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Reseña del nuevo libro de Ángela Franco sobre Arte leonés fuera de León

Miércoles, 16 de enero de 2013

 

En el prólogo, José María Luzón señala, como antecedentes de esta obra, una memoria que versó sobre el tema Escultura funeraria en León y provincia, que Ángela Franco publicó en la revista Hidalguía en 1971, y su tesis doctoral con el título Escultura gótica en León y provincia publicada en 1976. San Isidoro y la monarquía leonesa (1991) es otra obra en la que se denuncian las numerosas incautaciones del Estado en León, entre las que se encuentra el Crucifijo de Fernando y Sancha, máximo exponente del arte eborario y de la calidad del taller real, así como el Beato de Fernando y Sancha, hoy en la Biblioteca Nacional y una de sus joyas más preciadas.

La invasión napoleónica de 1808 y la Desamortización de Mendizábal, son señalados como causantes de pérdidas irreparables de objetos artísticos, su descontextualización, traslados desordenados y pérdida de referencia original.

La emigración de objetos artísticos del Monasterio de Sahagún es un capítulo que se analiza en la obra de forma pormenorizada por su trascendencia, cuyas obras se dispersan por diferentes museos: Museo de León, Museo Arqueológico Nacional y algunas obras en  Estados Unidos.

Robos y sustracciones a lo largo de la historia han mermado el rico patrimonio leonés a lo que han colaborado anticuarios y coleccionistas con pocos escrúpulos, apoderándose de obras extraordinarias con destino a diferentes museos y colecciones privadas.

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El marco legal en el que se desarrollaron ciertas actuaciones, es objeto de estudio en esta obra en la que Ángela Franco analiza documentos consultados en diversos archivos y que constituyen un proceso de investigación con resultados sorprendentes.

"Es lícito formular la propuesta de que la variedad de objetos incluida en el presente libro constituye una abreviada historia del arte medieval leones", afirma José María Luzón en su prólogo.

En el preámbulo, Ángela Franco ya nos anuncia que el libro no está finalizado...haciendo referencia a que una parte importante del patrimonio artístico español ha salido de su lugar de origen sin documentar o con datos imprecisos.

Referencia a obras de Gaya Nuño y a Francisco Fernández Pardo, a su reciente obra “El museo desaparecido: dispersión y destrucción del patrimonio artístico español”, 2007, donde se mencionan los robos y profanaciones de los Panteones Reales de los Monasterios de Sahagún y San Isidoro de León por las tropas francesas. También a la obra de María José Martínez Ruiz, “La enajenación del patrimonio en Castilla y León” a la que confiere una enorme importancia.

El Museo Arqueológico Nacional es la institución que atesora la mayor cantidad de obras de arte medieval leonés y desde su dedicación a este museo, la autora ha tenido la oportunidad de investigar y publicar varias obras donde expone sus conclusiones sobre este tema, al que ha dedicado gran parte de su actividad profesional.

En su artículo “La centralización de piezas medievales en grandes museos”, la autora trata de valorar las circunstancias y sopesar los eximentes de la acciones, según sus palabras, afirmando que las circunstancias del éxodo de los distintos objetos de su lugar de origen son muy variadas.

En el prólogo, Ángela Franco introduce la obra afirmando que en León se han fabricado multitud de objetos de arte con diversos destinos, especialmente la realeza y la nobleza y también monasterios y santuarios de dentro y fuera de León.

Ordoño II, que hizo espléndidas donaciones a la Catedral de Santiago de Compostela.

Los reyes Fernando I y Sancha fueron donantes de San Isidoro de León y la Catedral compostelana.

El monasterio de Sahagún, también fue distinguido por la realeza con ricos presentes, según se refleja en la primera crónica anónima de Sahagún, y algunas reliquias, todo ello objeto de saqueo por los franceses.

Raimundo de Borgoña, esposo de Doña Urraca, hizo espléndidas donaciones a la Catedral de Santiago, tras decidir allí su enterramiento.

