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Crónica de la VII JRL Valencia y Levante del pasado 21 de mayo

Lunes, 06 de junio de 2011

 

 Castillos fronterizos y Cúpulas Almohades

El pasado día 21, tras muchas “vueltas y revueltas” acudí finalmente a la excursión organizada por Tino, nuestro coordinador regional, para visitar los castillos de Biar, Villena y Sax, situados en la antigua frontera castellano-aragonesa y causa de litigios y enfrentamientos entre los dos reinos durante la época medieval. Lo que sigue es una especie de crónica de la misma.

Se podría iniciar este relato diciendo que no había nada de románico en lo que íbamos a visitar, solo una coincidencia cronológica, ya que la llegada de los almohades se produce en 1.146, precisamente cuando el románico alcanzaba en el norte de la península un auge espectacular, pero fue una buena iniciativa de Tino, supongo que para hacer coincidir a los románicos y para que no cayéramos en una pereza desmedida.

Empezamos visitando el castillo de Biar, lugar de la cita. A las diez y media estábamos todos los que éramos. Pudimos llegar con los coches cerca del monumento, pero aún tuvimos que subir una pequeña cuesta con una pendiente no tan pequeña para llegar a sus puertas, que nos abrió una joven guía, a la que hay que agradecer su atención, a pesar de que era sábado.

Dado que se trata de impresiones personales y teniendo hoy en día con los medios que existen acceso en unos segundos a cualquier información sobre el castillo, eludo la parte histórica y arquitectónica, aunque sí quiero mencionar la impresión que me produjeron los diecisiete metros de la torre del homenaje y su interior resuelto en tres plantas, siendo uno de los aspectos que más llamaron mi atención las distintas cubiertas utilizadas en cada una de ellas. En la primera se utiliza la bóveda de cañón y en las otras dos, cúpulas nervadas, con ocho arcos excéntricos en la segunda planta, lo que origina la formación de una figura geométrica en la clave de la cúpula, mientras que en la tercera los arcos definidos como de meridiano, también en número de ocho, se juntan en la clave.

Las fotografías de rigor, una charla muy interesante con la que nos obsequió la guía sobre el castillo y su significado, ilustrándonos sobre las cúpulas almohades mencionadas.

Terminada la visita nos dirigimos a Villena, segunda etapa de nuestro regreso al pasado.

 Los AdR en el Castillo de Villena (Foto Paco Gomis)

El Castillo de la Atalaya es el mejor conservado y el más majestuoso. No en vano era la vivienda del poderoso señor de Villena -otra vez reminiscencias castellanas-. En ésta ocasión, dejamos los coches casi a la par de la altura del castillo. Referente a su historia y arquitectura, me remito a lo que apunto anteriormente. Sólo mencionar, por mi parte, las dos cúpulas nervadas, que cierran la primera y segunda planta de la torre del homenaje -netamente almohades, porque las otras dos plantas se construyen bajo el signo cristiano-, similares a la de la segunda planta de Biar. En la primera se entrecruzan, al igual que en aquella, ocho nervios o arcos excéntricos, mientras que en la segunda el número de arcos es de once.

Al igual que en Biar, una guapa y joven guía, Sarai, nos fue contando muy amenamente la historia del castillo y algunos retazos de la vida del marqués, mientras paseábamos por su patio y visitábamos la torre del homenaje, en donde nos dio un interesante discurso sobre las bóvedas ya mencionadas. Y quiero comentar aquí algo muy importante. Bendita sea la costumbre de buscar y contratar juventud y belleza femeninas, amén de cultura, porque es indudable que la visita tiene más aliciente, ya que la mujer tiene verbo más fácil, normalmente se expresa mejor que los hombres y, en mi caso, que carezco de parte del sentido auditivo, su timbre de voz llena perfectamente lo que me queda de esa capacidad.Vuelvo al relato. Las fotos, nuestro agradecimiento a la guía y a seguir con la historia pasada.

Solo nos quedaba Sax, y aquí hubo un poco de “traición”. Primero fuimos a reponer fuerzas. Tras nada de sobremesa, nos dirigimos al castillo. Y aquí entra la “traición”. Pongan en marcha su imaginación. Sitúense. Recién comidos. Un sol de justicia. Y una subida justiciera sin apenas sombra.

