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Crónica de la JdRL de otoño por tierras de la Ribeira Sacra en la provincia de Lugo

Miércoles, 23 de enero de 2013

 

Sábado 6 de octubre. Los “adeerres” de Galicia amanecemos ilusionados por la nueva convocatoria de nuestro coordinador local y mestre Augusto y nos disponemos a iniciar una emocionante jornada para descubrir una pequeña parte de los tesoros románicos que esconde la Ribeira Sacra, plena de antiguos y recónditos monasterios e iglesias rurales. Recorreremos las riberas de nuestro “Pai Miño”, con sus laderas  en socalcos o bancales llenos de viñedos que estos días están en plena actividad por lo tardío de la vendimia.

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En Ferreira de Pantón nos reunimos 33 amigos procedentes de Vilagarcía, Caldas, Santiago, Ourense, Baiona, Vigo e incluso otro de tierras más lejanas, llegado de Guadalajara.  Allí nos recibe nuestro anfitrión y organizador de la visita, Francisco Ruíz Aldereguía, marino y escritor, profundo y apasionado conocedor de la zona que dejó sus singladuras por esos mares y amarró su nave en la Ribeira sacra. Es autor de un magnífico “Cuaderno del Románico de la Ribeira Sacra”, libro de viajes e guía inestimable con toda clase de información útil y precisa e itinerarios organizados por las iglesias y edificios románicos más representativos de la zona.

Tras los saludos y explicaciones de rigor sobre el itinerario y dar cuenta de un café con sabroso bizcocho casero en el bar Amandino, una caravana de nueve coches parte dispuesta a recorrer carreteras y caminos rurales, entre viñas, vendimiadores y verdes paisajes que pronto adquirirán color de otoño.

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Cruzando el Miño hacia tierras de Chantada nos detenemos en la presa de Belesar,  donde nos aguarda Beatriz, guía especializada en los monumentos románicos de la zona que será nuestra conductora por los lugares que visitamos y ¡muy importante!, la portadora de las llaves que nos permiten acceder al interior de las iglesias. Aquí descubrimos la primera de las bóvedas del día: la de la presa, una obra de ingeniería del siglo XX que poco tiene que ver con las bóvedas románicas que veremos después. El embalse presenta un nivel algo escaso de agua, pero al frente tenemos una magnífica perspectiva del viejo Miño con sus verdes laderas llenas de vides y de vida.

Reanudamos el recorrido rumbo a Santa María de Pesqueiras, cuyo nombre parece estar relacionado con un tipo de arte de pesca bastante extendida en el cercano río. Está enclavada en un bello y recóndito paraje entre castaños centenarios, difícil de localizar de no ser por nuestros guías. La mayoría descendemos por un hermoso camino entre bosques que ya empiezan adquirir tonos dorados, donde encontramos una pareja de cerdos celtas pastando tranquilamente en un cercado. Otros lo hacen en coche, como nuestra amiga Luisa que, a pesar de caminar con muleta por su pie recién operado, no quiere perderse esta jornada.

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Beatriz, Francisco y Augusto (¡qué lujo de informadores!) nos ilustran sobre esta iglesia del s. XII, antiguo monasterio de monjas benedictinas. Nos encontramos ante una iglesia de planta basilical con una sola nave en dos niveles para adaptarse a la pendiente del terreno, y cabecera de ábside semicircular cubierta con bóveda de cuarto de esfera, precedida de bóveda de cañón en su tramo recto. La cabecera presenta tres absidiolos con saeteras que no se aprecian en el exterior y unas interesantes pinturas del XVI muy bien conservadas. También encontramos una bella pila bautismal románica con forma de capitel, decorada con sirenas y peces.  En su exterior destacan por su decoración la portada sur y las cuatro ventanas que llevan los muros laterales.

