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Crónica de la X JdRL valenciana en Ademuz

Lunes, 04 de noviembre de 2013

 

Continúan las Jornadas de Románico dando satisfacciones al viajero, ávido en su búsqueda de espacios donde sentir que el tiempo se detiene y hablan las piedras de hechos lejanos, que transmiten su mensaje ya con la contemplación personal, ya con voces expertas que tan pacientemente selecciona nuestro amigo Tino. Esta vez el lugar elegido ha resultado ser un peculiar paraje valenciano: el Rincón de Ademuz, o bien podríamos denominar de manera más afectiva el país de los tres reinos, ya que como bien dijo el poeta “en Ademuz, Valencia, Aragón y Castilla juntan paisajes y reparten aguas”.

Y así, los viajeros hemos podido imaginar la huella romana (el antiguo monte Fabio de Castielfabib), la árabe en las sin duda importantes alcazabas fronterizas de Al-Damüs o Castil-al-Habib. O la imponente fuerza repobladora del rey Pedro II que juntó aragoneses y navarros para asentar en territorios ya cristianizados, contando para ello con fuerzas templarías y hospitalarias al ser tierras fronterizas.

Nuestro primer alto en el camino nos llevó a Ademuz, la antigua Al-Damüs y actual capital de la comarca. Ahí pudimos visitar la que quizás sea la obra más emblemática de toda la comarca. Se trata de la ermita de la Virgen de la Huerta, datada en el siglo XIV y que nos sorprende por su sencilla pero bonita portada, que remite a los últimos episodios del románico peninsular, lo que se ha llamado aquí “Románico Terciario” (para los más técnicos, “Románico 3G”).

Ermita de la Virgen de la Huerta

Portada con inscripción hebraica

Posteriormente, y tras una pequeña “ascensión” por las empinadas calles,  nos trasladamos a la iglesia de san Pedro y san Pablo situada en una zona central entre el  caserío y constituida hoy en día en iglesia parroquial. Tras las  sabias explicaciones de Raúl Eslava, gran enamorado de su tierra, los viajeros nos  sorprendimos sobre todo con la contemplación de una preciosa tabla, resto de un antiguo retablo y perteneciente a la escuela valenciana de influencia  flamenca. Realizada por Bertomeu Baró hacia 1460 representa a la Virgen de la leche, tema de tradición antiquísima y relacionado con el primordial culto a la gran diosa madre mediterránea y cuya imagen adquirió gran difusión durante el periodo de la pintura primitiva valenciana. Por cierto, que nos agrado su acertada restauración.

Continuando nuestro recorrido nos encontramos oculto entre el abigarrado caserío los restos, ya que el conjunto desapareció, de lo que fue capilla o tal vez oratorio de un antiguo hospital para pobres, primero de los cuatro existentes en el antiguo Ademuz. Se trata de un sencillo recinto cuadrado que data del siglo XV. Y que  fue refugio de caminantes y alivio de enfermos.

Capilla de san Joaquín y santa Ana

Después de callejear por las estrechas calles para contemplar otros vestigios del pasado, tales como restos de un antiguo horno y otros de un molino harinero, hicimos un alto en el  camino para aliviar el espíritu después de tanta atención, y el cuerpo con un “yantar a la manera de la tierra”.

 Una vez repuestas las fuerzas, dos eran los lugares a visitar a lo largo de la tarde. En primer lugar nos dirigimos a una pequeña aldea, Torrealta, donde, recostada al lado del río Turia, nuestro río valenciano más emblemático, nos encontramos con una pequeña sorpresa.  Allí, durmiendo el sueño de los tiempos, aparece la denominada torre somera. Constituye esta un pequeño torreón perteneciente a una antigua familia de los primeros tiempos de la conquista y a la que quizás la magia del lugar o el tesón de sus propietarios incluidos los más recientes nos han permitido retrotraernos en el tiempo y sentir, al subir por su escueta escalera de caracol en piedra, voces lejanas.

Torre Somera (Torrealta)

La última parada de nuestra jornada es, con permiso de la capital, ”la joya de la corona”. Se trata de Castielfabib. El pueblo incluyendo su caserío se haya recostado sobre la abigarrada mole que constituye su antiguo castillo, que a su vez corona un inmenso promontorio sobre el río Ebrón. La villa, que desde sus principios dependía directamente de los reyes, fue ocupada desde su conquista por templarios al ser zona de conflictos, pasando posteriormente a  la Orden de Montesa y sufrir diversas vicisitudes históricas, de ahí que la iglesia que se halla situada en la cuarta planta de la fortaleza haya  necesitado a lo largo de los siglos continuas remodelaciones. No obstante, la contemplación tanto de su interior como del impresionante paisaje que desde allí se divisa hacen su visita imprescindible.

Iglesia fortificada de Castielfabib

En conjunto, una agradable visita que incita a viajeros primerizos en la zona a una segunda, para saborear mejor lo visto.

Por Margarita Quintana (AdR 1257)

Se pueden ver más fotos de la Jornada aquí.

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