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Piasca: el rastro de un beso

Lunes, 25 de mayo de 2015

 

Con un título de culebrón vamos a intentar proponer las variantes que se pueden encontrar relacionadas con el famoso beso de la puerta del Cuerno de la iglesia de Santa María de Piasca en el Valle cántabro de Liébana, ya que el “ponente” de un  hilo en el foro de AdR titulado “Piasca: otra víctima” dijo hace más de tres años que iba a hacer un artículo al respecto  y no lo cumplió. Se trata de una iglesia con una hermosa iconografía, que podría definirse como de “románico barroco”, por las florituras que imprimió en su decoración el maestro Covaterio.

El curioso nombre de esa puerta, según dice Antonio G.Omedes en su web “románico aragonés”, puede venir de su ubicación en el plano de la iglesia, cosa que no acabo de ver. Si no hay otra explicación más racional -como el de la montaña que desde allí se contempla- me apunto a un cierto sentido onírico de lo representado en su arquivolta, que llevaría a la distinción entre las dos puertas del sueño que percibe Penélope en la Odisea de Homero:  la de marfil, de donde salen los sueños engañosos, y la de cuerno, de la que emanan los sueños que se cumplen.  Al menos es más poética.(1)

Besos románicos, aparte del de Judas, ampliamente mostrado en Navarra y Aragón, no son frecuentes. En Yermo (Cantabria) hay uno en la ventana absidal, con unos personajes muy feos, y parece narrar una escena de despedida-bienvenida. En ese sentido, pero más claramente juglarescos,  son los besos de San Pedro de Villanueva y similares en el oriente asturiano, donde hay caballero, y algo pendón,  porque el de Yermo es un simple infante.

El que nos ocupa fue estudiado en ese hilo del foro, en donde con apoyo fotográfico se fue pasando por la interpretación de Ruth Bartal (2), en el sentido de que representaba la boda de Alfonso VIII con Leonor de Aquitania y las escenas –especialmente la de la fragua- alusivas al largo viaje de la reina gala. Esa propuesta era rechazada por Agustín Gómez en otro trabajo posterior, en el Codex 21 de 2005, mostrando la incongruencia de que ni se disponía de elementos para identificar a dos personajes de la realeza en el beso, ni  tendría sentido la presencia del ángel trayendo recado de escribir, que había pasado desapercibido por la investigadora.

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A su vez, Agustín Gómez presentaba su lectura por la que se trataría de una representación nada común de una boda  -sigue siendo románico romántico- pero esta vez serían las bodas de Tobías y con apoyo gráfico relacionaba al arcángel Rafael como testigo del hecho, aunque también hemos de reconocer que la fragua no encajaba en el acto. Ambas versiones son citadas por García Guinea, enamorado de esta iglesia desde siempre, quien a su vez había creído intuir una posible escena de celestinaje, basado en la presencia del tercer personaje, un tanto olvidado por los anteriores, que aparece detrás de la supuesta fémina protagonista del beso. El brazo derecho que parece subir sobre su pecho hacia “la” joven, podría ser una muestra de “empuje” o “incitación” propio de la alcahueta. Que ya era mucho arriesgar, teniendo en cuenta lo poco que le gustaba al maestro meterse a intérprete, porque como solía decirme “hay que demostrar” lo que se dice.

En ese hilo que mencionamos, el osado “ponente” del foro,  primero relacionaba –si se trataba de seguir la línea de la alcahueta­- una cercana (o casi), pila bautismal con la escena de trotaconventos más dura del románico bautismal en Rebanal de las Llantas (Palencia), un siglo posterior, para acabar reflexionando que, teniendo en cuenta que la portada del Cuerno era sólo de ámbito interno, esculpir esa escena en el pasillo entre el convento –de monjas y monjes- y la iglesia, no parecía lo más adecuado para recordar varias veces al día a los y las frates que había gente en el mundo exterior  promocionando negocios carnales.

Si consideramos que Covaterio en las dos portadas de Piasca sólo parece identificar a los varones  por la barba, quizás a los frailes, pero tanto el ángel como otros personajes –como la besada- carecían de ella, no se puede descartar que el beso fuera de hombre a joven imberbe, o de fraile a lego. Si vemos en la portada principal las dos dovelas con músicos que claramente fueron ideados como parte del grupo del Cuerno, el personaje que toca el arpa puede ser tanto un joven como una mujer.

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Entre los personajes que en las dovelas del Cuerno  aparecen como dobles parejas, los posibles frailes son identificados no sólo por la capucha sino también por la barba, mientras sus acompañantes, que en mi opinión pueden ser novicios aprendiendo, no parecen llevarlas. Es muy difícil distinguir en Piasca entre mujer y joven imberbe.

