Amigos del Románico
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Crónica de la V JdRL en Galicia: Por tierras de Chantada
Jueves, 06 de agosto de 2009

Eran las 10 de la mañana cuando el grupo subió al autobús, capitaneados por nuestro guía de excepción, el AdR Xosé Lois García. De excepción por su humanidad, su profundo conocimiento de las tierras que nos disponíamos a recorrer y por ser autor de un libro próximo a publicarse, Simbolismo do Románico de Chantada. Imposible dar con alguien más adecuado para esta jornada. Difícil, también, encontrar a una persona más querida y respetada por sus paisanos. Prueba de ello lo constituye que se hayan convertido en monumentos algunos de sus poemas (Xosé Lois derrumba el mito de que nadie es profeta en su tierra). Dos ejemplos valdrán como muestra:

Nuestro primer destino fue el “Convento”, que así es como los paisanos llaman a San Salvador de Asma.

Allí Xosé Lois comenzó a desgranar explicaciones acerca del origen de este edificio, que conserva algunos restos prerrománicos, y de su devenir histórico, en el que no falta la amarga experiencia de la Desamortización, a cuenta de la cual parte de las antiguas dependencias monásticas están ahora en -poco conscientes- manos privadas; el resultado, según nos explicó nuestro guía, es que un valiosísimo tímpano no sea accesible al público, además de correr serios problemas de deterioro debido al poco valor que su actual propietario le otorga. Xosé Lois nos ha prometido que hablará de esta cuestión en nuestra página web.

Interesantes capiteles de fauna variada, e incluso un Sansón en un canecillo, con poco frecuente inscripción aclaratoria, son piezas que convierten a esta fábrica románica en un destino obligatorio.

Nos llevó luego nuestro chofer a Santa María de Camporramiro, donde a duras penas conseguí hacer una foto -parcial- del grupo. Encandilados como estaban con la belleza de este templo maravillosamente conservado (“unha igrexa feitiña”, como expliqué cuando me preguntaron la razón de mi querencia por este edificio), mi autoridad coordinadora se vio en radical zozobra…

Su interior, afeado por unos retablos neogóticos, asombró por el mimo con el que los parroquianos lo cuidan. ¡Qué razón tienen quienes afirman que el mejor equipo de SOS Románico es la ecclesia del lugar, es decir, su asamblea de fieles! Aunque los que me conocen ya están aburridos de oírme este argumento, no puedo obviar que James D’Emilio, con quien tuve el placer de charlar de Románico y de tesis doctorales a punta de auto-stop, proyectó al exterior la importancia de esta construcción mediante un erudito trabajo publicado en Arte Medievale.

Nos esperaba ahora el trayecto más largo, hasta el pueblo de Nogueira, por una carretera estrecha, serpenteante y peligrosamente asomada a los barrancos que conducen al río Miño. Sólo la fe en la pericia del conductor mantuvo el ánimo en su sitio, aunque alguna que yo me sé casi desfalleciera al ver las alturas en las que nos encaramábamos. La recompensa es una iglesia que domina un paisaje de ensueño. Como Xosé Lois escribe en su -todavía inédito- libro, “deste monte xorden mananciais de auga cantareira que nos sorprenden co seu barullento rezo. Nogueira de Miño é un universo en si mesmo”.

Aunque sufrió importantes reformas, conserva un reseñable rosetón tardorrománico, una portada completa, así como capiteles, canecillos y cornisas decoradas con fauna del lugar.

Su interior, repleto de pinturas murales de influencia flamenca, en su mayoría cubiertas para su conservación y posterior restauración, presenta un arco triunfal con capiteles figurados cuyo significado desveló Xosé Lois.

Llegó la hora de comer, charlar y echar unas risas. Todo ello lo llevamos a cabo en el Hotel-Restaurante Mogay, donde Jacobo nos trató a cuerpo de rey. Su cocina llama la atención por el mimo puesto y la creatividad ¡Y el estupendo Mencía que nos sirvieron está etiquetado en honor de de uno de los heterónimos de Xosé Lois, “Pero Bernal”, que utilizó para firmar una divertida colección de Cantigas de Amigo, escrita al estilo de los trovadores medievales! Algún desalmado se benefició la botella antes de que pudiera fotografiarla…

A la comida se unió (chámalle burro ao cabalo!) el equipo de Televinte, quien realizaría un reportaje de la parte vespertina de nuestra jornada. Tras los postres y el café, emprendimos rumbo hacia nuestra tercera -y última- iglesia, Santiago de Requeixo.

De su fábrica medieval se conserva poco más que la cabecera. Un tímpano, probablemente originario de la destruida portada occidental, se encuentra empotrado en el muro sur. Su semejanza con el de la iglesia de San Paio de Muradelle nos habla de una escuela local de maestros canteros. La variada colección de canecillos del ábside, con animales, mujeres obscenas o saltimbanquis portando el “cinturón de fuerza”, forma un repertorio de enorme calidad. En su interior, unas pinturas murales con escenas del Génesis. Una pequeña joya.

Para finalizar, subimos a lo alto del Monte Faro, desde el que se divisa media Galicia. Allí se colocaron en 2004, por iniciativa de la Asociación Xohán de Requeixo, monolitos con los cinco poemas conservados de este trovador medieval. Xosé Méndez, director del Centro Galego de Barcelona y responsable de la Asociación Xohán de Requeixo, ambas colaboradoras en esta salida, Xosé Lois García y quien esto escribe, realizamos una ofrenda floral ante uno de los monolitos.

Y llegó la hora de volver a casa. Aunque algunos hemos revisitado posteriormente a Teresa, Xosé Lois, el Románico y la bellísima tierra de Chantada, con motivo de la representación de una obra de teatro de nuestro polifacético amigo, en la que un soneto de Camões me puso la piel de gallina.

Aquí se pueden ver más fotos

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