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Y así numerosos ejemplos que Ana Franco va enumerando tras el concienzudo estudio de la numerosa documentación consultada por ella misma y por otros autores que también menciona.

Tras el preámbulo y la introducción que nos ha situado en el contexto de la obra, comienza propiamente a desarrollarse el contenido de la misma, distribuyéndose en ocho capítulos claramente diferenciados, de los que intentaremos extractar lo más significativo.

El capítulo I, titulado “Museo Arqueológico Nacional. Receptor de arte leones” ocupará 100 de las casi 400 páginas de este obra por dos obvias razones: el MAN atesora la mayor cantidad de obras de arte leonés fuera de León y nuestra autora, con cargos de responsabilidad en el mismo (jefa del departamento de antigüedades medievales desde 1981), leonesa de nacimiento y vocación y destacada experta en antigüedades medievales, con numerosas publicaciones sobre la materia, ha tenido la oportunidad de estudiar estos fondos de forma continua durante la mayor parte de su vida profesional.

La adquisición de objetos para el MAN se produjo desde el momento de su fundación y tuvo su auge entre los años 1868 y 1875. A ello contribuyen las aportaciones de numerosas entidades como las Reales Academias de la Historia y de San Fernando, las Comisiones Provinciales de Monumentos Históricos y Artísticos, las Academias de Buenas Letras, Sociedades Arqueológicas y hasta donaciones particulares.

Como antecedente se considera la Ley de Desamortización promulgada por Juan Álvarez Mendizábal (Ley de 29 de julio de 2837) en la que se explicita que las obras de arte debían pasar a formar parte de los fondos de los museos, declarándose de propiedad nacional y sacados a pública subasta para aliviar las penurias del Estado, pero con resultados económicos muy inferiores a lo esperado y daños artísticos irreparables, afirma Ángela Franco al evaluar las consecuencias de esta Ley desamortizadora.

José Amador de los Ríos aparece como figura relevante por su inmensa labor consiguiendo un rápido incremento de los fondos del museo, del que fue su Director (1968). Juan de Dios de la Rada y Delgado fue otro de los personajes más activos. Y otros muchos más investigadores que nos describe Ángela Franco tras el estudio de numerosísimos documentos que avalan sus afirmaciones, antes de introducirnos en la descripción de los objetos artísticos que hoy atesora el MAN.

Entre las incautaciones a que se hace referencia en las Memorias figuran los objetos artísticos procedentes de San Isidoro de León y que tras una exposición detallada de la documentación en que se explicitan los mismos, se nos describen de forma pormenorizada: la Arqueta de las Ágatas, la Arqueta de las Bienaventuranzas, el Crucifijo de Fernando I y Sancha, otras arquetas y numerosos objetos, como el sarcófago paleocristiano de Astorga.

Y así  pasamos de la inevitable aridez de la exposición documental a la detallada descripción de cada uno de los objetos que se guardan en el MAN, en la que podemos contemplar de forma simultánea las imágenes de los mismos estratégicamente acopladas en el texto mediante maravillosas fotografías.

El capítulo II, “Algunas consideraciones sobre el arte medieval leonés” comienza  haciendo mención a la generosidad o largueza de los reyes Fernando y Sancha.

Los reyes mandan construir la arqueta de los marfiles para contener los restos de San Juan y San Pelayo, titulares del la Basílica leonesa, patrocinan la creación del Libro de Horas de Fernando I, un Liber Canticorum y un Salterio visigótico.

Fernando I concierta una alianza con la Orden de Cluny de la que se benefician los monjes con una asignación anual generosa, aunque también se prodiga con la iglesia en general, como la Catedral de León y la sede palentina.

