gestiones para a las 2,30 juntarnos todos a celebrar la comida de despedida en el Mesón Castellano de Castellanos de Moriscos.

Al sentarnos a la mesa fuimos gratamente sorprendidos al ver que el folleto del menú llevaba impreso el logo de los Amigos del Románico. Allí dimos buena cuenta de las sabrosas viandas, en generosas raciones, regadas con un buen vino joven de Toro muy apropiado al menú. Al café y los postres se celebró el sorteo de diversos productos cántabros para alegría y gozo de los afortunados, acompañados del aplauso del resto.  Una de las asistentes nos deleitó con su gracia, salero y dotes persuasivas para ofrecer a la venta unas mochilas azules de AdR; tuvo éxito en su empeño, vendió una.

En este ambiente tan cordial llegó la hora de las despedidas con el deseo de una buena vuelta a casa y el propósito de vernos en un futuro próximo.

Gregorio Pampliega Alegría. AdR, 1128.

 


En memoria de Jaime Cobreros. DEP

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