
Románico: ¿Orden Natural?
Autor: Miguel Ángel Martín. Agosto 2005
Hace algunos años tuve la oportunidad de pasar varios días
en Tokio dedicándome al conocimiento de su cultura. Por aquellos
tiempos la ruta más habitual de viajar a Japón era la
ruta polar con escala técnica en Alaska donde transcurrías
tu estancia en una zona comercial cerrada del aeropuerto sin más
atractivo que tomarte un café y adquirir elementos de la cultura
inuit.
Curiosamente,
por razones organizativas que desconozco, el viaje lo realicé
con la compañía SABENA, lo que nos obligaba/permitía
a pasar una noche de escala en Bruselas, ocasión que aproveché
con mi mujer para volver a deambular por su Plaza Mayor, volver a saludar
a mi amigo el Manenken Pis, intentar volver a ver el espectáculo
de las marionetas y consumir una vez más el menú degustación
de cualquiera de sus agradables cafés-restaurant.
A pesar de que Bruselas, Bélgica en general, no me eran desconocidas,
la sensación que tuvimos fue la de cualquier turista visitando
otro pais con un habla y cultura diferentes.
Digo todo esto porque cuando al volver paramos de nuevo en el aeropuerto
de Bruselas, ahora sólo unas horas, para enlazar con el vuelo
a España, después de nuestra quincena japonesa, la sensación
que nos invadió por el contraste con la cultura nipona fue la
de haber llegado a casa. La sensación de otro pais con el que
antes me referí a Bélgica se había difuminado y
ahora nos sentíamos como entre viejos conocidos con las mismas
costumbres diarias, con la misma cultura.
Esta vivencia ha permanecido en mi recuerdo desde entonces y, claro,
he intentado comprender/analizar lo que por otra parte es obvio y natural.
Para ello, he seguido un proceso de análisis que practico en
múltiples ocasiones, parto de la realidad actual y realizo un
estudio retrospectivo. En este caso he desconsiderado los vínculos
históricos modernistas:Unión Europea, Flandes, Duque de
Alba, religión
etc para llegar a la influencia y cultura
latina. Bélgica, como España, con las consabidas salvedades,
formaron parte del Imperio Romano y, una más que otra, asumieron
su cultura.
La trascendencia del Imperio Romano y su cultura, aún para nosotros,
es mucha. Entre otras cosas, nos lleva a sentirnos no ya el ombligo
del mundo, sino que durante mil quinientos años nuestro mundo
no ha sido más que una torta de tierra rodeada de abismos marítimos
con un eje central mediterráneo. Hasta tal punto es así
que todos los mapamundis representados entre las iluminaciones de los
beatos coinciden en este concepto. Parece que más que un mapamundi
no son sino representaciones del espacio abarcado por el Imperio Romano
y un poquito de algo más. Por supuesto, no hay en esa época
representaciones cósmicas oficiales puesto que el cosmos giraba
en torno a nuestro ombligo. Y es en esa época cultural, al parecer,
cuando, en palabras de afamados estudiosos de alcance internacional,
se construye un/el románico que refleja la Ley Natural, sempiterna,
que el Creador nos ha facilitado.
Juro al lector que el tema me preocupa lo suficiente como para escribir
estas notas, y me preocupa porque me da la impresión de que de
nuevo la Iglesia intenta hacer valer sus artes para provocar una confusión
cuyo resultado más que enriquecer empobrece a mi arte más
amado.
Así que me he planteado intentar comprender qué es la
Ley Natural, el Orden Natural y, debo decir que la única conclusión
a la que llego es que tal Orden no es más que una falacia. ¿Debo
entender el Orden Natural, que inspira al Románico, a algo que
sólo nos es dado a los cristianos? ¿Qué pasa con
el resto de las culturas? ¿Es que somos el pueblo elegido?
¿Significa
Orden Natural equilibrio en nosotros mismos? Qué pasa con el
Zen, el Budismo, el Shintoismo, etc.? ¿Acaso es el equilibrio
con la naturaleza? Un equilibrio Paleolítico sólo conservado
en regiones que no existían en la época del románico?
¿Se refieren acaso a las Sagradas Escrituras? ¿Al crecer
y multiplicaos ó al Deuteronomio? O estamos hablando del orden
cósmico Einsteinseniano (Dios no juega a los dados con la naturaleza)
frente al orden cósmico de S.Hawkings (Dios no sólo juega
a los dados con la naturaleza, sino que incluso hace trampas (clave
de humor)). ¿De qué vamos? ¿Estamos volviendo al
Orden Natural para justificar un orden social cuya autoridad emana de
Dios desde la coronación, longobardiana por cierto, de Carlomagno
que se materializa en que sólo los ricos/poderosos pueden hacer
templos románicos porque sólo ellos tienen la riqueza/poder
suficiente para hacer sillares perfectos (aunque sean rellenos de mampostería
y carentes de fundamentos)
No, repito, aunque se escriba sobre la piedra.
Defendamos el románico, defendamos Cluny, comprendamos la importancia
de los conceptos románicos, rescatemos el románico, pero
porque sí, porque se lo merecen, porque es bello, porque provoca
sensaciones que otros estilos no nos provocan, por su importancia política,
por su importancia cultural, por su importancia social, hagámoslo,
pero sin chauvinismo, sin barrer para casa, sin restar la importancia
que los demás tienen.
Sin dogmatismo.