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Catedral Románica de Burgos: el mundo en que nace y su significación

Autor: Félix Palomero Aragón. Abril 2005

1.- Breves apuntes históricos sobre el origen de la sede burgalesa.

Hasta que el año 1075 la sede episcopal queda definitivamente fijada en la ciudad de Burgos, hay un complicado y azaroso camino que fue magníficamente estudiado por Dom Luciano Serrano primero y D. Demetrio Mansilla después. Para una más amplia y documentada historia remitimos a los trabajos de ambos eclesiásticos. Ahora nos vamos a limitar simplemente a señalar algunos acontecimientos significativos desde el siglo X al XIII, momento en que se inician las obras del templo gótico. Haremos especial hincapié en lo relativo a la catedral.

La sede episcopal del primer obispo diocesano, el legendario San Indalecio, se encontraba en Oca, lugar donde parece que se restablece en el siglo IX, momento en que de la zona se integra en el reino astur-leonés. El lugar se encuentra bastante alejado del Duero y su trayectoria histórica lo ligaba más al valle del Ebro y a la sede metropolitana tarraconense. La tierra de Castilla no tenía un único obispo pues sabemos de la existencia del de Valpuesta y otros denominados de Castilla que extendían su jurisdicción a Asturias de Santillana y Burgos. No conocemos con exactitud los límites de cada sede episcopal. Durante el siglo X parece como si los obispos de Oca y Valpuesta se repartieran Castilla y la ciudad de Burgos pudiera ser el centro eclesiástico de aquellos obispos de la corte que carecían de sede fija. A lo largo del siglo X y parte del XI tenemos documentado que algunos de éstos se titulan obispos de Burgos. Así lo hacía García el año 988 y más tarde Gudesteo según señala el historiador y abad de Santo Domingo de Silos Dom Luciano Serrano. Pero la sede episcopal de Oca, tal vez por ser la más antigua y por razones jurídicas, sigue teniendo un papel predominante y es el primer centro episcopal de Castilla. El espaldarazo a esa primacía se lo da y pone por escrito en un documento el belicoso y aguerrido rey de Castilla y más tarde de León, Sancho II. El año 1068 concede a la sede de Oca un amplio y generoso privilegio con abundantes propiedades. Este hecho se interpreta como una restauración del obispado y preludia el paso que se dará en breve tiempo por Alfonso VI trasladando la sede episcopal a la ciudad de Burgos.

Los dos obispos anteriores a esta restauración del obispado, Gómez y Jimeno, muy bien pueden ser considerados de Burgos, pues la misma no significa otra cosa que recuperar el antiguo dominio territorial teniendo como centro la ciudad de Burgos. Ésta pasa a ser definitivamente el eje del reino castellano, los reyes residen largas temporadas en ella e inicia un amplio crecimiento que hace más apetecible y necesaria la residencia del obispo en ella.
El primer paso hacia Burgos se da oficialmente con un documento de 8 de agosto de 1074, al trasladar provisionalmente la sede a Gamonal, a un templo cedido por las infantas doña Urraca y doña Elvira (hermanas de Alfonso VI). El documento dice así: “… ut edificietur ibi ecclesia episcopalis katedre, que sit mater totiu diocesis Castelle”, es decir, para la construcción de la sede episcopal castellana: en singular y con artículo determinado, lo que es buena prueba de la categoría que piensa dársele a esta sede episcopal. Esta provisionalidad obedece más a razones políticas que a otra cosa, pues se hace necesario un tiempo para solucionar jurídicamente los problemas habidos con el obispo de Muñó, con sede en Sasamón que tenía jurisdicción en Burgos, Castilla la Vieja y Transmiera. Finalmente le acomodan en la sede de Valpuesta hasta su muerte el año 1087. De esta forma el año 1075, el obispo reside ya en su sede de Burgos y tiene potestad en todo el ámbito excepto en Valpuesta.

