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Crónica de JdRL invernal: por terras de Baiona e Oia

Viernes, 15 de febrero de 2013

 

El día uno de diciembre de 2012 amanece frío y soleado después de más de una semana de lluvias. Los rezos de los ADR gallegos parece que han sido atendidos y, para agradecer esta bendición, se reúnen puntualmente en La Ramallosa, en el aparcamiento que hay frente al cine Imperial. Son unas 35 personas venidas de diferentes puntos de Galicia que con buen ánimo y algo de frío se disponen a recorrer algunos rincones de estas tierras de Baiona y Oia.

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Al frente de la expedición llevan a Pablo Beloso que como conocedor de su tierra dirige con mano segura a los despistados expedicionarios por las intrincadas carreteras que recorren las distintas aldeas del valle hasta llegar al primer objetivo: Sta. Eulalia de Donas.

En la pequeña plaza que se abre delante del templo espera la que será guía del grupo a lo largo de toda la mañana, Margarita.

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Ésta es una iglesia resto de un antiguo monasterio de monjas de mediados del siglo XII. Su portada presenta  tres arquivoltas, la exterior abilletada, otra de bolas y la interior de baquetones. Toda ella va enmarcada por una chambrana también abilletada.

La nave es única con tres ventanas en los muros sostenidos por columnas en las que destaca uno de los capiteles con aves afrontadas. A lo largo de los muros se observa una imposta.

El ábside está cubierto por una bóveda de cañón y sustentado por dos arcos fajones con capiteles historiados. El arco triunfal se apoya directamente en el muro.

Una vez rematadas las explicaciones de Margarita y hechas las fotos de rigor, la decidida tropa de románicos emprende la marcha entre los muros de una antigua calzada real rumbo al corazón espiritual de Baiona la Real. Así desembarcan en la plaza frente a la antigua colegiata, hoy iglesia parroquial de Sta. María la Mayor. Allí los recibe amablemente el cura párroco que se ofrece a facilitar lo que sea necesario para una visita formativa e informativa agradable.

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Margarita retoma sus explicaciones sobre las vicisitudes que a lo largo de su historia ha sufrido este hermoso templo desde su fundación allá por el 1278. Hoy se puede ver las intervenciones que ha sufrido a lo largo de todas las etapas constructivas desde el románico al barroco pasando por el gótico.

En sus muros se ven marcas de canteros o cofradías que intervinieron en la construcción. De estos llama la atención un barco grabado en uno de los arcos por ser un barco que no es propio de la zona, si no de Francia. Aquí explica Margarita la estrecha relación que  existió desde antiguo con el país vecino.

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A continuación la expedición vuelve sobre sus pasos, la visita a la colegiata estaba marcada por imperativos del culto, para dirigirse a una iglesia del siglo XX de marcado estilo ecléctico…    ¿ Qué hacen aquí los amantes del viejo románico? Nada es la contestación lógica, pero la sorpresa reside en el interior, muy en el interior. En la sacristía en su parte interna se conserva una puerta románica en la que sobresale el tímpano por el problema que plantea su decoración: una figura humana con un libro en la mano rodeada por la que sería un árbol esquematizado y unas cruces en forma de pétalos. Sobre esta figura varias explicaciones algunas aceptadas, otras discutidas y otras rechazadas pero ninguna totalmente segura.

Con la interrogante sin resolver, ahora el grupo se desplaza a la próxima ermita de Santa Marta situada en una pequeña península desde la que se puede contemplar la maravillosa bahía de Baiona bañada por el sol otoñal que continúa acompañando a nuestros amigos.

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Santa Marta es una pequeña ermita de traza románica de la que conserva algunos canecillos muy bastos y maltratados y un arco triunfal. Es un milagro que aun queden en pie estos viejos muros luego de haber sufrido saqueos, incluso incendios por parte de los piratas que durante siglos asolaron estas costas.

La mañana va vencida y los expedicionarios sienten que sus fuerzas empiezan a flaquear por lo que se impone un alto en el camino y atender a la llamada de la naturaleza. Invaden, pacíficamente el restaurante que, en un marco incomparable frente al océano en una costa rocosa y batida por las olas, les ofrece un descanso y la posibilidad de reponer fuerzas para el último asalto del día.

Finalizada la comida se dirigen al cercano monasterio de Oia, hoy propiedad privada y en mal estado de conservación. A pesar de ello una asociación de Amigos de Oia se han empeñado en conseguir su restauración y han llegado a un acuerdo con el propietario para abrirlo al público y conseguir financiación.

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La visita es limitada por el estado del edificio, aun así se puede ver el claustro del siglo XVI y algunas dependencias. Sobre todo se tiene acceso a contemplar el exterior del templo del monasterio, hoy iglesia parroquial donde se ven parte de los muros y canecillos todo muy austero siguiendo el concepto constructivo del Cister, orden a la que perteneció este monasterio. Es interesante conocer el tipo de vida de estos monjes en un monasterio, el único, costero con sus métodos de pesca de los que aun son visibles los restos del muro que cercaba la pequeña cala que hay frente al edificio y que permitía que al subir la marea entrasen los peces que, en la bajamar quedaban atrapados en las redes que cerraban la salida al mar.

La iglesia tiene planta de cruz latina con tres naves y un crucero con cinco capillas. La decoración es muy sobria como corresponde a una iglesia del Cister. Hoy destaca el retablo barroco.

Finalizada la visita los cansados componentes del grupo salen al exterior en el que les aguarda la última sorpresa del día, la impresionante puesta del sol sobre el mar que tiñe de oro la fachada occidental de la iglesia y todo el contorno que poco a poco va desapareciendo en la creciente oscuridad.

María Luisa Álvarez Arango

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