
La ermita de Alcozar (Soria) guarda una joya
recién descubierta: su galería porticada
Autor: Juan Antonio Olañeta Molina. Junio 2005
Una de las limitaciones con las que se encuentran los
historiadores del arte para avanzar y profundizar en el conocimiento
del arte Románico son los escasos descubrimientos de piezas inéditas
que puedan aportar nuevos elementos de análisis. Sin embargo,
en la provincia de Soria existe una ermita, en un lamentable estado
de ruina, que en sus muros esconde una joya por descubrir: su galería
porticada.
En la histórica localidad de Alcozar, en cuyas cercanías,
en el predio de Piedra Sillada, Almanzor derrotó en 995 a las
huestes del conde Garci Fernández, languidecen en lo alto del
monte Macerón los cada vez más escasos restos de la ermita
románica (s.XII) de San Esteban Protomartir.
Originalmente la ermita, que fue la iglesia parroquial hasta 1772,
era un edificio de una sola nave, con ábside semicircular con
canecillos esculpidos y galería porticada en su muro norte. La
ubicación de ésta última resulta sumamente interesante,
ya que por regla general las galerías suelen situarse en el lado
sur del edificio. En el siglo XVII se añadió una sacristía
en el lado noreste, se sustituyó el muro norte por dos amplios
arcos torales, se elevó un coro a los pies de la nave, se abrió
una puerta al estilo de la época en la galería porticada
y se tapió lo que de ésta quedó. Estas desafortunadas
reformas se llevaron a cabo para ampliar el aforo del templo.

Actualmente se ha desplomado la techumbre de la nave original, poco
se conserva del muro sur, los sillares del coro yacen en el suelo, las
tejas practican el equilibrismo sobre los carcomidos maderos que se
conservan de la cubierta de la galería y una espectacular grieta
vertical ha sentenciado al ábside de mampostería si no
se actúa a tiempo. De las pinturas tardorrománicas que
había en el ábside y que representaban a una Maiestas
Domini con Tetramorfos tan sólo quedan unas leves manchas.
Lo descrito hasta el momento puede llevar al lector a preguntarse que
es lo que hay de extraordinario en tan desoladora ruina. Lo que hace
diferente a este amasijo de piedras y muros que difícilmente
se soportan en pie es su galería porticada.

La misma ha pasado desapercibida hasta la fecha, ya que está
absolutamente tapiada. A priori nada parecía indicar que los
sillares que la han cegado durante siglos escondieran una de las que
puede ser últimas galerías porticadas por descubrir.
Hace unos meses, uno de los vecinos de Alcozar, en un imprudente arrebato,
se aventuró a extraer los sillares que cubrían el lateral
este de la galería, el cual cumplía las veces de muro
de separación de la sacristía. Cual no fue la sorpresa
cuando salió a la luz un bello arco con moldura de ajedrezado
sostenido por dos soberbios capiteles. El del lado sur, con decoración
vegetal tratada de forma muy geométrica, presenta fuertes similitudes
con dos de los capiteles de la también cegada galería
de Arganza. El capitel del lado norte representa a unas arpías
afrontadas con tallos vegetales que les rodean el cuello. Ejemplos con
tema y composición similar pero de traza diferente se pueden
encontrar en Silos, Azcona, Revilla de Orejana (El Arenal) y Oquillas.

En una reciente visita a la ermita, en compañía de miembros
de la Asociación Alcozar, realizamos mediciones del ancho de
los muros. Todo parece indicar que, al igual que ocurría en el
descubierto lado este, el muro norte de la galería conserva ocultos
los capiteles originales. De ser así, cosa de la que estoy convencido,
podemos encontrarnos ante una magnífica y preciosa galería
porticada.
Convencidos de la importancia esta obra, la Asociación Alcozar
(www.alcozar.net) y el foro Gensoria (http://es.groups.yahoo.com/group/gensoria/)
lanzaron un llamamiento para la recuperación del mismo. Recientemente
se les ha unido Amigos del Románico (www.amigosdelromanico.org),
asociación fundada el pasado mes de marzo.
A la vista de la situación del edificio parece que lo prioritario
es evitar el desplome de las partes con mayor riesgo de derrumbamiento
y limpiar el interior del templo de escombros. La consolidación
del ábside y el saneamiento de la cubierta de la galería
son, pues, las tareas que deberían realizarse con carácter
de urgencia. Con posterioridad deberían realizarse catas en los
muros para confirmar la existencia del resto de los capiteles de la
galería y proceder al trabajo arqueológico. Finalmente,
habría que acometer la restauración propiamente dicha.

En mi opinión habría que independizar la iglesia de la
galería, levantando de nuevo el muro norte, para que ésta
volviera a ser un lugar de encuentro del pueblo, sitio donde pasear,
sentarse a la sombra y, con la vista panorámica, compartir conversación
con algún paisano.
Confiemos en que el buen hacer de los castellanos evite la ruina definitiva
de tan interesante ejemplar del románico soriano.