Éste se integrará en Oca a la muerte de su obispo y es precisamente en ese momento cuando nace el obispado de Burgos en la acepción medieval del término. Este traslado es propiciado y auspiciado por el rey Alfonso VI, que contribuye cediendo los palacios de su padre para residencia y sede del obispo. Dice así: “ Concedo, itaque, tibi et eclesie tue in renovatione ipsius episcopii quandam parvusculam partem, palatium, videlicet, patris mei, Ferdinandis regis et matris mee, Sancie, regine, quod burgis habeo…Hanc uero, ecclesiam cum prefacto palatio Deo Sancteque Virgini Marie, et sibi Symeoni episcopo, tribuo… dono in super, tibi et burgensi sedi tue, quam ex proprio censu meo reedifico”. En esos terrenos se levantará la catedral románica, suponemos no demasiado grande pero acomodada a las necesidades de una ciudad aún pequeña y una sede episcopal poco significada hasta ese momento, que además cuenta con otros centros históricos que hacen innecesario un gran templo. Es posible que esta catedral románica fuera consagrada el año 1.088 (o pocos años después) con motivo de la celebración del Concilio de Husillos, en el que se marcan los límites de la propia diócesis. El compromiso adquirido por Alfonso VI en la construcción de la nueva catedral se sigue demostrando en los años siguientes, en los que confirma las donaciones precedentes y se hace cargo de diferentes gastos y costea la construcción del templo de su propio bolsillo. Algunos otros documentos nos informan también del proceso constructivo del templo. Así, por ejemplo, el año 1085 el obispo Osmundo de Astorga concede al de Burgos (a al sazón, Gómez, 1082-1097) la iglesia de santa Eulalia de Muciehar para la dotación del altar mayor consagrado a la Virgen, lo que nos permite suponer que el ábside central estaba concluido y en uso para ese momento. El año 1092 se constata la existencia de dos altares dedicados a Santiago y a San Nicolás.

2.- La catedral románica.

Dado que los restos materiales son de escasa importancia y muy parciales, la tarea de reconstruir el conjunto de edificaciones del complejo catedralicio burgalés, se torna particularmente difícil. En principio tenemos documentada la existencia de tres construcciones o conjunto de edificios que lo conformaba: el templo catedralicio, el recinto canónico y las dependencias episcopales o “domus episcopi”. Con las cautelas, dificultades y dudas más que razonables vamos a tratar de reconstruir y ubicar cada una de ellas siempre que ello sea posible.

2.1.- El templo catedralicio.

La catedral románica se ubicaba en el mismo espacio ocupado por el templo actual, posiblemente en un nivel inferior, acomodando su longitud a lo que nos permite el claustro , “la claustra vieja” de que hablan los textos medievales. Nos parece que hacia el este se prolongaba hasta el actual crucero donde se ubicaban los ábsides dando como resultado un templo con cinco tramos, tres naves, planta de salón y posiblemente un crucero señalado en altura tal con cúpula similar a la existente en San Quirce. Seguramente a los pies, sobre la superficie ocupada por el primer tramo del templo actual se levantaran las torres. Nos parece que debió haber una sola portada, la correspondiente a la nave central y sobre ella se debió elevar un pequeño pórtico a manera de nártex. Las otras portadas eran de comunicación interior entre el templo catedralicio y el claustro y de éste con las dependencias episcopales, del cabildo y el palacio real.

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Para esta reconstrucción hipotética no tenemos otro aval que la longitud del ala norte de “la claustra vieja” adosada a la nave meridional que correspondía exactamente con los cinco tramos del actual templo gótico. El hecho de que el módulo utilizado en los tramos susodichos no se corresponda con lo que es habitual en una catedral gótica sino que más bien su desarrollo responda a los usos imperantes en las catedrales y monasterios románicos, nos hace pensar que las naves del actual templo gótico se levantan sobre la construcción precedente.

Otro dato histórico importante es la referencia de la “concordia mauriciana” habida entre el cabildo y el obispo el año 1230. En esa fecha se pasa a reorganizar las relaciones entre el cabildo y obispo y además se traslada el culto desde la vieja catedral románica a la nueva. Ésta consiste únicamente en el ábside y los tres tramos correspondientes al coro medieval, con la correspondiente girola levantada tal como reconstruye H. Karge la primera. Por ello pensamos que se ha respetado en su totalidad el templo románico y es a partir de esa fecha cuando se empieza su destrucción para levantar el gótico. Por todo ello suponemos que los ábsides llegaban hasta el actual crucero y el conjunto del templo ocupaba la superficie que en la actualidad ocupan las naves del templo gótico.

