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Crónica de la XVII Jornada de Senderismo románico en Asturias y Cantabria

Lunes, 12 de diciembre de 2016

 

El pasado 19 de noviembre un grupo de amigos de AdR guiados por Cristina Sánchez y Javier Pelaz comenzamos una bonita jornada en Cangas de Onís. Se reunió un grupo de personas de Asturias y Cantabria entusiastas a pesar del mal tiempo que se pronosticaba.

El punto de encuentro fue la Capilla de la Santa Cruz en Cangas de Onís, interesante por su historia, por lo que significa para los asturianos y por lo que alberga en su interior.

Se dice que este fue el primer templo cristiano levantado tras la invasión del Islam, mandado construir por Favila, hijo de Pelayo, en el año 737. Por lo menos así reza en la lápida fundacional que se conserva en el interior de la Capilla. El nombre de la misma viene de la misma cruz de roble que Pelayo portaba en la batalla de Covadonga y que su hijo, Favila, conservó en su interior. Tras la desgraciada muerte de éste, durante la famosa cacería del oso, fue enterrado allí junto a su esposa, la reina Froiluba.

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De esta manera los monarcas asturianos recibían sepultura en un lugar de especial significado para su pueblo desde tiempos mucho más antiguos. En   interior del edificio se encuentra un dolmen de grandes dimensiones de hace 3000 años a. C. Hablamos de un lugar entre los ríos Güeña y Sella. Las lajas de este dolmen aún conservan grabados y dibujos en tinte rojo así como picados y trazos de adorno en la pared. Sobre el montículo que formaba el dolmen se construyó esta capilla y así quedó preservado este mágico lugar. No obstante, de aquella capilla no queda nada original pues, tras las pertinentes reformas de ampliación (y la más importante en el siglo XVII) fue destruida durante la guerra civil y vuelta a construir en el año 1943 de acuerdo con otros modelos de ermitas populares en la zona.

Y sin embargo, entre aquellas piedras demolidas y nuevas construcciones, pervivió una piedra con una flor de seis pétalos grabada en ella, la única original que por algún motivo alguien conservó y reutilizó en la fábrica actual.

Los que visiten el interior del edificio encontrarán muchos paneles informativos sobre la construcción del monumento megalítico, así como un vídeo sobre la fundación de la Capilla, muy ligada a la historia de la Reconquista y por tanto con un gran valor sentimental para los asturianos.

Tras una foto de recuerdo de nuestro paso en la escalinata de la Capilla, nos dirigimos en coche al cercano pueblo de Corao y disfrutando por cierto de un precioso sol otoñal.

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No podemos pasar por este precioso pueblo sin hablar del alemán que allí vivió: Roberto Frassinelli. A él le debemos el calco que hizo (al parecer de una copia alemana) de la lápida fundacional de la anterior capilla y, siguiendo sus pasos, subimos andando hasta la iglesia románica de Santa Eulalia de Abamia.

En esta iglesia permanecieron sepultados durante varios siglos el rey, Pelayo, y su esposa, Gaudiosa, hasta que, en época de Alfonso X sus restos fueron trasladados a la Santa Cueva en Covadonga. Sus sepulcros, ahora vacíos, se conservan en el interior de la iglesia. De nuevo nos encontramos en un espacio de antiguos cultos paganos como atestiguan los tejos centenarios y, sobre todo, restos de una necrópolis y estelas aparecidas en  el mismo sitio (donado por Frassinelli al Museo Arqueológico Nacional)

La construcción que allí podemos ver data de los siglos XII y XIII aunque, como casi siempre, pesan más todas las modificaciones hechas posteriormente. Y, claro está, una polémica restauración que no sólo afeó su fachado sino que no preservó las valiosas pinturas interiores, totalmente arruinadas por una humedad que no se supo frenar. Tras la capilla –gótica- se añadió la sacristía y después un cabildo que fue suprimido en el siglo XX. Las pinturas, de la época de Carlos III, conmemoraban las gestas de Pelayo.

El templo consta de una nave de tres tramos abovedados y se abre, a través de un arco, a una cabecera cuadrangular cubierta con bóveda de crucería. Pero lo que a nosotros nos admira y no paramos de retratar son las portadas exteriores, sobre todo la meridional. En esta (de tres arquivoltas) fueron esculpidos: un dragón y una sucesión de sarcófagos abiertos que tal parecen viñetas en movimiento. Estos resucitados se dirigen a los tormentos del infierno inocentemente representados en un hombre asándose vivo en un caldero sobre llamas. De los capiteles sobre las columnas, sobre las que reposan las arquivoltas, representaciones de cabezas humanas y hojas de roble y una figura posiblemente femenina que se lleva las manos al pecho y es arrastrada por un demonio (¿qué pecado cometió?  ¿lujuria?)

La tradición popular dice que se trata del obispo Opas, vendido al bando musulmán.

Comenta algún visitante cómo es posible que en un lugar tan aislado y al margen de influencias exteriores, una modesta iglesia rural tenga tanta importancia histórica y profunda carga simbólica.

Crónicas sobre este templo hay muchas. A destacar la detalladísima del cronista de Felipe II, Ambrosio de Morales, que nos relata cómo las gentes del lugar subían a la misa atravesando los densos bosques que rodeaban la zona.

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Tras la sesión fotográfica nos dimos un buen homenaje junto a la iglesia, compartiendo viandas, risas, comentarios y magüestu de castañes y sidrina para bajar tan contentos y continuar viaje a Covadonga. Nadie se animó a ir a pie por la famosa senda de Frassinelli que nos señaló Cristina (eso lo dejamos para otra ocasión), así que llegamos en coche al corazón de Asturias: Santuario de Covadonga.

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La visita a la Basílica nos deparó otra agradable sorpresa: pudimos descansar en su interior escuchando el ensayo de un grupo de música polifónica que preparaban concierto para esa noche. Un broche de oro para un día inolvidable.

Gracias a Javier y Cristina por reunirnos de nuevo. 

María José Fernández Fernández

 

 

 

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