
REFLEXIONES ROMÁNICAS IX: Simbolismo
de un capitel del Primer Maestro de San Quirce.
Autor: Jaime Cobreros. Noviembre, 2005
Cuando en septiembre pasado visitamos San Quirce en el Primer Fin de
Semana Románico organizado por AdR, comenté el simbolismo
de uno de los capiteles de la interesantísima iglesia que se
yergue en medio de la estepa burgalesa. Algunos Amigos pronto me solicitaron
en el foro de esta misma página web que escribiera lo que allí
dije. Como así se lo prometí, ha llegado el momento de
enfajarme con el capitel. Cuento con la valiosísima ayuda de
los Amigos Gaizka Plágaro y Andrés Ortega que con sus
fotografías, que tan bien se complementan, facilitarán
la comprensión cabal de cuanto sigue.
El capitel pertenece a la que se considera primera etapa de la construcción
románica de San Quirce. Forma parte del arco toral que emboca
la cabecera, estando situado en el lado septentrional. Su plasticidad
iconográfica, sus formas densas en altorrelieve desprendido sin
llegar al hueco total y su temática le confieren una fuerza y
presencia excepcional dentro de los capiteles del románico español.
Además, ya a primera vista, se adivina su alto contenido significante
pues parece claro que la figuración del capitel algo quiere
decir. Tanto su temática como su estilo lo relacionan con
el gran románico de la Peregrinación, con ese románico
pleno jugoso, profundo, inagotable, siempre sorpresivo que se extendió
no sólo a lo largo del Camino de Santiago, sino también
a su vera llegando hasta estos solitarios parajes de la meseta castellana.
Es posible, por tanto, que el capitel fuera tallado a comienzos del
siglo XII por el conocido como Primer Maestro de San Quirce.


