
REFLEXIONES ROMÁNICAS XII: Románico
y creencia
Autor: Jaime Cobreros. Abril, 2006
Hace algo más de un mes el Amigo Paco Torralba entraba en el
foro de nuestra web con el título Pregunta al límite.
En realidad hacía tres preguntas aparentemente algo ingenuas
que iban cerrándose concéntricamente. Eran estas: ¿Hay
que ser creyente para ser Amigo del Románico? ¿Hay que
ser creyente para disfrutar del románico? ¿Hay que ser
creyente para disfrutar y sentir PLENAMENTE el románico? Pronto
comenzaron a llegar al foro respuestas en catarata. En pocos días
se alcanzaron casi las cincuenta intervenciones, siendo uno de los techos
del foro. Yo también intervine contestando a las dos primeras
negativamente y positivamente a la tercera, prometiendo al Amigo Paco
Torralba una respuesta al límite acorde a la pregunta.
Hoy ha llegado el momento.
La cuestión tiene un problema de base pues se pregunta sobre
subjetividades: disfrutar, sentir, PLENAMENTE.
Es decir, nos estamos moviendo en el campo de lo personal y de las emociones
y sensaciones, cuando el románico es bastante más que
esteticismo, pietismo, etc.
En anteriores Reflexiones Románicashe abordado el carácter
de arte sagrado del románico, entendiendo por arte sagrado el
que, superando al arte religioso, tiene una dimensión cósmica
por simbólico y metafísica por relacionar directamente
al hombre con las verdades primeras o arquetipos divinos (remito al
lector a "R.R. VIII: Del orden natural de las cosas como base
de todo arte sagrado"). Es decir, el románico es un
estilo de plasmación arquitectónica y escultórica
vivo y actuante sobre el hombre.
Como arte sagrado el románico tiene la particularidad de dirigirse
a todos los hombres y a todas las dimensiones de cada hombre
(ver Simbolismo del león románico en la revista
Románico, 1). El nivel alcanzado de comunicación
dependerá del receptor del románico, de cada hombre que
lo contempla. A unos hará disfrutaremociones estéticas,
en otros propiciará sentirreflexiones religiosas, finalmente,
en algunos hará conocer PLENAMENTE, mediante su intuición
intelectiva de las verdades primeras. Intuición del intelecto
que va más allá de la razón discursiva y por la
que el conocimiento adquirido será siempre verdadero al ser el
mismo acto el de la percepción y el de la adhesión intuitiva
a lo percibido.
Es de este modo como el románico, gracias a su simbolismo, se
convierte en una vía de realización espiritual capaz de
guiar al hombre hasta las verdades trascendentes y de éstas a
la Verdad del Principio. A esto se llama desde los Apóstoles
y los Padres de la Iglesia deificación o theosis.
Es decir, la ganancia ontológica del hombre que gracias al Amor
del Principio le permite la unión con Dios mismo. Unión
sin confusión, distinción sin separación. Inexplicablemente
la Iglesia apenas habla hoy de la deificación de los justos,
posibilidad máxima del hombre.

Aunque el hombre tardó mil años en poner en pie un arte
sagrado cristiano occidental y lleva novecientos olvidando la verdadera
dimensión de lo que construyó y talló, el románico
sigue siendo un estilo artístico vivo y actuante que silenciosamente
se ofrece a quien sepa interrogarle con mirada limpia, mente despejada
de telarañas y espíritu poroso. Para situarse en disposición
de lograr esta plenitud que es conocimiento puro - algo más
que sentimientos y emociones - sí es necesario ser creyente cristiano
y, además, ser consciente del camino a recorrer y de la meta
a la que conduce ese camino. De ahí que no sólo baste
ser cristiano creyente si no se tiene conciencia de lo que el románico
sigue poniendo a disposición del hombre del siglo XXI, como lo
hacía con el del XII.
El románico se constituye en soporte de una vía de realización
espiritual gracias al simbolismo que muestra. Simbolismo que nada tiene
que ver con interpretaciones o significados preestablecidos, tal como
hoy se escribe y explica, sino con la función presentificadora
y efectiva de todo símbolo.
El románico comienza en el hombre y termina en Dios. Es este
un recorrido que se puede ignorar, saber culturalmente o conocer íntima
y profundamente. El románico permanece erguido desde hace mil
años indiferente a las actitudes del hombre hacia él.
Hay hombres que ignoran el mar, otros que saben de su existencia y pasan
ante él sin prestarle atención, otros a los que gusta
contemplarlo, otros que se sirven de él para ganarse la vida,
otros a los que les atrae especialmente y aprenden a nadar, otros más
interesados aún se sumergen en él unos pocos metros y
otros, finalmente, se preparan para sumergirse en sus profundidades
haciéndose uno con él, sabiéndose partícipes
del mismo mar.
Observación final: las piedras románicas están
vivas, nosotros somos los que estamos muertos para el espíritu.
Somos la última generación que aún conoce las dimensiones
sensibles, psicológicas y también espirituales del románico.
Si no las activamos y potenciamos TODAS ellas al mismo tiempo, de poco
servirán los cuidados y afanes que dediquemos a las piedras románicas.
Dentro de una treintena de años el románico será
un arte muerto como lo son hoy el arte egipcio o el azteca, ambos, por
cierto, también sagrados. Eso sí, el cadáver del
románico lo conservaremos perfectamente amortajado.
Todos los artículos de este autor:
REFLEXIONES ROMÁNICAS
I. ¿Evolucionismo, diacronismo, sincronismo?

REFLEXIONES ROMÁNICAS II. Características
imprescindibles del arte románico

REFLEXIONES ROMÁNICAS
III. Beato Mozárabe en el siglo XXI

REFLEXIONES ROMÁNICAS
IV. Eunucos felices y saltarines 
REFLEXIONES ROMÁNICAS
V. Los capiteles en flor del Camino de Santiago

REFLEXIONES ROMÁNICAS
VI. Para cuándo la España románica?

REFLEXIONES ROMÁNICAS
VII. En las raíces de Europa 
REFLEXIONES ROMÁNICAS
VIII. Del orden natural de las cosas como base de todo arte sagrado

REFLEXIONES ROMÁNICAS
IX. Simbolismo de un capitel de San Quirce

REFLEXIONES ROMÁNICAS
X. El tiempo sagrado 
REFLEXIONES ROMÁNICAS
XI. El Espíritu Universal y el Románico

