Amigos del Románico
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Crónica de la IV jornada de románico local de Navarra y La Rioja
Martes, 14 de julio de 2009

El sábado día 27 de junio y emplazados por medio de nuestro coordinador local Roberto Chaverri, nos dispusimos a disfrutar con lo que más nos gusta: grata compañía y edificios a los que desgranar su arquitectura e historia. La jornada pintaba muy bien, una magnífica propuesta y un espléndido día para nuestra ascensión a las alturas. Para toda la salida contamos con la colaboración de Jesús Portilla que ejercería de guía por los distintos monumentos a visitar. Para el que escribe la jornada tenía un sabor especial, proximidad y, que duda cabe, una promoción del románico en una zona quizás necesitada de ello.

Nos concentramos en los exteriores de la ermita Santiago de Itxasperri de Eguiarreta alrededor de 30 AdR de Navarra, La Rioja y País Vasco, con una puntualidad digna de mención. Tras los oportunos saludos nos fuimos adentrando en el interior del templo para dar comienzo a la jornada. La ermita se encuentra alejada del casco urbano y junto a la carretera en un entorno muy bien cuidado fruto de algún desinteresado bienhechor. El edificio que se nos presenta es de construcción tardorrománica (principios del siglo XIII) con características cistercienses, tiene ábside semicircular y bóveda gallonada de cuarto de horno, en la nave presenta tres tramos cubiertos por bóveda de cañón apuntado sobre arcos fajones que descansan en ménsulas lobuladas. El acceso al interior se realiza por dos lugares: una gran portada por el lado sur compuesta por cuatro arquivoltas de baquetones circulares y guardalluvias que descansan en columnas, y una segunda puerta de menores pretensiones por el oeste.

Una vez descrito el interior regresamos al exterior, donde además de desglosar las principales características del edificio, Jesús Portilla nos dio una gran lección situándonos en el contexto histórico en el que se desarrollaron los edificios que comenzábamos a visitar. Pero mira por donde que empezó a tomar cuerpo una de las sorpresas más agradables que iba a tener el día. Del interior del templo empezaron a salir unas agradables voces, que cual canto de sirenas nos fue embelesando y llevando de nuevo al interior. Se trataba de los previos que cuatro agradables voces pertenecientes a la coral de Etxarri-Aranatz estaban ensayando para nuestro deleite. Una vez que nos acomodamos de nuevo, y tras el oportuno aviso de los integrantes del grupo de que el edificio presentaba una muy buena sonoridad en los ensayos realizados, nos ofrecieron un ajustado pero muy hermoso repertorio de cantos. No fuimos pocos a los se nos erizó el vello de las sensaciones que el canto provocaba. Una auténtica gozada que no te deja indiferente. Gracias.

Una vez repuestos de nuestra embriaguez, sentimental me refiero, emprendimos la marcha a uno de los platos fuertes del día el santuario San Miguel Excelsis de Aralar. Construido a 1.237 m. de altura, en el incomparable marco de la Sierra de Aralar, paraje salpicado de monumentos megalíticos y desde el que se pueden apreciar inmejorables vistas si el día colabora como era el caso.

En este santuario se han identificado restos de una primitiva construcción prerrománica, no obstante los primeros documentos son del siglo XI. En el siglo XII se concluyó la construcción del conjunto. Según la documentación, en origen el templo dependía de la que sería nuestra próxima visita el monasterio de Santa María de Zamartze, para luego ir ganando autoridad y pasar a depender directamente del Obispo de Pamplona.

Nos dirigimos en primer lugar al interior al indicarnos el capellán responsable que se iba a celebrar una ceremonia matrimonial por de la mañana. Ya en el interior nuestro guía Jesús Portilla nos describió como el constructor del templo tuvo que adaptarse a la irregularidad del terreno y la perfección que alcanzó al estar totalmente regida la construcción según la proporción áurea o divina proporción. Fuimos deambulando por el interior del templo, hasta llegar a dos bellezas iconográficas conservadas en su interior, la imagen titular del santuario, un relicario en el que ofrece a San Miguel portando en alto la reliquia del Lignum Crucis del siglo XVIII sobre una primitiva talla de madera, y la joya de la corona, el retablo que preside la capilla mayor. Explicando el retablo es donde a Jesús le brillaron los ojos de una manera especial, se le noto el cariño que le profesa. Fue apabullante su descripción de la iconografía, de los diferentes artesanos que intervinieron en su realización, de las técnicas en la ejecución, elaboración de colores, en fin joya el retablo y joya la explicación.

