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Crónica de la X JdRL por Otazu, Gazólaz y Occidens

Viernes, 29 de marzo de 2013

 

Una espectacular mañana de invierno, gélida pero soleada, nos recibió en la Portada principal de la Catedral de Pamplona al grupo de ADR junto con Antonio Dabán, coordinador de Navarra y La Rioja. A pesar del intenso frío, todos disfrutamos de la cálida sensación del reencuentro al inicio de otra interesante Jornada del Románico que comenzó con la visita a la exposición Occidens, descubre los orígenes.

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Ya en el interior de la catedral, Saioa, la joven guía, nos situó ante la impresionante portada gótica del claustro, denominada “puerta preciosa”, donde tras explicarnos el objetivo de la exposición permanente nos introdujo en la primera sala dedicada a la herencia grecolatina. La observación de la estratigrafía de las excavaciones arqueológicas que se están desarrollando en la sala de recepciones del antiguo Palacio Real pone en evidencia que el templo cristiano no sólo aparece superpuesto a construcciones romanas como son los restos de una calzada y una domus, sino incluso a una pequeña cabaña indígena en cuyo alero había sido enterrado un bebé. El segundo estadio de la muestra nos condujo a la época medieval en la que el mundo occidental tuvo que redefinirse frente al Islam y logró plasmar en el arte románico una de las más sublimes expresiones de su esencia. Para ejemplificar esta idea fuimos conducidos a una austera capillita del s XIII denominada Capilla de Jesucristo, presidida por la talla de una hermosa Virgen. De allí pasamos al Pórtico Bajo del palacio episcopal donde nos esperaban dos nuevas manifestaciones de arte románico: un tímpano con un espléndido crismón coronado por una enigmática media luna y un sepulcro reutilizable para obispos. Entre calvarios, cruces procesionales, representaciones virtuales y montajes audiovisuales llegamos al impresionante Retablo de las Vírgenes que puso punto final a la visita. Ya de nuevo en el claustro, una peculiar sala de estar pintada en un artificial color rosa nos invitaba a una última reflexión: ¿renunciará el mundo occidental a su herencia cultural milenaria en aras de un relativismo superficial o logrará mantenerse fiel a sus orígenes?

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Dando vueltas a esta sugerente pregunta nos dirigimos a coger los coches para la siguiente visita que no era otra que el Señorío de Otazu situado en la Comarca de Pamplona a donde llegamos en escasos quince minutos. Allí, entre la Sierra del Perdón y la Sierra de Etxauri con su Cabezón nevado, nos encontramos con un hermoso y fértil valle surcado por hileras de viñedos, donde junto a la bodega del siglo XIX y al moderno centro de elaboración de los vinos del Señorío de Otazu perduran un palacio renacentista del s. XVI, una torre de defensa del s. XIV y la iglesia románica de San Esteban del s. XII. La luminosidad de la soleada mañana y la agradable temperatura en un entorno de microclima excepcional nos permitieron disfrutar de una bonita visita guiada paseando entre edificios históricos y esculturas de autores modernos como Manolo Valdés, Martín Chirino, Baltasar Lobo, Farreras y Xavier Mascaró.

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La iglesia de San Esteban, recrecida en el s. XVI y recientemente restaurada, tiene en la actualidad un aspecto muy robusto como consecuencia de la presencia de una recia torre a los pies de la nave y de los contrafuertes que articulan el ábside semicircular. Lo que más nos impactó fue la portada abocinada con tres arquivoltas y un tímpano decorado con un bonito “crismón trinitario”, en palabras de Juan Ramón Ugarte, quien atrajo nuestra atención hacia las dos ménsulas en forma de toro de cuidadas pezuñas y de león andrófago devorando a dos estilizados personajillos.

Una vez realizada la visita a la iglesia románica le llegó el turno a la “catedral del vino” donde recorrimos el museo y la nave de envejecimiento cuya impresionante bóveda es un referente arquitectónico internacional. Después de recibir detalladas explicaciones sobre los procesos de elaboración, crianza y embotellado, pasamos a degustar una reparadora comida regada con los vinos del señorío de Otazu.

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Ya por la tarde llegamos a Sta María de la Purificación de Gazólaz, donde el párroco Don Santiago nos estaba esperando para explicarnos las características de este peculiar templo con atrio porticado del románico tardío (primera mitad del s. XIII). La galería es única en Navarra y con la de Armentia (Álava) son los ejemplares más septentrionales de esta forma arquitectónica típica de la zona de Soria, Segovia y la sierra de la Demanda. Todos los capiteles presentan temas diferentes que van desde los mitológicos (grifos enfrentados, centauro, dragón) a los historiados (Sacrificio de Abraham, entrada de Jesús en Jerusalén, Pasión de Cristo…) pasando por todo tipo de decoraciones vegetales (entrelazos vegetales, espirales, palmetas) y animales (toro, caballo, aves picoteándose las patas…). La portada abocinada recuerda a la de San Esteban pero resulta más rica e impactante. Tiene tres arquivoltas sobre columnas con capiteles de tema vegetal y entrelazos. El tímpano presenta un crismón trinitario y se apoya en dos ménsulas que representan un toro, a la izquierda, y un león andrófago devorando a un hombre, a la derecha, como en San Esteban de Otazu. Toda esta riqueza ornamental del exterior contrasta con la sencillez del interior, donde Don Santiago nos mostró el retablo barroco del altar, una lápida de alabastro del s. XVI con inscripciones y una sobria pila bautismal románica.

Cuando salimos del templo la temperatura ya había bajado y empezaba a oscurecer. La jornada tocaba a su fin con la despedida de los ADR y la satisfacción de haber disfrutado de un interesante recorrido por el románico de Navarra.

 María Jesús Ramírez Díez

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