Loarre: un castillo de película

Autor: Antonio García Omedes. Abril 2005

Los amantes del arte en general y del románico en particular estamos de enhorabuena. Y muy especialmente los aragoneses.

Por lo general el tema cultural suele ser un capítulo menor en campañas publicitarias y comerciales. Muy raramente adquiere carta de naturaleza en esta sociedad competitiva donde solo cuenta lo que puede ser rentable o cotiza en bolsa.

Pues bien, gracias a Sir Ridley Scott y a su "fabrica de sueños" Loarre ha saltado a los medios de comunicación. Y ya no será extraño verlo en anuncios publicitarios, en las pantallas de televisión, vallas publicitarias o incluso envases de palomitas de maiz en los multicines.

Hace ya algún tiempo me decía acertadamente mi amigo David de la Garma en un revelador artículo: "el patrimonio necesita publicidad". Y es así. Y muchos hemos creido en ese lema y nos hemos lanzado a "publicitar" nuestro vasto, magnífico y en ocasiones desconocido y abandonado patrimonio.

Para ello nos valemos de la magnífica oportunidad que suponen las nuevas tecnologías encabezadas por Internet.

Los ordenadores personales y la red de redes son una excelente herramienta. Pero son ni más ni menos que eso. Una herramienta. Por buena que sea necesita de las ideas y el empuje de quienes las empuñamos.

Y aun así, nuestras opciones en esta sociedad tan individualista, apresurada y deshumanizada son muy limitadas.

Es por ello que cuando una personalidad mediática con brillo propio universal como es Sir Ridley Scott afirma que el Castillo de Loarre es el mejor castillo medieval que halló para el rodaje de su película, nos está haciendo un gran servicio en nuestro empeño. Por el guión, debería de haber rodado en Francia; pero afortunadamente Loarre, el mejor, está en España.

Su mensaje desde "El Reino de los Cielos" llegará más lejos y a mucha más gente. Para todos ellos en adelante esas viejas piedras con las marcas de los canteros que las tallaron tendrán un significado más allá de su pétrea materia. Les permitirá soñar, pensar en nuestras raices y en nuestra historia. En una palabra tomar conciencia del arte y de su significado.

Y quizá y ojalá (Qué bonita palabra "Oj-Alla". "Dios lo quiera". Qué importa que sea Cristo o Alá) nos ayude a lograr el conocimiento y el respeto para nuestros bellos templos medievales, exponentes de un momento clave en la historia de Europa.

Y todo gracias a un estudio académico que sobre Loarre llevó a cabo hace unos años la Dra Jannice Mann. Por una de esas casualidades del destino, ella vive en Nueva York, cerca de Central Park y es vecina de Branko Lustig.

Lustig es productor y cuando Ridley Scott tiene una idea genial para llevar a la pantalla y se da cuenta de que necesita "unos cien millones de dolares"... Descuelga y llama a Branko Lustig.

Un día, en los preparativos en el Castillo para el rodaje, Lustig me rodeó el hombro con su brazo y mirando hacia la fortaleza me dijo "Te lo compro por un euro"...
¡Dios mío, que susto!. ¡Menos mal que no era mío... Y que la oferta era escasa!.

Gracias Jannice, gracias Ridley, Gracias Branko... Nos habeis ayudado en nuestro empeño por difundir el patrimonio cultural mucho más de los que os podais imaginar.

Y además nos hareis soñar con ese Castillo en cinemascope trasplantado a la costa por el arte de los genios de la informática

Y cuando pase un año y se hable de los Premios Oscar, otra vez las miradas se volverán hacia la torre de la reina de Loarre.

Antonio García Omedes
Expresidente de la Asociación de Amigos del Castillo de Loarre
http://www.romanicoaragones.com

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