
REFLEXIONES ROMÁNICAS I. ¿Evolucionismo, diacronismo, sincronismo?
Autor: Jaime Cobreros. Diciembre de 2004
Los historiadores del arte vienen explicando, desde hace ciento cincuenta años,
la sucesión de los distintos estilos artísticos mediante
la idea de progreso. Sería así como habrían
surgido espontáneamente algunas formas nuevas (el azar) al
mismo tiempo que imperativos circunstanciales forzarían cambios
estructurales (la necesidad). Por ejemplo, las techumbres de madera
de los templos habrían sido reemplazadas por bóvedas
pétreas como solución frente a los frecuentes incendios
de las primeras.
La idea de progreso continuado - nacida en el siglo XVIII y que desde entonces ha venido
contaminando el pensamiento occidental -, aplicado en su origen a
las ciencias naturales, fue extrapolada a partir del siglo XIX a
la historia de la arquitectura para explicar su desarrollo. La "conquista" de
sucesivas nuevas estructuras y formas arquitectónicas probaría
cumplidamente el fundamento de el evolucionismo en el arte.
El
principio evolucionista arquitectónico tendría su más
clara expresión en el "ciclo vital" de cada estilo:
arcaísmo, maduración, plenitud, decadencia. La cabecera
de Leire, Frómista, el claustro de Silos y el de San Andrés
del Arroyo, por ejemplo, ilustrarían perfectamente el proceso
vital del estilo románico. La decadencia de un estilo se solaparía
con el arcaísmo del siguiente - más evolucionado con
respecto al precedente - y así sucesivamente.
Esta interpretación antropomórfica de la historia de la arquitectura puede resultar
en términos generales válida para cada estilo que,
ciertamente, parecen cumplir cada uno de ellos su ciclo vital. Pero
no así para la sucesión de estilos, ya que en este
caso es frecuente la convivencia de dos estilos sucesivos durante
largos períodos de tiempo. Piénsese en el románico
y el gótico desarrollándose en paralelo durante un
siglo. Por otra parte, la recurrente vuelta al clasicismo (renacimiento,
neoclásico) difícilmente podría ser explicada
como un "progreso".
De ahí que frente a la teoría cronológica se haya optado recientemente
por otra diacrónica según la cual los sucesivos
estilos arquitectónicos obedecerían a un "sentido
direccional de la cronología" (la "flecha del tiempo")
en el que habría que tener en cuenta no sólo la adquisición
de nuevos conocimientos técnicos, sino también las
intenciones de los hombres de un momento dado de la historia. Es
decir, los cambios de estructuras y formas obedecerían a un
conjunto de circunstancias materiales, mentales y espirituales de
un momento determinado.
Si
bien es cierto que la perspectiva diacrónica abarca un mayor
campo de observación que la evolucionista al valorar un mayor
número de circunstancias que puedan concurrir al nacimiento
de un estilo arquitectónico, puede no ser suficiente al tratar
de explicar el hecho concreto del estilo románico. ¿Cómo
explicar mediante el diacronismo el conocido como primer arte románico
o el estilo cisterciense? Ambos estilos pervivieron junto al románico
por largos períodos de tiempo desarrollando paralelamente
sus ciclos vitales en las mismas áreas geográficas.
El llamado primer románico (su desacertada denominación bien vale una
próxima "reflexión románica"), levantado
en sus comienzos en ladrillo por los magistrii comacini junto
a los lagos del norte de Italia, es un estilo que una vez que sustituye
los ladrillos por piedras escuadradas sin pulir, permanece con una
gran fidelidad a los modelos primeros durante más de cien
años, hasta que entona su extraordinario canto del cisne en
1123 en Tahull.
Más
o menos por esas fechas el estilo cisterciense está ya puesto
en pie, extendiéndose rápidamente por toda Europa.
Nacido como una "contestación" a la opulencia de
la Orden de Cluny y a la exhuberancia de formas del románico
impulsado por los cluniacenses, el estilo bernardo hace de la sobriedad
y la funcionalidad su razón de ser. No es un estilo protogótico
como ha sido considerado por algunos al utilizar el arco ojival.
Con apenas evolución de los modelos de partida, aunque adopte
algunas formas góticas llegado el momento, su recorrido transcurre
de forma paralela al románico en los mismos espacios y tempo
que éste.
Parece evidente que más que hablar de un evolucionismo o de un diacronismo,
al menos en el caso del románico, sería más
apropiado hacerlo de un sincronismo teniendo en cuenta al
propio románico, al primer románico y al cisterciense.
Y es que ante el arte románico no sirven las ideas preconcebidas
desde cualquier aproximación que se haga al mismo, pues escapa
de los moldes al uso. Y esta singularidad del románico, que
se aparta del encasillamiento de los estilos, es, precisamente, una
de sus características mayores.
Todos los artículos de este autor:
REFLEXIONES ROMÁNICAS I.
¿Evolucionismo, diacronismo, sincronismo?

REFLEXIONES ROMÁNICAS II. Características
imprescindibles del arte románico

REFLEXIONES ROMÁNICAS
III. Beato Mozárabe en el siglo XXI

REFLEXIONES ROMÁNICAS
IV. Eunucos felices y saltarines 
REFLEXIONES ROMÁNICAS
V. Los capiteles en flor del Camino de Santiago

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VI. Para cuándo la España románica?

REFLEXIONES ROMÁNICAS
VII. En las raíces de Europa 
REFLEXIONES ROMÁNICAS
VIII. Del orden natural de las cosas como base de todo arte sagrado

