Amigos del Románico
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Crónica de la VI JdRL de los AdR en Galicia: EN BUSCA DEL ROMÁNICO PORTUGUÉS
Jueves, 05 de noviembre de 2009

“Un petit coup au carreau, comme si quelque chose l'avait heurté, suivi d'une ample chute légère comme de grain de sable qu'on eût laissés tomber d'une fenêtre au-dessus, puis la chute s'étendant, se réglant, adoptant un rythme, devenant fluide, sonore, musicale, innombrable, universelle: c'était la pluie”

Puede parecer incoherente que la crónica de un viaje al Románico portugués comience con una cita en lengua francesa. Opino, sin embargo, que no existe descripción más bella y eufónica de la lluvia que la escrita por mi admiradísimo Marcel Proust, cuya ciclópea obra debiera ser cita obligada para cualquier amante del arte y de la estética.

…y es que la lluvia fue elemento esencial de este fin semana en el que paladeamos toda la belleza otoñal del país vecino, ese que supo -y sabe- cuidar las huellas de su pasado.

Cuatro de nosotros, no dispuestos a madrugar, decidimos pernoctar ya el viernes en la milenaria Bracara Augusta. Allí nos esperaba una metódica llovizna que no nos abandonaría hasta el domingo. Lejos de arredrarnos, los cuatro paseamos por la desierta ciudad vieja (la población local concentrada en una plaza donde se celebraban los prolegómenos de la “Semana do Exército”, con presidente de la República incluido), demorándonos en plazas y fachadas relucientes bajo el agua que ya ni percibíamos. Al placer de sentir la ciudad casi nuestra se unió la alegría de que dos AdRs, Mila y Toni, que nunca habían tenido oportunidad de participar en nuestras jornadas, por fin se dieran a conocer.

Al día siguiente, con retrasos debidos a que nuestro hospedaje se encontraba en la avenida por donde desfilarían las tropas y cerrada por ese motivo al tráfico, fuimos reencontrándonos en el vestíbulo del hotel. Tras azarosos desvíos que me hicieron sentir atrapado en un bucle espacio-temporal (¡el día de la marmota en Braga!), alcanzamos nuestro primer objetivo, la iglesia prerrománica de S. Frutuoso de Montelios.

En el interior de tan peculiar edificio, Margarita nos explicó las teorías sobre su origen, recordó el pío latrocinio de Gelmírez, ¡contencioso resuelto sólo en el siglo XX!, y quedamos tan satisfechos que decidimos repetir foto de grupo.

El ya mencionado patriótico retraso nos obligó a cambiar el programa y dirigirnos a comer. A las 14:30 ya estábamos en la Sé. Al principio pensamos que la alfombra roja era en nuestro honor. Luego caímos en la cuenta de que se iba a celebrar una boda, que debía de ser de tronío, a juzgar por el equipo de televisión desplegado.

Margarita nos guió por el conjunto catedralicio, comenzando por la zona del coro, desde el que se goza de una privilegiada perspectiva.

Descendimos luego a la Galilea, con una portada que sufrió importantes reformas, conservándose de la original románica sólo dos arquivoltas. Se ha querido ver en alguna de las escenas alusiones al Roman de Renart.

La portada sur, la mejor conservada de la construcción original, no escapó al minucioso análisis de Margarita, quien luego nos condujo a las capillas del obispo Giraldo y de los Reyes. En esta última descansan el Conde Don Enrique y su esposa Dona Teresa. Como nos hizo notar Carme Varela -ardilla donde las haya- en la tumba del Don Enrique se inscribió POR-TU-GA-LLAE-CUS, lo que explica, si es que fuera necesario hacerlo, que los AdRs en Galicia sintiéramos que esta jornada no dejaba de ser local.

Nos encaminamos luego a São Miguel de Gualtar. La verdad es que sólo el buen humor reinante permitió que llegáramos hasta allá: la perspectiva de volver a coger los coches, tras el caos de tráfico sufrido en nuestra visita a Montelios, nos daba una enorme pereza, así que decidimos ir a pie, bajo la lluvia. La caminata se prolongó más de una hora, algunos incluso “afurricaron” cuando una amable señora nos comunicó que la última etapa (“etapa reina”, según Antonio) suponía la subida durante veinte largos minutos de una implacable cuesta.

Pero, no es de dudar, Margarita nos había conducido hasta un edificio de gran interés que, a pesar de las reformas barrocas sufridas, todavía tiene elementos notables que ofrecer, como la portada sur, con un decorado tímpano. Tras la visita, todos tuvimos claro que la estrategia para volver al centro consistía en tomar por asalto un bus urbano, cosa que hicimos a la primera ocasión.

Por primera vez el grupo se escindió entre los que deseábamos cenar “con fundamento” tras la romería y aquellos que apostaron por irse de cañitas y “petiscos”. Como coincidimos con el cambio de hora, la perspectiva de estar listos a las 9:30 del día siguiente se nos hizo a todos más llevadera.

Llegó el domingo, y el ejército seguía a su bola mientras nosotros nos encaminamos hacia los coches para desplazarnos a nuestro primer objetivo de la mañana, São Martinho de Crasto. Malas jugadas del tráfico y un GPS que, a pesar de ser portugués, se obstinó en boicotearnos, dividieron el grupo de coches en dos expediciones que se intercambiaban mensajes a través de los móviles. Tras una veloz travesía por la autopista, nos internamos en deliciosas y recoletas carreteras rurales, donde el otoño nos saludaba con todo su esplendor: ¡por fin el sol se dignaba a realzar todos los matices del paisaje! Recuerdo que el grupo entero quedó absorto ante el espectáculo de ocres, dorados, amarillos -todos ellos en diversas gradaciones y tonos, dignos de un lienzo de Monet- ofrecido por un bosquecillo junto a un riachuelo. No sé si al final Augusto tuvo tiempo de fotografiar semejante festín multicolor.

¿Y Crasto? Pues, una imagen vale más que mil palabras.

A pocos kilómetros, el “plato fuerte”, São Salvador de Bravães. Allí Margarita desplegó toda su erudición para hacernos gozar de la iconografía desarrollada en sus tres portadas, haciéndonos notar las influencias ejercidas por diversos talleres. Una foto junto al Agnus Dei dio por concluida la jornada matutina. Nos dirigimos, pues, a la cercana Arcos de Valdevez, donde ya la mesa nos esperaba.

A seis kilómetros del restaurante se encontraba nuestro último edificio, la pequeña pero proporcionadísima capilla de São João Baptista. Entre los elementos que deben ser destacados se encuentran las estatuas-columna de los dos San Juanes, un tema identificado también en São Pedro de Rates. Imagen de los dos Testamentos y de los solsticios de invierno y de verano, el Bautista y el Evangelista fueron testigos de nuestra despedida. Por supuesto, volveremos, esta vez a gozar del Románico de frontera.

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