 

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Todo esto hacía que rondara la idea de que para ser más adecuado al marco en el que se contempla este beso, la escena mostrara la entrega de un novicio a la comunidad, recibido con un beso por el abad  y despedido con un suave empuje en el hombro por su madre. Lo mismo daría que el beso se lo diera su padre en lugar del prior: sería una despedida en lugar de una bienvenida. Pero nada de erotismo. En un paso sagrado, parece poco adecuado reflejar una alcahueta o una escena morbosa. Y el resto de escenas acompañantes no harían más que describir la vida de la comunidad:  fragua (muy importante disponer de ella porque controlaba todos los utensilios para el campo y la casa), trabajos de mantenimiento (calzado, ropa que se cose), música sacra, canto comunitario y lectura de textos, y especialmente aquellos que necesitaban inspiración divina para sacarlos adelante, como los Beatos que se habían hecho bien cerca y que parecían tener ayuda celestial. Quizás por esto, la dovela que muestra una posible mujer tañendo el arpa fue desplazada a la otra portada.

 Pero es sólo una especulación. Falta una mínima investigación que ensaye el aspecto de la puerta del Cuerno con las dos dovelas hoy desplazadas a la portada occidental. Nosotros hemos medido las dos y tienen tamaño similar. También puede servir de pista los capiteles de la Anunciación  o el sacrificio de Isaac en el ábside: en los dos casos, el ángel lleva melena con raya al medio y vuelta por detrás. María aparece con un velo, pero el formato de su cara no difiere mucho de los otros.

 

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También se podría simplificar más la escena, proponiendo que se trata de unos esponsales, quizás más frecuente en esa puerta, donde la pareja sellaría con un beso su compromiso, con la bendición de la madre, que aparece tras la pareja. Me parece que en la catedral de Palencia llaman la puerta de los novios por donde salen tras la boda. Pues, algo así, sin más intención.

Ahora lo que pretendo es salir de Piasca, subir a Castilla y, siguiendo la ruta del taller de Covaterio y Juan de Piasca, seguir la pista no sólo al estilo, sino a la escena. No es ningún descubrimiento, que vamos a seguir los trabajos de Hernando Garrido y Beatriz Mariño, entre otros, lo que nos puede aportar la sensatez que a este servidor a veces le falta.

Tal como se apunta en el foro, la iglesia de la Asunción de Perazancas de Ojeda, de inspiración carrionesa –como luego veremos en Arenillas de San Pelayo- presenta en su arquivolta una bella colección de personajes, entre los que aparece de nuevo el ángel llevando recado de escribir al copista, al que bendice (no apunta al cielo, véase sus dedos).

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Esta vez, la compañía de  músicos, una contorsionista  (la única seriamente deteriorada) e incluso los dos personajes que se agreden, acompañados de la dama dolorida, como en Carrión y Arenillas, originan una mezcolanza que quizás lo alejan del sentido presuntamente religioso que pudiera tener la puerta del Cuerno de Piasca. Y me pregunto qué pintan en estas portadas palentinas (Carrión, Arenillas  y Perazancas), entre músicos, acuñadores de moneda, y gente de paz en general,  unos tipos dándose porrazos.  Pero esto lo veremos en otro próximo artículo.

Si pusiéramos banda sonora a las arquivoltas, desde luego sobrarían dos tipos zurrándose mientras suena la música y los martillos de los acuñadores de moneda. No es extraño que la fantástica intuición de Moralejo le llevara a fotografiar muy de cerca el escudo de uno de los contendientes de Perazancas, para deducir que está hecho quizás de mimbre, adecuado para una lucha con porras pero sin consecuencias fatales. Lo cuenta muy bien Beatriz Mariño en su trabajo “En Palencia non ha batalla pro nulla re” (3) puesto que lo que se representa sería una actividad espectacular ante sus portadas, como era la ordalía.

Pero  volviendo al tema, tenemos repetida la escena de Piasca del monje copista acompañado del ángel, como hemos dicho. También aparece el oso –en Piasca en la portada occidental- a mi modo de ver, porque era habitual acompañante de músicos, danzantes y gente de la farándula.

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Pero con quien estamos buscando conexión es precisamente con  la pareja amorosa que acompaña al escribidor y podemos observar que por delante se entrega  un objeto redondo  por una dama, dado la riqueza del ropaje, el casquete con diadema y un velo que cubre su pelo, que asoma junto a la oreja,  y ella le toca la cara, mientras por detrás parece  verse la mano del hombre hacia la cara femenina. Podemos decir que las cuatro manos están localizadas: dos reciben-entregan la bola y las otras acarician las caras. Si es la entrega de un regalo como compromiso o se trata de otra ceremonia, todo parece apuntar en principio a un compromiso amoroso. Cuenta Jaime Nuño en su artículo “De la cama a la sepultura: el discurso de la vida en época románica” (4) que hay que distinguir claramente los esponsales o desposorios del matrimonio bendecido y consumado. Aquí parece materializarse la entrega de arras por parte de la novia, ceremonia que nos hace recordar de nuevo que los matrimonios se realizaban precisamente ante la puerta de la iglesia. Explica el doctor Nuño que las “nupcias” derivan del aspecto de las casadas, que “nublaban” la vista de su rostro al casarse, con un velo o toca como el de las monjas, que ocultaba su pelo. Cabe especular con el aspecto de la joven, que lleva el pelo solamente sujeto por un velo y lleva el casquete mencionado sobre la cabeza. La mano del varón no se percibe si acaricia a la joven y no podemos dejar de lado la observación de Jaime Nuño sobre la ceremonia de colocación de un paño sobre los novios –si fuera una ceremonia nupcial- que sería lo que sostiene el hombre.