La ampliación del primitivo templo leonés dedicado a San Juan Bautista fue auspiciada por los reyes Fernando y Sancha. Consagrado con los restos de San Isidoro de Sevilla, santo visigodo, cambió la titularidad del templo y la espléndida ceremonia de consagración en 1063 ya pudo lucir la gran cantidad de objetos donados por los reyes.

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El paso del tiempo y algunas acciones reprobables, como la invasión y saqueo de las tropas napoleónicas, han mermado y perjudicado la conservación de tan fantástico patrimonio.

En el siguiente apartado de este mismo capítulo, Ángela Franco pasa al análisis litúrgico-artístico en el contexto histórico-religioso de la época. La liturgia hispana (término más adecuado que el de liturgia mozárabe para nuestra autora) termina cediendo terreno a la liturgia romana.

Mencionando de pasada la abundante bibliografía existente sobre la eboraria de los reinos hispanos y otras mal llamadas "artes menores", afirma que son fundamentales en el estudio de la artes suntuarias: la Cruz de Fernando y Sancha, la arqueta de las Bienaventuranzas, la de San Millán de la Cogolla, el Crucifijo de Carrizo de la Ribera, son ejemplos que cita.

La eboraria hispánica de los siglos XI y XII se corresponde básicamente con el estilo románico y León ocupa un puesto fundamental en los comienzos del arte románico hispano (J. Williams), siendo los artífices los reyes Fernando I y Sancha. La reina juega un papel esencial estrechando sus relaciones con Cluny en tanto que el rey realiza cuantiosos donativos a los monasterios y ambos encargan la copia de un manuscrito, el Beato más hermoso de los existentes, exponente de la liturgia hispana.

Analizando en profundidad la eboraria hispana, Ángela Franco señala los tres componentes principales en la que se inspiran: referencias al mundo islámico, su vinculación directa con la liturgia hispana y relaciones extrapirenaicas, afirmando que fueron numerosas las dádivas de los reyes a los monasterios, principalmente a San Isidoro de León, con motivo del traslado de los restos de San Isidoro de Sevilla a dicho monasterio en 1063.

En el  capítulo III, “Objetos leoneses en otras instituciones y colecciones españolas”, se señalan los objetos de arte medieval leonés que enriquecen los fondos de varias instituciones:

El Instituto del Conde de Valencia de Don Juan de Madrid.

La Real Academia de la Historia de Madrid, es depositaria de objetos singulares.

La Fundación Lázaro Galdiano posee varias tablas procedentes de una capilla desaparecida.

El Museu Nacional D'Art de Cataluña y el Museo Frederic Marés y la Fundación Godia en Barcelona, poseen numerosas obras, de las cuales tenemos testimonio merced a su reproducción fotográfica a toda plana que enriquece y mucho el libro que reseñamos.

Los judíos leoneses, cuyas referencias datan del año 905, constituyeron un importante foco de epigrafía hebraica y algunas de las lápidas funerarias donde están inscritas, se encuentran hoy en el museo sefardí de Toledo.

El IV capítulo describe los “Objetos leoneses en instituciones y colecciones extranjeras”. Objetos de arte procedentes de León se encuentran numerosos museos repartidos por todo el mundo.

Comienza la descripción en el Museo del Louvre de París (una magnífica placa de marfil con la Traditio Legis que probablemente fue encargo de Fernando I y Sancha para cubierta de alguno de sus códices  podemos admirar representado a toda plana) y continúa con la descripción de numerosos objetos en el The Art Institute of Chicago, el Museum of Art de Providence, Rhode Island, y otras piezas hoy en la Hispanic Society of América de Nueva York y, finalmente, en el Worcester Art Museum de Massachusetts.

El siguiente capítulo, el V, bajo el título de “Éxodo del arte de Sahagún y alrededores"   nos va a mostrar los objetos de arte procedentes de esta zona emplazada en pleno Camino de Santiago.

Tras un interesantísimo y exhaustivo análisis histórico-cronológico del origen de este monasterio benedictino de importancia trascendental en la Edad Media empezamos a descubrir sus restos escultóricos llegados hasta hoy.