 Los AdR en el Castillo de Sax (Foto Tino Nevado)

Pero había buen humor y poco a poco, superando las dificultades mientras charlábamos informalmente con nuestros guías y entre nosotros, llegamos a la cima, donde tuvimos la suerte de darnos cuenta que contábamos con la compañía de dos personas enamoradas de lo que estaban haciendo: narrar cosas de su castillo y de su pueblo. Se trataba del Cronista Local, don Vicente Vázquez y de la responsable del Centro de Estudios y del Archivo Histórico Municipal (CEAHM), doña Rosa Galvañ. Oyéndolos y escuchándolos -porque a veces se oye y no se escucha-, perdonamos la cuesta, el calor y el cansancio. Fue una amena lección de historia y arte local, con una loable disposición para contestar y aclarar cuantas preguntas y dudas pudieran surgir, y desde este proyecto de crónica, creo que en nombre de mis compañeros y en el mío propio debo darles las gracias por su atención y por sacrificar, en sábado, un poco de su merecido ocio y descanso para atendernos, primero en el castillo y luego cuando paseamos el pueblo. Mi más efusiva felicitación, que estoy seguro también suscriben mis compañeros, por su dedicación y su entusiasmo, y felicitar también al Ayuntamiento por contar con personas como ellas.

Y como todas las cosas, se terminó. Cambio de impresiones, comentarios, despedidas, intercambio de teléfonos, e-mail…, y vuelta a casa, con la cabeza llena de sensaciones nuevas.

Ya en casa, recogido otra vez en mi soledad, y con la noche como compañera, examino críticamente lo acaecido, me sitúo en la época, empiezo a buscar en la memoria, analizo lo que acude a ella, relaciono ideas y conceptos con lo que he visto, y pienso en las cúpulas nervadas, tan características del arte musulmán, y de las cuales tenemos un hermosísimo ejemplo en el mirhab de la Mezquita de Córdoba, y la influencia que han tenido en el románico peninsular.

Con tantos kilómetros de frontera, a veces avanzando y a veces retrocediendo, según las circunstancias, es indudable que tuvo que existir un continuo intercambio de ideas, formas, actitudes, pensamientos, y el hecho de que las tropas cristianas, en su camino hacia el sur, descubrieran verdaderos islotes de vida monástica en tierras musulmanas, nos hace suponer que existía un cuadro de relaciones y convivencia que no se ajusta exactamente al tópico habitual de una Edad Media belicosa y combativa. Se adivina así un mundo en que la herencia visigótica se fundió con muchas aportaciones califales.

Y, por otra parte, en esa asociación de ideas, aparecen los mozárabes, los cuales, dependiendo de la mayor o menor intransigencia de los musulmanes, emigraban hacia tierras cristianas llevando consigo el bagaje cultural y artístico adquirido en sus relaciones diarias con ellos. La última gran emigración se produce en 1.147, por la intransigencia de los nuevos dueños de la situación, los almohades, hacia las dos religiones, la judía y la cristiana.

Es obvio que, junto con aquellas influencias, aportaran su granito de arena en la utilización de las formas que llamamos cúpulas o bóvedas almohades, así bautizadas por el sencillo aporte que hacen, consistente en que los nervios de sus bóvedas arrancan aislados -no dobles como vemos en las cúpulas califales-, desde canes de piedra. Y es suficiente para darles un apellido e identificarlas. Y ello podría contestar al amigo Paco. Considero, humildemente, que se deben situar en ese siglo XII, y que son cúpulas califales, pero que la austeridad que al principio predicaban o simplemente la falta de medios simplificaron la construcción, separándose arquitectónicamente de estas únicamente por el pequeño detalle mencionado.

Es obvio que estos mozárabes debían conocer las soluciones arquitectónicas de los musulmanes, entre ellas, ambas clases de bóvedas. Fue una aportación muy importante e interesante al arte cristiano de la época, porque estas cúpulas, tanto las califales como las almohades, aparecen en edificios románicos, pudiendo mencionar como ejemplo de las primeras, la magnífica de San Miguel de Almazán, de mediados del siglo XII, con arcos excéntricos que arrancan de dos en dos de unas hermosas ménsulas; y relacionadas con los almohades, se me ocurren dos muy interesantes, la bellísima de la iglesia de Torres del Río, indudablemente de muchísimo más valor artístico que las que estamos estudiando, y la de Santa María de Eunate, ambas algo más tardías que la de San Miguel, y que la tradición hace templarias sin ninguna base documental. La primera cierra con cúpula de arcos excéntricos, como la de la segunda planta del castillo de Biar -aunque salvando las distancias-, y la segunda con cúpula con arcos de meridiano como los que habíamos visto en la tercera planta del castillo mencionado. Hay que hacer constar que, aunque se aprecia esa influencia, la diferencia es muy notoria, la misma que va del ladrillo a la piedra.

Y esto nos lleva a la conclusión de que en la Historia todo está interrelacionado. Nuestro románico no se concebiría sin estas aportaciones que lo enriquecieron y le hicieron diferente del resto, dándole una variedad dentro de la unidad de sus elementos, que se traduce en una originalidad y una belleza que lo hace único.

Gandía, 28 de Mayo del año del Señor 2.011.

Joaquín V. Torija León, AdR 0229.

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