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El Maestro de San Martiño de Mondoñedo

Autor: Mario Agudo. Septiembre de 2006

La iglesia de San Martiño de Mondoñedo es una de las construcciones más singulares del románico gallego. Apartándonos de la posibilidad o no de que se trate de la catedral más antigua que aún se conserva en España, ya que se han hallado vestigios del siglo VI, destaca ante todo por su excepcional lenguaje simbólico y por su alejamiento estilístico del foco compostelano.

Yzquierdo Perrín sitúa el comienzo de las obras del edificio románico en el último cuarto del siglo XI, durante el episcopado de San Gonzalo, cuyo báculo y anillo han llegado hasta nuestros días. En los muros laterales se reutilizaron materiales de la fábrica prerrománica, que para Villaamil y Castro seguía los cánones del arte asturiano. En la actualidad todavía se pueden observar unas ventanas con arcos de herradura en el muro meridional y un par de columnas de mármol, con sus capiteles, ubicadas en la fachada principal.

Sin desmerecer los atractivos externos de la iglesia, entre los que se encuentran una serie de canecillos de estupenda factura, un crismón de tipo navarro y un original Agnus Dei, lo que centra nuestra atención es el tesoro escultórico que nos brinda su interior. Nada menos que once capiteles y un glorioso antipendio nos ha legado la mano de un singular maestro.

Simbolismo

La obra del maestro de Mondoñedo emana simbolismo en cada una de sus tallas. De especial valor es el capitel adosado al muro sur en el que se representa el Pecado Original. En él, cuatro bestias alargadas engullen (y/o devuelven) a dos personajes, uno masculino y otro femenino. Entre ellos, una serpiente repta aislada bajo una cruz ansata y una rosa de seis pétalos. Está clara la representación del ciclo muerte-resurrección. Las bestias andrófagas engullen al hombre pecador y lo devuelven al mundo purificado, idea reforzada por la presencia de la cruz y de la flor, símbolos de vida y resurrección frente la muerte encarnada por el reptil.

En otro de los capiteles vemos la representación del banquete del rico Epulón, un tema muy original por su escasa presencia en el románico, así como la degollación de Juan el Bautista. La parábola de la osa y la vaca del profeta Isaías, un hombre tirando de un caballo (¿unicornio?), mientras otro toca su lomo, una representación de la lujuria encarnada en una mujer ricamente vestida cuyos pechos son mordidos por unos sapos, dos hombres unidos por una única cabeza que sujetan una espada mientras dos leones se pelean y una criatura con cabeza de hombre y serpientes por cabellos observa vigilante, así como un guerrero que clava su lanza en el cuerpo de un grifo son otros de los temas que plasmó en piedra este enigmático maestro.

Mención especial merece el antipendio que hoy luce como retablo pétreo. Yzquierdo Perrín señala que para algunos autores tiene un significado apocalíptico, para otros representa una ordenación episcopal, mientras que incluso se ha apuntado un carácter sacrificial y teofánico. Jaime Cobreros interpreta que ante el observador se ofrecen las dos vías de conocimiento de que dispone el hombre en su camino hacia la Unidad.

Estilo propio

Sin embargo, no es el simbolismo lo único que llama la atención en Mondoñedo. La singular factura que nos ha dejado este maestro, ajena a las influencias compostelanas, está dominada por un estilizado primitivismo y salpicada de una serie de rasgos que, a mi juicio, revelan una clara influencia de sustratos culturales anteriores, como son los rostros angulados de expresión hierática, con los ojos perfectamente delimitados, una alargada nariz marcada por dos surcos paralelos y un acusado esquematismo en las representaciones zoomorfas.

