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Crónica de la XVII JdRL-Asturias/Cantabria: Enclaves románicos en el Camino oscense y navarro

Miércoles, 07 de septiembre de 2016

 

Acepté hacer la crónica sobre el fin de semana del veinticinco de junio, en la Jaca, con los AdR de Cantabria-Asturias, porque, a primera vista, pensé que sería fácil. Sin embargo, aceptado el reto, me di cuenta de que describir los lugares y monumentos que habíamos visto cuando existe la página web de “Románico Aragonés”, se iba a convertir en un patético fracaso. Por lo tanto, y después de meditarlo mucho tiempo, decidí que lo mejor era contaros lo que recuerdo de este fantástico viaje.

El sábado veinticinco habíamos quedado a las 9:45 en el Monasterio Nuevo de San Juan de la Peña.  A la hora fijada ya estábamos todos y en el primer autobús nos dirigimos al Monasterio Viejo.  No sé que es más impresionante: si encontrártelo cuando terminas de subir la curva, o plantarte delante de él y poder contemplarlo debajo de su cubierta pétrea.

Es increíble que después de tantos años y debajo de una formación rocosa formada por cantos rodados todavía siga en pie.  Todo el monasterio es maravilloso, pero para mi lo más fantástico es el claustro.  Por fin veía unos capiteles y reconocía las escenas en ellos tallados.  La guía era encantadora, a pesar de que estaba un poco abrumada porque le había tocado el grupo de “expertos”.

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Una vez finalizada la visita fuimos rápidamente a visitar la Iglesia de Santa María de Santa Cruz de la Serós.  ¡Cómo describirla!  Enorme, compacta, y lo que más me llamó la atención fue la estancia levantada sobre el crucero, a la que había que subir por una escalera portátil para poder acceder a la torre. No sé cuál sería la utilidad de esa estancia, pero ¿os imagináis a las monjas subiendo por aquella escalera mientras se remangaban los hábitos?

Desde allí nos acercamos hasta la Iglesia de San Caprasio. La recuerdo pequeña y coqueta.

Y, después de alimentar el espíritu, llegó la hora de comer. Teníamos un largo recorrido hasta Sos del Rey Católico. La comida fue amena y distendida, porque no sólo hemos descubierto bellezas en piedra, sino que también podemos presumir de haber hecho amigos.

Después de comer nos dirigimos al Palacio de Sada (Centro de Interpretación Fernando II de Aragón), y, mientras  nos dirigíamos a la Iglesia de San Esteban y a la Iglesia de la Virgen del Perdón, en la que nos impresionaron las fantásticas pinturas, realizamos una visita guiada por el pueblo. Sos está maravillosamente restaurado, y la iglesia de San Esteban es enorme, adornada con una puerta extraordinaria.  Yo aprendí lo que es un matacán y un mezuzá, elementos que no tienen relación con el románico, pero si con la cultura. Una vez finalizada la visita a este pueblo sorprendente,  por arte de magia nos encontramos casi todos los componentes del grupo delante de la portada de la Iglesia de Santa María de Sangüesa.  Creo que tendré que visitarla muchas veces en el futuro para asimilar toda información que nos ofrece.

En la mañana del domingo, veintiséis de junio,  nos encontramos todos, a la hora acordada, en la lonja grande de la Catedral de Jaca.  La visita guiada por Belén Luque, directora del Museo Catedralicio, fue impresionante, amena y muy bien explicada.  Nos explicó el Crismón de la Lonja Grande, y nos dio la posibilidad de ver cómo eran realmente las iglesias románicas, con las pinturas de la Iglesia de Bagües. Me  llamó la atención la postura de los brazos de los ladrones, que, según nos explicó nuestra guía de lujo, era para indicar que tenían los brazos rotos.  También nos enseñó el serafín  cubierto por sus tres pares de alas, cuajadas de ojos y que repiten sin cesar “Santo, Santo ….” de la Iglesia de San Juan Bautista de Ruesta y la cara que se encontró debajo del rostro del Pantocrátor.  Pero una de las figuras que mas me gustó fue la Virgen de Iguacel, del siglo XI.

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La directora nos indicó que la catedral tiene dos de los más bellos desnudos de románico en los capiteles del “Sacrificio de Isaac”, en la lonja chica y en el capitel del “Sátiro” y, ¿qué decir del capitel del “Rey David”?  Todos ellos magníficos.

Una vez finaliza la visita a la catedral, fuimos al convento de las Benitas para contemplar el sepulcro de Doña Sancha.  Una pena que Belén no pudo explicarlo, pero tuvimos otras ventajas que supimos aprovechar los del grupo.

Después una visita por el pueblo, que celebraba sus fiestas, fuimos a comer: buena comida e inmejorable compañía.

Tras la comida, algunos de nuestros acompañante tuvieron que marcharse porque todavía les quedaba un largo trecho hasta sus hogares.  Los que no teníamos tanta prisa tuvimos la oportunidad de ver el Monasterio de Leyre, su cripta y su “Puerta  Speciosa”, otra portada que merece varias visitas para poder asimilar toda la información.

No puedo terminar sin dar las gracias a los organizadores y a todos mis compañeros por todos los buenos ratos y conocimientos que me transmitieron, y espero que la incipiente amistad que inicié con ellos aumente con el tiempo.

 

Milagros Lagüera

 

 

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