Amigos del Románico
Web de referencia en español sobre arte románico

Crónica de la VII JdRL por los antiguos monasterios del occidente asturiano

Viernes, 13 de mayo de 2011

 

Temprano madrugaron los calores en este abril casi infantil (los 30º que marcaban los termómetros y que nos acompañaron casi todo el día no me dejarán por mentiroso); pero más aún madrugaron la decena de entusiastas amantes del Arte Románico para tomar parte en una nueva JdRL organizada por los amigos cántabros y astures.

Con puntualidad británica y precisión suiza, a las 10:30 del sábado 9 de abril, cuatro asturianos, dos cántabros, dos madrileñas, un asturiano transplantado a Bilbao y un burgalés injertado en Pamplona se encontraron ante la portada del Monasterio de San Salvador de Cornellana. Ya nos estaba esperando el párroco D. Ceferino Martínez, personaje singular, quien nos abrió las puertas de su iglesia y nos acompañó durante el recorrido que hicimos por la misma y por las dependencias anejas del ruinoso monasterio. No me voy a extender en la descripción pormenorizada de los elementos románicos conservados (no en este lugar), pero sí diré, a modo de información, que se trata de una iglesia de tres naves, la central más ancha que las laterales, coronadas por sendos ábsides ligeramente sobreelevados con respecto al nivel de las naves. En el lado sudeste se alza una torre románica; al oeste y al sur se abren sendas portadas con elementos decorativos esencialmente vegetales, tanto en las arquivoltas como en los capiteles de las columnas; en el cimacio de uno de aquellos una inscripción nos recuerda el nombre de su artífice: ME MAUSCARONI FECIT MANUS OFFICIOSA.

Cristo

 

Cuarenta kilómetros nos separaban de nuestro próximo destino, el Monasterio de Obona, situado en un ameno valle a 10 kilómetros al oeste de Tineo; íbamos sobrados de tiempo, pues la cita era a las 12:00 en punto, pero con lo que no contábamos era con la celebración de un rally automovilístico por las carreteras de la zona, por lo que algunos tramos estaban cortados y otros invadidos por un impresionante gentío que ocupaba, no sólo las cunetas, sino parte de la calzada. Con algo de retraso llegamos, por fin, a nuestro destino, donde ya nos aguardaba una representación de la Asociación Cultural de Tineo, cuyos miembros llevan tiempo reivindicando la restauración del Monasterio, sin que por el momento sus peticiones hayan encontrado eco en las diferentes administraciones, tanto civiles como eclesiásticas. Testimonialmente nos unimos a su protesta y, para que quede constancia de la misma, nos hicimos la tradicional foto de grupo con estos incansables luchadores por la conservación del patrimonio artístico asturiano (sana envidia nos produce el hecho de que para la celebración de un acontecimiento deportivo se junten miles de personas de todas las edades y condición social y para reivindicar el patrimonio de todos los asturianos, en particular, y de todos los españoles, en general, apenas una decena de entusiastas voluntarios; en fin, las cosas son como son y no como nos gustaría que fuesen). El Monasterio, en deplorable estado de abandono, responde perfectamente a los cánones de la orden cisterciense: la iglesia presenta tres naves y cabecera de tres ábsides semicirculares; se entra a la misma por una portada monumental abocinada de cuatro arquivoltas, que terminan en columnas con capiteles libres de cualquier elemento decorativo; esta ausencia de decoración se mantiene en el interior, salvo en los capiteles del arco triunfal, que presentan unas esquemáticas hojas muy planas y que terminan en la parte superior con un entrelazo. Toda nuestra atención de amantes de lo Románico quedó cautivada por el magnífico Cristo que se conserva en el interior de la iglesia, a pesar de las múltiples vicisitudes por las que ha atravesado a lo largo de las últimas décadas; afortunadamente, los escasos vecinos de la localidad se mantuvieron firmes en la defensa de esta joya escultórica del s. XII impidiendo que saliera de la misma y permitiéndonos a los visitantes extasiarnos sin rubor ante tan singular obra de arte. El Crucificado está tallado en varias piezas unidas posteriormente; está muerto, pero no sufriente y su cuerpo se mantiene en una estática rigidez, como si no pesara; la frontalidad característica del Románico sólo se ve alterada por la ligerísima flexión de las rodillas y la inclinación de la cabeza sobre el hombro derecho ( nuestros amigos asturianos decían, no sin ironía, que mantiene los ojos cerrados, no por efecto de la muerte, sino para no ver el lastimoso estado en que se encuentran la iglesia y las dependencias monasteriales).