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Proseguimos nuestro recorrido por caminos y vericuetos rurales cruzándonos con tractores cargados de uvas. Los últimos de la cola nos perdemos en ese laberinto hasta que -¡benditos teléfonos móviles!- localizamos el grueso de la caravana. Alcanzamos la carretera principal y allá en la otra orilla, colgado en  un punto alto sobre el cañón del Miño, rodeado de verde vegetación, divisamos asombrados nuestro siguiente objetivo.

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Cruzamos de nuevo el río rumbo a tierras de O Saviñao, iniciamos el ascenso entre viñas y castaños y llegamos a la iglesia de San Estevo de Ribas de Miño, joya del románico de la Ribeira Sacra de data incierta (s. XII-principios del XIII). Llama la atención su situación en un fuerte desnivel, que se salva por la construcción de una cripta con bóveda de cañón para sostener la fachada principal, orientada al río, y el impresionante panorama que se divisa desde allí. La fachada principal, coronada por un gran rosetón, presenta una bella portada abocinada de cuatro arquivoltas de medio punto de distinta decoración, sobre columnas acodilladas con capiteles de decoración vegetal las exteriores y con dragones y arpías las dos interiores. En la arquivolta menor  aparecen siete personajes sentados, cinco de ellos que parecen ser músicos, otro llevando una media luna y el central un disco solar, con disposición que recuerda la de los ancianos del Apocalipsis. El tímpano va sobre dos mochetas que representan un ángel y un animal monstruoso. Otra peculiaridad del exterior es que el ábside está reforzado por arbotantes que lo unen a la pared de roca que hubo que excavar para su construcción.

Ya en el interior, tenemos oportunidad de subir por una angosta escalera de caracol hasta el balcón del rosetón, cuyas grandes dimensiones apreciamos de cerca, y contemplar una iglesia de nave única dividida en cuatro tramos, con cubierta de madera sobre arcos apuntados, y ábside semicircular con bóveda cuatripartita y tres absidiolos. Aquí se conserva una Epifanía en piedra con algo de policromía del S.XVI.

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Nuestro siguiente objetivo es la iglesia monacal de San Martiño da Cova (finales del XII-principios del XIII), modelo de iglesia románica del rural gallego situada en un lugar privilegiado, en una cuesta llena de viñedos frente al conocido como “O Cabo do Mundo”, un cerrado meandro que forma el Miño rodeando una verde península. Por su orientación litúrgica hacia el río y el desnivel del terreno, su interior presenta tres niveles salvados por escalones, siendo el más alto el del presbiterio, y la habitual planta basilical de una nave y ábside semicircular.

Tantas maravillas nos abren el apetito y por fin nos dirigimos a comer a un cercano restaurante también con vistas al espectacular Cabo do Mundo. Comemos en una terraza exterior, en una mesa larga que parece de boda y damos cuenta de una buena comida en la que no faltan unas sabrosas truchas, todo convenientemente regado con buen vino de la zona.

Bien alimentados y después de un agradable rato de confraternización, empezamos con nuevas energías las visitas de la tarde, ahora por tierras de Pantón.

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La primera parada es en la iglesia de San Miguel de Eiré, antiguo monasterio de monjas benedictinas, en la que inmediatamente nos llama la atención la maciza torre campanario que ocupa todo el ancho del edificio, a modo de crucero no destacado en planta. También destaca por su bella decoración la portada norte, que es la principal. Consta de una única arquivolta decorada con  estrías y pequeñas bolas sobre la que va un arco de dovelas decoradas con rosetas, excepto la central, en la que aparece un Agnus Dei. El tímpano se decora con arcos entrelazados y descansa sobre mochetas, la izquierda adornada  con vegetales y una cabeza humana y la derecha con dos leones alados de cabeza humana y la inscripción LUMA, que da lugar a diferentes interpretaciones (¿Lucas y Mateo?). Siguiendo por el exterior, la cabecera de ábside semicircular también presenta una rica ornamentación con capiteles de hojas caladas en las columnas de sus ventanas y una interesante colección de canecillos de temática variada.

