
REFLEXIONES ROMÁNICAS IV. Eunucos felices
y saltarines.
Autor: Jaime Cobreros. Mayo 2005
En el número de abril de la revista "Descubrir el ARTE"
aparece publicada una crónica del Sr. José María
Solé comentando la actualidad artística. La misma va encabezada
por tres ilustraciones fotográficas: un retrato del escultor
Martín Chirino, una perspectiva del Castillo de Montjuïc
y una tercera, de bastante mayor tamaño que las otras dos, en
la que en una pancarta emergiendo de la multitud se lee "Santo
Subito!".
El Sr. Solé comienza así su página: "Cuando
pensábamos, con un cierto fundamento, eso sí, que el mundo
-a pesar de todos sus pesares- vivía en permanente progreso.
Cuando considerábamos inocentemente que las sucesivas revoluciones
materiales y morales habían servido para algo, comprobamos con
horror que estamos sumidos en la Edad Media". Y continúa:
"Vivimos tiempos de histerias colectivas de oscuro origen, de milagros
que se multiplican cada día que pasa (...) Los maravillosos espacios
que Miguel Ángel y Bernini crearon por encargo de pontífices
amantes de una belleza que rompía con el pasado han servido ahora
como contenedores de oscurantismo y regresión. De consuelo puede
servir el pensar que aquellos tenebrosos tiempos coexistían con
la perfecta belleza del Románico y del Gótico".

Es difícil encontrar reunidos en tan pocas líneas tres
ideas fundamentales del "pensamiento correcto" del que el
Sr. Solé se erige en representante preclaro. La primera es la
idea de progreso, idea que ha esterilizado el pensamiento occidental,
tan menguado ya. Si es indiscutible el progreso material, no lo es tanto
el moral. El Sr. Solé no deja de recordar (¡faltaría
más!) "aquellas Cruzadas de niños enviados a la muerte",
ignorando al mismo tiempo a los 100 millones de niños que mueren
en la actualidad de hambre cada año en el mundo. Como también
ignora lo espiritual, no sabemos si porque no cree que exista tal dimensión
en el hombre, porque la anexiona a la moral o porque sencillamente es
consciente de que en lo espiritual no puede hablarse de progreso alguno,
sino de una clara involución. Las otras dos ideas claves del
pensamiento del Sr. Solé son las del oscurantismo medieval y
la de la superioridad del hombre moderno sobre los que lo precedieron.
¿Cómo pueden ser tenebrosos unos tiempos que coexistieron
con la "perfecta belleza del Románico y del Gótico"?
¿Es que el Sr. Solé piensa que el arte no refleja la sociedad
que lo produce? Como fue reflejo el de Miguel Ángel del humanismo
redescubierto por el Renacimiento o el de Bernini de ése mismo
humanismo desaforado llevado al límite por el Barroco. Como es
el arte actual reflejo de una sociedad extraviada y caótica impulsado
por el Modernismo.
El Románico, que es lo que aquí fundamentalmente nos
ocupa, es el reflejo formal de un "mundo que sacudió su
vetustez para ceñirse con frescura un manto de santuarios blancos",
una vez cruzado el umbral del primer milenio. Tal como lo describió
un historiador coetáneo de la revolución románica.
El Románico, si bien utilizó estructuras arquitectónicas
anteriores y construyó otras nuevas, utilizó unas y otras
de un modo distinto, radical y total. Fue un arte distinto por la profundidad
del significado que confirió a las formas, radical por la ruptura
conceptual con cuanto le precedía y total por cuanto se dirigió
a la totalidad del ser humano: a sus sentidos, a sus emociones y sentimientos
y a su espíritu o intelecto transracional puro. La sociedad románica
consiguió lo que buscó con inteligencia, expresando con
su arte lo que ella fue.
La "perfecta belleza del Románico", a la que alude
el Sr. Solé, no es mas que la consecuencia natural de la Verdad
(sí, sí, con mayúscula) cristocéntrica en
la que el Románico hunde sus cimientos. Pero tales conocimientos
están vedados para los "pensadores correctos" que han
perdido su intelecto puro y que saltan sobre sus contradicciones cual
eunucos felices ignorantes de lo que carecen. De ahí, por ejemplo,
que hombres postmodernos como el Sr. Solé sean incapaces de distinguir
la diferencia entre un arte sagrado (el Románico) y un arte religioso
(el de Miguel Ángel y Bernini).
Paradójicamente el Sr. Solé tiene razón cuando
relaciona lo sucedido las semanas pasadas en la Plaza de San Pedro con
la Edad Media. Hemos asistido a la muerte en directo de un Papa, a la
espontánea aclamación de su santidad (lo que efectivamente
no sucedía desde la Edad Media), a la toma de Roma por cuatro
millones de peregrinos sin el más mínimo arrebato de histeria
personal ni colectiva (otro saltito que ha de dar el Sr. Solé),
a unos funerales de un Papa acompañado por más de doscientos
representantes religiosos y políticos de la Tierra y, tras todo
ello, a una elección papal también casi en directo.
En estos pasados días el Espíritu ha soplado sobre la
Tierra. La intervención de Dios en la Historia se ha manifestado
claramente. Los hombres románicos utilizaron la representación
de la mano de Dios para simbolizar la evidente acción divina.
Manos de Dios pintadas o talladas como la de Sant Climent de Taüll,
la de Sant Pau del Camp, la de Irache sosteniendo un crismón
o tantas otras extraordinarias ejemplos de la "perfecta belleza
del Románico".
Todos los artículos de este autor:
REFLEXIONES ROMÁNICAS
I. ¿Evolucionismo, diacronismo, sincronismo?

REFLEXIONES ROMÁNICAS II. Características
imprescindibles del arte románico

REFLEXIONES ROMÁNICAS
III. Beato Mozárabe en el siglo XXI

REFLEXIONES ROMÁNICAS
IV. Eunucos felices y saltarines 
REFLEXIONES ROMÁNICAS
V. Los capiteles en flor del Camino de Santiago

REFLEXIONES ROMÁNICAS
VI. Para cuándo la España románica?

REFLEXIONES ROMÁNICAS
VII. En las raíces de Europa 
REFLEXIONES ROMÁNICAS
VIII. Del orden natural de las cosas como base de todo arte sagrado

