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Crónica de la XI JdRL: Por tierras de repoblación y paisajes cidianos

Viernes, 16 de agosto de 2013

 

POR AMOR AL ARTE, Soria se vio gustosamente invadida los últimos días de Junio por los AdR de Cantabria y Asturias y algunos que nos agregamos desde otros lugares. La plaza de la Catedral de El Burgo de Osma, a cubierto del sol bajo sus soportales, era el punto de encuentro. El templo, de estilo gótico, sustituyó a otro románico y tiene añadidos renacentistas, barrocos y neoclásicos. Un rápido recorrido por el interior nos lleva a admirar, entre tantas obras de arte,  un facsímil del Códice Beato, de 1086,  la sala capitular, que da cobijo al sepulcro de San Pedro de Osma y dos dobles arcos románicos que comunican visualmente la sala capitular con el claustro.

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A la hora del Ángelus ya estábamos en San Esteban de Gormaz, que posee el privilegio de conservar dos iglesias porticadas: la de San Miguel y la de Nuestra Señora del Rivero.

Mientras dos AdR acudían a la iglesia del Rivero a buscar a D. Fortunato, el párroco, que allí nos esperaba, el resto del grupo se consagraba a buscar y descifrar el canecillo del pórtico de San Miguel que contenía la inscripción con el año 1081 como fecha de construcción. Con ello esta galería porticada pasa por ser la más antigua del románico de Castilla. Es un pórtico poco esbelto pues no cumple el canon artístico del románico, como nos explica el cura, ya que la suma de las longitudes del capitel y de la basa debería ser inferior a la del fuste, y no lo es. Ciertos temas se reiteran en los capiteles y canecillos de ambos templos, como el tocante a la vestimenta "a la islámica" de algunos personajes, con el caftán o manto de mangas y hombreras muy pronunciadas, o el tema militar, identificándose algunos soldados pertrechados con armaduras, yelmos o lanzas o montados a caballo.

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Después de una mañana intensa, hacemos una pausa para degustar la gastronomía soriana y recuperar fuerzas pues lo mejor del día estaba aún por llegar.

Bajo un sol deslumbrante, emprendemos camino a Gormaz.  La ermita de San Miguel se alza en una ladera, al pie de la fortaleza. El calor es tremendo, y mientras van viniendo todos, unos buscan la sombra y la penumbra del interior del templo y otros admiramos el paisaje, recordando el poema "A orillas del Duero" de Antonio Machado ("aquéllos diminutos pegujales donde apuntan centenos y trigales"...)

Como el Duero corre hacia la mar, así llegaba nuestro coordinador con un pequeño grupo de rezagados que se habían perdido en mitad de la nada soriana.

Un audiovisual introduce la visita para mostrar el trabajo de restauración realizado en la ermita.

 

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Se agradece enormemente que al frente de estas jornadas se encuentren investigadores de peso y solvencia, como lo es Consuelo Escribano Velasco, arqueóloga de la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Junta de Castilla y León, y responsable de un importante estudio científico en torno a la recuperación de esta iglesia. A su formación académica añade una peculiaridad definitiva: a Consuelo le gusta comunicar. Tiene un discurso vibrante e incitador, que constituye, a nuestro modo de ver, el principal acierto del viaje.

La ermita, de finales del siglo XI, se erige con una nave de planta rectangular separada del ábside por un arco de herradura. Se accede a través de una puerta remontada de estilo "románico", con capiteles reutilizados como basas, fustes de madera encalada y un sillar reaprovechado con una inscripción visigoda; es una "puerta desconcertada, no desconcertante" como dice Consuelo. Hay otra entrada, que estuvo cegada hasta que se realizaron las obras, y que repite el diseño de la puerta califal.

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En el siglo XII, el interior se decoró con pinturas murales que permanecieron cubiertas por el acostumbrado revoco de cal. En el registro superior de la nave, muro norte, se expone un ciclo con pasajes de la Infancia de Cristo; en el intermedio se enfrentan dos grupos de jinetes y en el registro bajo, hoy desaparecido, debían de desplegarse, como en el resto del templo, amplios cortinajes decorados con medallones de animales. En el registro superior del muro sur continúa el ciclo de la Navidad con los Magos ante Herodes y la Matanza de los Inocentes; en el intermedio el ciclo de el Seno de Abraham, con tres figuras nimbadas de cabellos y barbas blancos sosteniendo sobre sus rodillas un lienzo del que sobresalen unas cabecitas, que son las almas de los salvados; la psicostasis, con San Miguel y un diablo junto a la balanza, y el infierno con un enorme dragón-serpiente de doble cabeza que devora a dos personas. En sus muros se conserva también un amplio conjunto de grafitos de diferentes épocas.