Hermosos ejemplares de capiteles mozárabes se encuentran diseminados en diferentes lugares, hasta un número de diez que constituyen la cumbre del clasicismo de la serie leonesa-bizantina del siglo X (Gómez Moreno). Se conservan en el Museo de León, en el Museo de Palencia, en la iglesia de San Lorenzo de Sahagún y en el Museo de Santa Cruz de las Madres Benedictinas de Sahagún.

Dos piezas señeras, así denominadas por Ángela Franco, se encuentran, una en el Museo Arqueológico Nacional y se trata de un soberbio capitel románico del siglo XIII, y otra en paradero desconocido, una Majestas Domini, descubierta por Gomez Moreno, y que hoy conocemos por una fotografía. De nuevo podemos disfrutar de una exhaustiva descripción de ambas obras.

En el siguiente apartado, Ángela Franco, en unas consideraciones sobre la escultura del Monasterio de Sahagún, tras reconocer la dificultad para su estudio, pues el claustro se encuentran en la actualidad prácticamente enterrado, intenta recomponer lo que pudo haber sido a expensas de los escasos restos que han llegado hasta hoy, como el capitel del Apostolado en el Museo de León y otros dispersos en varios claustros distintos y algunos otros museos. La sala capitular, hoy desaparecida, presenta los mismos problemas para su estudio que el claustro.

El interesante Arte Funerario Saguntino ocupa el último apartado referente al Monasterio de Sahagún, Panteón Real por deseo de Alfonso VI y destino de sus restos mortales, que fueron sepultados en un suntuoso sarcófago. Interesantes descripciones del mismo por diferentes autores enriquecen documentalmente esta incursión en el arte funerario de Sahagún, así como de la figura del monarca y de las ceremonias litúrgicas de los monjes.

Al tapiar una ventana en la vecina iglesia de San Tirso apareció una Virgen entronizada con el Niño a donde debió trasladarse tras la destrucción del arruinado monasterio, acaecida rápida y desastrosamente, según palabras de Ángela Franco, que actualmente se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional, donde se encuentra también la cubierta del sepulcro del Conde Ansúrez, procedente también del monasterio de Sahagún. Se trata del más antiguo monumento funerario románico con decoración escultórica conservado en la península, dice la autora que, a continuación, analiza exhaustivamente.

El Monasterio de San Pedro de las Dueñas aporta al MAN un Arco románico procedente de su Sala Capitular y a su descripción se acompaña la del monasterio propiamente dicho.

Ya en el capítulo VI, “Scriptoria: Beatos y otros códices” la reconocida la experiencia de Ángela Franco en el estudio e interpretación de los Beatos, nos introduce en este capítulo en la descripción de los códices procedentes de monasterios de León y que hoy se encuentran repartidos por distintos lugares.

Menciona como scriptoriums conocidos los de San Isidoro, el de Sahagún y el de San Salvador de Tábara , este último debió tener gran actividad ya que de él proceden tres de los grandes beatos conocidos: el de San Miguel de Escalada, el de Tábara y el de Gerona.

Los Beatos leoneses están escritos en letra visigoda y están datados entre los siglos X y XII, siendo uno de los más antiguos el de San Miguel de Escalada, procedente del Monasterio de Tábara, hoy perteneciente a la Morgan Library.

El Beato de Fernando I y Sancha, procede del scriptorium de San Isidoro y se encuentra hoy en la Biblioteca Nacional de Madrid.

Del monasterio de Sahagún salieron numerosos códices, entre ellos el Beato del Burgo de Osma, en cuyo archivo catedralicio hoy se conserva.

También describe nuestra autora como procedentes de Sahagún otras obras como el Libro de Horas de Fernando I y otros, de los que hace una descripción pormenorizada y documentada en cuanto a su procedencia, destinatarios y ubicación actual por diversos lugares de España y del mundo.