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En su interior apreciamos una nave única cuadrada y un tramo recto, el crucero sobre el que se eleva la torre, cubierto por bóveda oblonga. También encontramos unos capiteles bellamente decorados y unas pinturas murales del S. XVI en la bóveda del ábside que representan un Pantocrátor, la Virgen y San Juan. En un muro lateral se conserva una ventanita geminada con arcos de herradura, probable herencia de un edificio prerrománico.  

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Nos dirigimos ahora a San Estevo de Atán, en otro bello paraje con el Miño como telón de fondo. Se trata de una iglesia tardía, de origen incierto, que fue muy modificada. Consta de una sola nave con cubierta de madera y cabecera cuadrada con bóveda de sillería. Su interior es muy sencillo, presenta unas pinturas murales renacentistas y una extraña estructura a modo de coro añadida recientemente, en la que encontramos todo un muestrario de ropa eclesiástica colgada en sus barandillas como si la hubieran puesto a ventilar. En el exterior destacan por su decoración las puertas norte y oeste, con arcos algo apuntados, y unas ventanas con celosías en los muros que hablan de un incierto origen prerrománico.

El final de esta visita nos depara la anécdota de la jornada, protagonizada por el coche de Pablo que poco a poco se había ido deslizando y quedó en peligroso equilibrio sobre un terraplén, con las ruedas traseras en el aire y el morro hundido en la vegetación. Afortunadamente, el gran susto de su propietario sólo quedó en eso y el tema se solucionó con la ayuda de una grúa.

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Y ya llegamos a nuestro último destino, el monasterio cisterciense del Divino Salvador de Pantón, único de la Ribeira Sacra que aún mantiene una activa vida monacal. Su origen está documentado en el S. X como dúplice y en el XII pasa a ser monasterio femenino de la orden del Císter, habitado en la actualidad por una pequeña comunidad de monjas bernardas. Al acceder al recinto nos encontramos el ábside semicircular de la iglesia románica, decorado con capiteles y canecillos de temática variada, y con el resto de las dependencias monacales, que son posteriores. Beatriz y Francisco nos explican sus características y así nos enteramos  de que el ala norte, conocida como  “casa das donas”, era el lugar de residencia de señoras de familias principales que, sin ser religiosas, se retiraban al monasterio para hacer vida pía, disponiendo de criadas a su servicio. Entramos en la iglesia y enseguida notamos el contraste entre la nave, muy sobria, y la rica decoración del ábside, que nos habla de un Románico pleno. La nave está cubierta por un artesonado de madera de origen mudéjar, mientras que el ábside se cubre con bóveda de horno y el tramo recto que precede al mismo lleva bóveda de cañón. En el presbiterio hay dos sepulcros góticos de arcosolio con dos caballeros yacentes que corresponden a Diego de Lemos, destacado caudillo de la revolución Irmandiña muerto en 1492, y Lope de Lemos. En la iglesia se conserva una bella talla románica en madera de una Virgen sedente con el Niño.  

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Del interior del monasterio propiamente dicho sólo vemos un bien conservado claustro renacentista del Siglo XVI a través de una puerta de cristal y la tienda donde las monjas venden los ricos dulces almendrados que elaboran para delicia de los más golosos.

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Y aquí se acaba nuestra jornada. Nos despedimos de nuestra guía Beatriz, que tan bien nos ilustró las visitas, y de algunos amigos que ya parten hacia sus lugares, cansados pero muy satisfechos por la intensa jornada vivida y lo mucho que disfrutamos. Otros nos quedamos para tomar un último café y despedirnos de Francisco, nuestro anfitrión, al que estamos profundamente agradecidos por descubrirnos tantas maravillas románicas  y con el que esperamos organizar futuras visitas. La Ribeira Sacra es grande y aún nos queda mucho por conocer.

 

Belén G. Trallero

 

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