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Al lado, un hombre. probablemente un clérigo, lee un libro.¿Está realizando las amonestaciones o directamente el matrimonio? Si fuera así, reforzaría la propuesta del compromiso que pudiera reflejar Piasca, aplicando a la dama “que toca por detrás” las buenas intenciones de una madre. Estamos, por tanto, en Perazancas ante una escena muy próxima al beso de Piasca, con entrega de objeto de compromiso en lugar de beso y sin “madrina”.

Ahora dejamos al oso y toda la corte de Perazancas y nos trasladamos no muy lejos: a Arenillas de San Pelayo, siempre en tierras palentinas. Mismo taller, quizás mismo maestro. La arquivolta relata la acuñación de moneda como en Carrión, también con contorsionista –lástima su deterioro- los luchadores con porras y escudos y músicos.

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Pero aquí la escena que buscamos no está en la arquivolta,  la tenemos en un capitel. Lo ha estudiado Hernando Garrido y la tentación de interpretarlo en clave celestina aparece de nuevo, porque la mujer (quizás musulmana o judía) manipula las manos de la pareja por detrás.

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Figuran junto al capitel que, igual que en Santiago de Carrión,  representa lo que se entiende como una prueba de veracidad: las manos metidas en la boca del león.

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Su origen pudiera estar en otro enclave carrionés: la portada de San Zoilo.

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Nuestro capitel de Arenillas muestra al lado a la “madrina” –para los maliciosos, la alcahueta- sujetando la mano de la novia contra el costado del novio mientras apoya su otra mano sobre el hombro.

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Lo que ocurre es que, de nuevo poner una escena de celestinaje en la portada de una iglesia sería bastante chocante. Si hemos visto la relación “limpia” en Perazancas, no será difícil entender la acción de la “casamentera”, al igual que la supuesta dama que “anima” en Piasca, como una especie de madrinazgo sin buscarle otra intención. Pero desde luego, la escena del capitel de Arenillas puede ayudar a situar la de Piasca. Tenemos la acción de una tercera persona que promueve la relación. Y a este opinador tampoco se le aparta de la mente la citada escena de la pila de Rebanal de las Llantas.

Sería interesante conocer la opinión de algún experto que identificara el signo que luce sobre el pecho la dama de Arenillas, no vaya a ser una monja. Si ya nos dejamos llevar por la malicia, el varón tiene el pelo como el de un monje, pero insisto en que no tendría mucho sentido en una portada, salvo que  las escenas relacionadas con la “bocca della veritá” , que se refieren a la lucha de peones a garrotazos, como pruebas de verdad, tal como relata Beatriz Mariño en el artículo mencionado, se pudieran referir a la defensa de la virtud de la dama en cuestión.

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Tendríamos por tanto, desde su origen en San Zoilo en el mismo Carrión –donde se incluye en un capitel esa “prueba de veracidad” tan repetida en el contorno- que las portadas mostrarían acontecimientos memorables que se desarrollaban ante la fachada de la iglesia, como los juicios de Dios, bodas y fiestas con música y danzantes. No parece claro el motivo de mostrar todo el proceso de acuñación en Santiago puesto que, como cuenta Hernando, no se acuñó moneda en Carrión, pero quizás algún personaje oriundo del lugar tuviera cargo y poder bastante para darse un homenaje.

Y volviendo a las escenas que dan origen al brillante artículo de Beatriz Mariño sobre la lucha de villanos representada en Santiago de Carrión, que induce a verla de otra forma en Perazancas, y que aparece claramente en Arenillas,  pensamos que el tema se repite también sutilmente en Moarves, Son “variaciones sobre un tema” que diría Moralejo.

Como suele ocurrir, estas notas no resuelven ningún enigma, pero si contribuyeran a hacerse más preguntas, habremos cumplido el objetivo.

Fernando Garcia Gil. Adr 373

 (1) Jacques Le Goff .Una historia del cuerpo en la Edad Media.

(2) “La representación de un compromiso nupcial regio en una fachada románica hispana” en El Tímpano románico…Santiago 2003.

(3) Compostellanum XXXI, Jul-dic.86.

(4)Los protagonistas de la obra románica. Fund.Sta.Mª. la Real.Aguilar,2004.

 

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