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CRÓNICA DE LA IV JORNADA DE ROMÁNICO LOCAL EN GALICIA

Por Carme Varela, junio 2009

Esta nueva salida de los AdR gallegos tuvo, por citar un clásico arousano, varias cosas buenas, una cosa mala y un misterio. Entre las cosas buenas el reencuentro con los habituales -y alguno nuevo que también había-, y la visita con una guía maravillosa, Sonia Fernández, que con su amabilidad y sus conocimientos en románico nos fue haciendo notar un montón de cosas que nos habrían pasado desapercibidas si ella no estuviese. Como siempre es un placer que alguien vaya leyendo entre líneas lo que ignoramos. La cosa mala fue el calor que soportamos. Digno de una ruta por Palencia en el mes de agosto, la verdad. Seguramente no vuelva a hacer más calor en Galicia en todo el verano ¡y nosotros andando de iglesia en iglesia! Y el misterio… el interior de Breixa.

Pero vayamos por orden. A las 10.30h comenzamos a llegar en coche al monasterio de Carboeiro y de allí salimos andando hacia Ansemil. Por el camino poca sombra y un pequeño y fortuito encuentro: ¡en el muro de una finca restos de la ventana de una iglesia! Nadie se atrevió a datarla porque, como dice Sonia, "Si te fías de los carteles, en Galicia todo es del siglo XII" y como no tenía cartel seguimos camino.

Ya con la llave de la iglesia de Ansemil en la mano ¡y menuda llave! entramos para encontrarnos con un edificio que ha sufrido abundantes reconstrucciones. La iglesia con sus tres naves y sus tres ábsides rectangulares tiene adosada a su muro una construcción gótica, conocida por capilla de los Deza que tiene como puerta- abierta al occidente- la que antes era la puerta sur de la iglesia primitiva, con su Agnus Dei su luna y su sol. ¡Que no nos falte de ná! Dentro, el sepulcro de Diego Gómez de Deza y fuera la talla de la Virgen de la Leche de tamaño singular y que resulta realmente hermosa. La colección de "canzorriños" -canecillos- nos dio charla para largo rato. En el exterior de la iglesia Sonia nos aventuró una interpretación de los capiteles que hay en la portada: en el de la derecha dos leones representarían la fuerza de los que se resisten al pecado, en el de la izquierda un personaje ricamente vestido -ahora sin cabeza- lee en un libro los nombres de los condenados y a su lado dos pecadores cubren sus genitales avergonzados por el pecado cometido.

¡Al camino nuevamente! Y llegamos a Breixa. Y la verdad, nos quedamos sin palabras. Los capiteles de su interior son de una talla tan preciosa y es tal su rareza en las fábricas gallegas que nos dejaron a todos boquiabiertos. Sonia nos fue mostrando uno a uno los centauros, las sirenas, las arpías, los halcones, las serpientes: en fin un muestrario de lujuria. Y nos pareció que a veces el pecado tiene un hermoso rostro. Salimos de allí devotos del maestro de Breixa para siempre. Y nada nos importa que no se sepa de donde salió, donde puede haber más obra suya, a donde se fue después de labrar en Breixa, en que culto libro se inspiró para tallar este bestiario sin igual. Los misterios, a veces, generan más amor que el conocimiento.

Ya de vuelta en Carboeiro nos dividimos: por un lado los que prefirieron mesa y mantel, por otro los del bocata a pie de río y bajo la sombra de avellanos, abedules, alisos, sauces, castaños…

De vuelta de la comida Sonia nos enseñó Carboeiro. Aunque todos lo conocíamos, no por ello deja de ser un monasterio para revisitar. Coincidimos en encontrar de muy buen gusto la rehabilitación de Iago Seara y acompañados de nuestra guía bajamos a la cripta. Allí escuchamos el Dies irae, Dies illa de los monjes -con total seguridad un efecto secundario motivado por el recalentamiento a que sometimos nuestros sesos en el transcurso del paseo y de que Sonia contribuyó a animar nuestras mentes calenturientas apostando por la posibilidad de que la cripta hubiese tenido usos procesionales, además de servir de relicario-. Dos hermosas escaleras de caracol -que cambian de sentido cuando les da la real gana- comunican las naves de la iglesia, la cripta y las dos torres que salen a ambos lados del deambulatorio.

La iglesia es de cruz latina con tres naves en el tramo mayor y otra de crucero que, vacías de todo ornamento, nos permitieron contemplar la construcción en su estado más puro. Y ¡hala! al sol nuevamente para encontrarnos a los 23 ancianos del Apocalipsis de la fachada principal -Sí, los hemos recontado y en Carboeiro son 23-. No todos los alumnos de Mateo habían aprobado Cálculo con buena nota pero aún así juramos adhesión eterna a la escuela mateana.

Como siempre, imprescindible nuestro Carlos Sastre, que aunque en esta ocasión no pudo acompañarnos, hizo todo lo necesario para reunirnos otra vez. Agradecidos también al Sr cura D. Benedicto, a los de la casa Colmeiro y a María de Breixa que nos abrieron las dos iglesias.

¿Un deseo? Que Sonia nos explique su ojito derecho, que no es otro que Santo Estevo de Ribas de Miño. ¡Nos lo prometió! ¿Quién dirá no a ver el otoño espejándose en las aguas del Pai Miño?

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