Amigos del Románico
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JORNADA DEL GRUPO CÁNTABRO-ASTUR POR LA ZONA OCCIDENTAL DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS

Por Michael Wilkinson

Con un tiempo infernal un grupo de infatigables Amigos salimos, el pasado 24 de enero, al encuentro tanto de lo más sublime como de lo más apartado del Románico asturiano.

Empezamos con la iglesia de Santa Maria de Villanueva que sorprende, dado su emplazamiento remoto, por su complejidad y la exquisita talla y riqueza iconográfica de sus capiteles y pila bautismal, la cual, según las vecinas, no se deja llevar a exposiciones porque no la devolverían. ¡Es una pena que todavía no hayan comenzado las obras y eso que llevan más de un año de espera!

Luego, pasamos a la cercana La Plaza y su más conocida Colegiata de San Pedro de Teverga, de estilo único de transición de prerrománico al románico primitivo en la que el hombre es dominado o medio transformado en animales salvajes como el oso y jabalí que todavía se encuentran en la zona. Estas dos iglesias (antes monasterios) con sus formas arquitectónicas masivas y duraderas y sus esculturas de lucha permanente de animales contra el Mal y la omnipresencia de la Muerte sintonizan a la perfección con el tiempo invernal de nuestra visita: crudo, elemental y aún violento. Además, en la colegiata hay un Cristo Crucificado gótico, dos cuerpos momificados de personajes de alto rango y las joyas y bordados de Doña Urraca, todos los cuales incrementan nuestra sorpresa de encontrar tanta historia, riqueza artística y profunda emoción en este paisaje agreste antes paso importante a la meseta.

En ruta al sublime Oviedo paramos en la iglesia prerrománica de San Adriano de Tuñón caracterizada por una restauración demasiado "moderna" incluyendo el acondicionamiento amplio de los alrededores para los visitantes, pero cerrada como siempre a pesar de tener dentro pinturas mozárabes con una influencia omeya única.

Ya en la capital del Principado, Carolina, conservadora del Museo de Bellas Artes, nos explica de forma concisa y completa las facetas de la Torre Vieja y la Cámara Santa de la catedral de San Salvador con su orfebrería reliquaria y cruciforme y su apostolado escultórico en las cumbres del prerrománico y románico. De verdad como cantaban los peregrinos: "quién va a Santiago y no a San Salvador visita el criado y no el señor".

Finalmente, vemos los restos románicos del Claustrillo dentro de la Abadía Real de San Pelayo, "poco -según sor Maria Covadonga- debido a la destrucción de los franceses y la de 1934". La hermana nos explica los más de mil años de historia continua de esta comunidad benedictina de clausura , tan al día con sus magníficos cedés de canto gregoriano y el recital de citara con que nos deleitó tras mostrarnos su iglesia reformada y tan bien cuidada. ¡Qué ironía de tener tanto esmero y explicación comparado con las otras iglesias visitadas, pero tan poco románica debido a demasiada historia moderna!

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