Jornada de Primavera AdR Aragón

Nada mejor que una escapada en buena compañía para celebrar la Pascua. La primera del año 2026 que tanto estaban esperando nuestro Amigos de Aragón. En esta ocasión nos decidimos por Huesca, no por cercana menos apreciada pero, en ocasiones, nos empeñamos en buscar lejos lo que tenemos al alcance la mano… Por eso, junto con la excelente compañía de la profesora Ana Isabel Lapeña empezamos el recorrido en la ciudad vecina en el Museo Provincial de la misma (sin perdonar el café obviamente).

Lo primero es lo primero, por eso la profesora Lapeña, comienza poniéndonos en situación sobre los orígenes de la ciudad, desde el municipio romano que fue hasta la parte musulmana de la Zuda (“punto alto”) en la que nos encontramos justo en ese momento. Dentro del Museo dos serán las salas que centrarán nuestra atención: la de la “campana” y la de Doña Petronila. Ambas forman parte del torreón del palacio que construyeron los reyes de Aragón en el interior de la Zuda.

La sala de la Campana recibe su nombre por la antigua tradición que vincula a Ramiro II con una “sangrienta lección” que impartió a los nobles para afianzar su poder. Anabel Lapeña nos desmitifica el hecho, ya que aunque sí existen fuentes escritas sobre la existencia de siete altos cargos fallecidos y no reemplazados por sus sucesores, poco más se puede documentar al respecto. La sala conserva los arcos y el ábside románicos y conforma la base de la sala superior.

Un piso por encima, en la sala de Doña Petronila, vemos como los capiteles no sólo conservan las formas si no también la policromía de alguna de ellas, como es el caso de la Anunciación. La impronta del Maestro de Agüero está en esta obra también presente en la iglesia de San Gil de Luna.

Un tranquilo paseo nos lleva hasta el Museo Diocesano donde nos recibe la amablemente la directora del mismo Dª  Susana Villacampa frente al magnífico retablo de la iglesia del cercano castillo de Montearagón. Un poco más adelante nos encontramos con la portada románica que da acceso desde el Museo a la Catedral. Antes de adentrarnos en la misma no podemos dejar de apreciar el maravilloso alfarje mudéjar del salón Tanto Monta Monta Tanto. De nuevo desmitificamos una historia, en este caso la de la frase asociada a los Reyes Católicos cuando ésta se refería a la resolución del nudo gordiano… 

Ahora si por fin nos adentramos en la catedral gótica, su pureza de líneas nos alerta de la procedencia levantina de la mima. El retablo nos resulta familiar dado que fue realizado por el archiconocido en Zaragoza Damian Forment, si bien en este caso está dedicado a la Pasión de Cristo y no a la Virgen. 

Antes de dejar el Museo y como aperitivo de la visita de la tarde, vemos el retablo de la Ermita de Salas, unas preciosas piezas de plata sobredoradas policromadas con diversas escenas, destacando la Adoración de los Reyes Magos o la Ascensión de Jesucristo.

Por último, antes de comer visitamos S. Pedro el Viejo que nos recibe con su característico Crismón de su portada de entrada, diseño que se repetirá en la portada de acceso al claustro. En este último vemos los trazos característicos del Maestro de Doña Sancha, con elementos como el gran tamaño de sus manos o las ondulaciones de sus mantos. Sin embargo, en los capitales del claustro de nuevo volveremos a encontrarnos con el Maestro de Agüero y su característica bailarina en uno de ellos. En este caso es la historia de uno de los capitales la que que nos llama la atención, en concreto la relacionada con el Emperador Constantino y la curación de la lepra. Finalizamos el recorrido por el claustro acercándonos a la capilla de S. Bartolomé sonde se encuentran enterrados Ramiro II y Alfonso I (originariamente en S. Juan de la Peña).

Tras una comida excepcional, por la calidad de la misma, del servicio y por supuesto de la compañía, terminamos la jornada en la Ermita de Salas donde literalmente nos reciben con los brazos abiertos. Descubirmos una portada del S. XII tardío lemosino y ponemos en su sitio las planchas del retablo que vimos en el Museo Diocesano. Retablo que coronan dos vírgenes (la que da nombre a la ermita y la de la Huerta), románica y gótica respectivamente, ambas de inconmensurable belleza a pesar de ser de estilos y materiales totalmente diferentes.

Poco más se puede añadir a una jornada de nuevo maravillosa como suele decirse en el fondo y en la forma, organización y ambiente inmejorables aderezados con los sublimes conocimientos de una guía excepcional.

MARIA JOSE MARTINEZ