
REFLEXIONES ROMÁNICAS XVII: Arte egipcio, arte románico.
Viernes, 15 de mayo de 2009
Autor: Jaime Cobreros
El pasado mes de septiembre Mario Agudo publicaba en esta misma sección un interesantísimo artículo titulado "Manifestaciones del pensamiento y del arte egipcio en el Románico". En el mismo, Mario evidenciaba coincidencias simbólicas entre el arte egipcio faraónico y el románico debidas a la naturaleza "sagrada" de ambos. Conviene recordar una vez más que arte sagrado no es equivalente a arte religioso, pues aquél expresa algo más profundo que el pietismo y el esteticismo que puede sugerir el arte religioso, ya que el arte sagrado es una de las vías del conocimiento directo de la trascendencia ("aquello que está más allá de los límites naturales y desligado de ellos", DRAE)
Todo esto viene a cuento porque, desde el pasado marzo y hasta el 26 de junio, el Museo del Louvre, en colaboración con otros grandes museos,
presenta una extraordinaria exposición de arte egipcio con 360 obras de arte que van desde el Antiguo Imperio hasta la época romana. La exposición lleva
por título "Las puertas del Cielo. Visión del mundo en el Egipto antiguo", lo que sugiere que no se trata sólo de la exhibición de
piezas artísticas importantes, sino que estamos ante algo más.
El comisario de la exposición, Marc Étienne, explica: "La investigación avanza y nuestra comprensión de la mentalidad egipcia
se hace más fina. Nos ha parecido interesante dar cuenta de ello yendo
un poco más lejos. Las 'Puertas del Cielo' son las batientes del tabernáculo
que oculta la estatua de la divinidad. Es, pues, el punto de pasaje y de
contacto entre el mundo humano y el divino. Queremos mostrar a través de
lo que este pueblo nos ha dejado, que esta era su concepción de Universo".('Le Monde de la Bible', nº 188).
Por si no estuvieran claros los límites de la magna exposición, Marc Étienne sigue diciendo: "Tenemos hoy una visión excesivamente racional
del esoterismo egipcio. Lo
hemos acomodado al gusto de una época ilustrada, racionalista, pero la
trascendencia y la metafísica egipcias tienen más que ver con lo prodigioso,
lo sobrenatural. Y con las transiciones que existen entre lo material y
lo inmaterial, lo terrenal y lo celestial, lo humano y lo divino, el sol
y la noche, los muertos y los vivos" ('El Mundo', 5 de marzo de 2009).
La exposición se ha dispuesto en un recorrido en forma de bucle (se concluye en donde se comienza) estructurando en cuatro cámaras el viaje iniciático
hacia la trascendencia de la tradición egipcia. Concluye el profesor Étienne: "Llega un momento en el que la especulación sobre la trascendencia
deja tantas cosas en el aire que el hermetismo y el misterio intrínsecos complican la pretensión de entender".
Está claro que hoy se nos escapan los últimos pasos de la metafísica egipcia,
ignorando si también sucedía a los propios egipcios. Pero lo que también
resulta evidente es que el Louvre abandona por primera vez su correcta
pulcritud ideológica planteando una exposición sobre la metafísica y la
trascendencia de la tradición (religión si resulta más claro) de una de
las grandes civilizaciones.
Resulta magnífico que el profesor Marc Étienne haya tenido la libertad
intelectual y el Louvre la libertad operativa para organizar una magna
exposición sobre lo sobrenatural en la civilización egipcia. Como resulta
lógico que cinco mil años después se hayan perdido las referencias últimas
necesarias para completar el conocimiento de su metafísica y trascendencia.
Ahora nos situamos en el momento actual en el que Europa, tras alcanzar el cenit de la civilización occidental, ha entrado en barrena en la fase
involutiva de la misma (y de modo espacial nuestro país, en plena caída libre). Pero se da la circunstancia, quizás como reacción inconsciente al
arrancamiento de nuestras propias raíces, de que el único arte sagrado cristiano desarrollado hace ochocientos años, el arte románico, concita la
atención de un número creciente de europeos que se cuentan por millares y millares.
Los sucesores de los que comenzaron a estudiar el románico hace un siglo
se sitúan hoy, salvo alguna excepción, en la fase de los egiptólogos convencionales.
Y los estudiosos y aficionados que los siguen, pues ídem de lienzo. Lo
políticamente correcto lo ha esterilizado todo, incluido el saber universitario
o no.
A través de la tradición cristiana hoy estamos todavía en condiciones de conocer lo que celan "Las Puertas del Paraíso" románicas que lucen en sus quicios tímpanos y mochetas que gritan a nuestros ojos que tras ellos se abre el espacio habitado por la Divinidad y que el fin del hombre no es otro que la fusión (sin confusión) con su Creador. Un regalo de salto ontológico que ninguna otra religión ha ofrecido jamás a hombres y mujeres.
Este conocimiento de la metafísica y trascendencia cristianas referidas
al románico pueden desaparecer, tal como van las cosas, en una generación
si no conocemos, lo utilizamos intelectualmente o reflexionamos sobre el
cuarto nivel de entendimiento que enuncian los teólogos del románico de
sus imágenes. Ese es el entendimiento anagógico o simbólico por el cual
el hombre accede al conocimiento directo y sin error posible de la Divinidad.
¿Tendremos que esperar a que otro valiente conservador de un museo se plantee
un día la trascendencia del arte románico cuando ya se hayan perdido sus
referencias finales, como sucede hoy con el arte egipcio? Si no vamos más
allá de las formas de capiteles y tímpanos seremos como entomólogos que
clasifican mariposas por los colores y dibujos de sus alas, sin importarles
que fueron seres vivos y libres.
Cada piedra románica contiene en sí todo el románico y éste, todavía hoy, está pleno de vida, verdad y libertad.
¿Para cuándo una magna exposición del arte románico, "Las Puertas
del Paraíso", antes de que sea demasiado tarde y los europeos podamos
recordar así, en esta fase sombría, "la altura, largura y profundidad"
de lo que fuimos? Es la segunda vez que lo pido en estas páginas. Es hora
de que quienes tienen capacidad para hacerlo, lo hagan. Mañana puede que
sea tarde.