El capitel se centra en una cabeza humana situada sobre el vértice
de las volutas que se abren simétricamente hasta alcanzar ambos
extremos de la faceta central. Cabeza esta que a menudo pasa desapercibida
dada la fuerza del resto de las figuraciones. Sin embargo, sobre este
hombre representado por su parte corpórea más noble y
más próxima al cielo, pivotan distintos sentidos que puede
sugerir esta pieza maestra románica.
Bajo la cabecita y a su derecha aparece una mujer desnuda que introduce
su mano diestra en las fauces de un gran león dotado de manifiesta
dentadura, que llena el ángulo del capitel bajo la voluta. Con
la otra mano la mujer agarra la cola de un segundo león dispuesto
a su izquierda. A su vez la mujer es mordida en sus pechos por sendas
serpientes que se yerguen hasta ella tras enroscarse en sus piernas.
El león de la izquierda, que llena el otro ángulo, y de
aspecto tan feroz como su compañero, aparece sentado sobre sus
cuartos traseros y dispuesto a devorar un niño que sujeta entre
sus garras. En la faceta lateral de este lado un hombre parece querer
zafarse del mismo león. Un magnífico cimacio recorrido
por palmetas vuelve a entroncar al capitel con el románico de
la Peregrinación, si no hubiera sido suficiente para ello tanto
su temática (cabeza entre volutas, fieros leones, mujeres mordidas)
como su talla (carnosa, plena, con dominio del espacio, del hueco profundo
y del efecto).
A un observador advertido el capitel de San Quirce le dice de inmediato
una diversidad de cosas, a veces contradictorias. Parece claro que el
capitel tiene distintos niveles de lectura. Ahora bien, pienso
que es el momento de advertir que no estamos ante signos de significado
previamente convenido, sino ante signos que trascienden la realidad
sensible, captada por los sentidos, por tener significados en otros
ordenes superiores de la realidad. Y a este signo con significados correspondientes
en los distintos ordenes en los que la realidad se manifiesta se le
conoce con el nombre de símbolo.
La concepción teológica vigente en el siglo XII habla
de cuatro niveles de entendimiento de toda figuración, tanto
tallada como pintada: un entendimiento histórico, un entendimiento
moral, un entendimiento alegórico y un entendimiento anagógico.
En el caso que nos ocupa el entendimiento histórico sería
la lectura directa, literal: una mujer mordida en sus pechos por serpientes
a la que hinca los dientes en una de sus mano un león, otro león
dispuesto a comerse un niño que sujeta al mismo tiempo a un hombre
que intenta zafarse, una cabecita humana perdida entre tal acoso leonino...
El entendimiento moral parece surgir espontáneamente de lo que
se contempla: mujer castigada por su lujuria cuyo final es ser devorada
por el león, del mismo modo que el hombre que lucha contra el
segundo león (quizás pareja de la mujer). El león
se erige así como instrumento de un juez (la cabeza humana) que
reparte justicia castigando a los pecadores.
Mirando con calma, a segunda vista, se observa que lo que parecían
escenas de tensión y castigo, en realidad no semejan tal. Ni
la mujer ni el hombre tratan en verdad de salir de las situaciones descritas.
En realidad están tranquilos representando un papel que no parecía
a primera vista. Y eso es precisamente la alegoría. El entendimiento
alegórico del capitel de San Quirce puede estar aludiendo a la
madre Tierra (la mujer) que amamanta a las serpientes transmitiéndoles
así conocimientos de orden telúrico (conviene recordar
que los celtas utilizaban las wuiwre o serpiente como símbolo
de las corrientes telúricas que recorren la tierra y que el románico
recuperó buena parte de la simbología celta), mientras
ofrece su mano al león iniciático que introduce en los
misterios mediante la manducación. Es así como adquiere
toda su significación el gesto de ofrecer la cola del otro león
para que sea mordida por la cabeza, por el hombre. La madre Tierra estaría
representando la función de transmisora de ciertos conocimientos
para el hombre. Tales conocimientos serían los que los clásicos
conocían como pequeños misterios, es decir, los
conocimientos de orden operativo dentro de la ciencia sagrada. En este
caso los conocimientos propios de los compañeros constructores
(elección del lugar adecuado para su sacralización con
el reconocimiento de las corrientes telúricas del mismo, técnicas
secretas del oficio simbolizadas por la iniciación leonina, etc.)
Por lo que respecta al león segundo (¿o es en realidad
el mismo león con dos funciones que simbolizar?), parece aludir
a la muerte iniciática con la manducación del niño
y su consecuencia del hombre nuevo renacido a la verdadera vida que
se yergue a su lado. Se estaría así simbolizando a los
grandes misterioso misterios de orden metafísico por los
que el hombre progresa en su realización espiritual en pos de
la theosis o fusión (sin confusión) con la Divinidad.
Al compañero constructor, al hombre representado entre las dos
volutas, se le presenta la elección de caminos que se abren ante
sí: el de los pequeños misterios o el de los grandes
misterios.
Existe, finalmente, un entendimiento anagógico que transporta
al hombre hasta las verdades superiores, primeras. El león (los
leones) simbolizaría a Jesucristo, determinación del Principio
creador y por cuya manducación el hombre se funde con Dios. El
capitel de San Quirce estaría así aludiendo a las fases
de la realización espiritual: la fase purgativa (operativa en
el caso de los compañeros constructores), iluminativa o de alta
especulación metafísica y unitiva o de fusión con
Dios mismo. Camino recorrido con seguridad por algunos constructores
románicos. Sus obras hablan por ellos.
Llegados aquí, conviene recordar que en toda interpretación
simbólica hay dos sujetos: el propio símbolo y quien lo
contempla. Sobre el primero actúa el segundo y es sabido que
las posibles observadores de un símbolo son, en principio, innumerables.
Las asociaciones espontáneas de recuerdos, emociones, imágenes,
impulsos, reserva de significados más o menos rica, más
o menos culta, más o menos codificada (primera respuesta psico-corporal
de cada hombre a la captación de un símbolo determinado
o respuesta de su microcosmos personal) y las relaciones, analogías
y correspondencias (respuesta posterior ya en el orden macrocósmico
universal) que muestra cualquier hombre ante el símbolo, hacen
que la interpretación de un símbolo determinado dependa
de quien lo contempla, siendo por tanto el número de interpretaciones
simbólicas el mismo que hombres han interrogado al símbolo.
De cualquier manera, todo símbolo responde siempre y responde
en el nivel de quien lo interroga.
Todos los artículos de este autor:
REFLEXIONES ROMÁNICAS
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REFLEXIONES ROMÁNICAS II. Características
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III. Beato Mozárabe en el siglo XXI

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IV. Eunucos felices y saltarines 
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V. Los capiteles en flor del Camino de Santiago

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VI. Para cuándo la España románica?

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VII. En las raíces de Europa 
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VIII. Del orden natural de las cosas como base de todo arte sagrado

