Amigos del Románico
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Crónica de la IV JdRL por la cuenca del Besaya
Lunes, 12 de octubre de 2009

Comienzo a relatar esta IV jornada en Cantabria y Asturias de Amigos del Románico por el valle del Besaya con cierto temor, debido a mi inexperiencia en el arte de escribir y no ser capaz de reflejar plenamente lo que significan estos viajes para mí, y seguro que también para todos los que participamos en estas jornadas, que aunque duran un día parecen extenderse mucho más allá en el tiempo, ya que uno siempre regresa a casa habiendo aprendido muchas cosas en compañía de amigos que disfrutan compartiendo sus conocimientos, experiencia e ilusión por lugares que me atrevo a definir como mágicos, como así considero cada construcción románica que nuestros antepasados han tenido a bien a construir, sin pretender quizás que una época muy posterior en que prima exclusivamente el bienestar material, muchos de nosotros disfrutáramos de modo indescriptible contemplando unas construcciones que han sobrevivido muchas centurias a los avatares del tiempo.

El veloz viaje de madrugada por tierras cántabras para llegar a tiempo a la Colegiata de Santa Juliana en Santillana del Mar, bien merecía alguna pausa ante la belleza de las praderías verdes que parecían deslizarse desde unos imponentes Picos de Europa como telón de fondo, cuyas rocas doradas al sol de la mañana era un preludio de los templos de piedra que siempre son destino de nuestros viajes.

A las 10:30 de la mañana, tras un breve paseo y un café por las preciosas calles empedradas, comenzamos la vista a la colegiata guiados por Fernando García Gil, cuyas magníficas explicaciones acompañó, además, de material fotográfico para que pudiésemos comparar varias de las figuras de los capiteles del claustro de Santillana con las que observaríamos más tarde en Yermo.

Comenzamos por el interior de la iglesia, cuya construcción comienza en el siglo XII y dura hasta los primeros años del XIII. Los sesenta y tres capiteles muestran todo tipo de figuras: volutas, aves afrontadas, caballeros luchando con espadas, Adán y Eva … y los propios compañeros constructores portando una tinaja. El frontal del altar se adorna con cuatro apóstoles. En la capilla situada bajo la torre campanario, a los pies de la nave, merecen especial la pila bautismal de finales del siglo XII con un relieve de Daniel en el foso de los leones y un Pantocrátor de piedra que conserva restos de policromía.

Del claustro pudimos deleitarnos con todo lujo detalles gracias a Fernando, que nos mostraba con un espejo las caras de los capiteles que quedaban fuera de nuestro campo de visión desde los corredores laterales. Además nos ofreció unas explicaciones del contexto bíblico en que se desarrollan las escenas representadas, que nos hizo comprender perfectamente aquello que estábamos observando, y esto es algo que no suele ocurrir porque muchas veces se nos escapa el significado de los relieves románicos, a veces porque nadie los conoce en realidad, pero otras veces porque no tenemos los conocimientos necesarios.

A continuación, nos dirigimos a la iglesia de San Andrés, en Rioseco, un pueblecito cercano a Reinosa que invita al paseo por sus bellas casas y el magnífico entorno que lo rodea. Fernando continuó guiándonos por esta pequeña iglesia rural del siglo XII con una hermosísima portada en la fachada sur con arquivoltas de contenido simbólico, como flores de cuatro pétalos, ajedrezado y un guardapolvo de trenzados. En el interior, un arco triunfal apuntado sobre capiteles figurados: Sansón desquijarando al león (que podría ser Hércules) y de nuevo Daniel entre los leones.

Ya cerca de las tres y visiblemente agotados por el hambre y, a mi juicio, el excesivo y anómalo calor para la época y la comarca llegamos al Casón de la Marquesa, en las Fraguas. Magnífico comedor, buen servicio y deliciosa comida harto abundante, acompañada, además, de buen vino (destaco personalmente el postre de leche frita) y una agradable sobremesa que ante el sol de justicia que amenazaba al exterior no apetecía finalizar.

Pero pronto abandonamos la mesa sin más demora ante la expectativa de visitar la iglesia de los Santos Facundo y Primitivo, en Silió. Noemí, la guía de la iglesia, nos mostró cada uno de los detalles del templo ofreciéndonos explicaciones muy interesantes e invitándonos a subir al coro para contemplar la excelente panorámica de la nave y el presbiterio. A pesar de las restauraciones realizadas en el siglo XVII, cuando se adosan la espadaña a la sacristía y la reforma tras la Guerra Civil debido a un incendio provoca graves derrumbes, la iglesia conserva plenamente su estructura románica.

Destacan, sobremanera, los canecillos del ábside, que muestran diversos temas: rollos, músicos tocando el arpa, cabezas, serpientes, etc. El ábside se encuentra dividido en tres partes mediante contrafuertes y columnas, con tres hermosos ventanales con arquivoltas y columnas cuyos capiteles representan personas bendiciendo y a los propios compañeros constructores.

Aunque los capiteles interiores se encuentran bastante deteriorados y exhiben un trazo muy esquemático o rudimentario llama poderosamente la atención la postura de algunos de los personajes representados, ya que bien podría significar algún ritual: entrecruzan sus brazos sosteniendo lo que podría ser un vaso, reposan una de sus manos sobre el vientre mientras sostienen con la otra la mano del compañero … En otro capitel, entre grupos de leones aparece una mano bendiciendo de la que nacen volutas.

Antes de continuar nuestro camino hacia Yermo tuvimos la fortuna de ser invitados al Centro de Interpretación del museo de La Vijanera, en el mismo pueblo. Pilar nos explicó el origen de la multitudinaria fiesta que se celebra el 3 de Enero y cuyos orígenes se remontan a los cultos naturalistas de la Cantabria prerromana o incluso al Paleolítico, cuando en la cuevas se representaban figuras con caracteres zoomórficos. Sin duda una auténtica lección de antropología.

Finalmente, recalamos en Yermo, donde Fernando, aparte, de nuevo, de sus magistrales explicaciones, nos tenía preparada una deliciosa sorpresa para reponer fuerzas antes de emprender el regreso a nuestros lugares de origen. Pero antes de finalizar, una de las joyas del patrimonio románico de Cantabria: la iglesia de Santa María. Nuestro guía nos mostró unas láminas de los Beatos de Liébana para ilustrar la fuente de inspiración del fabuloso tímpano de la iglesia que representa un caballero con cota de malla luchando contra un dragón que muestra una lanza. El lado interior del tímpano presenta este mismo tema, pero el caballo viste a su vez cota de malla y el caballero clava la lanza en el cuerpo de su oponente, saliendo las vísceras al exterior.

Parece existir una gran relación entre este tímpano y dos de los capiteles de la galería sur del claustro de la colegiata de Santa Juliana de Santillana del Mar. Una inscripción en la jamba derecha de la puerta realmente curiosa por la naturalidad de sus trazos y el modo de aprovechar el espacio permite datar la iglesia hacia finales del siglo XII. Los canecillos que coronan el muro y el ábside merecen una pausada observación, dedicados varios de ellos a la cuestión del amor. Los capiteles del arco triunfal muestran un Pantocrátor con los apóstoles y la Epifanía.

Unos exquisitos bizcochos caseros y una enorme ración de higos que Fernando nos tenía preparados en su casa. Así culminó uno de esos días inolvidables que hacen que te levantes ligeramente nostálgica al día siguiente. Espero que todos nos veamos de nuevo muy pronto porque aún queda mucho Románico por descubrir.

Cristina Sánchez Gómez

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