Amigos del Románico
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Crónica de la Jornada en Orense de los Amigos del Románico (domingo, 15 de junio)

Por Carlos Sastre

Tras varios días veraniegos, amanece lloviendo, y fuerte. Me temo lo peor: a la gente le dará pereza desplazarse hasta Orense y la salida será un fracaso. ¡Menuda alegría al llegar a la Plaza Mayor y comprobar que allí no falta nadie!

Florencio, nuestro guía, ya está presto a comenzar el recorrido por la ciudad vieja. ¡Y vaya recorrido! Florencio es un enamorado de su ciudad, conocedor de todos sus rincones y gentes (no pasaban cinco minutos sin que detuviera su discurso para saludar a alguien que pasaba), y experto (¡expertísimo!) en heráldica. Vamos, que el resto a su lado éramos como parvulitos.

Florencio es, además, simpatiquísimo. ¡No os podéis imaginar las risas que nos echamos cuando escenificaba sus explicaciones nobiliarias, sazonadas con francés e italiano! Confieso que hasta ese día no había conocido la ciudad con semejante detalle. Hasta la lluvia dejó de ser un incordio.

Fueron dos horas que pasaron sin apenas darnos cuenta. Tras la comida, justo detrás de la catedral, Florencio nos llevó a tomar café al Casino, precioso edificio del que nos explicó su historia y pormenores. Augusto Guedes, al que muchos conocéis de jornadas nacionales (¡e internacionales!) contribuyó con anécdotas sobre los antiguos habitantes de la casa. En fin, una sobremesa agradable y relajada.

Dirigimos ahora nuestros pasos a la catedral. ¡Esto ya fue la apoteosis! Nuestra libertad de movimientos fue tal que parecíamos más un grupo de clérigos que simples visitantes. Como muestra un botón: en la siguiente foto estamos en el presbiterio, normalmente inaccesible al común de los mortales.

Florencio, incansable, abría y cerraba puertas de capillas, se demoraba hasta en los detalles más insospechados, haciéndonos vibrar con la emoción y el orgullo que mostraba enseñándonos “su” catedral.

Entramos ahora en la “Claustra Nova”, un proyecto frustrado de claustro, ahora Museo Catedralicio. La portada, con el Agnus Dei entre ángeles turiferarios, es de mención. Su arquivolta fue imitada en otras iglesias de la provincia. La colección de capiteles, cuyo más certero estudio iconográfico se debe al profesor Moralejo, es sólo el aperitivo: la calidad de las piezas que allí se conservan es impresionante. Desde dos pinturas murales tardogóticas con escenas de la Pasión , hasta los exquisitos esmaltes de Limoges, pasando por diversos ejemplos de mobiliario litúrgico y escultura devocional.

Llegó el momento de trepar: el sacristán nos abre la puerta de una de las torres ¡y allá que vamos por una angosta escalera de caracol a los tejados! La colección de canecillos y metopas, en una cornisa de arquitos, es antológica. Llegado de Francia vía Ávila, el motivo de la cornisa sobre arquitos se difundirá por el románico de la provincia, encontrándose también ejemplos en Pontevedra e incluso en Portugal. Salvo Javier Ocaña, que parece Stanley y Livinsgtone juntos, ninguno de los presentes había estado nunca en ese espacio, desde el que se goza de una vista privilegiada.

Tras un buen rato por las alturas, descendemos para que Florencio (¿de dónde saca esa energía?) nos lleve al Pórtico del Paraíso, esa réplica gótica del compostelano. Allí contemplamos a Moisés, Santiago y Pedro, a los ángeles psicopompos (Lola: ¿metemos la palabreja en el curriculum de AdR?), a los diablos haciendo la pascua al lenguaraz avaro...

Como las comparaciones son odiosas, ninguno de los presentes consideró oportuno traer a colación al maestro Mateo. La puntualidad y la elegancia son marcas registradas de AdR.

Ya ni sé las horas que llevábamos asombrados por la capacidad “florentina” de hacernos gozar ante tanta belleza. Y todavía teníamos más: interesantísimos sepulcros medievales, asombrosos retablos…

…tanto había, que nos quedaron cosas en el tintero, como las peculiares esculturas del crucero norte, que han sido recientemente interpretadas como imagen de la escala celeste, o el simpático enano Marcolfo, quien lleva desde el siglo XII tocándole las narices al sabio Salomón. Tanto, insisto, quedó sin explicar que no estaría de más repetir. Florencio, quien ha realizado una intensa labor de catalogación del románico rural de Orense, nos ha emplazado a una visita por las iglesias de su provincia… ¡y a visitar sus posesiones veraniegas, un pazo en tierras limianas! ¿Hay quien dé más?

Nuestro agradecimiento especial a Eugenia, un derroche de iniciativa y colaboración.

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