Sin mucha certeza parece que esta obra estaba ya levantada en gran medida el año 1085, cuando se dota el altar mayor dedicado a Santa María. El año 1092 sabemos de la existencia de otros altares erigidos en honor de San Nicolás y Santiago. Ya en pleno siglo XII, año 1167, se documenta varias casas, una en la vía regia y otra camino de la catedral que conducían al templo desde San Lorenzo (San Llorente) y desde San Esteban a San Nicolás. Nos parece que las formas constructivas tanto en la tipología de los muros, como en la forma de los ábsides y alzado de los pilares, no debiera distar mucho de lo que es habitual en ese momento. Por ello pensamos que la catedral de Burgos no sería sustancialmente diferente de los templos monacales de San Salvador de Oña o San Pedro de Arlanza, ambos ubicados dentro de una amplia escuela que extiende sus formas a ambas vertientes de los Pirineos y dentro de la que se incluyen obras tan importantes como las catedrales de Jaca, Pamplona, León, Astorga, Palencia, Orense y los templos de algunos monasterios como Sahagún, San Isidoro de León, San Zoilo de Carrión, San Salvador de Oña, San Pedro de Cardeña, Arlanza y San Isidoro de Dueñas entre otros.

Uno de los datos más comunes a la mayor parte de esas construcciones es la utilización de la planta basilical significando sobre manera la nave central y el remate en cabecera en cascada al estilo de muchos templos benedictinos. A ese concepto espacial y de tipología templaria nos parece debió pertenecer la catedral burgalesa que se debió rematar en tres ábsides con cubierta abovedada (de cañón y horno) seguramente con arcadas interiores como vemos en Arlanza y San Quirce pilares con doble columna presentes en Silos y Arlanza. Más complicado resulta saber si hubo alguna significación en el hipotético crucero con la presencia de la habitual cúpula sobre trompas que vemos en San Quirce, existió en Silos y adquiere especial relieve en el templo del monasterio de Frómista, catedral de Jaca y en la pequeña iglesia del castillo de Loarre.

En el mundo castellano en general y en el burgalés en particular las cubiertas abovedadas, salvo en los ábsides, no fueron un rasgo destacado de los templos románicos, incluso en los más monumentales, en los primeros momentos de desarrollo del estilo. A pesar de la existencia en muchos casos de arcos formeros y de pilares cruciformes (S. Pedro de Arlanza, por ejemplo) la primera cubierta fue de armazón de madera. No estamos ante un problema económico que prefiera esta solución por menos costosa que el abovedamiento pétreo, sino ante una concepción espacial diferente, heredada a buen seguro de tradiciones anteriores, muy arraigada entre los maestro de la obra. La iglesia del citado monasterio de Arlanza así como las de otros tan notables como Silos u Oña no tuvieron en su diseño original abovedamiento pétreo. Estamos convencidos de que también la catedral románica respondía a estos mismos planteamientos espaciales. Esta forma de cubrir la, o las naves de un templo fue, una constante del románico en el ámbito burgalés donde sólo bien entrado el siglo XII se generaliza, sólo en algunas zonas, el uso de la bóveda.

Otra de las singularidades de los dos grandes templos monacales, los más similares en planta a la propia catedral, es la existencia de un nártex a los pies. En Oña se abría hacia el oeste y en Arlanza, por estrictas razones orográficas, la portada se abría a una escalera en el norte. No sería extraño que el templo catedralicio burgalés tuviera esta construcción, algo que perdurará a lo largo del tiempo y de los estilos artísticos en la actual provincia de Burgos.

2.2.- El recinto canónico.
Uno de los hechos más importantes de la reforma gregoriana es la implantación de un cabildo catedralicio cuya organización y formas de vida se irán conformando a lo largo de los siglos XI y XII. En todo caso desde sus orígenes tienden a llevar una vida en común regida por una regla, habitualmente no lejana a la de San Agustín. A lo largo del siglo XI se va confirmando el tipo de vida y las obligaciones y derechos que a ellos competen. Ello hace que junto al templo catedralicio, muy frecuentemente siguiendo el modelo monacal, encontremos un claustro en torno al que se establecen un conjunto de dependencias necesarias en la vida regular de los canónigos. A ese conjunto de construcciones ligadas al uso y necesidades de estos clérigos se denomina recinto canónico; consta de: claustro, sala capitular, refectorio, biblioteca y residencias individuales (a veces colectivas) de estos clérigos.

