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Crónica de la XV JdRL de Madrid: Exposición Pórtico Virtual

Lunes, 04 de marzo de 2013

 

Corría el año 1188. En su mes de abril se asentó en forma de piedra un antes y un después en las obras de la más delicada de las basílicas denominadas por la historiografía como iglesias de peregrinación. Desde hacía más un siglo en la ciudad de Compostela los obradores habían mantenido una más o menos continuada actividad dando forma con sus talleres a una magna construcción destinada a glorificar el cuerpo yacente del Apóstol Santiago, Hijo del Trueno y uno de los Doce que gozaron de las enseñanzas de Cristo tras ser reclamado en el Kennereth o Mar de Galilea. Esta basílica, que con el prelado Diego Gelmírez se vería dignificada al ser nombrada catedral metropolitana, vería cómo poco a poco manos de diferentes procedencias y estilos irían dando forma a capillas, capiteles y portadas. Tres eran los principales ingresos al templo, y de ellas, una pasaría a la historia por su extraordinaria calidad. Esta portada, la occidental, atribuida al taller del Maestro Mateo y denominada como Pórtico de la Gloria, ha sufrido en el discurrir de los siglos un voraz ataque fruto de la erosión, la humedad, y otros agentes que, de no actuar sobre ellos, seguirán dañando irremediablemente lo que históricos monarcas, incontables gallegos, y millones de peregrinos y visitantes han admirado.

Ocho siglos después de aquel día otras manos siguen trabajando en el pórtico, esta vez no para darle forma, sino para evitar su degradación. La Fundación Barrié, dentro del Programa Catedral, decidió montar una exposición didáctica denominada Pórtico Virtual con objeto de hacer llegar a las gentes el porqué de la intervención. Madrid ha tenido la gran suerte de acoger durante unos meses esta muestra en las dependencias del Conde Duque. El histórico cuartel ha combinado armoniosamente su arquitectura dieciochesca con una exposición moderna y ágil sobre un bien del siglo XII. Y su comisario, el profesor Francisco Prado Vilar, tuvo la gentileza de explicar hasta lo que no está expuesto a dos nutridos grupos de AdRs madrileños el pasado 2 de febrero.

Entrada barroca del Cuartel del Conde Duque (Madrid). Año de 1720.

 

Cuando se entra en la sala el visitante es recibido por decenas de fotografías de gran tamaño dispuestas entre los pilares de granito que sujetan las bóvedas del habitáculo. Dichas fotografías llevan doble sentido: de entrada mostrar detalles a gran escala de figuras y elementos del Pórtico de la Gloria y su estado, y de vuelta lo que está siendo la restauración.

Prado Vilar comenzó con una síntesis de la historia y cronología de la obra mateana poniendo el pórtico en su lugar y a los oyentes en el momento en el que la Gloria se hizo piedra en la catedral compostelana. Nuestro excepcional guía hizo hincapié en que el conjunto del pórtico no debe ser tratado como un tríptico, sino como una obra espacial comprendida por las tres portadas que lo componen más el espacio que queda entre el exterior y el que hay bajo y sobre él. También diferenció la iconografía no ya solo en las diferentes manos que labraron el granito, sino en la dualidad de las figuras coronadas al hacer referencia al poder regio tras ser considerada la Catedral de Santiago como Real por Fernando II, y a la litúrgica pascual al representar el triunfo de Cristo sobre la muerte.

La muestra continúa con la única pieza original de la exposición, una verdadera obra de arte: el Pórtico de la Gloria de Jenaro Pérez Villaamil, óleo sobre tela pintado en 1849. Este cuadro, de considerables dimensiones, es un magnífico ejemplo para hacerse una idea de cómo era la policromía que lucían las figuras del pórtico en el momento en que fue pintado por el autor. Prado Vilar no reparó en explicaciones a cerca de los detalles de la obra y de los hechos que vivió el pórtico en el siglo XIX, especialmente cuando se hizo el famoso y polémico vaciado en escayola para el Victoria & Albert Museum de Londres.

 

Recreación virtual del Pórtico de la Gloria. Exposición Pórtico Virtual. Fundación Barrié.

 

Llegados a este punto, la exposición cambia radicalmente para sumergir al visitante en la cruda realidad de lo que le está sucediendo al Pórtico de la Gloria. Los pasos no distinguen el cambio, pero sí los sentidos, pues un gran mural repleto de sales, humedades y bacterias abre los ojos, no sabiendo hacia dónde dirigirlos, si hacia la fotografía general del pórtico para no sufrir o hacia los detalles que apuntan por doquier diciendo “ahí le duele”. Y pensar que al comienzo de los estudios previos a la restauración hubo colectivos que no estaban a favor de la intervención… Prado Vilar cambió radicalmente el tono de sus explicaciones por palabras tan duras como el granito. La desviación de la torre sur de momento no hace peligrar la estabilidad del pórtico, pero sí todos y cada uno de los agentes que poco a poco van comiendo los poros de la piedra hasta conseguir la fractura y desprendimiento de la misma. La climatología no ayuda, y esa humedad propiciada por la lluvia, que en Santiago se considera arte, hasta se condensa por detrás de las placas que conforman el tímpano. Porque éstas no están encastradas directamente sobre la base, sino como si fueran exentas dejando un espacio interior. Y ahí, especialmente ahí, es donde uno de los principales problemas está carcomiendo tan maravillosa obra.

Entre fotografías de los especialistas interviniendo sobre los apóstoles de las jambas, los ángeles con los objetos de la Pasión, o sobre los Ancianos y otras secciones del pórtico, se ofrecen al visitante otros detalles dedicados, por ejemplo, a las diferentes policromías de las figuras, hasta cinco de diferentes épocas. De oro unas y de lapislázuli otras, quizá la más elegante es aquella que en el siglo XVI invadió los ropajes para aplicar sobre ellos brocados aplicados de estaño y oro como si el pórtico fuera un retablo flamenco. Uno piensa en cómo debió lucir el conjunto, y se lamenta profundamente ante la casi pérdida de semejante belleza.

Al finalizar la visita Prado Vilar fue ávidamente preguntado sobre cuestiones varias sobre el pórtico, su iconografía, relaciones estilísticas y artísticas, y de la propia restauración que fueron sabiamente respondidas. He de decir que es una delicia escucharle, y que los minutos se te hacen segundos. Por todo ello, por compartir con AdR su vasto conocimiento y por ofrecerse incondicionalmente a explicar por dos veces la exposición, recibió de manos de nuestro Vicepresidente, José Luis Beltrán, como sentido agradecimiento el bolígrafo honorífico de Amigos del Románico. Gracias es poco, Francisco.

Javier de la Fuente. AdR 237

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