En la bóveda del ábside se representa una gran Maiestas Domini. Una paloma, que simboliza al Espíritu Santo, preside la clave de la saetera que ilumina la capilla; tiene las alas desplegadas y la cabeza orientada hacia la bóveda; es exactamente igual a la de San Baudelio, excepto que allí está boca abajo.

¡Dos horas después! ascendemos el cerro hacia la fortaleza califal de Gormaz (siglo X). Es la más extensa de Europa, con un perímetro de un kilómetro y 370 m de longitud de este a oeste. En el extremo oriental está el núcleo residencial y en la parte occidental se encuentra una alberca y la majestuosa doble Puerta Califal.

 El sol va declinando e iniciamos el descenso. Una cerveza fresquita nos espera en el pueblo.

 La cita para la mañana del domingo era en San Baudelio de Berlanga. Construida en el último cuarto del siglo XI a partir de un núcleo eremítico del cual no queda otro resto que la cueva. Se accede por una puerta en arco doble de herradura situada en el muro norte. Lo que llama la atención al entrar es la gran palmera central, cuyo tronco es una alta columna de la que arrancan ocho ramas en forma de arcos de herradura. La nave mostraba una decoración pictórica que, en una rápida presentación, podemos agrupar en cuatro ciclos iconográficos: el friso superior despliega las escenas de la Infancia de Cristo; el del medio la Pasión de Cristo; y en el tercero, las llamadas pinturas bajas, se exponen un conjunto de imágenes profanas o mundanas: escenas de cacería de liebres y de ciervo, un halconero a caballo, animales (oso, elefante, dromedario). Un friso corrido con tema de cortinajes decora la parte baja de los muros. Desgraciadamente, múltiples vicisitudes han llevado a la dispersión de estas pinturas.

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El acceso desde la nave de la iglesia al interior del ábside es a través de una abertura en doble arco de herradura. Destaca la Maiestas Domini y la representación de los santos Nicolás y Baudelio.

La zona occidental está ocupada por una tribuna sostenida por un sistema de columnillas que soportan arcos de herradura. En la capillita de la tribuna, un espacio reservado exclusivamente a los monjes, una diminuta ventana en herradura permite su iluminación desde la puerta de la iglesia y el rayo de luz se sitúa, a esta hora de la mañana, sobre la cabeza de San Miguel en su lucha contra el dragón según nos hace observar nuestra compañera Pilar.

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La aventura de este viaje aún nos aguardaba. En el trayecto a Caltojar, nos desviamos para subir a la atalaya de la Veruela. Los carteles indicadores aconsejaban dejar el coche en la carretera o subir en todoterreno, pero el coche lanzadera, con la guía a bordo y Tomás de piloto, dirige la caravana de vehículos por un camino en mal estado hasta unos corrales abandonados. Desde allí caminamos unos 200 metros, bajo un sol abrasador, como dice el verso, "hollando las hierbas montaraces de fuerte olor -romero, tomillo, salvia, espliego-". Nuestro coordinador acierta, otra vez, a perderse con un grupo de acompañantes; como dijo aquél: "tan a destiempo llega el que va demasiado deprisa como el que se retrasa demasiado". Se trata de una construcción musulmana del siglo X que controla visualmente una amplia zona del valle. Muy bien restaurada, con la entrada en alto y con restos que indican la presencia de un recinto exterior.

Para terminar el trayecto, visitamos la iglesia de San Miguel, en Caltojar, de principios del siglo XIII. Del exterior sobresalen los arquillos lombardos de la cabecera y el tímpano de su portada. Las explicaciones del párroco, D. Guillermo, complementan y enriquecen la visita al interior, destacando el retablo mayor y un magnífico púlpito.

 

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La mayoría de participantes se encaminaron a degustar un almuerzo de despedida, durante el cual se hizo entrega a Consuelo del libro "Románico en Cantabria" de M.A. García Guinea, en agradecimiento al tiempo dedicado.

Así concluyó esta JdRL.  Hay que agradecer el ingente esfuerzo que ha tenido que realizar Javier Pelaz para hacerla posible. El resultado ha sido un recorrido magnífico. Quizás la mayor virtud de esta visita sea el dejarnos con ganas de ver más, con ansias de leer, de llenar huecos y, sobre todo, de volver.

            ¡Hasta pronto, tierra de Soria!

            Miguel Ángel Baños. AdR de Madrid

 

 

 

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