Con la premura necesaria volvimos a los coches e iniciamos el descenso que nos llevaría hasta el pueblo de Uharte Arakil, destino de nuestra próxima parada, en él que se encuentra el ya referido monasterio de Santa María de Zamartze.

Este templo de antiquísima tradición según rezan textos del siglo XI, ha sido objeto de una cuando menos controvertida restauración. Suele salir su nombre en muchas tertulias en las que se discute sobre las actuaciones que deben llevarse a cabo en los edificios a rehabilitar. Consolidar, rehabilitar, reconstruir a semejanza, diferenciar lo añadido, etc… son ideas que nos surgen y que cuentan con sus correspondientes defensores y detractores. El edificio en sí es de planta de una sola nave con ábside semicircular y hermosa portada hacia el sur compuesta por tres arquivoltas sobre columnas con capiteles esculpidos.

La decoración de estos capiteles está muy finamente elaborada, guardando muchas semejanzas estéticas con los capiteles de la catedral románica de Pamplona conservados en el Museo de Navarra, por lo que son considerados pertenecientes al mismo maestro o taller.

En el interior de la iglesia y después de las explicaciones de Jesús, tomo la palabra el delegado diocesano para el monasterio, Mikel Garciandia, que nos proporcionó algunos detalles obtenidos tras la rehabilitación. En el entorno del monasterio e incluso debajo de la iglesia se encuentran los restos de la ciudad romana de Aracelitania situada junto a una importante calzada en la vega del río Arakil. La iglesia tuvo problemas de estabilidad desde el primer momento y obligo a cambiar la idea original, fueron tan grandes las dificultades que se cree no se pudo concluir la construcción de la bóveda siendo sustituida esta por una cubierta de madera.

Tras consulta del coordinador de la jornada, Roberto, con el resto de expedicionarios se decidió visitar la pila bautismal de Iturmendi antes de la comida cuando en un principio estaba programada para la tarde, ya que habíamos sido aplicados y disponíamos de tiempo para hacerlo.

Tras algún pequeño problema con las llaves y gracias a la intercesión de uno de nuestros anfitriones, Miguel Ángel Zubiría, accedimos al interior de la iglesia San Miguel Arcángel de Iturmendi. Esta iglesia guarda en su interior una pila bautismal muy interesante procedente de la ermita Santa María de la localidad que visitaríamos después. Su escultura es algo tosca pero no resta belleza a este ejemplo de figuración humana.

Terminada la visita es cuando haciendo caso a nuestros estómagos nos dirigimos al restaurante Clinker de Olazagutía para matar el gusanillo después de una intensa mañana románica. Una buena comida la que nos tenían preparada con el cordero asado como plato fuerte, regada con vinos de la tierra. Tras la comida disertaciones y coloquios varios, incluyendo el merecido agradecimiento y detalle para nuestro esforzado guía (doy fe que dio tiempo para ello…).

Después de la comida nos dirigimos a terminar la tarea comenzada, la visita para contemplar la actual ermita Nuestra Señora de la Asunción, iglesia que fue en tiempos pretéritos del despoblado de Aizaga en el lugar de Iturmendi.

En la actualidad lo más destacado en este edificio está en una bonita portada de doble arquivolta prismática que acaba en cimacio decorado con ajedrezado jaqués y capiteles esculpidos bastante deteriorados sobre columnas cilíndricas. En el tejaroz de la portada existen seis canecillos esculpidos igualmente castigados. También son interesantes tres capiteles esculpidos que se guardan en el interior y que fueron hallados durante la rehabilitación de la ermita, uno de ellos sugiere una ejecución por la misma mano que la comentada pila trasladada a la parroquia. Estos capiteles estaban reutilizados en el muro este de la ermita. Miguel Ángel Zubiría nos apuntó que con toda probabilidad la iglesia contaba con ábside semicircular por las trazas en el suelo y las huellas en las paredes norte y sur, perteneciendo los capiteles recuperados a algún elemento arquitectónico eliminado.

Y llegamos al final de la jornada, con la mochila cargada de fotos, recuerdos y saberes para saborearlos en casa o fuera, solos o acompañados, interiormente o a viva voz, para ellas o para ellos,…. Lentamente fuimos recogiéndonos en nuestros coches, tras las sentidas despedidas y promesas de una próxima vez.

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