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Crónica de la JdRL del País Vasco :"POR MONASTERIOS BURGALESES". 21 de Marzo de 2009

Por Mikel Unanue

Recién estrenada la primavera, y con las primeras luces del día, un numeroso grupo de AdR comenzamos nuestra JdRL por tierras burgalesas con el objetivo de ver el "milagro" de la luz en San Juan de Ortega.

Con el autobús bastante completo, hicimos una parada en Álava a recoger a otros compañeros de las provincias vecinas con lo que completamos las plazas y nos dirigimos a nuestro primer objetivo del día que era la ermita de Nuestra Señora del Valle en Monasterio de Rodilla, donde nos esperaban nueve AdR más procedentes de Madrid y Burgos que habían acudido en coches particulares. El total lo componíamos 61 personas procedentes en su mayor parte del País Vasco a los que se sumaron otros de Navarra, Burgos, Cataluña, Asturias y los ya mencionados de Madrid.

La primera visita fue a la ermita de Nuestra Sra. del Valle de Monasterio de Rodilla que, cual barco majestuoso se encuentra en el fértil valle de La Bureba. Este auténtico monumento del románico burgalés está enclavado en el primitivo Camino de Santiago. Angel Bartolomé fue el encargado de su presentación y nos descubrió infinidad de detalles del mismo. Tras una completa reseña histórica hasta época romana, narró todas las fases por las que pasó hasta su actual estado. Si eso fue desde el punto de vista de la historia, el arte que contiene tanto al exterior como en el interior no lo es menos. Cada capitel, ventana, canecillo, cornisa y demas tuvieron su correspondiente explicación.

La visita se completó con la visita a la talla original de la Virgen en la iglesia parroquial de Monasterio de Rodilla, junto a un magnífico Cristo de "cuatro clavos" de la misma época.

Antes de seguir rumbo, la organización (¡Bravo!) había apalabrado un desayuno expréss para los madrugadores excursionistas, consistente en café y leche en termos separados con pinchos de tortilla con un exquisito pan recién horneado que nos supo a gloria, dada la hora y los kilómetros recorridos.

Nuestra siguiente visita era el templo de San Quirce, lugar casi mítico entre los amantes del románico por encontrarse enclavada en una finca particular de acceso muy restringido. Es muy de agradecer a quienes hicieron las gestiones para su visita, así como a quienes concedieron el permiso para la misma pues realmente es una de las obras cumbres del románico con características singulares.

Braulio Valdivielso experto conocedor de la zona fue quien dirigió la visita y ya desde la primera vista del ábside con su cubierta pétrea y sus óculos, nos dió la sensación de encontrarnos ante algo muy especial. Pero si esa inicial impresión fue grata, las esculturas que adornan sus dos portadas y las maravillosas explicaciones de Braulio que se extendieron por el interior de la misma, con las diferentes etapas constructivas, historia y contenidos, nos hizo sentir las emociones de quien descubre algo singular y especial. No es para menos.

Esta monumental provincia también guarda algunos tesoros previos a la llegada del románico como es la pequeña iglesia prerrománica de la Virgen del Cerro en Cuevas de Juarros, que fue nuestro siguiente objetivo. Modesta pero singular, esta iglesia de nave única recuerda al visitante algunas construcciones prerrománicas asturianas de la época ramirense.

Llegado el momento de reponer fuerzas antes de acometer la visita a San Juan de Ortega, la comitiva compuesta por el bus de AdR y los coches que le seguían hicimos un alto en el Restaurante "Los Braseros" en Juarros donde dimos cuenta de una suculenta comida, amenizada por la conversación con otros AdR y el relato de mil anécdotas, viajes y descubrimientos.

Como los astros no entienden de camaraderia y son puntuales a sus rotaciones, nos dirigimos a San Juan de Ortega para ver la proyección del rayo equinoccial sobre el capitel de la Anunciación que un año mas fue puntual a la cita, ya que el día era despejado y de gran claridad a pesar del frío viento que nos acompañó toda la jornada.

Al coincidir en sábado, "puente" en algunas comunidades y otros factores, la concentración de gente fue algo inusual debido a la cantidad, casi con problemas de aparcamiento. A través de la megafonía Braulio Valdivielso se dirigió a los cientos de personas que se habían congregado para ver el fenómeno. Una vez finalizado el mismo, sus explicaciones fueron para los asistentes a la JdRL, que seguimos viendo otras maravillas del interior de la iglesia, así como de la zona del ábside y su impresionante colección de canecillos.

Ahí se dió por finalizada esta exquisita excursión, en la que habría que resaltar la maravillosa organización (gracias, una vez más), puntualidad de los asistentes, explicaciones ofrecidas (Gracias Angel. Gracias Braulio) y la sensación de haber visto cosas singulares.

Iniciamos el retorno a nuestros puntos de origen con la esperanza e ilusión que falta menos para la siguiente.


