Amigos del Románico
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Crónica de la VII JdRL en Galicia
Sábado, 26 de diciembre de 2009

“The mercury sank in the mouth of the […] day”
Auden

Para no romper la tradición, los AdRs en Galicia decidimos reírnos una vez más del termómetro y reunirnos en O Carballiño a una temperatura de seis grados bajo cero a las 10:30 de la mañana.

A diferencia del mes de diciembre de 2008, las plomizas nubes preñadas de nieve brillaron por su ausencia: un cielo azul fue nuestro compañero a lo largo de toda la jornada.

Tras el cafelito reparador, emprendimos ruta hacia nuestro primer objetivo, siguiendo no a un caprichoso GPS: nuestro guía, Rafael Tobio Cendón, conoce como la palma de la mano el territorio, incluyendo aquellas curvas-trampa en las que el temible hielo pretendía arruinarnos el trayecto. San Martiño de Cameixa, aquel día más vivo que nunca por estar la parroquia en pleno oficio litúrgico dominical, nos saludó con su bellísimo ábside, ceñido por una cornisa de arquitos tributarios de la catedral de Ourense y de la iglesia monástica de Santa María de Oseira. Era casi obligado hacer allí la foto de grupo (incompleta: otros se unirían más tarde a la expedición).

Rafael, con precisión de relojero, desgranó todas las características arquitectónicas y decorativas de esta hermosa iglesia rural. El frío no arredró a ninguno de los presentes, fascinados por las prolijas explicaciones, en las que se entreveraron los problemas técnicos, la liturgia y el simbolismo de plantas y seres fantásticos.

Una hora después pusimos rumbo hacia San Mamede de Moldes, objetivo sentimental de la jornada ya que esa iglesia, elevada sobre un antiguo castro prerromano, está ceñida por un cementerio donde reposan los restos mortales de D. Manuel Chamoso Lamas, en cuyo homenaje se organizó la última salida gallega de 2009. Rafael y un servidor encaminamos nuestros pasos hasta la casa de la feligresa que nos proporcionaría la llave del templo, cerrado al culto salvo excepcionales ocasiones. ¡Emocionante pasar junto a la casa familiar de Don Manuel!

Rafael, llave en mano, comenzó por explicarnos las particularidades del tímpano en la portada occidental.

Como él mismo desgranó en un documentadísimo artículo, la pieza debe su traza a la influencia de la puerta norte de Oseira. Otros templos románicos con tímpanos similares son -sin pretender la exhaustividad- los de San Pedro de Alperiz, San Facundo de Cea, San Cristobo de Regoidegón, San Eusebio de A Peroxa -especialmente querido para Ana y Antonio- o Santa María de A Lanzada.

Para mi sorpresa -la sorpresa del ignorante, claro-, el interior alberga la tumba de Antón Losada -uno de los fundadores de la revista “Nós”-, en una capilla ornada con restos de un baldaquino de los muchos que hubo en Galicia, piezas que estudió de manera sistemática por vez primera Ben-Cho-Shey.

Llegó la hora de sentarse a la mesa. En el Hotel-Mosteiro de San Clodio el “Salón Cluniacense” estaba preparado para nosotros. ¡Calorcito al fin! La recepcionista me explicó que el aire acondicionado de la enorme estancia había sido puesto en marcha ya el día anterior. Junto a nuestro hermoso salón se encontraba el “Cisterciense”. Casualidad o no, el caso es que los hospitalarios encargados del negocio acertaron de pleno con nuestros gustos artísticos. ¡Sólo me quedó la pena de no cruzarme con algún “habitante” del “Salón Cisterciense” para retomar la disputa de los monjes Zoilo y Mauro, hilarante poema medieval en el que un cluniacense y un cisterciense llegan incluso a referirse a la ropa interior como signo de mayor respetabilidad de sus respectivas órdenes!

Durante la sobremesa se sorteó un libro, esta vez obsequio de la activa Carme Varela. ¡No podía creerlo cuando comprobé que yo era el afortunado! Y qué alegría cuando vi que se trataba de una trabajo descatalogado de… ¡claro!, Chamoso Lamas.

Llegó, ¡ay! la recta final. Abandonamos no sin cierta pesadumbre nuestro cluniacense y cálido albergue para dirigirnos a la iglesia monástica. ¡Los feligreses ya tienen ganado el cielo por soportar estoicamente la misa a temperaturas que hacen a uno dudar de eso del “calentamiento global”! De la rusticidad del lugar da fe que en el exterior del templo reconocieran los expertos, entre los que hay que citar al gaiteiro Suso Vaamonde, huellas recientes de jabalíes. La iglesia muestra un peculiar aspecto, al haberse sustituido su cubierta original por bóvedas de crucería.

Frente a la opinión de algunos expertos, que consideran la nueva cubrición empresa del siglo XVI, Rafael Tobío esgrime la documentación en la que ha trabajado, que demuestra que estas bóvedas son una “ocurrencia” neogótica del XIX.

Nos llevó luego Rafael por lo alto de los claustros, donde tuvimos ocasión de contemplar una montea impecablemente conservada. La luz proclamaba ya el comienzo de una nueva noche invernal. Nos despedimos deseando que el próximo año nuestras escapadas románicas sigan siendo tan enriquecedoras y agradables. Que así sea.

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