Ya en el capítulo VII, “La Pintura Gótica” entramos en el estudio del llamado Gótico Internacional y de su autor más significativo: Nicolás Francés.

Nos trae aquí a este gran pintor porque, aunque de procedencia francesa, estuvo afincado en León, donde realizó su actividad además de en Valladolid y Zamora. A él se debe el magnífico Retablo del Altar Mayor de la Catedral leonesa, cuya descomposición y dispersión de parte de sus tablas, menciona con evidente indignación nuestra autora. El retablo que hoy contemplamos, tras la restauración del templo en 1900, ha sido configurado con algunas tablas recuperadas pero carece de la monumentalidad del primitivo y su programa iconográfico ha sido gravemente alterado.

Ángela Franco expone aquí una propuesta de la primitiva disposición de las tablas que conformaron tan colosal conjunto, producto sin duda de una ingente labor investigadora afirmando que el programa iconográfico está referido en gran parte a la Virgen, al tiempo que va describiendo la tablas de la primitiva composición y su ubicación actual, si es conocida. La vida de San Alvito y las de San Froilan y Santiago completan los ciclos hagiográficos e ilustran este soberbio Retablo Mayor de la Catedral leonesa. Impresiona ver el esquema en el que Ángela Franco recompone el retablo primitivo por dos razones: una es el impresionante trabajo que realiza y otra la gran cantidad de tablas que figuran con la etiqueta de “perdida” debajo del título de la escena representada.

Bajo el epígrafe de Nicolás Francés disperso, nos describe y muestra en una magnífica ilustración el Retablo de la granja de Esteva de las Delicias, custodiado actualmente en el Museo del Prado y procedente de la iglesia de Santa Eulalia de Hinojo. Su procedencia y llegada al Prado está ampliamente documentada.

Un apartado en este capítulo se refiere a la pintura hispano flamenca, y destaca como autor principal al Maestro de Palanquinos o Pedro de Mayorga.

Seis tablas procedentes del templo parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, de Palanquinos (León) están integradas en el retablo mayor de la Catedral leonesa desde 1903.

Del maestro de Palanquinos se conservan bastantes tablas fuera de España cuya relación por Gaya Nuño, esta descrita en esta obra y donde se puede apreciar su gran difusión por todo el mundo.

El VIII y último capítulo, “Otros objetos desaparecidos, en paradero desconocido o de filiación dudosa” cierra definitivamente la obra de Ángela Franco, que parece no querer olvidar ni uno sólo de los objetos de arte leoneses que en labor ingente de investigación ha podido identificar y entre ellos se apresura a destacar la custodia gótica de la Catedral de León realizada por Enrique de Arfe, dolorosamente desaparecida, y que fue una verdadera joya de la orfebrería leonesa, sometida a fundición durante las Cortes de Cádiz. Y una larga lista de objetos sustraídos ya irrecuperables.

Las ventas fraudulentas en la Diócesis de Astorga también mermaron notablemente el patrimonio artístico de dicha diócesis y afectaron a innumerables objetos documentados por Gómez Moreno y los objetos no han sido recuperados a pesar de las pesquisas que en algunos casos han llevado a su localización.

Una última frase de Ángela Franco expresa el sentir de nuestra autora ante estos hechos:

He dado comienzo al libro aludiendo a objetos artísticos encargados y donados a Catedrales, monasterios e iglesias por los poderosos. Con el correr del tiempo han desaparecido. Finalizo el mismo con objetos desaparecidos y sustraídos en épocas recientes. El ser humano pierde frecuentemente el sentido de tal, y sustituye la generosidad, que lo ennoblece en el marco del bien común, por la preferencia de la apropiación de los bienes ajenos, con legalidad o sin ella".

José Luis Beltrán

Autora : Ángela Franco Mata

Editorial : Edilesa

ISBN: 978-84-8012-721-9

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