De lo que fuera el recinto canónico románico ante todo tenemos la referencia de la documentación medieval que habla de “la claustra vieja”, en clara alusión al claustro, y a algunas capillas existentes en esa zona. Hace pocas fechas las reformas habidas en la capilla del Cristo han permitido llevar a cabo unas catas en la zona denominada “vestuario de los canónigos” -crujía meridional del claustro románico-; gracias a ellas han aparecido restos del suelo primitivo, una portada, parte de otra y ha quedado constancia de que el muro perimetral es en lo esencial románico hasta cierta altura. Junto a ello debemos añadir que la crujía meridional se prolongaba hasta la mitad de la actual escalera del Sarmental, donde se ubicaba el ángulo sudeste. Ello nos permite suponer que el muro este de la claustra se continuaba desde aquí hasta morir en la fachada meridional del templo catedralicio a la altura del crucero o arranque del ábside meridional. Los aportes de esas excavaciones, muy condicionadas, han puesto de manifiesto que en el mismo se siguió trabajando y remozando a finales del siglo XII o principios del XIII, pues los restos de esas portadas delatan su origen tardorrománico. Las portadas abiertas en el muro meridional nos permiten más aproximaciones a lo que era la fábrica del conjunto catedralicio románico en esta zona. Ambas comunicaban el claustro con estancias del palacio real y episcopal que no parece fueran abiertas al exterior.

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Por los aportes de la documentación, algunas noticias históricas, la tradición y los restos encontrados parece que el claustro y sus dependencias ocuparon el espacio situado al sur de la nave lateral derecha, lo que ahora es la capilla del Cristo, la de la Presentación, la de San Juan de Sahagún y gran parte de la superficie que ha quedado sin construir a partir del momento que se derrumba el antiguo palacio epsicopal y lo que fuera la escuela catedralicia. Poco más se puede hacer que ubicar esta dependencia y sus anexos pues cualquier intento de reconstrucción resulta poco menos que imposible. Ello no obsta para que podamos imaginar que sus formas, estructura y organización no difería de la de cualquiera de los claustros monacales o catedralicios que han quedan en pie y que son coetáneos como parte del de Santo Domingo de Silos.

2.3.- Las dependencias episcopales.
La documentación nos informa de que 1 de mayo de 1075 se traslada la sede episcopal a la ciudad de Burgos y además recoge la confirmación de la donación de los palacios reales para establecer la sede episcopal. Esa decisión de Alfonso VI es la confirmación de otra anterior de su padre Fernando I y la misma se verá ampliada el año 1081 con la iglesia contigua y los palacios, todo ello para servicio de la “domus episcopi”. Este conjunto de donaciones palaciegas e iglesia se ubican al sur y al este de la iglesia catedral y recinto canónico en el espacio que más tarde ocuparán "la claustra vieja", el "palatium" y “la claustra nueva”, es decir el conjunto de estancias y espacios que ahora conforman el ala meridional del templo catedralicio gótico.

Se conocía por los documentos y las reseñas de la propia catedral la existencia de esos palacios pero los mismos se han documentado en una excavación en la que han aparecido algunos restos de esas construcciones. Igualmente podemos suponer que una parte del palacio de la alta y plena Edad Media se levantaba sobre la actual estancia levantada junto a "la claustra vieja" de la queda la parte inferior, abovedada y articulada en siete tramos mediante los correspondientes arcos fajones -sólo dos de ellos son doblados y con baquetoncillos que sustituyen a los pilares en los ángulos-. Es una estancia de trazas y formas románicas que, a pesar de las reformas llevadas a cabo por Lampérez cuando destruye el viejo palacio episcopal adosado al anterior, mantiene sus formas arquitectónicas y sólo se altera la fachada exterior. Esta estancia, lo mismo que vimos en la “claustra vieja”, ha perdido una parte del tramo este al hacer la actual escalera del Sarmental pero parece que estuvo alineada con el muro este del propio claustro románico hasta los cambios que supone el templo gótico y las reformas realizadas por el cardenal La Puente y Primo de Rivera el año 1866. Esa suposición se ha visto confirmada recientemente al abrir la comunicación directa entre la claustra nueva y esta estancia. Se ha podido comprobar hasta donde llegaba, el aaranque del muro oriental y la existencia en el mismo de una portada.

Encima se colocaba el palacio del que sabemos que tenía una gran estancia central -comunicaba directamente con la portada del claustro- articulada en varios pisos de la que únicamente quedan en pie una arcada doble que por sus trazas y restos escultóricos parece tardorrománica. Poco más se puede reconstruir hipotéticamente como del aspecto que pudo tener esta construcción residencial y administrativa, cerca de la que seguramente debió ubicarse el hospital.

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