
Una gran exposición "con otra mirada"
Juan Antonio Olañeta, mayo 2008
En el primer tríptico que editó nuestra asociación figuraba en la primera
página una frase que pretendía sintetizar el espiritu que desde la misma
se quería difundir y transmitir a los aficicionados al románico: "El románico con otra mirada".
La exposición organizada por el MNAC del Barcelona, que por desgracia llegará
en pocos días a su punto y final, es una oportunidad única para entender
lo que hay detrás de esas palabras.
El recorrido por los diferentes ámbitos pone al visitante frente a personajes
con rostros amables, hieráticos o severos, con penetrantes e intensas miradas
que le llevan a preguntarse quien mira a quien. ¿No será realmente el espectador
el observado por estas obras realizadas hace ocho siglos?
Estas piezas no sólo miran al hombre de hoy en día, sino también al pasado,
a la Antigüedad clásica, a Roma. Sus imponentes restos fueron fuente de
inspiración y cantera de materiales que reutilizar, como el caso del bello
rostro femenino, procedente de Saint-Guilhem-le-Désert, que está talladado
sobre un fragmento de un friso romano. Mucho nos podrían hablar de ello
los artistas pisanos Guglielmo, Rainaldo y Biduino.
También aprovechan para mirarse entre ellas. Las obras atribuidas al denominado maestro de Cabestany se observan entre sí, quizás por primera vez. El pequeño rostro procedente
de la barcelonesa colección Junyent no le quita ojo a su vecina de enfrente,
la impresionante cabeza, posiblemente de San Pedro, que se conserva en
el Museo del Castillo de Peralada. Por su parte, ésta hace lo propio con
sus pupilas de plomo incrustado en los esféricos y saltones globos oculares
de marmol.
Las figuras del fuste de San Giovanni de Sugana pueden ver lo mucho que
tienen en común con las de su lejano pariente el tímpano de Cabestany,
pieza descubierta en 1934 y que sirvió a Josep Gudiol en 1944 como base
para bautizar al peculiar maestro que dejó rastro de su trabajo desde Navarra
a la Toscana.
En estos juegos de miradas también intervienen personajes dentro de una misma obra. Cristo, con unas desproporcionadas manos, característica del estilo del maestro, recoge en sus brazos el alma de su madre, mientras cruza con ella una cariñosa mirada que vincula a los dos más allá de la mera acogida física.
Sin embargo, es en otra sala, donde se encuentra el ejemplo de mayor encanto
y sensibilidad de toda la exposición y, quizás, de todo el románico. La
genialidad de Gilabertus se pone de manifiesto a pleno rendimiento en la escena de Herodes con
Salomé. El primero, en un gesto enternecedor, sujeta y acaricia la barbilla
de su hijastra, al tiempo que ambos intercambian una sugerente mirada.
Esta intensa comunicación tactil-visual seduce y embelesa, sin duda, al
espectador. A ello contribuye el rítmico, sinuoso y delicado sentido del
movimiento de los personajes, el virtuoso tratamiento del volumen, así
como el preciosismo en los detalles, propio del más hábil de los orfebres.
En otro orden de cosas, las diferentes manifestaciones artísticas también
intercambian miradas. La escultura mira a la pintura, tanto a la de los
códices, ¿de donde ha salido si no la inspiración de buena parte de los
temas de la portada de Ripoll?, como a la de los frontales de altar, cruces
y otros elementos litúrgicos. La estudiada ubicación de las piezas en las
salas hace que esta mirada sea recíproca, y permita a la cruz pintada de
la iglesia del Santo Sepulcro de Pisa, conservada en el Museo Nazionale
di San Matteo de Pisa, contemplar a un paisano, el facistol del púlpito
de San Paolo all'Orto, quizás por eso de buscar el apoyo de un compatriota
en su primera salida de Italia.
La mirada del espectador debe aprovechar la ocasión para deslizarse por
las diferentes piezas de la muestra y descubrir los más extraordinarios
y
sorprendentes detalles. Gilabertus vuelve a destapar el tarro de las esencias en una portentosa representación
del movimiento vertical. Una misma dirección, pero con sentidos contrapuestos;
el movimiento descendente, del cuerpo decapitado de San Juan contrasta
con la vertical ascensión de su alma, acogida con paternal abrazo por Dios,
portador de un nimbo crucífero. La vertical disposición de los brazos y
una pierna trazada en diagonal descendente resaltan el efecto de la fuerza
de gravedad sobre el cuerpo inerte del santo, en cuya representación observamos
otro de los geniales detalles del maestro tolosano: la cabeza, asida por
el verdugo, ya se ha desprendido del cuerpo, tal y como se puede apreciar
por la evidente separación entre las dos partes del cuello, insinuando el inicio de un movimiento pendular que aleja la cabeza del cuerpo y que intensifica la sensación de muerte terrenal, opuesta al inicio de la vida eterna representado en la parte superior de la escena.
Esta búsqueda de los detalles, puede llevarle al espectador a descubrir
ciertas similitudes formales, cuando menos curiosas. Por ejemplo, algunos
de los recursos que utiliza Gilabertus para representar el movimiento están presentes en otras piezas. La posición
de las manos y las piernas cruzadas del Santiago de Saint-Etienne de Toulouse
son características que, salvando las distancias y sin pretender establecer
vinculaciones directas, se pueden apreciar también en el San Matías del
frontal de San Pedro de Ripoll.
Resulta fascinante ser testigo de como también los estilos se observan. El incipiente gótico,
representado por el rey nimbado de Saint-Denis de París, venido a Barcelona
desde el otro lado del Atlántico, puede contemplar, aunque sea a través
de una lámina de metacrilato, las esculturas de la sala capitular de Saint-Etienne
de Toulouse. Dos formas de hacer diferentes en dos momentos del tiempo
no muy alejados.
Durante todo el recorrido, el vistante no puede dejar de observar el entorno,
el estudiado ambiente que lo envuelve. La luz, la composición y distribución
de los espacios, los decorados de las paredes y la imitación de estructuras
arquitectónicas le sumergen en una atmósfera atrayente y misteriosa, que
culmina en la portentosa y sorprendente sala de los Cristos.
Para finalizar una mirada al futuro nos muestra lo que se puede llegar
a hacer con las nuevas tecnologías. La reproducción virtual en 3D de la
portada de Santa María de Ripoll es una magnífica herramienta dinámica
de estudio y un testimonio único del estado de la portada en 2008.
Todavía quedan unos días, no muchos, para contemplar en esta gran exposición el románico con otra mirada.