Así vió el "milagro de la luz" nuestro compañero Ángel Bartolomé Rial

Después de un copioso yantar nos dirigimos a toda prisa, para coger sitio, hacía el punto final y culminante de nuestra jornada: San Juan de Ortega y su equinoccial rayo de luz, que sobre las 18:00 horas debía iluminar el archiconocido capitel de la Anunciación, Visitación, Nacimiento y Anuncio a los pastores.

La verdad es que el día amaneció pintiparado para nuestro propósito: una jornada luminosa como pocas, sin una sola nube en el cielo, y con una temperatura bastante agradable. En este punto he decir que yo siempre me había mostrado reacio a participar en estos acontecimiento multiturísticos y que, aunque burgalés de origen y habiendo visitado S. Juan de Ortega en un par de ocasiones, nunca me había sentido atraído por estas turistizadas jornadas milagreras.

Según nos íbamos acercando en el autobús a nuestro destino, mis peores temores se iban confirmando: a ambos lados de la estrecha carretera que se dirige al monasterio había ya aparcados ingente cantidad de automóviles, de tal forma que apenas quedaba espacio para que el autobús pudiera seguir avanzando. Parecía aquello la Plaza del Ayuntamiento en Pamplona el día del chupinazo, sin exagerar.

Con el espíritu escéptico que me caracteriza, nos dirigimos al interior de la iglesia, que ya estaba de bote en bote, eso sin contar toda la gente que, aprovechando el sol de la tarde, esperaba el comienzo del espectáculo fuera del templo. Los más de 60 AdR nos dispersamos por el interior buscando un hueco en el que plantarnos y no movernos hasta el instante preciso en que se produjera el advenimiento luminoso. Unos sentados, la mayoría de pie, ocupando las tres naves y el coro a los pies, todos estábamos espectantes y entablando en múltiples corrillos las más diversas conversaciones, de tal manera que más que templo, parecía plaza de mercado en día de feria. ¡Hasta que llegó el comandante Braulio y mandó a parar!

Nuestro gran Braulio Valdivielso Ausín ya nos había guiado por la mañana, con su acostumbrada sabiduria, por las piedras de San Quirce y de la ermita de Nª. Sª. del Cerro en Cueva de Juarros y sin que fuéramos informados de ello, de pronto empezamos a escuchar por megafonía la voz autoritaria de nuestro compañero pidiendo respeto y compostura: estamos en un templo, es un lugar de oración y recogimiento, apaguen los flashes de sus máquinas fotográficas para no molestar la visión de lo que se avecina, los del coro que no obstaculicen la entrada del rayo de luz, guarden silencio e interioricen el momento que van a vivir.

Nosotros oíamos la voz de Braulio, pero no lo veíamos, pues él estaba en el altar del ábside central y nosotros de frente al ábside de la nave lateral norte. Y entonces se produjo un doble milagro: primero, el del rayo de luz que penetró por la ventana de los pies de la nave iluminando el muro, muy bajo, para, imperceptiblemente, ir ascendiendo por la columna que sustenta tan afamado capitel; segundo, el silencio cuasi absoluto que se produjo en el interior de la iglesia mientras Braulio, sin posibilidad de verlo, nos iba desgranando minuciosamente cómo el rayo ascendía lentamente iluminando primero el ángel de la Anunciación; luego a la Virgen, que muestra las palmas de sus manos delante del virginal pecho en señal de sumisa aceptación; instantes después, en medio de un silencio emocionado, el rayo ilumina el abrazo de las dos primas, ambas embarazadas, de los futuros Juan y Jesús; el momento más emocionante del "espectáculo" es cuando el rayo solar alcanza por fin ese rostro beatífico y lleno de dulzura de José en su clásica postura pensativa-durmiente. ¡Pero en San Juan de Ortega José no duerme, sonríe y esa sonrisa se percibe perfectamente iluminada por el rayo milagroso!

Finalmente el rayo de luz alcanza de soslayo las figuras del Nacimiento hasta que, de nuevo, el capitel vuelve a la penumbra, que no llega a ser total, puesto que la luminosidad del sol poniente ahuyentaba las sombras del interior de la iglesia.

Secuencia del Milagro de la luz de San Juan de Ortega

Mientras esto sucedía en unos instantes maravillosamente atemporales, en el silencio sólo se escuchaba la voz susurrante de Braulio que, sin verlo, sólo con los ojos del sentimiento, iba acompañando nuestras recogidas emociones junto al rayo de luz que ascendía por la materia pétrea y que se convertía, en nuestro interior, en la materia de la que están hechas las más profundas emociones.

Fue un momento especialmente mágico para todos los allí presentes, creo yo, y especialmente para mí, que con tantas prevenciones me había dejado arrastrar a presenciar lo inefable. Estoy seguro que todos salimos de allí un poco mejores, en todos los sentidos, de como habíamos entrado. Web Oficial de AMIGOS DEL ROMÁNICO (AdR). Inscrita en el Reg. Nacional. de Asociaciones: G:1/S:1/NN:584.353.
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