Unos kilómetros más al oeste está la locaidad de Bárcena del Monasterio, adonde nos acompañaron nuestros nuevos amigos asturianos y una entusiasta periodista del diario La Nueva España, quien nos aseguró que el evento aparecería próximamente en el rotativo para el que trabaja. El tercero de los monasterios occidentales asturianos visitados en esta luminosa jornada primaveral presenta las mismas características de los dos anteriores: abandono, ruina y, si no se pone remedio, una no muy lejana desaparición. Pero antes de que eso se produzca, pudimos contemplar la nave de la iglesia con su ábside semicircular. La entrada del templo conserva la portada principal a occidente, compuesta de tres arquivoltas y un guardapolvos exterior que descansan sobre seis columnas con capiteles, los de la izquierda sin decoración, y los de la derecha, decorados con palmetas y hojas terminadas en roleos. En el lado sur se conserva otra portada más sencilla y, junto a ésta, incrustada en el muro, la lauda sepulcral de doña Aragonti, enmarcada por una orla de follaje y decorada con motivos geométricos, en el que se puede leer la siguiente inscripción en líneas espirales: IN NOMINE DOMINI ECL ... DEPOSITE A .... CORPORE ... LEGITE REQUIESCIT IC ... FAMULA DEI ARAGONTIE CONFESA ET OBIIT IIII FERIA DIE KALENDAS SEPTIEMBRIS ERA MILESIMA XLIV.

Talla mariana

La mañana tocaba a su fin y las fuerzas de los viajeros empezaban a decaer ante la falta del sustento, así que ni cortos ni perezosos emprendimos el camino hacia La Pola de Allande, donde se supone que nos tenían preparado el merecido yantar. Oficialmente la distancia es de unos 25 kilómetros más o menos, pero a todos se nos hicieron eternos, por la endiablada carretera que une ambas poblaciones y por el rugir de nuestros estómagos. Llegados que fuimos y asentados en el restaurante "La Nueva Allandesa", todas las curvas de este mundo las dimos por bien sufridas cuando fueron desfilando ante nuestros ojos y nuestras narices una interminable sucesión de platos típicos de la región, a cual más contudente y a cual más sabroso, de tal modo que las celebérrimas bodas de Camacho, paradigma del buen y abundante comer, se nos antojaron un piscolabis desestructurado ante lo que teníamos delante: paté de morcilla, chorizo picante casero (esto de aperitivo), pote asturiano, con su correspondiente acompañamiento de las partes desgajadas del que por aquí llaman el Rey de la Creación, fabes suaves como la mantequilla, repollo relleno de carne y ... cuando ya no podíamos más de los ahítos que estábamos ..., ternera guisada, amén de un surtido de postres que haría las delicias del más laminero, todo ello en raciones generosísimas como para dar de comer al triple de la decena de comensales que éramos y regado con un vino casero de las proximidades de Valladolid (la nota exótica), finalizado todo ello con su correspondiente café y su chupito de orujo blanco que levantara los ánimos del más deprimido. El precio de tan suculento banquete no lo digo para no exarcebar más los ánimos de todos aquellos que en estos momentos se están arrepintiendo de no habernos acompañado.

Un si no es calamocanos, nos dirigimos a nuestro próximo destino, el cual, gracias a Dios, estaba a escasos 5 kilómetros de distancia: Santa María de Celón, que presenta una nave cerrada por un ábside cuadrado cubierto con bóveda de cañón algo apuntada, y que guarda en su interior unas muy interesantes pinturas tardogóticas. El arco de triunfo tiene dos capiteles a cada lado con decoración vegetal y geométrica. Al exterior, nos encontramos una abundante colección de canecillos, llamativos los del muro sur. Conserva una portada al oeste formada por tres arquivoltas decoradas con motivos arquitectónicos, que descansan sobre capiteles historiados: en el lado norte, pájaros afrontados, esquemáticos; en el lado sur, palomas y serpientes. Muy destacable es, también, una imagen románica que se conserva en una hornacina del barroquismo retablo, y que representa a la Madre de Dios, en su posición habitual de Sedes Sapientiae y que, al decir de algunos, es la talla mariana románica más interesante de todo el Principado. Sorprendente es también, por lo inusual, una campana de finales del siglo XII o principios del XIII expuesta en el interior, así como una Crucifixión protogótica que corona el retablo mayor.

 

Foto grupo

En fin, esto es lo que dio de sí la magnífica jornada que los amigos Javier Pelaz y Senén Bajo, cántabro y astur respectivamente, nos habían organizado para este glorioso sábado de principios de abril. Con la vista y las intenciones puestas ya en próximas salidas románicas por la geografía española (las ansias de algunos no conocen límite), nos despedimos efusivamente de nuestros anfitriones y de nuestros compañeros de jornada deseándonos mutuamente de corazón buen viaje de regreso, Románico que no falte y salud para disfrutarlo.

     Ángel Bartolomé Rial, socio AdR 308

Web Oficial de AMIGOS DEL ROMÁNICO (AdR) - Diseña GORMATICA