
La misteriosa iglesia de San Pedro Advíncula
en Echano (Navarra)
Autor: Andrés Ortega. Mayo 2005
Hace cinco años, cuando por primera vez me encontré en
el valle de la Valdorba en Navarra con la portada de la Iglesia de San
Pedro ad Víncula de Echano, percibí que algo que allí
estaba esculpido se salía de los cánones y no encajaba
en las definiciones y en los sesudos estudios de los múltiples
libros de Historia del Arte que tanto a nivel general como especializado
documentan el Románico en todas sus facetas.
No sabía qué era lo que no encajaba. Y esa
intriga me hacía volver a visitarla a menudo y a recorrerla,
asombrado, con la mirada de derecha a izquierda y de izquierda a derecha.
Enseguida empecé a mandar fotos a través de Internet a
otros estudiosos del románico tanto españoles como europeos
y las contestaciones eran siempre las mismas: nadie había visto
nada igual, ni en composición, peinados, barbas
Lo más
parecido, y a notable distancia, era la portada de Santa María
de Uncastillo, realizada en fechas posteriores.
Con el paso del tiempo la intriga fue en aumento y me
llevó a leer todo lo que encontré escrito hasta la fecha
sobre esa portada. Curiosamente los diferentes autores repetían
más o menos la misma descripción: portada al norte, con
seis arquivoltas profusa y espléndidamente decoradas, y, en la
de en medio, veintiséis personajes de los cuales cuatro tocaban
instrumentos musicales sentados a la mesa formada por el baquetón.
La descripción de las actitudes de los personajes y los motivos
de su presencia variaban, aunque de una forma inapreciable, para unos
se representaba un banquete, para otros había veintiséis
personajes de condición marginal y para los demás solamente
había 26 personajes que alternativamente levantaban las manos
o las tenían sobre la mesa. Únicamente D. Tomás
Biurrun y Sotil (El arte románico en Navarra, Pamplona 1936,
p. 678) se aproxima al sentido de la representación: "Es
posible que, aquellos músicos que manejan la flauta cuadrada
y otros diversos instrumentos, quieran representar una fiesta celebrada
por el Señor de Echano y del Val de Orba."
Pero vayamos por partes. Después de arduas e infructuosas investigaciones
acerca del origen y propiedad de la mencionada iglesia, -había
llegado un momento en que no sólo me atraía por su portada,
sino que también entreveía un halo misterioso en torno
a quién y por qué la construyó (actualmente sin
ningún edificio en su entorno ni señales de ellos a más
de 250 metros a la redonda)-, un buen día encontré un
documento de 1550 en el que se decía que había pertenecido
a un palacio con casa, casal y vecindad con su torre y molino, tierras
y heredades
Este hallazgo fue corroborado por un documento gráfico
posterior consistente en una foto aérea efectuada en 1931 en
la que se apreciaban unas importantes ruinas adosadas al hastial de
la iglesia, entre las que sobresalían una torre y los restos
de un edificio adosado en el lado sur.
Había dado un gran paso. Ya sabía que fue la iglesia de
un palacio, pero ¿quién fue el comitente? Sin duda se
trataba de un personaje de linaje y con medios suficientes, pues estamos
ante la iglesia rural más rica en materiales y decoración
del románico rural navarro y, sin duda, la mejor y más
grande de toda la Valdorba, demarcación compuesta en la actualidad
por 23 localidades y algunos desolados más.
Las
siguientes investigaciones ya no dieron resultado, y, por consiguiente,
mientras no aparezca algún documento que aclare la propiedad
inicial, tendremos que pensar que como decía Tomás Biurrun
fue el señor de Echano y del Val de Orba quien mandó construir
el palacio y su iglesia en torno a los años 1160 - 1170.
¿Pero qué ideas o hechos incitaron al Sr.
de Echano a mandar reproducir las fiestas de las Kalendae Januariae
en la portada? Porque, aunque fuera de toda ortodoxia románica,
eso es lo que se está representando en esa misteriosa arquivolta.
Tampoco sabremos qué pasó por su cabeza, pero lo que sí
se puede constatar es que a la derecha (izquierda del espectador) de
la dovela clave, que representa a un personaje exclusivo como veremos
más adelante, hay una máscara, símbolo de la ocultación
y del misterio, del equívoco y en definitiva del carnaval. A
continuación, de nuevo a su derecha, se muestra un personaje
con dos cabezas: imagen significante del dios Jano, cuyo atributo es
la doble cabeza o cara (bifronte) y al que en el mundo romano se celebraba
culto desde comienzo de año, es decir, desde enero, hasta la
Primavera. El modo de celebrarlo era saliendo a la calle con máscaras,
sobre todo en las barriadas rurales y en los pueblos, acompañándose
con cencerros, adornándose con cucuruchos o vistiendo trajes
estrambóticos.
Aquellos 26 personajes a que aluden diversos autores, como vemos se
han convertido en veinticuatro: uno de ellos con dos cabezas, más
otro que representa una máscara. En su composición se
utiliza el esquema representativo del "retrato colectivo",
según describe André Grabar . En la clave se sitúa
un personaje, el "Señor de Echano y del Val de Orba",
que, con las manos en las rodillas e investido de autoridad con unas
luengas barbas rizadas hacia fuera, "preside" la mesa rodeado
de otros veintitrés personajes: uno de ellos representado a Jano
y los demás familiares, militares y señores de su entorno,
que le acompañan festivamente. Cuatro tocan instrumentos y los
restantes aparecen con las manos levantadas -símbolo expresivo
de la voz y el canto - o tocando las tejoletas, el resto, las apoya
sobre la mesa.

Pero no acaba ahí su "originalidad".
Los tres capiteles historiados, de los seis en los que recaen las arquivoltas,
también tienen su incógnita. De izquierda a derecha del
espectador vemos en el primero a dos caballeros elegantemente vestidos
que esperan con palmas de gloria la llegada de "alguien".
En el siguiente, ese "alguien" (imposible reconocerlo porque
tiene la cara destrozada, pero se puede asegurar que sería el
mismo de la clave) descansa sentado, mientras dos caballeros, uno a
cada lado, apoyan una mano en sus brazos en señal de familiaridad,
respeto o consideración. Y por último, en el tercero,
vemos al mismo personaje de la clave, el Sr. de Echano, con sus luengas
barbas rizadas hacia fuera, que, de pie en la esquina del capitel, recibe
el homenaje y la ofrenda de dos caballeros que, rodilla en tierra, le
entregan algo (lamentablemente el capitel está deteriorado como
para apreciar que es lo que le ofrecen).
Así como de las ruinas del palacio no ha quedado ni rastro,
la iglesia nos ha llegado intacta. Pertenece al románico tardío,
influido por el nuevo estilo cisterciense, como se evidencia en la bóveda
ligeramente apuntada o en los capiteles interiores decorados con motivos
vegetales, salvo los del último tramo que son historiados.
Conserva una completa colección de canecillos de una gran carga
simbólica, treinta y siete bajo el tejado del edificio y 10 bajo
el tejaroz de la portada.
Para saber más visite:
Echano
en www.romanicoennavarra.info.
La
Fiesta de Jano en Echano