Cabe recordar que el noroeste peninsular fue sometido a una romanización superficial. Según el profesor Francisco Javier Lomas , fue el cristianismo quien dejó patente su huella civilizadora sobre estos núcleos indígenas, cuya cultura se mantuvo prácticamente inalterada hasta el siglo I de Nuestra Era. Esto explicaría la pervivencia de rasgos característicos de la cultura castreña, que comprendía la actual Galicia, el norte de Portugal hasta el Mondego y la parte occidental de Asturias hasta Navia. Fernando Acuña Castroviejo señala que el arte castreño del noroeste peninsular constituye un hecho diferenciador con respecto al de otras áreas hispánicas . En algunas casas castreñas se han hallado un gran número de piedras de distinta funcionalidad, como jambas y dinteles, frisos o piedras para amarrar el ganado, todas ellas de decoración variada: sogueados, esvásticas, rosetas, helicoidales, trisqueles y múltiples combinaciones. Es aquí donde encontramos un primer paralelismo con Mondoñedo. En el cimacio del capitel del Pecado Original nos encontramos con un cordado trenzado de tres trazos que nos recuerda a la decoración de la puerta monumental hallada en las primeras excavaciones de Ancora, en Viana do Castelo.

La influencia de esta cultura castreña, que en sus orígenes sufrió una profunda indoeuropeización precelta, pudo haberse visto reforzada por la supuesta llegada de los bretones a Galicia, situada por algunos autores en torno a los siglos V y VI. Aunque se trata de un tema abierto a cientos de preguntas, parece indudable que existieron contactos, a juzgar por topónimos como Bretoña, localidad situada a apenas treinta kilómetros de la actual iglesia de Mondoñedo.

Su llegada parece constatarse en el Parroquial Suevo (¿572-582?) que dice "ad Sedem Britonorum (pertinent) ecclesias que sunt into Britones, una cum Monasterio Maximi et quae in Asturiis sunt". Cabe preguntarse por la causa que les trajo a Galicia. Gildas Bernier introduce el factor religioso. Para él, los bretones habrían llegado en un viaje evangelizador para apoyar a los suevos, católicos como ellos, frente al arrianismo visigodo. Aunque fuera cual fuere la razón, lo que interesa es rastrear posibles influencias en el estilo del maestro objeto de este pequeño estudio.

Aparte de la decoración del cimacio que comentaba anteriormente, existen en Mondoñedo otros ábacos decorados con un friso de medallones en cuyo interior aparece una especie de trébol de hojas estilizadas. Estos medallones tienen la apariencia de torque y, combinados con esta planta tan utilizada por los celtas por su valor simbólico, no aparece en ninguna otra iglesia románica de la península.

Sin embargo, existen más elementos destacables por su carácter excepcional. Me refiero a la cruz ansata del capitel del Pecado Original. Aunque se trata de un símbolo de origen egipcio, T.W. Rolleston señala que hay una clara conexión de los pueblos megalíticos con el norte de África, hasta el punto de que muchos jeroglíficos egipcios, incluyendo el famoso Ankh o cruz ansata, se pueden encontrar en esculturas megalíticas. En el boletín de la Sociedad de Antropología de París, publicado en 1893, Letourneau llegó a concluir que los constructores de los monumentos megalíticos "venían del sur y estaban relacionados con las razas del norte de Europa" . Teniendo estos comentarios en consideración, parece más probable que la presencia de la cruz ansata en Mondoñedo se deba a una influencia de septentrión más que egipcia.

Para finalizar, habría que señalar el ligero parecido entre algunos de los rasgos faciales que podemos observar en los personajes de Mondoñedo y los que apreciamos, por ejemplo, en el famoso caldero de Gundestrup (Dinamarca), la máscara que decora el asa de una copa de bronce hallada en Aylesbury (Gran Bretaña) o las cuatro cabezas que pueden verse en la columna de piedra del templo celto-ligur de Entremont (Aix-en-Provence). Aunque no se trata de parecidos idénticos, lógicamente, si puede atisbarse cierta semejanza en sus rasgos, al igual que, por ejemplo, en las bestias alargadas de patas cortas que podemos ver en la representación del Pecado Original de Mondoñedo y su semejanza con el asa de un cuenco de bronce hallado en Hallstatt, donde se representa una vaca.

Conclusión

La singularidad de la factura del maestro de Mondoñedo, prácticamente única si tenemos en cuenta que San Bartolomé de Rebordans (Tui) y Santa María la Nueva (Zamora) presentan una escultura de rasgos parecidos pero adjudicables a otros maestros, parece venirle de la influencia de un sustrato cultural anterior, que sirvió de fuente de inspiración para crear una obra única ajena a la influencia del poderoso foco compostelano.

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