
REFLEXIONES ROMÁNICAS XIII: Cien años
después
Autor: Jaime Cobreros. Julio, 2006
En el recientemente celebrado I Congreso Internacional del Románico
Ciudad de Zamora, el Prof. John Williams abrió la mesa redonda
que moderaba recordando que en 1906 Don Manuel Gómez Moreno publicaba
el primer texto en español dedicado al arte románico.
El mundo académico de nuestro país comenzaba así
a prestar atención a un estilo arquitectónico que cada
día se iba perfilando con mayor nitidez. Después vendrían
los trabajos de Lampérez y de otros cuantos pioneros más
interesados por las formas y las estructuras arquitectónicas
de un arte que emergía de las supuestas oscuridades de la Edad
Media.
Paralelamente las Sociedades de Excursionistas catalanas y madrileñas
se acercaban a los Pirineos y a la Meseta castellana interesadas por
el viejo estilo recientemente bautizado. La llegada a París y
Berlín de piezas de arte primitivas de Asia, África y
de las islas Cícladas del Egeo, así como la exposición
de Beatos que se organiza en Madrid a mediados de los años
veinte, terminan por pulverizar los cánones del arte greco-romano,
considerados hasta entonces como paradigma de la belleza, atacados ya
por los distintos ismos artísticos que desde las últimas
décadas del siglo XIX se suceden en Europa.

En medio de este ambiente de ruptura el arte románico, incomprendido
hasta entonces, va acaparando la atención de un público
diletante en aumento día a día. Tras la Segunda Guerra
Mundial, a partir de la década de los cincuenta, el fenómeno
Zodiaque, impulsado por Dom Angélico Surchamp, se afianza
en Francia y pronto en el resto de los países europeos (en España
a través de Ediciones Encuentro). Los libros sobre románico
editados por Zodiaque y traducidos a diversos idiomas se convierten
en el medio por el cual un número considerable de europeos van
a ver con otros ojos un arte que tenían tan cercano y al que
hasta entonces apenas habían prestado atención. En este
sentido nadie como Zodiaque ha hecho tanto para tantos.
En los últimos tiempos el interés por el románico
se ha disparado en nuestro país de tal modo que hemos llegado
a un punto crítico del que nadie quiere darse cuenta. Sólo
el Prof. L. Simon, participante en la misma mesa redonda comentada,
tuvo la lucidez y el valor necesarios para manifestar su preocupación
por la "popularidad" que hoy en día está adquiriendo
el románico en España. Se manifestó en contra de
la utilización del románico como un atractivo turístico
más, ya que el interés que pueda despertar el románico
debe ser por sí mismo. Se ha de tratar que tales interesados
lo vayan conociendo en profundidad, siendo necesario para ello, entre
otras cosas, abrirse al románico francés, italiano, alemán,
etc. "Para entender lo esencial del románico aragonés
hay que conocer el románico europeo", sintetizó el
profesor.
Lo que en el fondo está proponiendo el Prof. Simon en este momento
crucial para el románico en España, es incidir con acciones
cualitativas sobre un público cualificado mediante dispositivos
capaces de ahondar en la profundidad del propio románico y no
seguir con la promoción masificadora del mismo. Es decir, acciones
de sentido "vertical" y no "horizontal". Y esto
nada tiene que ver con el elitismo. En este sentido llevo tiempo comentando
con distintos Amigos del románico la banalización, por
ejemplo, a la que ha llegado el Camino de Santiago por seguir con el
mismo acciones en gran medida equivocadas, advirtiéndoles de
que con el románico puede suceder lo mismo.
Cien años después del primer texto sobre románico
que escribiera Don Manuel nos encontramos en un momento crucial con
respecto a aquél. O conocimiento o popularidad del románico.
El tren del románico está ya entrando en agujas y todos
los que estamos relacionados con el mismo - mundo académico,
administraciones, instituciones con proyectos múltiples, asociaciones
diversas - tenemos la responsabilidad de conducirlo por la buena vía.
Y buena vía es la que lleva a buen destino. No a una vía
muerta pletórica de vagones repletos de viajeros. Por que el
románico es algo vivo y actuante, capaz de calentar el corazón
de algunos hombres y mujeres del tercer milenio.